Primer Libro de SAMUEL
1
1 Hubo un varón de
Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba
Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo
de Zuf, efrateo. 2 Y
tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de
la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los
tenía. 3 Y todos los
años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para
ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo,
donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees,
sacerdotes de Jehová. 4 Y
cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio,
daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus
hijas, a cada uno su parte. 5 Pero
a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana,
aunque Jehová no le había concedido tener hijos.
6 Y su rival la
irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová
no le había concedido tener hijos. 7 Así
hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la
irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.
8 Y Elcana su marido le
dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por
qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que
diez hijos?
9 Y
se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo;
y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla
junto a un pilar del templo de Jehová,
10 ella con amargura de alma oró a
Jehová, y lloró abundantemente. 11 E
hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te
dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te
acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino
que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a
Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja
sobre su cabeza.
12 Mientras
ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba
observando la boca de ella. 13 Pero
Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus
labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
14 Entonces le dijo Elí:
¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.
15 Y Ana le respondió
diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de
espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he
derramado mi alma delante de Jehová.
16 No tengas a tu sierva por una mujer
impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi
aflicción he hablado hasta ahora. 17 Elí
respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te
otorgue la petición que le has hecho.
18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia
delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y
comió, y no estuvo más triste.
19 Y
levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y
volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó
a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
20 Aconteció que al
cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio
a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo:
Por cuanto lo pedí a Jehová.
21 Después
subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer
a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto.
22 Pero Ana no subió,
sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño
sea destetado, para que lo lleve y sea presentado
delante de Jehová, y se quede allá para siempre.
23 Y Elcana su marido
le respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta
que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra.
Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo
destetó. 24 Después que
lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros,
un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la
casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño.
25 Y matando el
becerro, trajeron el niño a Elí. 26 Y
ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo
soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a
Jehová. 27 Por este
niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.
28 Yo, pues, lo dedico
también a Jehová; todos los días que viva, será de
Jehová.
Y adoró allí a Jehová.
2
1 Y Ana oró y dijo:
-
Mi corazón se regocija en Jehová,
-
Mi poder se exalta en Jehová;
-
Mi boca se ensanchó sobre mis
enemigos,
-
Por cuanto me alegré en tu
salvación.
-
2 No
hay santo como Jehová;
-
Porque no hay ninguno fuera de
ti,
-
Y no hay refugio como el Dios
nuestro.
-
3 No
multipliquéis palabras de grandeza y altanería;
-
Cesen las palabras arrogantes de
vuestra boca;
-
Porque el Dios de todo saber es
Jehová,
-
Y a él toca el pesar las
acciones.
-
4 Los
arcos de los fuertes fueron quebrados,
-
Y los débiles se ciñeron de
poder.
-
5 Los
saciados se alquilaron por pan,
-
Y los hambrientos dejaron de
tener hambre;
-
Hasta la estéril ha dado a luz
siete,
-
Y la que tenía muchos hijos
languidece.
-
6 Jehová
mata, y él da vida;
-
El hace descender al Seol, y hace
subir.
-
7 Jehová
empobrece, y él enriquece;
-
Abate, y enaltece.
-
8 El
levanta del polvo al pobre,
-
Y del muladar exalta al
menesteroso,
-
Para hacerle sentarse con
príncipes y heredar un sitio de honor.
-
Porque de Jehová son las columnas
de la tierra,
-
Y él afirmó sobre ellas el mundo.
-
9 El
guarda los pies de sus santos,
-
Mas los impíos perecen en
tinieblas;
-
Porque nadie será fuerte por su
propia fuerza.
-
10 Delante
de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
-
Y sobre ellos tronará desde los
cielos;
-
Jehová juzgará los confines de la
tierra,
-
Dará poder a su Rey,
-
Y exaltará el poderío de su
Ungido.
11 Y
Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba
a Jehová delante del sacerdote Elí.
12 Los hijos de Elí eran
hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.
13 Y era costumbre de
los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía
sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se
cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres
dientes, 14 y lo metía
en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita;
y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba
para sí. De esta manera hacían con todo israelita que
venía a Silo. 15 Asimismo,
antes de quemar la grosura, venía el criado del
sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar
para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida,
sino cruda. 16 Y si el
hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y
después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino
dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la
fuerza. 17 Era, pues,
muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes;
porque los hombres menospreciaban las ofrendas de
Jehová.
18 Y
el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová,
vestido de un efod de lino. 19 Y
le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada
año, cuando subía con su marido para ofrecer el
sacrificio acostumbrado. 20 Y
Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te
dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová.
Y se volvieron a su casa.
21 Y
visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres
hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de
Jehová.
22 Pero
Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían
con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que
velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.
23 Y les dijo: ¿Por qué
hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este
pueblo vuestros malos procederes. 24 No,
hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues
hacéis pecar al pueblo de Jehová. 25 Si
pecare el hombre contra el hombre, los jueces le
juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién
rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre,
porque Jehová había resuelto hacerlos morir.
26 Y
el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de
Dios y delante de los hombres.
27 Y
vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho
Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu
padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?
28 Y yo le escogí por
mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que
ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase
efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las
ofrendas de los hijos de Israel. 29 ¿Por
qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que
yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus
hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de
todas las ofrendas de mi pueblo Israel?
30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel
dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre
andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho
Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que
me honran, y los que me desprecian serán tenidos en
poco. 31 He aquí,
vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la
casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu
casa. 32 Verás tu casa
humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en
ningún tiempo habrá anciano en tu casa.
33 El varón de los tuyos que yo no
corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar
tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán
en la edad viril. 34 Y
te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos,
Ofni y Finees: ambos morirán en un día.
35 Y yo me suscitaré un sacerdote
fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo
le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido
todos los días. 36 Y el
que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse
delante de él por una moneda de plata y un bocado de
pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de
los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.
3
1 El joven Samuel
ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de
Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con
frecuencia.
2 Y
aconteció un día, que estando Elí acostado en su
aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de
modo que no podía ver, 3 Samuel
estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el
arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese
apagada, 4 Jehová llamó
a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme
aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he
llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
6 Y Jehová volvió a
llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a
Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él
dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.
7 Y Samuel no había
conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había
sido revelada. 8 Jehová,
pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y
vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado?
Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.
9 Y dijo Elí a Samuel:
Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová,
porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en
su lugar.
10 Y
vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces:
¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu
siervo oye. 11 Y Jehová
dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a
quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.
12 Aquel día yo cumpliré contra Elí
todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el
principio hasta el fin. 13 Y
le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la
iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a
Dios, y él no los ha estorbado. 14 Por
tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de
la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios
ni con ofrendas.
15 Y
Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las
puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir
la visión a Elí. 16 Llamando,
pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él
respondió: Heme aquí. 17 Y
Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que
no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si
me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.
18 Y Samuel se lo
manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo:
Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
19 Y
Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a
tierra ninguna de sus palabras. 20 Y
todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que
Samuel era fiel profeta de Jehová.
21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo;
porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la
palabra de Jehová.
4
1 Y Samuel habló a todo
Israel.
Por aquel tiempo salió Israel a
encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a
Eben- ezer, y los filisteos acamparon en Afec.
2 Y los filisteos
presentaron la batalla a Israel; y trabándose el
combate, Israel fue vencido delante de los filisteos,
los cuales hirieron en la batalla en el campo como a
cuatro mil hombres. 3 Cuando
volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel
dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de
los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del
pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos
salve de la mano de nuestros enemigos.
4 Y envió el pueblo a Silo, y trajeron
de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos,
que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí,
Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de
Dios.
5 Aconteció
que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al
campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la
tierra tembló. 6 Cuando
los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz
de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos?
Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al
campamento. 7 Y los
filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios
al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de
ahora no fue así. 8 ¡Ay
de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos
dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a
Egipto con toda plaga en el desierto.
9 Esforzaos, oh filisteos, y sed
hombres, para que no sirváis a los hebreos, como ellos
os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.
10 Pelearon,
pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron
cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande
mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de
a pie. 11 Y el arca de
Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y
Finees.
12 Y
corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó el
mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su
cabeza; 13 y cuando
llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla
vigilando junto al camino, porque su corazón estaba
temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues,
aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la
ciudad gritó. 14 Cuando
Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué
estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino
aprisa y dio las nuevas a Elí. 15 Era
ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se
habían oscurecido, de modo que no podía ver.
16 Dijo, pues, aquel
hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy
del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío?
17 Y el mensajero
respondió diciendo: Israel huyó delante de los
filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el
pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron
muertos, y el arca de Dios ha sido tomada.
18 Y aconteció que
cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia
atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y
murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado
a Israel cuarenta años.
19 Y
su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana
al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios
había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se
inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores
de repente. 20 Y al
tiempo que moría, le decían las que estaban junto a
ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo.
Mas ella no respondió, ni se dio por entendida.
21 Y llamó al niño
Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel!
por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte
de su suegro y de su marido. 22 Dijo,
pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido
tomada el arca de Dios.
5
1 Cuando los filisteos
capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer
a Asdod. 2 Y tomaron
los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa
de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.
3 Y cuando al siguiente día los de
Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en
tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y
lo volvieron a su lugar. 4 Y
volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he
aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante
del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos
palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral,
habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente.
5 Por esta causa los
sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo
de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta
hoy.
6 Y
se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los
destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su
territorio. 7 Y viendo
esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el
arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre
nosotros y sobre nuestro dios Dagón.
8 Convocaron, pues, a todos los
príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos
del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron:
Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá
el arca del Dios de Israel. 9 Y
aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová
estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y
afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico
hasta el grande, y se llenaron de tumores.
10 Entonces enviaron el
arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a
Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo: Han pasado
a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a
nosotros y a nuestro pueblo. 11 Y
enviaron y reunieron a todos los príncipes de los
filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel,
y vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a
nuestro pueblo; porque había consternación de muerte en
toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado
allí. 12 Y los que no
morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la
ciudad subía al cielo.
6
1 Estuvo el arca de
Jehová en la tierra de los filisteos siete meses.
2 Entonces los
filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos,
preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos
saber de qué manera la hemos de volver a enviar a su
lugar. 3 Ellos dijeron:
Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis
vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis sanos,
y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano.
4 Y ellos dijeron: ¿Y
qué será la expiación que le pagaremos? Ellos
respondieron: Conforme al número de los príncipes de los
filisteos, cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro,
porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a
vuestros príncipes. 5 Haréis,
pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros ratones
que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de
Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de
sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.
6 ¿Por qué endurecéis
vuestro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron
su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los
dejaron ir, y se fueron? 7 Haced,
pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que
críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid
las vacas al carro, y haced volver sus becerros de
detrás de ellas a casa. 8 Tomaréis
luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y
las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por
la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la
dejaréis que se vaya. 9 Y
observaréis; si sube por el camino de su tierra a
Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no,
sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino
que esto ocurrió por accidente.
10 Y
aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que
criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus
becerros. 11 Luego
pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con
los ratones de oro y las figuras de sus tumores.
12 Y las vacas se
encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían camino
recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni
a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron
tras ellas hasta el límite de Bet-semes.
13 Y los de Bet-semes segaban el trigo
en el valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se
regocijaron cuando la vieron. 14 Y
el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró
allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la
madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a
Jehová. 15 Y los
levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba
junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las
pusieron sobre aquella gran piedra; y los hombres de
Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron
sacrificios a Jehová en aquel día.
16 Cuando vieron esto los cinco príncipes
de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día.
17 Estos
fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en
expiación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por
Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón uno.
18 Y los ratones de oro fueron
conforme al número de todas las ciudades de los
filisteos pertenecientes a los cinco príncipes, así las
ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran
piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en
el campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.
19 Entonces
Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque
habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del
pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el
pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran
mortandad. 20 Y dijeron
los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová
el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros?
21 Y enviaron
mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo:
Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended,
pues, y llevadla a vosotros.
7
1 Vinieron los de
Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la
pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y
santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca
de Jehová. 2 Desde el
día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos
días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en
pos de Jehová.
3 Habló Samuel a toda la
casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os
volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot
de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová,
y sólo a él servid, y os librará de la mano de los
filisteos. 4 Entonces
los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y
sirvieron sólo a Jehová.
5 Y
Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré
por vosotros a Jehová. 6 Y
se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron
delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí:
Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos
de Israel en Mizpa. 7 Cuando
oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban
reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los
filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos de
Israel, tuvieron temor de los filisteos.
8 Entonces dijeron los hijos de Israel
a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová
nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los
filisteos. 9 Y Samuel
tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en
holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel,
y Jehová le oyó. 10 Y
aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto,
los filisteos llegaron para pelear con los hijos de
Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo
sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos
delante de Israel. 11 Y
saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los
filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
12 Tomó
luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y
le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos
ayudó Jehová. 13 Así
fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a
entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová
estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel.
14 Y fueron restituidas
a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos
habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e
Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y
hubo paz entre Israel y el amorreo.
15 Y
juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
16 Y todos los años iba
y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a
Israel en todos estos lugares. 17 Después
volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí
juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.
8
1 Aconteció que habiendo
Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre
Israel. 2 Y el nombre
de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del
segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba.
3 Pero no anduvieron
los hijos por los caminos de su padre, antes se
volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y
pervirtiendo el derecho.
4 Entonces
todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a
Ramá para ver a Samuel, 5 y
le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no
andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un
rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.
6 Pero no agradó a
Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos
juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7 Y
dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo
que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí
me han desechado, para que no reine sobre ellos.
8 Conforme a todas las
obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto
hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos,
así hacen también contigo. 9 Ahora,
pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra
ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará
sobre ellos.
10 Y
refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo
que le había pedido rey. 11 Dijo,
pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará
vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente
de a caballo, para que corran delante de su carro;
12 y nombrará para sí
jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá
asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a
que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus
carros. 13 Tomará
también a vuestras hijas para que sean perfumadoras,
cocineras y amasadoras. 14 Asimismo
tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y
de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.
15 Diezmará vuestro
grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus
siervos. 16 Tomará
vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores
jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.
17 Diezmará también
vuestros rebaños, y seréis sus siervos.
18 Y clamaréis aquel día a causa de
vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os
responderá en aquel día.
19 Pero
el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No,
sino que habrá rey sobre nosotros;
20 y nosotros seremos también como todas
las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá
delante de nosotros, y hará nuestras guerras.
21 Y oyó Samuel todas
las palabras del pueblo, y las refirió en oídos de
Jehová. 22 Y Jehová
dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos.
Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada
uno a vuestra ciudad.
9
1 Había un varón de
Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo
de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía,
hijo de un benjamita. 2 Y
tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso.
Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que
él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del
pueblo.
3 Y
se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por
lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo
alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las
asnas. 4 Y él pasó el
monte de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, y no
las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y
tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no
las encontraron.
5 Cuando
vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que
tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre,
abandonada la preocupación por las asnas, estará
acongojado por nosotros. 6 El
le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón
de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice
acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará
algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos
nuestro camino. 7 Respondió
Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al
varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado,
y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué
tenemos? 8 Entonces
volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí
se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de
plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare
nuestro camino. 9 (Antiguamente
en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía
así: Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se
llama profeta, entonces se le llamaba vidente.)
10 Dijo entonces Saúl a
su criado: Dices bien; anda, vamos. Y fueron a la ciudad
donde estaba el varón de Dios.
11 Y
cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas
doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron:
¿Está en este lugar el vidente? 12 Ellas,
respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti;
date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en
atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el
lugar alto. 13 Cuando
entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que
suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá
hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que
bendice el sacrificio; después de esto comen los
convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le
hallaréis. 14 Ellos
entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en
medio de ella, he aquí Samuel venía hacía ellos para
subir al lugar alto. 15 Y
un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al
oído de Samuel, diciendo:
16 Mañana
a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra
de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi
pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los
filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto
su clamor ha llegado hasta mí. 17 Y
luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí
éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi
pueblo. 18 Acercándose,
pues, Saúl a Samuel en medio de la puerta, le dijo: Te
ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente.
19 Y Samuel respondió a
Saúl, diciendo: Yo soy el vidente; sube delante de mí al
lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te
despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu
corazón. 20 Y de las
asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde
cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién
es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti
y para toda la casa de tu padre? 21 Saúl
respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más
pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la
más pequeña de todas las familias de la tribu de
Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?
22 Entonces
Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo a la
sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados,
que eran unos treinta hombres. 23 Y
dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te di,
la cual te dije que guardases aparte.
24 Entonces alzó el cocinero una
espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y la puso
delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba
reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta
ocasión se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al
pueblo. Y Saúl comió aquel día con Samuel.
25 Y
cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad,
él habló con Saúl en el terrado. 26 Al
otro día madrugaron; y al despuntar el alba, Samuel
llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo:
Levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y
salieron ambos, él y Samuel.
27 Y
descendiendo ellos al extremo de la ciudad, dijo Samuel
a Saúl: Di al criado que se adelante (y se adelantó el
criado), mas espera tú un poco para que te declare la
palabra de Dios.
10
1 Tomando entonces
Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza,
y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por
príncipe sobre su pueblo Israel? 2 Hoy,
después que te hayas apartado de mí, hallarás dos
hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de
Benjamín, en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que
habías ido a buscar se han hallado; tu padre ha dejado
ya de inquietarse por las asnas, y está afligido por
vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo?
3 Y luego que de allí
sigas más adelante, y llegues a la encina de Tabor, te
saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en
Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de
pan, y el tercero una vasija de vino;
4 los cuales, luego que te hayan
saludado, te darán dos panes, los que tomarás de mano de
ellos. 5 Después de
esto llegarás al collado de Dios donde está la
guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la
ciudad encontrarás una compañía de profetas que
descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio,
pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando.
6 Entonces el Espíritu
de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con
ellos, y serás mudado en otro hombre.
7 Y cuando te hayan sucedido estas
señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios
está contigo. 8 Luego
bajarás delante de mí a Gilgal; entonces descenderé yo a
ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de
paz. Espera siete días, hasta que yo venga a ti y te
enseñe lo que has de hacer.
9 Aconteció
luego, que al volver él la espalda para apartarse de
Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales
acontecieron en aquel día. 10 Y
cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de
los profetas que venía a encontrarse con él; y el
Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó
entre ellos. 11 Y
aconteció que cuando todos los que le conocían antes
vieron que profetizaba con los profetas, el pueblo decía
el uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis?
¿Saúl también entre los profetas? 12 Y
alguno de allí respondió diciendo: ¿Y quién es el padre
de ellos? Por esta causa se hizo proverbio: ¿También
Saúl entre los profetas? 13 Y
cesó de profetizar, y llegó al lugar alto.
14 Un
tío de Saúl dijo a él y a su criado: ¿A dónde fuisteis?
Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no
parecían, fuimos a Samuel. 15 Dijo
el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo
Samuel. 16 Y Saúl
respondió a su tío: Nos declaró expresamente que las
asnas habían sido halladas. Mas del asunto del reino, de
que Samuel le había hablado, no le descubrió nada.
17 Después
Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en Mizpa,
18 y dijo a los hijos
de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo
saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los
egipcios, y de mano de todos los reinos que os
afligieron. 19 Pero
vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os
guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y
habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora,
pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y
por vuestros millares.
20 Y
haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de
Israel, fue tomada la tribu de Benjamín.
21 E hizo llegar la tribu de Benjamín
por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de
ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no
fue hallado. 22 Preguntaron,
pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí
aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está
escondido entre el bagaje. 23 Entonces
corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del
pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo
el pueblo. 24 Y Samuel
dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido
Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo?
Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el
rey!
25 Samuel
recitó luego al pueblo las leyes del reino, y las
escribió en un libro, el cual guardó delante de Jehová.
26 Y envió Samuel a
todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl también se fue a
su casa en Gabaa, y fueron con él los hombres de guerra
cuyos corazones Dios había tocado.
27 Pero algunos perversos dijeron: ¿Cómo
nos ha de salvar éste? Y le tuvieron en poco, y no le
trajeron presente; mas él disimuló.
11
1 Después subió Nahas
amonita, y acampó contra Jabes de Galaad. Y todos los de
Jabes dijeron a Nahas: Haz alianza con nosotros, y te
serviremos. 2 Y Nahas
amonita les respondió: Con esta condición haré alianza
con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el
ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel.
3 Entonces los ancianos
de Jabes le dijeron: Danos siete días, para que enviemos
mensajeros por todo el territorio de Israel; y si no hay
nadie que nos defienda, saldremos a ti.
4 Llegando los mensajeros a Gabaa de
Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo; y todo
el pueblo alzó su voz y lloró.
5 Y
he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y
dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que llora? Y le
contaron las palabras de los hombres de Jabes.
6 Al oír Saúl estas
palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder; y
él se encendió en ira en gran manera.
7 Y tomando un par de bueyes, los
cortó en trozos y los envió por todo el territorio de
Israel por medio de mensajeros, diciendo: Así se hará
con los bueyes del que no saliere en pos de Saúl y en
pos de Samuel. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo, y
salieron como un solo hombre. 8 Y
los contó en Bezec; y fueron los hijos de Israel
trescientos mil, y treinta mil los hombres de Judá.
9 Y respondieron a los
mensajeros que habían venido: Así diréis a los de Jabes
de Galaad: Mañana al calentar el sol, seréis librados. Y
vinieron los mensajeros y lo anunciaron a los de Jabes,
los cuales se alegraron. 10 Y
los de Jabes dijeron a los enemigos: Mañana saldremos a
vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien
os pareciere. 11 Aconteció
que al día siguiente dispuso Saúl al pueblo en tres
compañías, y entraron en medio del campamento a la
vigilia de la mañana, e hirieron a los amonitas hasta
que el día calentó; y los que quedaron fueron dispersos,
de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos.
12 El
pueblo entonces dijo a Samuel: ¿Quiénes son los que
decían: ¿Ha de reinar Saúl sobre nosotros? Dadnos esos
hombres, y los mataremos. 13 Y
Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy Jehová ha
dado salvación en Israel. 14 Mas
Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para que
renovemos allí el reino. 15 Y
fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron allí a Saúl
por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí
ofrendas de paz delante de Jehová, y se alegraron mucho
allí Saúl y todos los de Israel.
12
1 Dijo Samuel a todo
Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todo cuanto
me habéis dicho, y os he puesto rey.
2 Ahora, pues, he aquí vuestro rey va
delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas;
pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado
delante de vosotros desde mi juventud hasta este día.
3 Aquí estoy;
atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su
ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el
asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he
agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho
para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré.
4 Entonces dijeron:
Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado
algo de mano de ningún hombre. 5 Y
él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su
ungido también es testigo en este día, que no habéis
hallado cosa alguna en mi mano. Y ellos respondieron:
Así es.
6 Entonces
Samuel dijo al pueblo: Jehová que designó a Moisés y a
Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto,
es testigo. 7 Ahora,
pues, aguardad, y contenderé con vosotros delante de
Jehová acerca de todos los hechos de salvación que
Jehová ha hecho con vosotros y con vuestros padres.
8 Cuando Jacob hubo
entrado en Egipto, y vuestros padres clamaron a Jehová,
Jehová envió a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a
vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en
este lugar. 9 Y
olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió en mano de
Sísara jefe del ejército de Hazor, y en mano de los
filisteos, y en mano del rey de Moab, los cuales les
hicieron guerra. 10 Y
ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Hemos pecado, porque
hemos dejado a Jehová y hemos servido a los baales y a
Astarot; líbranos, pues, ahora de mano de nuestros
enemigos, y te serviremos. 11 Entonces
Jehová envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Samuel, y
os libró de mano de vuestros enemigos en derredor, y
habitasteis seguros. 12 Y
habiendo visto que Nahas rey de los hijos de Amón venía
contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar
sobre nosotros un rey; siendo así que Jehová vuestro
Dios era vuestro rey. 13 Ahora,
pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual
pedisteis; ya veis que Jehová ha puesto rey sobre
vosotros. 14 Si
temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y
no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto
vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a
Jehová vuestro Dios, haréis bien. 15 Mas
si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a
las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra
vosotros como estuvo contra vuestros padres.
16 Esperad aún ahora, y
mirad esta gran cosa que Jehová hará delante de vuestros
ojos. 17 ¿No es ahora
la siega del trigo? Yo clamaré a Jehová, y él dará
truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis que es
grande vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de
Jehová, pidiendo para vosotros rey.
18 Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio
truenos y lluvias en aquel día; y todo el pueblo tuvo
gran temor de Jehová y de Samuel.
19 Entonces
dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a
Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos
nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey
para nosotros. 20 Y
Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis
hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de
en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro
corazón. 21 No os
apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni
libran, porque son vanidades. 22 Pues
Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre;
porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.
23 Así que, lejos sea
de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por
vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto.
24 Solamente temed a
Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón,
pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por
vosotros. 25 Mas si
perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey
pereceréis.
13
1 Había ya reinado Saúl
un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel,
2 escogió luego a tres
mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl
dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban
con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del
pueblo cada uno a sus tiendas. 3 Y
Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había
en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl
tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los
hebreos. 4 Y todo
Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición
de los filisteos; y también que Israel se había hecho
abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos
de Saúl en Gilgal.
5 Entonces
los filisteos se juntaron para pelear contra Israel,
treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y
pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del
mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de
Bet-avén. 6 Cuando los
hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque
el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas,
en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas.
7 Y algunos de los
hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de
Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el
pueblo iba tras él temblando.
8 Y
él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había
dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le
desertaba. 9 Entonces
dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y
ofreció el holocausto. 10 Y
cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí
Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para
saludarle. 11 Entonces
Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi
que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro
del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos
en Micmas, 12 me dije:
Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo
no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y
ofrecí holocausto. 13 Entonces
Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el
mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado;
pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre
Israel para siempre. 14 Mas
ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un
varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado
para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no
has guardado lo que Jehová te mandó.
15 Y levantándose Samuel, subió de
Gilgal a Gabaa de Benjamín.
Y Saúl contó la gente que se hallaba
con él, como seiscientos hombres. 16 Saúl,
pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que con ellos se
hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los
filisteos habían acampado en Micmas.
17 Y salieron merodeadores del
campamento de los filisteos en tres escuadrones; un
escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra
de Sual, 18 otro
escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer
escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de
Zeboim, hacia el desierto.
19 Y
en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero;
porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos
no hagan espada o lanza. 20 Por
lo cual todos los de Israel tenían que descender a los
filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su
azadón, su hacha o su hoz. 21 Y
el precio era un pim por las rejas de arado y por los
azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las
hachas y por componer las aguijadas.
22 Así aconteció que en el día de la
batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno
del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto
Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían.
23 Y la guarnición de los filisteos
avanzó hasta el paso de Micmas.
14
1 Aconteció un día, que
Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las
armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos,
que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre.
2 Y Saúl se hallaba al
extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en
Migrón, y la gente que estaba con él era como
seiscientos hombres. 3 Y
Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees,
hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el
efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
4 Y entre los
desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la
guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de
un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses,
y el otro Sene. 5 Uno
de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y
el otro al sur, hacia Gabaa.
6 Dijo,
pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la
guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo
Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová
salvar con muchos o con pocos. 7 Y
su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en
tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
8 Dijo entonces
Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos
a ellos. 9 Si nos
dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros,
entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos
a ellos. 10 Mas si nos
dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos,
porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto
nos será por señal. 11 Se
mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos,
y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen
de las cavernas donde se habían escondido.
12 Y los hombres de la
guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas,
y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una
cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube
tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de
Israel. 13 Y subió
Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su
paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su
paje de armas que iba tras él los mataba.
14 Y fue esta primera matanza que
hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte
hombres, en el espacio de una media yugada de tierra.
15 Y hubo pánico en el
campamento y por el campo, y entre toda la gente de la
guarnición; y los que habían ido a merodear, también
ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues,
gran consternación.
16 Y
los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín
cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro
y era deshecha. 17 Entonces
Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora
revista, y ved quién se haya ido de los nuestros.
Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje
de armas. 18 Y Saúl
dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de
Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
19 Pero aconteció que
mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto
que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e
iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al
sacerdote: Detén tu mano. 20 Y
juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba,
llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la
espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y
había gran confusión. 21 Y
los hebreos que habían estado con los filisteos de
tiempo atrás, y habían venido con ellos de los
alrededores al campamento, se pusieron también del lado
de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.
22 Asimismo todos los
israelitas que se habían escondido en el monte de
Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos
los persiguieron en aquella batalla.
23 Así salvó Jehová a Israel aquel
día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
24 Pero
los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día;
porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo:
Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes
que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y
todo el pueblo no había probado pan.
25 Y todo el pueblo llegó a un bosque,
donde había miel en la superficie del campo.
26 Entró, pues, el
pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero
no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque
el pueblo temía el juramento. 27 Pero
Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado
al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su
mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a
la boca; y fueron aclarados sus ojos.
28 Entonces habló uno del pueblo,
diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al
pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy
alimento. Y el pueblo desfallecía.
29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado
el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por
haber gustado un poco de esta miel.
30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido
libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se
habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
31 E
hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta
Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
32 Y se lanzó el pueblo
sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y
los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con
sangre. 33 Y le dieron
aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová,
comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros
habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande.
34 Además dijo Saúl:
Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada
uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y
comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con
la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano
su vaca aquella noche, y las degollaron allí.
35 Y edificó Saúl altar
a Jehová; este altar fue el primero que edificó a
Jehová.
36 Y
dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y
los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos
ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere.
Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
37 Y Saúl consultó a
Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en
mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel
día. 38 Entonces dijo
Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y
sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
39 porque vive Jehová
que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo,
de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le
respondiese. 40 Dijo
luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y
Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo
respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
41 Entonces dijo Saúl a
Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte
cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre.
42 Y Saúl dijo: Echad
suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó
sobre Jonatán.
43 Entonces
Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y
Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco
de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y
he de morir? 44 Y Saúl
respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda
morirás, Jonatán. 45 Entonces
el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha
hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive
Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en
tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo
libró de morir a Jonatán. 46 Y
Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se
fueron a su lugar.
47 Después
de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl
hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra
Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los
reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera
que se volvía, era vencedor. 48 Y
reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel
de mano de los que lo saqueaban.
49 Y
los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y
los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor,
Merab, y el de la menor, Mical. 50 Y
el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de
Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era
Abner, hijo de Ner tío de Saúl. 51 Porque
Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de
Abiel.
52 Y
hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el
tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre
esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo.
15
1 Después Samuel dijo a
Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su
pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras
de Jehová. 2 Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo
Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía
de Egipto. 3 Ve, pues,
y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te
apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los
de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
4 Saúl,
pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim,
doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
5 Y viniendo Saúl a la
ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.
6 Y dijo Saúl a los
ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec,
para que no os destruya juntamente con ellos; porque
vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de
Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los
ceneos de entre los hijos de Amalec.
7 Y Saúl derrotó a los amalecitas
desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de
Egipto. 8 Y tomó vivo a
Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de
espada. 9 Y Saúl y el
pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y
del ganado mayor, de los animales engordados, de los
carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir;
mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
10 Y
vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
11 Me pesa haber puesto
por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y
no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y
clamó a Jehová toda aquella noche.
12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar
a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel,
diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó
un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y
descendió a Gilgal. 13 Vino,
pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de
Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
14 Samuel entonces
dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es
este que yo oigo con mis oídos? 15 Y
Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el
pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas,
para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo
destruimos. 16 Entonces
dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me
ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
17 Y
dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos,
¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y
Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?
18 Y Jehová te envió en misión y dijo:
Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra
hasta que los acabes. 19 ¿Por
qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto
al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
20 Y Saúl respondió a
Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui
a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey
de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
21 Mas el pueblo tomó
del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema,
para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
22 Y Samuel dijo: ¿Se
complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas,
como en que se obedezca a las palabras de Jehová?
Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y
el prestar atención que la grosura de los carneros.
23 Porque como pecado
de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría
la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de
Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
24 Entonces
Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el
mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al
pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues,
ahora mi pecado, 25 y
vuelve conmigo para que adore a Jehová.
26 Y Samuel respondió a Saúl: No
volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová,
y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre
Israel. 27 Y
volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de
su manto, y éste se rasgó. 28 Entonces
Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de
Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
29 Además, el que es la
Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque
no es hombre para que se arrepienta.
30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te
ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo
y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a
Jehová tu Dios. 31 Y
volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
32 Después
dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a
él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la
amargura de la muerte. 33 Y
Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin
hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres.
Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de
Jehová en Gilgal.
34 Se
fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa
de Saúl. 35 Y nunca
después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel
lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a
Saúl por rey sobre Israel.
16
1 Dijo Jehová a Samuel:
¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado
para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de
aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus
hijos me he provisto de rey. 2 Y
dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría.
Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada,
y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.
3 Y llama a Isaí al
sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me
ungirás al que yo te dijere. 4 Hizo,
pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a
Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle
con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
5 El respondió: Sí,
vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y
venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y
a sus hijos, los llamó al sacrificio.
6 Y
aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y
dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
7 Y Jehová respondió a
Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su
estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo
que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está
delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
8 Entonces llamó Isaí a
Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual
dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.
9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él
dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová.
10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos
delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha
elegido a éstos. 11 Entonces
dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él
respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas.
Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos
sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.
12 Envió, pues, por él,
y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de
buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo,
porque éste es. 13 Y
Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de
sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu
de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y
se volvió a Ramá.
14 El Espíritu de Jehová
se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de
parte de Jehová. 15 Y
los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un
espíritu malo de parte de Dios te atormenta.
16 Diga, pues, nuestro
señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen
a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté
sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con
su mano, y tengas alivio. 17 Y
Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora
alguno que toque bien, y traédmelo.
18 Entonces uno de los criados respondió
diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de
Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre
de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová
está con él. 19 Y Saúl
envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu
hijo, el que está con las ovejas. 20 Y
tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y
un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su
hijo. 21 Y viniendo
David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y
le hizo su paje de armas. 22 Y
Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David
conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.
23 Y cuando el espíritu
malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el
arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba
mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.
17
1 Los filisteos juntaron
sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco,
que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en
Efes-damim. 2 También
Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en
el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla
contra los filisteos. 3 Y
los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel
estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre
ellos. 4 Salió entonces
del campamento de los filisteos un paladín, el cual se
llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y
un palmo. 5 Y traía un
casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de
malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de
bronce. 6 Sobre sus
piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce
entre sus hombros. 7 El
asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía
el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e
iba su escudero delante de él. 8 Y
se paró y dio voces a los escuadrones de Israel,
diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de
batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos
de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga
contra mí. 9 Si él
pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos
vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo
venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos
serviréis. 10 Y añadió
el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de
Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.
11 Oyendo Saúl y todo
Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y
tuvieron gran miedo.
12 Y
David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá,
cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el
tiempo de Saúl este hombre era viejo y de gran edad
entre los hombres. 13 Y
los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a
Saúl a la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que
habían ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el
segundo Abinadab, y el tercero Sama;
14 y David era el menor. Siguieron,
pues, los tres mayores a Saúl. 15 Pero
David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar
las ovejas de su padre en Belén. 16 Venía,
pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así
lo hizo durante cuarenta días.
17 Y
dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos
un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y
llévalo pronto al campamento a tus hermanos.
18 Y estos diez quesos
de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus
hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.
19 Y
Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle
de Ela, peleando contra los filisteos.
20 Se levantó, pues, David de mañana,
y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con
su carga como Isaí le había mandado; y llegó al
campamento cuando el ejército salía en orden de batalla,
y daba el grito de combate. 21 Y
se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos,
ejército frente a ejército. 22 Entonces
David dejó su carga en mano del que guardaba el bagaje,
y corrió al ejército; y cuando llegó, preguntó por sus
hermanos, si estaban bien. 23 Mientras
él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se
ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba
Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de
los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó
David.
24 Y
todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían
de su presencia, y tenían gran temor.
25 Y cada uno de los de Israel decía:
¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? El se
adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el
rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su
hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en
Israel. 26 Entonces
habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué
harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare
el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo
incircunciso, para que provoque a los escuadrones del
Dios viviente? 27 Y el
pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así
se hará al hombre que le venciere.
28 Y
oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos
hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para
qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas
pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la
malicia de tu corazón, que para ver la batalla has
venido. 29 David
respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero
hablar? 30 Y
apartándose de él hacia otros, preguntó de igual manera;
y le dio el pueblo la misma respuesta de antes.
31 Fueron
oídas las palabras que David había dicho, y las
refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir.
32 Y dijo David a Saúl:
No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu
siervo irá y peleará contra este filisteo.
33 Dijo Saúl a David:
No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con
él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra
desde su juventud. 34 David
respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de
su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba
algún cordero de la manada, 35 salía
yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se
levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y
lo hería y lo mataba. 36 Fuese
león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo
incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado
al ejéricto del Dios viviente. 37 Añadió
David: Jehová, que me ha librado de las garras del león
y de las garras del oso, él también me librará de la
mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová
esté contigo. 38 Y Saúl
vistió a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un
casco de bronce, y le armó de coraza.
39 Y ciñó David su espada sobre sus
vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la
prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto,
porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas
cosas. 40 Y tomó su
cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del
arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que
traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el
filisteo.
41 Y
el filisteo venía andando y acercándose a David, y su
escudero delante de él. 42 Y
cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco;
porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer.
43 Y dijo el filisteo a
David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y
maldijo a David por sus dioses. 44 Dijo
luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a
las aves del cielo y a las bestias del campo.
45 Entonces dijo David
al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y
jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de
los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a
quien tú has provocado. 46 Jehová
te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te
cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los
filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la
tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.
47 Y sabrá toda esta
congregación que Jehová no salva con espada y con lanza;
porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en
nuestras manos.
48 Y
aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a
andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa,
y corrió a la linea de batalla contra el filisteo.
49 Y metiendo David su
mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con
la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra
quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en
tierra.
50 Así
venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al
filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.
51 Entonces corrió
David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada
de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le
cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron
a su paladín muerto, huyeron. 52 Levantándose
luego los de Israel y los de Judá, gritaron, y siguieron
a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las
puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos
por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón.
53 Y volvieron los
hijos de Israel de seguir tras los filisteos, y
saquearon su campamento. 54 Y
David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a
Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda.
55 Y
cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el
filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de
quién es hijo ese joven? Y Abner respondió:
56 Vive tu alma, oh
rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta de quién es
hijo ese joven. 57 Y
cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó
y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del
filisteo en su mano. 58 Y
le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres hijo? Y David
respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén.
18
1 Aconteció que cuando
él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán
quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí
mismo. 2 Y Saúl le tomó
aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.
3 E hicieron pacto
Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.
4 Y Jonatán se quitó el
manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas
suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.
5 Y salía David a
dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba
prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y
era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de
los siervos de Saúl.
6 Aconteció que cuando
volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo,
salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel
cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con
panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de
música. 7 Y cantaban
las mujeres que danzaban, y decían:
-
Saúl hirió a sus miles,
-
Y David a sus diez miles.
8 Y se enojó Saúl en
gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David
dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el
reino. 9 Y desde aquel
día Saúl no miró con buenos ojos a David.
10 Aconteció
al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó
a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David
tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la
lanza en la mano. 11 Y
arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la
pared. Pero David lo evadió dos veces.
12 Mas
Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba
con él, y se había apartado de Saúl;
13 por lo cual Saúl lo alejó de sí, y
le hizo jefe de mil; y salía y entraba delante del
pueblo. 14 Y David se
conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová
estaba con él. 15 Y
viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía
temor de él. 16 Mas
todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y
entraba delante de ellos.
17 Entonces
dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré Merab mi hija
mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y
pelees las batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será
mi mano contra él, sino que será contra él la mano de
los filisteos. 18 Pero
David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida,
o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea
yerno del rey? 19 Y
llegado el tiempo en que Merab hija de Saúl se había de
dar a David, fue dada por mujer a Adriel meholatita.
20 Pero
Mical la otra hija de Saúl amaba a David; y fue dicho a
Saúl, y le pareció bien a sus ojos.
21 Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le
sea por lazo, y para que la mano de los filisteos sea
contra él. Dijo, pues, Saúl a David por segunda vez: Tú
serás mi yerno hoy. 22 Y
mandó Saúl a sus siervos: Hablad en secreto a David,
diciéndole: He aquí el rey te ama, y todos sus siervos
te quieren bien; sé, pues, yerno del rey.
23 Los criados de Saúl hablaron estas
palabras a los oídos de David. Y David dijo: ¿Os parece
a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un
hombre pobre y de ninguna estima? 24 Y
los criados de Saúl le dieron la respuesta, diciendo:
Tales palabras ha dicho David. 25 Y
Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea la dote,
sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada
venganza de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba
hacer caer a David en manos de los filisteos.
26 Cuando sus siervos
declararon a David estas palabras, pareció bien la cosa
a los ojos de David, para ser yerno del rey. Y antes que
el plazo se cumpliese, 27 se
levantó David y se fue con su gente, y mató a doscientos
hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios de
ellos y los entregó todos al rey, a fin de hacerse yerno
del rey. Y Saúl le dio su hija Mical por mujer.
28 Pero Saúl, viendo y
considerando que Jehová estaba con David, y que su hija
Mical lo amaba, 29 tuvo
más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos
los días.
30 Y
salieron a campaña los príncipes de los filisteos; y
cada vez que salían, David tenía más éxito que todos los
siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima su
nombre.
19
1 Habló Saúl a Jonatán
su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a
David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran
manera, 2 y dio aviso a
David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por
tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto
y escóndete. 3 Y yo
saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde
estés; y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo
que haya. 4 Y Jonatán
habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque
el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha
cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy
buenas para contigo; 5 pues
él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y Jehová
dio gran salvación a todo Israel. Tú lo viste, y te
alegraste; ¿por qué, pues, pecarás contra la sangre
inocente, matando a David sin causa?
6 Y escuchó Saúl la voz de Jonatán, y
juró Saúl: Vive Jehová, que no morirá.
7 Y llamó Jonatán a David, y le
declaró todas estas palabras; y él mismo trajo a David a
Saúl, y estuvo delante de él como antes.
8 Después
hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó contra los
filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron
delante de él. 9 Y el
espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y
estando sentado en su casa tenía una lanza a mano,
mientras David estaba tocando. 10 Y
Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared,
pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con
la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella
noche.
11 Saúl
envió luego mensajeros a casa de David para que lo
vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer
avisó a David, diciendo: Si no salvas tu vida esta
noche, mañana serás muerto. 12 Y
descolgó Mical a David por una ventana; y él se fue y
huyó, y escapó. 13 Tomó
luego Mical una estatua, y la puso sobre la cama, y le
acomodó por cabecera una almohada de pelo de cabra y la
cubrió con la ropa. 14 Y
cuando Saúl envió mensajeros para prender a David, ella
respondió: Está enfermo. 15 Volvió
Saúl a enviar mensajeros para que viesen a David,
diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
16 Y cuando los
mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la
cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
17 Entonces Saúl dijo a
Mical: ¿Por qué me has engañado así, y has dejado
escapar a mi enemigo? Y Mical respondió a Saúl: Porque
él me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré.
18 Huyó,
pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y le
dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel
se fueron y moraron en Naiot. 19 Y
fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está
en Naiot en Ramá. 20 Entonces
Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los
cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban,
y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el
Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos
también profetizaron. 21 Cuando
lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los cuales también
profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros por
tercera vez, y ellos también profetizaron.
22 Entonces él mismo
fue a Ramá; y llegando al gran pozo que está en Secú,
preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y uno
respondió: He aquí están en Naiot en Ramá.
23 Y fue a Naiot en
Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y
siguió andando y profetizando hasta que llegó a Naiot en
Ramá. 24 Y él también
se despojó de sus vestidos, y profetizó igualmente
delante de Samuel, y estuvo desnudo todo aquel día y
toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre
los profetas?
20
1 Después David huyó de
Naiot en Ramá, y vino delante de Jonatán, y dijo: ¿Qué
he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra
tu padre, para que busque mi vida? 2 El
le dijo: En ninguna manera; no morirás. He aquí que mi
padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la
descubra; ¿por qué, pues, me ha de encubrir mi padre
este asunto? No será así. 3 Y
David volvió a jurar diciendo: Tu padre sabe claramente
que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No
sepa esto Jonatán, para que no se entristezca; y
ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay
un paso entre mí y la muerte. 4 Y
Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma, haré por
ti. 5 Y David respondió
a Jonatán: He aquí que mañana será nueva luna, y yo
acostumbro sentarme con el rey a comer; mas tú dejarás
que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer
día. 6 Si tu padre
hiciere mención de mí, dirás: Me rogó mucho que lo
dejase ir corriendo a Belén su ciudad, porque todos los
de su familia celebran allá el sacrificio anual.
7 Si él dijere: Bien
está, entonces tendrá paz tu siervo; mas si se enojare,
sabe que la maldad está determinada de parte de él.
8 Harás, pues,
misericordia con tu siervo, ya que has hecho entrar a tu
siervo en pacto de Jehová contigo; y si hay maldad en
mí, mátame tú, pues no hay necesidad de llevarme hasta
tu padre. 9 Y Jonatán
le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si yo supiere
que mi padre ha determinado maldad contra ti, ¿no te lo
avisaría yo? 10 Dijo
entonces David a Jonatán: ¿Quién me dará aviso si tu
padre te respondiere ásperamente? 11 Y
Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron
ambos al campo.
12 Entonces
dijo Jonatán a David: ¡Jehová Dios de Israel, sea
testigo! Cuando le haya preguntado a mi padre mañana a
esta hora, o el día tercero, si resultare bien para con
David, entonces enviaré a ti para hacértelo saber.
13 Pero si mi padre
intentare hacerte mal, Jehová haga así a Jonatán, y aun
le añada, si no te lo hiciere saber y te enviare para
que te vayas en paz. Y esté Jehová contigo, como estuvo
con mi padre. 14 Y si
yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para
que no muera, 15 y no
apartarás tu misericordia de mi casa para siempre.
Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de
David de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán
sea quitado de la casa de David. 16 Así
hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo:
Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David.
17 Y Jonatán hizo jurar
a David otra vez, porque le amaba, pues le amaba como a
sí mismo.
18 Luego
le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú serás echado
de menos, porque tu asiento estará vacío.
19 Estarás, pues, tres días, y luego
descenderás y vendrás al lugar donde estabas escondido
el día que ocurrió esto mismo, y esperarás junto a la
piedra de Ezel. 20 Y yo
tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome
al blanco. 21 Luego
enviaré al criado, diciéndole: Ve, busca las saetas. Y
si dijere al criado: He allí las saetas más acá de ti,
tómalas; tú vendrás, porque paz tienes, y nada malo hay,
vive Jehová. 22 Mas si
yo dijere al muchacho así: He allí las saetas más allá
de ti; vete, porque Jehová te ha enviado.
23 En cuanto al asunto de que tú y yo
hemos hablado, esté Jehová entre nosotros dos para
siempre.
24 David,
pues, se escondió en el campo, y cuando llegó la nueva
luna, se sentó el rey a comer pan.
25 Y el rey se sentó en su silla, como
solía, en el asiento junto a la pared, y Jonatán se
levantó, y se sentó Abner al lado de Saúl, y el lugar de
David quedó vacío.
26 Mas
aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Le habrá
acontecido algo, y no está limpio; de seguro no está
purificado. 27 Al
siguiente día, el segundo día de la nueva luna,
aconteció también que el asiento de David quedó vacío. Y
Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido a
comer el hijo de Isaí hoy ni ayer?
28 Y Jonatán respondió a Saúl: David me
pidió encarecidamente que le dejase ir a Belén,
29 diciendo: Te ruego
que me dejes ir, porque nuestra familia celebra
sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha mandado;
por lo tanto, si he hallado gracia en tus ojos,
permíteme ir ahora para visitar a mis hermanos. Por
esto, pues, no ha venido a la mesa del rey.
30 Entonces
se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo:
Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú
has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para
confusión de la vergüenza de tu madre?
31 Porque todo el tiempo que el hijo
de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú estarás firme, ni
tu reino. Envía pues, ahora, y tráemelo, porque ha de
morir. 32 Y Jonatán
respondió a su padre Saúl y le dijo: ¿Por qué morirá?
¿Qué ha hecho? 33 Entonces
Saúl le arrojó una lanza para herirlo; de donde entendió
Jonatán que su padre estaba resuelto a matar a David.
34 Y se levantó Jonatán
de la mesa con exaltada ira, y no comió pan el segundo
día de la nueva luna; porque tenía dolor a causa de
David, porque su padre le había afrentado.
35 Al
otro día, de mañana, salió Jonatán al campo, al tiempo
señalado con David, y un muchacho pequeño con él.
36 Y dijo al muchacho:
Corre y busca las saetas que yo tirare. Y cuando el
muchacho iba corriendo, él tiraba la saeta de modo que
pasara más allá de él. 37 Y
llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán
había tirado, Jonatán dio voces tras el muchacho,
diciendo: ¿No está la saeta más allá de ti?
38 Y volvió a gritar
Jonatán tras el muchacho: Corre, date prisa, no te
pares. Y el muchacho de Jonatán recogió las saetas, y
vino a su señor. 39 Pero
ninguna cosa entendió el muchacho; solamente Jonatán y
David entendían de lo que se trataba.
40 Luego dio Jonatán sus armas a su
muchacho, y le dijo: Vete y llévalas a la ciudad.
41 Y luego que el
muchacho se hubo ido, se levantó David del lado del sur,
y se inclinó tres veces postrándose hasta la tierra; y
besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro; y
David lloró más. 42 Y
Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos
jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová esté
entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia,
para siempre. Y él se levantó y se fue; y Jonatán entró
en la ciudad.
21
1 Vino David a Nob, al
sacerdote Ahimelec; y se sorprendió Ahimelec de su
encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie
contigo? 2 Y respondió
David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un
asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a
que te envío, y lo que te he encomendado; y yo les
señalé a los criados un cierto lugar.
3 Ahora, pues, ¿qué tienes a mano?
Dame cinco panes, o lo que tengas. 4 El
sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a
la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si
los criados se han guardado a lo menos de mujeres.
5 Y David respondió al
sacerdote, y le dijo: En verdad las mujeres han estado
lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí, ya
los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es
profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos?
6 Así el sacerdote le
dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan sino
los panes de la proposición, los cuales habían sido
quitados de la presencia de Jehová, para poner panes
calientes el día que aquéllos fueron quitados.
7 Y
estaba allí aquel día detenido delante de Jehová uno de
los siervos de Saúl, cuyo nombre era Doeg, edomita, el
principal de los pastores de Saúl.
8 Y
David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza o
espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis
armas, por cuanto la orden del rey era apremiante.
9 Y el sacerdote
respondió: La espada de Goliat el filisteo, al que tú
venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un
velo detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque
aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como
ella; dámela.
10 Y
levantándose David aquel día, huyó de la presencia de
Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat.
11 Y los siervos de Aquis le dijeron: ¿No
es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste de quien
cantaban en las danzas, diciendo:
-
Hirió Saúl a sus miles,
-
Y David a sus diez miles?
12 Y David puso en su
corazón estas palabras, y tuvo gran temor de Aquis rey
de Gat. 13 Y cambió su
manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco
entre ellos, y escribía en las portadas de las puertas,
y dejaba correr la saliva por su barba.
14 Y dijo Aquis a sus siervos: He
aquí, veis que este hombre es demente; ¿por qué lo
habéis traído a mí? 15 ¿Acaso
me faltan locos, para que hayáis traído a éste que
hiciese de loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en
mi casa?
22
1 Yéndose luego David de
allí, huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y
toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a
él. 2 Y se juntaron con
él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado,
y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y
fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como
cuatrocientos hombres.
3 Y
se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de
Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con
vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí.
4 Los trajo, pues, a la
presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el
tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.
5 Pero el profeta Gad
dijo a David: No te estés en este lugar fuerte; anda y
vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque
de Haret.
6 Oyó Saúl que se sabía
de David y de los que estaban con él. Y Saúl estaba
sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco sobre un alto;
y tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos estaban
alrededor de él. 7 Y
dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd
ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos
vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a
todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas,
8 para que todos
vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me
descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el
hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y
me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra
mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?
9 Entonces Doeg
edomita, que era el principal de los siervos de Saúl,
respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob,
a Ahimelec hijo de Ahitob, 10 el
cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y
también le dio la espada de Goliat el filisteo.
11 Y
el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y
por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban
en Nob; y todos vinieron al rey. 12 Y
Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme
aquí, señor mío. 13 Y
le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y
el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y
consultaste por él a Dios, para que se levantase contra
mí y me acechase, como lo hace hoy día?
14 Entonces Ahimelec respondió al rey,
y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel
como David, yerno también del rey, que sirve a tus
órdenes y es ilustre en tu casa? 15 ¿He
comenzado yo desde hoy a consultar por él a Dios? Lejos
sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo,
ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna
cosa sabe de este asunto, grande ni pequeña.
16 Y el rey dijo: Sin
duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.
17 Entonces dijo el rey
a la gente de su guardia que estaba alrededor de él:
Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque
también la mano de ellos está con David, pues sabiendo
ellos que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos
del rey no quisieron extender sus manos para matar a los
sacerdotes de Jehová. 18 Entonces
dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los
sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los
sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco
varones que vestían efod de lino. 19 Y
a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada;
así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho,
bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
20 Pero
uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se
llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David.
21 Y Abiatar dio aviso
a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes
de Jehová. 22 Y dijo
David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día
Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo
he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa
de tu padre. 23 Quédate
conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará
también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.
23
1 Dieron aviso a David,
diciendo: He aquí que los filisteos combaten a Keila, y
roban las eras. 2 Y
David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos
filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los
filisteos, y libra a Keila. 3 Pero
los que estaban con David le dijeron: He aquí que
nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si
fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos?
4 Entonces David volvió
a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo:
Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus
manos a los filisteos. 5 Fue,
pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los
filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran
derrota; y libró David a los de Keila.
6 Y
aconteció que cuando Abiatar hijo de Ahimelec huyó
siguiendo a David a Keila, descendió con el efod en su
mano. 7 Y fue dado
aviso a Saúl que David había venido a Keila. Entonces
dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi mano, pues se ha
encerrado entrando en ciudad con puertas y cerraduras.
8 Y convocó Saúl a todo
el pueblo a la batalla para descender a Keila, y poner
sitio a David y a sus hombres. 9 Mas
entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo
a Abiatar sacerdote: Trae el efod.
10 Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu
siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra
Keila, a destruir la ciudad por causa mía.
11 ¿Me entregarán los
vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha
oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo
declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá.
12 Dijo luego David:
¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres
en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán.
13 David entonces se
levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y
salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y
vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de
Keila, y desistió de salir. 14 Y
David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y
habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba
Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus
manos.
15 Viendo,
pues, David que Saúl había salido en busca de su vida,
se estuvo en Hores, en el desierto de Zif.
16 Entonces se levantó
Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y
fortaleció su mano en Dios. 17 Y
le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi
padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo
después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.
18 Y ambos hicieron
pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y
Jonatán se volvió a su casa.
19 Después
subieron los de Zif para decirle a Saúl en Gabaa: ¿No
está David escondido en nuestra tierra en las peñas de
Hores, en el collado de Haquila, que está al sur del
desierto? 20 Por tanto,
rey, desciende pronto ahora, conforme a tu deseo, y
nosotros lo entregaremos en la mano del rey.
21 Y Saúl dijo:
Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis tenido
compasión de mí. 22 Id,
pues, ahora, aseguraos más, conoced y ved el lugar de su
escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me ha
dicho que él es astuto en gran manera.
23 Observad, pues, e informaos de
todos los escondrijos donde se oculta, y volved a mí con
información segura, y yo iré con vosotros; y si él
estuviere en la tierra, yo le buscaré entre todos los
millares de Judá. 24 Y
ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl.
Pero David y su gente estaban en el
desierto de Maón, en el Arabá al sur del desierto.
25 Y se fue Saúl con su
gente a buscarlo; pero fue dado aviso a David, y
descendió a la peña, y se quedó en el desierto de Maón.
Cuando Saúl oyó esto, siguió a David al desierto de
Maón. 26 Y Saúl iba por
un lado del monte, y David con sus hombres por el otro
lado del monte, y se daba prisa David para escapar de
Saúl; mas Saúl y sus hombres habían encerrado a David y
a su gente para capturarlos. 27 Entonces
vino un mensajero a Saúl, diciendo: Ven luego, porque
los filisteos han hecho una irrupción en el país.
28 Volvió, por tanto,
Saúl de perseguir a David, y partió contra los
filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar por
nombre Sela-hama-lecot. 29 Entonces
David subió de allí y habitó en los lugares fuertes de
En-gadi.
24
1 Cuando Saúl volvió de
perseguir a los filisteos, le dieron aviso, diciendo: He
aquí David está en el desierto de En-gadi.
2 Y tomando Saúl tres
mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de
David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos
de las cabras monteses. 3 Y
cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde
había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus
pies; y David y sus hombres estaban sentados en los
rincones de la cueva. 4 Entonces
los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que
te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu
mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó
David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.
5 Después de esto se
turbó el corazón de David, porque había cortado la
orilla del manto de Saúl. 6 Y
dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa
contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi
mano contra él; porque es el ungido de Jehová.
7 Así reprimió David a
sus hombres con palabras, y no les permitió que se
levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva,
siguió su camino.
8 También
David se levantó después, y saliendo de la cueva dio
voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y
cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a
tierra, e hizo reverencia. 9 Y
dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que
dicen: Mira que David procura tu mal?
10 He aquí han visto hoy tus ojos cómo
Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me
dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No
extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido
de Jehová. 11 Y mira,
padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque
yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce,
pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he
pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi
vida para quitármela. 12 Juzgue
Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi
mano no será contra ti. 13 Como
dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá
la impiedad; así que mi mano no será contra ti.
14 ¿Tras quién ha
salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro
muerto? ¿A una pulga? 15 Jehová,
pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y
sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
16 Y
aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras
a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío
David? Y alzó Saúl su voz y lloró,
17 y dijo a David: Más justo eres tú que
yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con
mal. 18 Tú has mostrado
hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado
muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano.
19 Porque ¿quién
hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo?
Jehová te pague con bien por lo que en este día has
hecho conmigo. 20 Y
ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el
reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,
21 júrame, pues, ahora
por Jehová, que no destruirás mi descendencia después de
mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre.
22 Entonces David juró
a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y David y sus hombres
subieron al lugar fuerte.
25
1 Murió Samuel, y se
juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su
casa en Ramá.
Y se levantó David y se fue al
desierto de Parán. 2 Y
en Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel,
el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil
cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en
Carmel. 3 Y aquel varón
se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer
de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el
hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de
Caleb. 4 Y oyó David en
el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
5 Entonces envió David
diez jóvenes y les dijo: Subid a Carmel e id a Nabal, y
saludadle en mi nombre, 6 y
decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a
todo cuanto tienes. 7 He
sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han
estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó
nada en todo el tiempo que han estado en Carmel.
8 Pregunta a tus
criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos
jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen
día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus
siervos, y a tu hijo David.
9 Cuando
llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron a Nabal
todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
10 Y Nabal respondió a
los jóvenes enviados por David, y dijo: ¿Quién es David,
y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que
huyen de sus señores. 11 ¿He
de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he
preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que
no sé de dónde son? 12 Y
los jóvenes que había enviado David se volvieron por su
camino, y vinieron y dijeron a David todas estas
palabras. 13 Entonces
David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y
se ciñó cada uno su espada y también David se ciñó su
espada; y subieron tras David como cuatrocientos
hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.
14 Pero
uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de Nabal,
diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto
que saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido.
15 Y aquellos hombres
han sido muy buenos con nosotros, y nunca nos trataron
mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que anduvimos
con ellos, cuando estábamos en el campo.
16 Muro fueron para nosotros de día y
de noche, todos los días que hemos estado con ellos
apacentando las ovejas. 17 Ahora,
pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal
está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su
casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay
quien pueda hablarle.
18 Entonces
Abigail tomó luego doscientos panes, dos cueros de vino,
cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado,
cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos
secos, y lo cargó todo en asnos. 19 Y
dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré
luego; y nada declaró a su marido Nabal.
20 Y montando un asno, descendió por
una parte secreta del monte; y he aquí David y sus
hombres venían frente a ella, y ella les salió al
encuentro. 21 Y David
había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que
éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado
de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.
22 Así haga Dios a los
enemigos de David y aun les añada, que de aquí a mañana,
de todo lo que fuere suyo no he de dejar con vida ni un
varón.
23 Y
cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del
asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se
inclinó a tierra; 24 y
se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el
pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a
tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva.
25 No haga caso ahora
mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque
conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la
insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los
jóvenes que tú enviaste. 26 Ahora
pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová
te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por
tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y
todos los que procuran mal contra mi señor.
27 Y ahora este
presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a
los hombres que siguen a mi señor.
28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva
esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a
mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de
Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días.
29 Aunque alguien se
haya levantado para perseguirte y atentar contra tu
vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el
haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él
arrojará la vida de tus enemigos como de en medio de la
palma de una honda. 30 Y
acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme
a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por
príncipe sobre Israel, 31 entonces,
señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimientos
por haber derramado sangre sin causa, o por haberte
vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y cuando
Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
32 Y
dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel,
que te envió para que hoy me encontrases.
33 Y bendito sea tu razonamiento, y
bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar
sangre, y a vengarme por mi propia mano.
34 Porque vive Jehová Dios de Israel
que me ha defendido de hacerte mal, que si no te
hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de aquí a
mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un
varón. 35 Y recibió
David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube
en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he
tenido respeto.
36 Y
Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía banquete
en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal
estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual
ella no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente.
37 Pero por la mañana,
cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos del
vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su
corazón en él, y se quedó como una piedra.
38 Y diez días después,
Jehová hirió a Nabal, y murió.
39 Luego
que David oyó que Nabal había muerto, dijo: Bendito sea
Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de
mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y
Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia
cabeza. Después envió David a hablar con Abigail, para
tomarla por su mujer. 40 Y
los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y
hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti,
para tomarte por su mujer. 41 Y
ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo:
He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar los
pies de los siervos de mi señor. 42 Y
levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le
servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros de
David, y fue su mujer. 43 También
tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus
mujeres. 44 Porque Saúl
había dado a su hija Mical mujer de David a Palti hijo
de Lais, que era de Galim.
26
1 Vinieron los zifeos a
Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el
collado de Haquila, al oriente del desierto?
2 Saúl entonces se
levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo
tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a
David en el desierto de Zif. 3 Y
acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al
oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en
el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el
desierto. 4 David, por
tanto, envió espías, y supo con certeza que Saúl había
venido. 5 Y se levantó
David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró
David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner,
general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el
campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de
él.
6 Entonces
David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia,
hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el
campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo.
7 David, pues, y Abisai
fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba
tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada
en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban
tendidos alrededor de él. 8 Entonces
dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo
en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la
lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le
daré segundo golpe. 9 Y
David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién
extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será
inocente? 10 Dijo
además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere,
o su día llegue para que muera, o descendiendo en
batalla perezca, 11 guárdeme
Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová.
Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la
vasija de agua, y vámonos. 12 Se
llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de la
cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que
viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían;
porque un profundo sueño enviado de Jehová había caído
sobre ellos.
13 Entonces
pasó David al lado opuesto, y se puso en la cumbre del
monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre ellos.
14 Y dio voces David al
pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes,
Abner? Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién eres tú
que gritas al rey? 15 Y
dijo David a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿y quién hay
como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has guardado al
rey tu señor? Porque uno del pueblo ha entrado a matar a
tu señor el rey. 16 Esto
que has hecho no está bien. Vive Jehová, que sois dignos
de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, al
ungido de Jehová. Mira pues, ahora, dónde está la lanza
del rey, y la vasija de agua que estaba a su cabecera.
17 Y
conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es esta tu
voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es, rey
señor mío. 18 Y dijo:
¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he
hecho? ¿Qué mal hay en mi mano? 19 Ruego,
pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su
siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él la
ofrenda; mas si fueren hijos de hombres, malditos sean
ellos en presencia de Jehová, porque me han arrojado hoy
para que no tenga parte en la heredad de Jehová,
diciendo: Vé y sirve a dioses ajenos.
20 No caiga, pues, ahora mi sangre en
tierra delante de Jehová, porque ha salido el rey de
Israel a buscar una pulga, así como quien persigue una
perdiz por los montes.
21 Entonces
dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David, que
ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada
preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente,
y he errado en gran manera. 22 Y
David respondió y dijo: He aquí la lanza del rey; pase
acá uno de los criados y tómela. 23 Y
Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues
Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no
quise extender mi mano contra el ungido de Jehová.
24 Y he aquí, como tu
vida ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, así sea
mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de toda
aflicción. 25 Y Saúl
dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda
emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces
David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su lugar.
27
1 Dijo luego David en su
corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de
Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la
tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de
mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de
Israel; y así escaparé de su mano. 2 Se
levantó, pues, David, y con los seiscientos hombres que
tenía consigo se pasó a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.
3 Y moró David con
Aquis en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia;
David con sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail
la que fue mujer de Nabal el de Carmel.
4 Y vino a Saúl la nueva de que David
había huido a Gat, y no lo buscó más.
5 Y
David dijo a Aquis: Si he hallado gracia ante tus ojos,
séame dado lugar en alguna de las aldeas para que habite
allí; pues ¿por qué ha de morar tu siervo contigo en la
ciudad real? 6 Y Aquis
le dio aquel día a Siclag, por lo cual Siclag vino a ser
de los reyes de Judá hasta hoy. 7 Fue
el número de los días que David habitó en la tierra de
los filisteos, un año y cuatro meses.
8 Y
subía David con sus hombres, y hacían incursiones contra
los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque
éstos habitaban de largo tiempo la tierra, desde como
quien va a Shur hasta la tierra de Egipto.
9 Y asolaba David el
país, y no dejaba con vida hombre ni mujer; y se llevaba
las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y las
ropas, y regresaba a Aquis. 10 Y
decía Aquis: ¿Dónde habéis merodeado hoy? Y David decía:
En el Neguev de Judá, y el Neguev de Jerameel, o en el
Neguev de los ceneos. 11 Ni
hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen
a Gat; diciendo: No sea que den aviso de nosotros y
digan: Esto hizo David. Y esta fue su costumbre todo el
tiempo que moró en la tierra de los filisteos.
12 Y Aquis creía a
David, y decía: El se ha hecho abominable a su pueblo de
Israel, y será siempre mi siervo.
28
1 Aconteció en aquellos
días, que los filisteos reunieron sus fuerzas para
pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Ten
entendido que has de salir conmigo a campaña, tú y tus
hombres. 2 Y David
respondió a Aquis: Muy bien, tú sabrás lo que hará tu
siervo. Y Aquis dijo a David: Por tanto, yo te
constituiré guarda de mi persona durante toda mi vida.
3 Ya Samuel había
muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían
sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de
la tierra a los encantadores y adivinos.
4 Se juntaron, pues, los filisteos, y
vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo
Israel, y acamparon en Gilboa. 5 Y
cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo
miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
6 Y consultó Saúl a
Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni
por Urim, ni por profetas. 7 Entonces
Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga
espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por
medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron:
He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de
adivinación.
8 Y
se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con
dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él
dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de
adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere.
9 Y la mujer le dijo:
He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado
de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por
qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?
10 Entonces Saúl le
juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal
te vendrá por esto. 11 La
mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él
respondió: Hazme venir a Samuel. 12 Y
viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló
aquella mujer a Saúl, diciendo: 13 ¿Por
qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le
dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a
Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
14 El le dijo: ¿Cuál es
su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene,
cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era
Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran
reverencia.
15 Y
Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado
haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy
angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios
se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio
de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para
que me declares lo que tengo que hacer.
16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué
me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es
tu enemigo? 17 Jehová
te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha
quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu
compañero, David. 18 Como
tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el
ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha
hecho esto hoy. 19 Y
Jehová entregará a Israel también contigo en manos de
los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus
hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel
en mano de los filisteos.
20 Entonces
Saúl cayó en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor
por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque
en todo aquel día y aquella noche no había comido pan.
21 Entonces la mujer
vino a Saúl, y viéndolo turbado en gran manera, le dijo:
He aquí que tu sierva ha obedecido a tu voz, y he
arriesgado mi vida, y he oído las palabras que tú me has
dicho. 22 Te ruego,
pues, que tú también oigas la voz de tu sierva; pondré
yo delante de ti un bocado de pan para que comas, a fin
de que cobres fuerzas, y sigas tu camino.
23 Y él rehusó diciendo: No comeré.
Pero porfiaron con él sus siervos juntamente con la
mujer, y él les obedeció. Se levantó, pues, del suelo, y
se sentó sobre una cama. 24 Y
aquella mujer tenía en su casa un ternero engordado, el
cual mató luego; y tomó harina y la amasó, y coció de
ella panes sin levadura. 25 Y
lo trajo delante de Saúl y de sus siervos; y después de
haber comido, se levantaron, y se fueron aquella noche.
29
1 Los filisteos juntaron
todas sus fuerzas en Afec, e Israel acampó junto a la
fuente que está en Jezreel. 2 Y
cuando los príncipes de los filisteos pasaban revista a
sus compañías de a ciento y de a mil hombres, David y
sus hombres iban en la retaguardia con Aquis.
3 Y dijeron los
príncipes de los filisteos: ¿Qué hacen aquí estos
hebreos? Y Aquis respondió a los príncipes de los
filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl rey de
Israel, que ha estado conmigo por días y años, y no he
hallado falta en él desde el día que se pasó a mí hasta
hoy? 4 Entonces los
príncipes de los filisteos se enojaron contra él, y le
dijeron: Despide a este hombre, para que se vuelva al
lugar que le señalaste, y no venga con nosotros a la
batalla, no sea que en la batalla se nos vuelva enemigo;
porque ¿con qué cosa volvería mejor a la gracia de su
señor que con las cabezas de estos hombres?
5 ¿No es éste David, de
quien cantaban en las danzas, diciendo:
-
Saúl hirió a sus miles,
-
Y David a sus diez miles?
6 Y Aquis llamó a David
y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me
ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento
conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde
el día que viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los
príncipes no agradas. 7 Vuélvete,
pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes
de los filisteos. 8 Y
David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado
en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy,
para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi
señor el rey? 9 Y Aquis
respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno ante
mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes de
los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la
batalla. 10 Levántate,
pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han
venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad.
11 Y se levantó David
de mañana, él y sus hombres, para irse y volver a la
tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a
Jezreel.
30
1 Cuando David y sus
hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec
habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a
Siclag y le habían prendido fuego. 2 Y
se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los
que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a
nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al
seguir su camino. 3 Vino,
pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que
estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían
sido llevados cautivos. 4 Entonces
David y la gente que con él estaba alzaron su voz y
lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para
llorar. 5 Las dos
mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que
fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas.
6 Y David se angustió
mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo
el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus
hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová
su Dios.
7 Y
dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te
ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod
a David. 8 Y David
consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos
merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo:
Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto
librarás a los cautivos. 9 Partió,
pues, David, él y los seiscientos hombres que con él
estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se
quedaron algunos. 10 Y
David siguió adelante con cuatrocientos hombres; porque
se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron
pasar el torrente de Besor.
11 Y
hallaron en el campo a un hombre egipcio, el cual
trajeron a David, y le dieron pan, y comió, y le dieron
a beber agua. 12 Le
dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos
racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su
espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en
tres días y tres noches. 13 Y
le dijo David: ¿De quién eres tú, y de dónde eres? Y
respondió el joven egipcio: Yo soy siervo de un
amalecita, y me dejó mi amo hoy hace tres días, porque
estaba yo enfermo; 14 pues
hicimos una incursión a la parte del Neguev que es de
los cereteos, y de Judá, y al Neguev de Caleb; y pusimos
fuego a Siclag. 15 Y le
dijo David: ¿Me llevarás tú a esa tropa? Y él dijo:
Júrame por Dios que no me matarás, ni me entregarás en
mano de mi amo, y yo te llevaré a esa gente.
16 Lo
llevó, pues; y he aquí que estaban desparramados sobre
toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo
fiesta, por todo aquel gran botín que habían tomado de
la tierra de los filisteos y de la tierra de Judá.
17 Y los hirió David
desde aquella mañana hasta la tarde del día siguiente; y
no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos jóvenes
que montaron sobre los camellos y huyeron.
18 Y libró David todo
lo que los amalecitas habían tomado, y asimismo libertó
David a sus dos mujeres. 19 Y
no les faltó cosa alguna, chica ni grande, así de hijos
como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les
habían tomado; todo lo recuperó David.
20 Tomó también David todas las ovejas
y el ganado mayor; y trayéndolo todo delante, decían:
Este es el botín de David.
21 Y
vino David a los doscientos hombres que habían quedado
cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales
habían hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos
salieron a recibir a David y al pueblo que con él
estaba. Y cuando David llegó a la gente, les saludó con
paz. 22 Entonces todos
los malos y perversos de entre los que habían ido con
David, respondieron y dijeron: Porque no fueron con
nosotros, no les daremos del botín que hemos quitado,
sino a cada uno su mujer y sus hijos; que los tomen y se
vayan. 23 Y David dijo:
No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado
Jehová, quien nos ha guardado, y ha entregado en nuestra
mano a los merodeadores que vinieron contra nosotros.
24 ¿Y quién os
escuchará en este caso? Porque conforme a la parte del
que desciende a la batalla, así ha de ser la parte del
que queda con el bagaje; les tocará parte igual.
25 Desde aquel día en
adelante fue esto por ley y ordenanza en Israel, hasta
hoy.
26 Y
cuando David llegó a Siclag, envió del botín a los
ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí un
presente para vosotros del botín de los enemigos de
Jehová. 27 Lo envió a
los que estaban en Bet-el, en Ramot del Neguev, en
Jatir, 28 en Aroer, en
Sifmot, en Estemoa, 29 en
Racal, en las ciudades de Jerameel, en las ciudades del
ceneo, 30 en Horma, en
Corasán, en Atac, 31 en
Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado
con sus hombres.
31
1 Los filisteos, pues,
pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron delante
de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de
Gilboa. 2 Y siguiendo
los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a
Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl.
3 Y arreció la batalla contra Saúl, y
le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos.
4 Entonces dijo Saúl a
su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para
que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me
escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía
gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se
echó sobre ella. 5 Y
viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó
sobre su espada, y murió con él. 6 Así
murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos,
y su escudero, y todos sus varones.
7 Y los de Israel que eran del otro lado
del valle, y del otro lado del Jordán, viendo que Israel
había huido y que Saúl y sus hijos habían sido muertos,
dejaron las ciudades y huyeron; y los filisteos vinieron
y habitaron en ellas.
8 Aconteció
al siguiente día, que viniendo los filisteos a despojar
a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos
tendidos en el monte de Gilboa. 9 Y
le cortaron la cabeza, y le despojaron de las armas; y
enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos,
para que llevaran las buenas nuevas al templo de sus
ídolos y al pueblo. 10 Y
pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron
su cuerpo en el muro de Bet-sán. 11 Mas
oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos
hicieron a Saúl, 12 todos
los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda
aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los
cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a
Jabes, los quemaron allí. 13 Y
tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol en
Jabes, y ayunaron siete días.
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