JUECES
1
1 Aconteció después de
la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron
a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a
pelear contra los cananeos? 2 Y
Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he
entregado la tierra en sus manos. 3 Y
Judá dijo a Simeón su hermano: Sube conmigo al
territorio que se me ha adjudicado, y peleemos contra el
cananeo, y yo también iré contigo al tuyo. Y Simeón fue
con él. 4 Y subió Judá,
y Jehová entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; e
hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres.
5 Y hallaron a Adoni-bezec
en Bezec, y pelearon contra él; y derrotaron al cananeo
y al ferezeo. 6 Mas
Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le prendieron, y le
cortaron los pulgares de las manos y de los pies.
7 Entonces dijo Adoni-bezec:
Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de
sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como
yo hice, así me ha pagado Dios. Y le llevaron a
Jerusalén, donde murió.
8 Y combatieron los
hijos de Judá a Jerusalén y la tomaron, y pasaron a sus
habitantes a filo de espada y pusieron fuego a la
ciudad. 9 Después los
hijos de Judá descendieron para pelear contra el cananeo
que habitaba en las montañas, en el Neguev, y en los
llanos. 10 Y marchó
Judá contra el cananeo que habitaba en Hebrón, la cual
se llamaba antes Quiriat-arba; e hirieron a Sesai, a
Ahimán y a Talmai.
11 De allí fue a los que
habitaban en Debir, que antes se llamaba Quiriat-sefer.
12 Y dijo Caleb: El que
atacare a Quiriat-sefer y la tomare, yo le daré Acsa mi
hija por mujer. 13 Y la
tomó Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb; y él
le dio Acsa su hija por mujer. 14 Y
cuando ella se iba con él, la persuadió que pidiese a su
padre un campo. Y ella se bajó del asno, y Caleb le
dijo: ¿Qué tienes? 15 Ella
entonces le respondió: Concédeme un don; puesto que me
has dado tierra del Neguev, dame también fuentes de
aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las
fuentes de abajo.
16 Y los hijos del ceneo,
suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmeras
con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está en
el Neguev cerca de Arad; y fueron y habitaron con el
pueblo. 17 Y fue Judá
con su hermano Simeón, y derrotaron al cananeo que
habitaba en Sefat, y la asolaron; y pusieron por nombre
a la ciudad, Horma. 18 Tomó
también Judá a Gaza con su territorio, Ascalón con su
territorio y Ecrón con su territorio.
19 Y Jehová estaba con Judá, quien
arrojó a los de las montañas; mas no pudo arrojar a los
que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros
herrados. 20 Y dieron
Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho; y él arrojó de
allí a los tres hijos de Anac. 21 Mas
al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los
hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de
Benjamín en Jerusalén hasta hoy.
22 También la casa de
José subió contra Bet-el; y Jehová estaba con ellos.
23 Y la casa de José
puso espías en Bet-el, ciudad que antes se llamaba Luz.
24 Y los que espiaban
vieron a un hombre que salía de la ciudad, y le dijeron:
Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos
contigo misericordia. 25 Y
él les mostró la entrada a la ciudad, y la hirieron a
filo de espada; pero dejaron ir a aquel hombre con toda
su familia. 26 Y se fue
el hombre a la tierra de los heteos, y edificó una
ciudad a la cual llamó Luz; y este es su nombre hasta
hoy.
27 Tampoco Manasés
arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a
los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus
aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a
los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo
persistía en habitar en aquella tierra.
28 Pero cuando Israel se sintió fuerte
hizo al cananeo tributario, mas no lo arrojó.
29 Tampoco
Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que
habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer.
30 Tampoco Zabulón
arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que
habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio
de él, y le fue tributario.
31 Tampoco
Aser arrojó a los que habitaban en Aco, ni a los que
habitaban en Sidón, en Ahlab, en Aczib, en Helba, en
Afec y en Rehob. 32 Y
moró Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra;
pues no los arrojó.
33 Tampoco
Neftalí arrojó a los que habitaban en Bet-semes, ni a
los que habitaban en Bet-anat, sino que moró entre los
cananeos que habitaban en la tierra; mas le fueron
tributarios los moradores de Bet-semes y los moradores
de Bet-anat.
34 Los
amorreos acosaron a los hijos de Dan hasta el monte, y
no los dejaron descender a los llanos.
35 Y el amorreo persistió en habitar
en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero
cuando la casa de José cobró fuerzas, lo hizo
tributario. 36 Y el
límite del amorreo fue desde la subida de Acrabim, desde
Sela hacia arriba.
2
1 El ángel de Jehová
subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto,
y os introduje en la tierra de la cual había jurado a
vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto
con vosotros, 2 con tal
que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta
tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros
no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?
3 Por tanto, yo también
digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que
serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os
serán tropezadero. 4 Cuando
el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los
hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró.
5 Y llamaron el nombre
de aquel lugar Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a
Jehová.
6 Porque ya Josué había
despedido al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido
cada uno a su heredad para poseerla.
7 Y el pueblo había servido a Jehová
todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los
ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían
visto todas las grandes obras de Jehová, que él había
hecho por Israel. 8 Pero
murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de
ciento diez años. 9 Y
lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en el monte
de Efraín, al norte del monte de Gaas.
10 Y toda aquella generación también
fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos
otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que
él había hecho por Israel.
11 Después los hijos de
Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y
sirvieron a los baales. 12 Dejaron
a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de
la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los
dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a
los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová.
13 Y dejaron a Jehová,
y adoraron a Baal y a Astarot. 14 Y
se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual
los entregó en manos de robadores que los despojaron, y
los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no
pudieron ya hacer frente a sus enemigos.
15 Por dondequiera que salían, la mano
de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová
había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y
tuvieron gran aflicción.
16 Y
Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los
que les despojaban; 17 pero
tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses
ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del
camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los
mandamientos de Jehová; ellos no hicieron así.
18 Y cuando Jehová les
levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los
libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel
juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus
gemidos a causa de los que los oprimían y afligían.
19 Mas acontecía que al
morir el juez, ellos volvían atrás, y se corrompían más
que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para
servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se
apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino.
20 Y la ira de Jehová
se encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este
pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no
obedece a mi voz, 21 tampoco
yo volveré más a arrojar de delante de ellos a ninguna
de las naciones que dejó Josué cuando murió;
22 para probar con
ellas a Israel, si procurarían o no seguir el camino de
Jehová, andando en él, como lo siguieron sus padres.
23 Por esto dejó Jehová
a aquellas naciones, sin arrojarlas de una vez, y no las
entregó en mano de Josué.
3
1 Estas, pues, son las
naciones que dejó Jehová para probar con ellas a Israel,
a todos aquellos que no habían conocido todas la guerras
de Canaán; 2 solamente
para que el linaje de los hijos de Israel conociese la
guerra, para que la enseñasen a los que antes no la
habían conocido: 3 los
cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos,
los sidonios, y los heveos que habitaban en el monte
Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a
Hamat. 4 Y fueron para
probar con ellos a Israel, para saber si obedecerían a
los mandamientos de Jehová, que él había dado a sus
padres por mano de Moisés. 5 Así
los hijos de Israel habitaban entre los cananeos,
heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos.
6 Y tomaron de sus
hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de
ellos, y sirvieron a sus dioses.
7 Hicieron, pues, los
hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová, y
olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a
las imágenes de Asera. 8 Y
la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los vendió
en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y
sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho
años. 9 Entonces
clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó
un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto
es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb.
10 Y el Espíritu de
Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a
batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim
rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim.
11 Y reposó la tierra
cuarenta años; y murió Otoniel hijo de Cenaz.
12 Volvieron los hijos
de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y
Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab contra Israel, por
cuanto habían hecho lo malo ante los ojos de Jehová.
13 Este juntó consigo a
los hijos de Amón y de Amalec, y vino e hirió a Israel,
y tomó la ciudad de las palmeras. 14 Y
sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los
moabitas dieciocho años.
15 Y
clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les
levantó un libertador, a Aod hijo de Gera, benjamita, el
cual era zurdo. Y los hijos de Israel enviaron con él un
presente a Eglón rey de Moab. 16 Y
Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo de
largo; y se lo ciñó debajo de sus vestidos a su lado
derecho. 17 Y entregó
el presente a Eglón rey de Moab; y era Eglón hombre muy
grueso. 18 Y luego que
hubo entregado el presente, despidió a la gente que lo
había traído. 19 Mas él
se volvió desde los ídolos que están en Gilgal, y dijo:
Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El entonces
dijo: Calla. Y salieron de delante de él todos los que
con él estaban. 20 Y se
le acercó Aod, estando él sentado solo en su sala de
verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. El
entonces se levantó de la silla. 21 Entonces
alargó Aod su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado
derecho, y se lo metió por el vientre,
22 de tal manera que la empuñadura
entró también tras la hoja, y la gordura cubrió la hoja,
porque no sacó el puñal de su vientre; y salió el
estiércol. 23 Y salió
Aod al corredor, y cerró tras sí las puertas de la sala
y las aseguró con el cerrojo.
24 Cuando
él hubo salido, vinieron los siervos del rey, los cuales
viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin
duda él cubre sus pies en la sala de verano.
25 Y habiendo esperado
hasta estar confusos, porque él no abría las puertas de
la sala, tomaron la llave y abrieron; y he aquí su señor
caído en tierra, muerto.
26 Mas
entre tanto que ellos se detuvieron, Aod escapó, y
pasando los ídolos, se puso a salvo en Seirat.
27 Y cuando había
entrado, tocó el cuerno en el monte de Efraín, y los
hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba
delante de ellos. 28 Entonces
él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha entregado a
vuestros enemigos los moabitas en vuestras manos. Y
descendieron en pos de él, y tomaron los vados del
Jordán a Moab, y no dejaron pasar a ninguno.
29 Y en aquel tiempo
mataron de los moabitas como diez mil hombres, todos
valientes y todos hombres de guerra; no escapó ninguno.
30 Así fue subyugado
Moab aquel día bajo la mano de Israel; y reposó la
tierra ochenta años.
31 Después de él fue
Samgar hijo de Anat, el cual mató a seiscientos hombres
de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él
también salvó a Israel.
4
1 Después de la muerte
de Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo
ante los ojos de Jehová. 2 Y
Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el
cual reinó en Hazor; y el capitán de su ejército se
llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim.
3 Entonces los hijos de
Israel clamaron a Jehová, porque aquél tenía novecientos
carros herrados, y había oprimido con crueldad a los
hijos de Israel por veinte años.
4 Gobernaba
en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa,
mujer de Lapidot; 5 y
acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre
Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de
Israel subían a ella a juicio. 6 Y
ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de
Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de
Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de
Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de
Neftalí y de la tribu de Zabulón; 7 y
yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán
del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y
lo entregaré en tus manos? 8 Barac
le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no
fueres conmigo, no iré. 9 Ella
dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la
jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá
Jehová a Sísara. Y levantándose Débora, fue con Barac a
Cedes. 10 Y juntó Barac
a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subió con diez mil
hombres a su mando; y Débora subió con él.
11 Y
Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se
había apartado de los ceneos, y había plantado sus
tiendas en el valle de Zaanaim, que está junto a Cedes.
12 Vinieron,
pues, a Sísara las nuevas de que Barac hijo de Abinoam
había subido al monte de Tabor. 13 Y
reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros
herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde
Haroset- goim hasta el arroyo de Cisón.
14 Entonces Débora dijo a Barac:
Levántate, porque este es el día en que Jehová ha
entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová
delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y
diez mil hombres en pos de él. 15 Y
Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo
su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara
descendió del carro, y huyó a pie.
16 Mas Barac siguió los carros y el
ejército hasta Haroset- goim, y todo el ejército de
Sísara cayó a filo de espada, hasta no quedar ni uno.
17 Y
Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de Heber
ceneo; porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la
casa de Heber ceneo. 18 Y
saliendo Jael a recibir a Sísara, le dijo: Ven, señor
mío, ven a mí, no tengas temor. Y él vino a ella a la
tienda, y ella le cubrió con una manta.
19 Y él le dijo: Te ruego me des de
beber un poco de agua, pues tengo sed. Y ella abrió un
odre de leche y le dio de beber, y le volvió a cubrir.
20 Y él le dijo: Estate
a la puerta de la tienda; y si alguien viniere, y te
preguntare, diciendo: ¿Hay aquí alguno? tú responderás
que no. 21 Pero Jael
mujer de Heber tomó una estaca de la tienda, y poniendo
un mazo en su mano, se le acercó calladamente y le metió
la estaca por las sienes, y la enclavó en la tierra,
pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió.
22 Y siguiendo Barac a
Sísara, Jael salió a recibirlo, y le dijo: Ven, y te
mostraré al varón que tú buscas. Y él entró donde ella
estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca por
la sien.
23 Así
abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de
los hijos de Israel. 24 Y
la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose más y
más contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo
destruyeron.
5
1 Aquel día cantó Débora
con Barac hijo de Abinoam, diciendo:
-
2 Por
haberse puesto al frente los caudillos en Israel,
-
Por haberse ofrecido
voluntariamente el pueblo,
-
Load a Jehová.
-
3 Oíd,
reyes; escuchad, oh príncipes;
-
Yo cantaré a Jehová,
-
Cantaré salmos a Jehová, el Dios
de Israel.
-
4 Cuando
saliste de Seir, oh Jehová,
-
Cuando te marchaste de los campos
de Edom,
-
La tierra tembló, y los cielos
destilaron,
-
Y las nubes gotearon aguas.
-
5 Los
montes temblaron delante de Jehová,
-
Aquel Sinaí, delante de Jehová
Dios de Israel.
-
6 En
los días de Samgar hijo de Anat,
-
En los días de Jael, quedaron
abandonados los caminos,
-
Y los que andaban por las sendas
se apartaban por senderos torcidos.
-
7 Las
aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían
decaído,
-
Hasta que yo Débora me levanté,
-
Me levanté como madre en Israel.
-
8 Cuando
escogían nuevos dioses,
-
La guerra estaba a las puertas;
-
¿Se veía escudo o lanza
-
Entre cuarenta mil en Israel?
-
9 Mi
corazón es para vosotros, jefes de Israel,
-
Para los que voluntariamente os
ofrecisteis entre el pueblo.
-
Load a Jehová.
-
10 Vosotros
los que cabalgáis en asnas blancas,
-
Los que presidís en juicio,
-
Y vosotros los que viajáis,
hablad.
-
11 Lejos
del ruido de los arqueros, en los abrevaderos,
-
Allí repetirán los triunfos de
Jehová,
-
Los triunfos de sus aldeas en
Israel;
-
Entonces marchará hacia las
puertas el pueblo de Jehová.
-
12 Despierta,
despierta, Débora;
-
Despierta, despierta, entona
cántico.
-
Levántate, Barac, y lleva tus
cautivos, hijo de Abinoam.
-
13 Entonces
marchó el resto de los nobles;
-
El pueblo de Jehová marchó por él
en contra de los poderosos.
-
14 De
Efraín vinieron los radicados en Amalec,
-
En pos de ti, Benjamín, entre tus
pueblos;
-
De Maquir descendieron príncipes,
-
Y de Zabulón los que tenían vara
de mando.
-
15 Caudillos
también de Isacar fueron con Débora;
-
Y como Barac, también Isacar
-
Se precipitó a pie en el valle.
-
Entre las familias de Rubén
-
Hubo grandes resoluciones del
corazón.
-
16 ¿Por
qué te quedaste entre los rediles,
-
Para oír los balidos de los
rebaños?
-
Entre las familias de Rubén
-
Hubo grandes propósitos del
corazón.
-
17 Galaad
se quedó al otro lado del Jordán;
-
Y Dan, ¿por qué se estuvo junto a
las naves?
-
Se mantuvo Aser a la ribera del
mar,
-
Y se quedó en sus puertos.
-
18 El
pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte,
-
Y Neftalí en las alturas del
campo.
-
19 Vinieron
reyes y pelearon;
-
Entonces pelearon los reyes de
Canaán,
-
En Taanac, junto a las aguas de
Meguido,
-
Mas no llevaron ganancia alguna
de dinero.
-
20 Desde
los cielos pelearon las estrellas;
-
Desde sus órbitas pelearon contra
Sísara.
-
21 Los
barrió el torrente de Cisón,
-
El antiguo torrente, el torrente
de Cisón.
-
Marcha, oh alma mía, con poder.
-
22 Entonces
resonaron los cascos de los caballos
-
Por el galopar, por el galopar de
sus valientes.
-
23 Maldecid
a Meroz, dijo el ángel de Jehová;
-
Maldecid severamente a sus
moradores,
-
Porque no vinieron al socorro de
Jehová,
-
Al socorro de Jehová contra los
fuertes.
-
24 Bendita
sea entre las mujeres Jael,
-
Mujer de Heber ceneo;
-
Sobre las mujeres bendita sea en
la tienda.
-
25 El
pidió agua, y ella le dio leche;
-
En tazón de nobles le presentó
crema.
-
26 Tendió
su mano a la estaca,
-
Y su diestra al mazo de
trabajadores,
-
Y golpeó a Sísara; hirió su
cabeza,
-
Y le horadó, y atravesó sus
sienes.
-
27 Cayó
encorvado entre sus pies, quedó tendido;
-
Entre sus pies cayó encorvado;
-
Donde se encorvó, allí cayó
muerto.
-
28 La
madre de Sísara se asoma a la ventana,
-
Y por entre las celosías a voces
dice:
-
¿Por qué tarda su carro en venir?
-
¿Por qué las ruedas de sus carros
se detienen?
-
29 Las
más avisadas de sus damas le respondían,
-
Y aun ella se respondía a sí
misma:
-
30 ¿No
han hallado botín, y lo están repartiendo?
-
A cada uno una doncella, o dos;
-
Las vestiduras de colores para
Sísara,
-
Las vestiduras bordadas de
colores;
-
La ropa de color bordada de ambos
lados, para los jefes de los que tomaron el botín.
-
31 Así
perezcan todos tus enemigos, oh Jehová;
-
Mas los que te aman, sean como el
sol cuando sale en su fuerza.
Y la tierra reposó cuarenta años.
6
1 Los hijos de Israel
hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los
entregó en mano de Madián por siete años.
2 Y la mano de Madián prevaleció
contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los
madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y
cavernas, y lugares fortificados. 3 Pues
sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los
madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra
ellos; subían y los atacaban. 4 Y
acampando contra ellos destruían los frutos de la
tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en
Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
5 Porque subían ellos y sus ganados, y
venían con sus tiendas en grande multitud como
langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así
venían a la tierra para devastarla.
6 De este modo empobrecía Israel en gran
manera por causa de Madián; y los hijos de Israel
clamaron a Jehová.
7 Y
cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de
los madianitas, 8 Jehová
envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual
les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice
salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.
9 Os libré de mano de
los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron,
a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su
tierra; 10 y os dije:
Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de
los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis
obedecido a mi voz.
11 Y
vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina
que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su
hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para
esconderlo de los madianitas. 12 Y
el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová
está contigo, varón esforzado y valiente.
13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor
mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha
sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus
maravillas, que nuestros padres nos han contado,
diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová
nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los
madianitas. 14 Y
mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y
salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te
envío yo? 15 Entonces
le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a
Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo
el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová
le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a
los madianitas como a un solo hombre.
17 Y él respondió: Yo te ruego que si
he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú
has hablado conmigo. 18 Te
ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y
saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él
respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
19 Y
entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin
levadura de un efa de harina; y puso la carne en un
canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo
presentó debajo de aquella encina.
20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma
la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta
peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
21 Y extendiendo el
ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con
la punta la carne y los panes sin levadura; y subió
fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes
sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su
vista. 22 Viendo
entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah,
Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a
cara. 23 Pero Jehová le
dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.
24 Y edificó allí
Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual
permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.
25 Aconteció
que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato
de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el
altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la
imagen de Asera que está junto a él;
26 y edifica altar a Jehová tu Dios en
la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y
tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con
la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.
27 Entonces Gedeón tomó
diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo.
Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre
y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.
28 Por
la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he
aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortada la
imagen de Asera que estaba junto a él, y el segundo toro
había sido ofrecido en holocausto sobre el altar
edificado. 29 Y se
dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto? Y buscando e
inquiriendo, les dijeron: Gedeón hijo de Joás lo ha
hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás:
30 Saca a tu hijo para
que muera, porque ha derribado el altar de Baal y ha
cortado la imagen de Asera que estaba junto a él.
31 Y Joás respondió a
todos los que estaban junto a él: ¿Contenderéis vosotros
por Baal? ¿Defenderéis su causa? Cualquiera que
contienda por él, que muera esta mañana. Si es un dios,
contienda por sí mismo con el que derribó su altar.
32 Aquel día Gedeón fue
llamado Jerobaal, esto es: Contienda Baal contra él, por
cuanto derribó su altar.
33 Pero
todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se
juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de
Jezreel. 34 Entonces el
Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó
el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él.
35 Y envió mensajeros
por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él;
asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí,
los cuales salieron a encontrarles.
36 Y
Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi
mano, como has dicho, 37 he
aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el
rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca
toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a
Israel por mi mano, como lo has dicho.
38 Y aconteció así, pues cuando se
levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el
rocío, un tazón lleno de agua. 39 Mas
Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si
aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez
con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede
seco, y el rocío sobre la tierra. 40 Y
aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó
seco, y en toda la tierra hubo rocío.
7
1 Levantándose, pues, de
mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que
estaba con él, acamparon junto a la fuente de Harod; y
tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá
del collado de More, en el valle.
2 Y
Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es
mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano,
no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano
me ha salvado. 3 Ahora,
pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien
tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el
monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo
veintidós mil, y quedaron diez mil.
4 Y
Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a
las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga:
Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo
te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá.
5 Entonces llevó el
pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera
que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro,
a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se
doblare sobre sus rodillas para beber.
6 Y fue el número de los que lamieron
llevando el agua con la mano a su boca, trescientos
hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus
rodillas para beber las aguas. 7 Entonces
Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que
lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los
madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente
cada uno a su lugar. 8 Y
habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus
trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su
tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía
el campamento de Madián abajo en el valle.
9 Aconteció
que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende
al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
10 Y si tienes temor de
descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
11 y oirás lo que
hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y
descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su
criado hasta los puestos avanzados de la gente armada
que estaba en el campamento. 12 Y
los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente
estaban tendidos en el valle como langostas en multitud,
y sus camellos eran innumerables como la arena que está
a la ribera del mar en multitud. 13 Cuando
llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su
compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño:
Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de
Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera
que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda
cayó. 14 Y su compañero
respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de
Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado
en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
15 Cuando
Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación,
adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo:
Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de
Madián en vuestras manos. 16 Y
repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones,
dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros
vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.
17 Y les dijo: Miradme
a mí, y haced como hago yo; he aquí que cuando yo llegue
al extremo del campamento, haréis vosotros como hago yo.
18 Yo tocaré la
trompeta, y todos los que estarán conmigo; y vosotros
tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el
campamento, y diréis: ¡Por Jehová y por Gedeón!
19 Llegaron, pues,
Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo, al
extremo del campamento, al principio de la guardia de la
medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y
tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que
llevaban en sus manos. 20 Y
los tres escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando
los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en
la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron:
¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!
21 Y se estuvieron firmes cada uno en
su puesto en derredor del campamento; entonces todo el
ejército echó a correr dando gritos y huyendo.
22 Y los trescientos
tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de cada
uno contra su compañero en todo el campamento. Y el
ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y
hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat.
23 Y juntándose los de
Israel, de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, siguieron
a los madianitas.
24 Gedeón
también envió mensajeros por todo el monte de Efraín,
diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y
tomad los vados de Bet-bara y del Jordán antes que ellos
lleguen. Y juntos todos los hombres de Efraín, tomaron
los vados de Bet-bara y del Jordán.
25 Y tomaron a dos príncipes de los
madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de
Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después
que siguieron a los madianitas, trajeron las cabezas de
Oreb y de Zeeb a Gedeón al otro lado del Jordán.
8
1 Pero los hombres de
Efraín le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho con
nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra
Madián? Y le reconvinieron fuertemente.
2 A los cuales él respondió: ¿Qué he
hecho yo ahora comparado con vosotros? ¿No es el rebusco
de Efraín mejor que la vendimia de Abiezer?
3 Dios ha entregado en
vuestras manos a Oreb y a Zeeb, príncipes de Madián; ¿y
qué he podido yo hacer comparado con vosotros? Entonces
el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él
habló esta palabra.
4 Y
vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos
hombres que traía consigo, cansados, mas todavía
persiguiendo. 5 Y dijo
a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me
sigue algunos bocados de pan; porque están cansados, y
yo persigo a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián.
6 Y los principales de
Sucot respondieron: ¿Están ya Zeba y Zalmuna en tu mano,
para que demos pan a tu ejército? 7 Y
Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en mi mano a
Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con espinos
y abrojos del desierto. 8 De
allí subió a Peniel, y les dijo las mismas palabras. Y
los de Peniel le respondieron como habían respondido los
de Sucot. 9 Y él habló
también a los de Peniel, diciendo: Cuando yo vuelva en
paz, derribaré esta torre.
10 Y
Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su
ejército como de quince mil hombres, todos los que
habían quedado de todo el ejército de los hijos del
oriente; pues habían caído ciento veinte mil hombres que
sacaban espada. 11 Subiendo,
pues, Gedeón por el camino de los que habitaban en
tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha, atacó el
campamento, porque el ejército no estaba en guardia.
12 Y huyendo Zeba y
Zalmuna, él los siguió; y prendió a los dos reyes de
Madián, Zeba y Zalmuna, y llenó de espanto a todo el
ejército.
13 Entonces
Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla antes que el
sol subiese, 14 y tomó
a un joven de los hombres de Sucot, y le preguntó; y él
le dio por escrito los nombres de los principales y de
los ancianos de Sucot, setenta y siete varones.
15 Y entrando a los
hombres de Sucot, dijo: He aquí a Zeba y a Zalmuna,
acerca de los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Están ya
en tu mano Zeba y Zalmuna, para que demos nosotros pan a
tus hombres cansados? 16 Y
tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y abrojos
del desierto, y castigó con ellos a los de Sucot.
17 Asimismo derribó la
torre de Peniel, y mató a los de la ciudad.
18 Luego
dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué aspecto tenían aquellos
hombres que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron:
Como tú, así eran ellos; cada uno parecía hijo de rey.
19 Y él dijo: Mis
hermanos eran, hijos de mi madre. ¡Vive Jehová, que si
les hubierais conservado la vida, yo no os mataría!
20 Y dijo a Jeter su
primogénito: Levántate, y mátalos. Pero el joven no
desenvainó su espada, porque tenía temor, pues era aún
muchacho. 21 Entonces
dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y mátanos; porque
como es el varón, tal es su valentía. Y Gedeón se
levantó, y mató a Zeba y a Zalmuna; y tomó los adornos
de lunetas que sus camellos traían al cuello.
22 Y
los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor, tú, y
tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de
Madián. 23 Mas Gedeón
respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os
señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros.
24 Y les dijo Gedeón:
Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los
zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro,
porque eran ismaelitas). 25 Ellos
respondieron: De buena gana te los daremos. Y tendiendo
un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su botín.
26 Y fue el peso de los
zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos de
oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura
que traían los reyes de Madián, y sin los collares que
traían sus camellos al cuello. 27 Y
Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su
ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese
efod en aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su
casa. 28 Así fue
subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca
más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra
cuarenta años en los días de Gedeón.
29 Luego
Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa.
30 Y tuvo Gedeón
setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque
tuvo muchas mujeres. 31 También
su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y le
puso por nombre Abimelec. 32 Y
murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue
sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de
los abiezeritas.
33 Pero
aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos de Israel
volvieron a prostituirse yendo tras los baales, y
escogieron por dios a Baal-berit. 34 Y
no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios,
que los había librado de todos sus enemigos en derredor;
35 ni se mostraron
agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual es Gedeón,
conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.
9
1 Abimelec hijo de
Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y
habló con ellos, y con toda la familia de la casa del
padre de su madre, diciendo: 2 Yo
os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem:
¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres,
todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo
hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne
vuestra. 3 Y hablaron
por él los hermanos de su madre en oídos de todos los de
Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos se
inclinó a favor de Abimelec, porque decían: Nuestro
hermano es. 4 Y le
dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-berit,
con los cuales Abimelec alquiló hombres ociosos y
vagabundos, que le siguieron. 5 Y
viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus
hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre
una misma piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de
Jerobaal, que se escondió. 6 Entonces
se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de
Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de
la llanura del pilar que estaba en Siquem.
7 Cuando
se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la cumbre del
monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y les dijo:
Oídme, varones de Siquem, y así os oiga Dios.
8 Fueron una vez los
árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina
sobre nosotros. 9 Mas
el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual
en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser
grande sobre los árboles? 10 Y
dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre
nosotros. 11 Y
respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen
fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?
12 Dijeron luego los
árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros.
13 Y la vid les
respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a
los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?
14 Dijeron entonces
todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre
nosotros. 15 Y la zarza
respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey
sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si
no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del
Líbano.
16 Ahora,
pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en
hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con
Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a
la obra de sus manos 17 (porque
mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro
para libraros de mano de Madián, 18 y
vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi
padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones
sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre
los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto
es vuestro hermano); 19 si
con verdad y con integridad habéis procedido hoy con
Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él
goce de vosotros. 20 Y
si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de
Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de
Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.
21 Y escapó Jotam y
huyó, y se fue a Beer, y allí se estuvo por miedo de
Abimelec su hermano.
22 Después
que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años,
23 envió Dios un mal
espíritu entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los
de Siquem se levantaron contra Abimelec;
24 para que la violencia hecha a los
setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos,
recayera sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre
los hombres de Siquem que fortalecieron las manos de él
para matar a sus hermanos. 25 Y
los de Siquem pusieron en las cumbres de los montes
asechadores que robaban a todos los que pasaban junto a
ellos por el camino; de lo cual fue dado aviso a
Abimelec.
26 Y
Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se pasaron a
Siquem, y los de Siquem pusieron en él su confianza.
27 Y saliendo al campo,
vendimiaron sus viñedos, y pisaron la uva e hicieron
fiesta; y entrando en el templo de sus dioses, comieron
y bebieron, y maldijeron a Abimelec.
28 Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es
Abimelec, y qué es Siquem, para que nosotros le
sirvamos? ¿No es hijo de Jerobaal, y no es Zebul
ayudante suyo? Servid a los varones de Hamor padre de
Siquem; pero ¿por qué le hemos de servir a él?
29 Ojalá estuviera este
pueblo bajo mi mano, pues yo arrojaría luego a Abimelec,
y diría a Abimelec: Aumenta tus ejércitos, y sal.
30 Cuando
Zebul gobernador de la ciudad oyó las palabras de Gaal
hijo de Ebed, se encendió en ira, 31 y
envió secretamente mensajeros a Abimelec, diciendo: He
aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a
Siquem, y he aquí que están sublevando la ciudad contra
ti. 32 Levántate, pues,
ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon
emboscadas en el campo. 33 Y
por la mañana al salir el sol madruga y cae sobre la
ciudad; y cuando él y el pueblo que está con él salgan
contra ti, tú harás con él según se presente la ocasión.
34 Levantándose,
pues, de noche Abimelec y todo el pueblo que con él
estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro
compañías. 35 Y Gaal
hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada de la puerta
de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo que con él
estaba, se levantaron de la emboscada.
36 Y viendo Gaal al pueblo, dijo a
Zebul: He allí gente que desciende de las cumbres de los
montes. Y Zebul le respondió: Tú ves la sombra de los
montes como si fueran hombres. 37 Volvió
Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que desciende de en
medio de la tierra, y una tropa viene por el camino de
la encina de los adivinos. 38 Y
Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu boca con que
decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es
este el pueblo que tenías en poco? Sal pues, ahora, y
pelea con él. 39 Y Gaal
salió delante de los de Siquem, y peleó contra Abimelec.
40 Mas lo persiguió
Abimelec, y Gaal huyó delante de él; y cayeron heridos
muchos hasta la entrada de la puerta.
41 Y Abimelec se quedó en Aruma; y
Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no
morasen en Siquem.
42 Aconteció
el siguiente día, que el pueblo salió al campo; y fue
dado aviso a Abimelec, 43 el
cual, tomando gente, la repartió en tres compañías, y
puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el
pueblo que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos
y los atacó. 44 Porque
Abimelec y la compañía que estaba con él acometieron con
ímpetu, y se detuvieron a la entrada de la puerta de la
ciudad, y las otras dos compañías acometieron a todos
los que estaban en el campo, y los mataron.
45 Y Abimelec peleó
contra la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad, y
mató al pueblo que en ella estaba; y asoló la ciudad, y
la sembró de sal.
46 Cuando
oyeron esto todos los que estaban en la torre de Siquem,
se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit.
47 Y fue dado aviso a
Abimelec, de que estaban reunidos todos los hombres de
la torre de Siquem. 48 Entonces
subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente
que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano,
y cortó una rama de los árboles, y levantándola se la
puso sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba
con él: Lo que me habéis visto hacer, apresuraos a
hacerlo como yo. 49 Y
todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y
siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la
fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza,
de modo que todos los de la torre de Siquem murieron,
como unos mil hombres y mujeres.
50 Después
Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a Tebes, y la
tomó. 51 En medio de
aquella ciudad había una torre fortificada, a la cual se
retiraron todos los hombres y las mujeres, y todos los
señores de la ciudad; y cerrando tras sí las puertas, se
subieron al techo de la torre. 52 Y
vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó hasta
la puerta de la torre para prenderle fuego.
53 Mas una mujer dejó
caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de
Abimelec, y le rompió el cráneo. 54 Entonces
llamó apresuradamente a su escudero, y le dijo: Saca tu
espada y mátame, para que no se diga de mí: Una mujer lo
mató. Y su escudero le atravesó, y murió.
55 Y cuando los israelitas vieron
muerto a Abimelec, se fueron cada uno a su casa.
56 Así pagó Dios a
Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus
setenta hermanos. 57 Y
todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver
sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de
Jotam hijo de Jerobaal.
10
1 Después de Abimelec,
se levantó para librar a Israel Tola hijo de Fúa, hijo
de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en Samir en
el monte de Efraín. 2 Y
juzgó a Israel veintitrés años; y murió, y fue sepultado
en Samir.
3 Tras
él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a Israel
veintidós años. 4 Este
tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta asnos;
y tenían treinta ciudades, que se llaman las ciudades de
Jair hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad.
5 Y murió Jair, y fue
sepultado en Camón.
6 Pero los hijos de
Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de
Jehová, y sirvieron a los baales y a Astarot, a los
dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de
Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses
de los filisteos; y dejaron a Jehová, y no le sirvieron.
7 Y se encendió la ira
de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de los
filisteos, y en mano de los hijos de Amón;
8 los cuales oprimieron
y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo
dieciocho años, a todos los hijos de Israel que estaban
al otro lado del Jordán en la tierra del amorreo, que
está en Galaad. 9 Y los
hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también
guerra contra Judá y contra Benjamín y la casa de
Efraín, y fue afligido Israel en gran manera.
10 Entonces
los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo:
Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a
nuestro Dios, y servido a los baales.
11 Y Jehová respondió a los hijos de
Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los
amorreos, de los amonitas, de los filisteos,
12 de los de Sidón, de
Amalec y de Maón, y clamando a mí no os libré de sus
manos? 13 Mas vosotros
me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos; por
tanto, yo no os libraré más. 14 Andad
y clamad a los dioses que os habéis elegido; que os
libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción.
15 Y los hijos de
Israel respondieron a Jehová: Hemos pecado; haz tú con
nosotros como bien te parezca; sólo te rogamos que nos
libres en este día. 16 Y
quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a
Jehová; y él fue angustiado a causa de la aflicción de
Israel.
17 Entonces
se juntaron los hijos de Amón, y acamparon en Galaad; se
juntaron asimismo los hijos de Israel, y acamparon en
Mizpa. 18 Y los
príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro:
¿Quién comenzará la batalla contra los hijos de Amón?
Será caudillo sobre todos los que habitan en Galaad.
11
1 Jefté galaadita era
esforzado y valeroso; era hijo de una mujer ramera, y el
padre de Jefté era Galaad. 2 Pero
la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando
crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No
heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo
de otra mujer. 3 Huyó,
pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en tierra de Tob;
y se juntaron con él hombres ociosos, los cuales salían
con él.
4 Aconteció
andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron guerra
contra Israel. 5 Y
cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel,
los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la
tierra de Tob; 6 y
dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para que
peleemos contra los hijos de Amón. 7 Jefté
respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me aborrecisteis
vosotros, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por
qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción?
8 Y los ancianos de
Galaad respondieron a Jefté: Por esta misma causa
volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros y
pelees contra los hijos de Amón, y seas caudillo de
todos los que moramos en Galaad. 9 Jefté
entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me hacéis
volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová
los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestro caudillo?
10 Y los ancianos de
Galaad respondieron a Jefté: Jehová sea testigo entre
nosotros, si no hiciéremos como tú dices.
11 Entonces Jefté vino con los
ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su
caudillo y jefe; y Jefté habló todas sus palabras
delante de Jehová en Mizpa.
12 Y
envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas, diciendo:
¿Qué tienes tú conmigo, que has venido a mí para hacer
guerra contra mi tierra? 13 El
rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté:
Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de
Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; ahora,
pues, devuélvela en paz. 14 Y
Jefté volvió a enviar otros mensajeros al rey de los
amonitas, 15 para
decirle: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de
Moab, ni tierra de los hijos de Amón.
16 Porque cuando Israel subió de
Egipto, anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, y
llegó a Cades. 17 Entonces
Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: Yo te
ruego que me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de
Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab, el
cual tampoco quiso; se quedó, por tanto, Israel en
Cades. 18 Después,
yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la
tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la
tierra de Moab, acampó al otro lado de Arnón, y no entró
en territorio de Moab; porque Arnón es territorio de
Moab. 19 Y envió Israel
mensajeros a Sehón rey de los amorreos, rey de Hesbón,
diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra
hasta mi lugar. 20 Mas
Sehón no se fio de Israel para darle paso por su
territorio, sino que reuniendo Sehón toda su gente,
acampó en Jahaza, y peleó contra Israel.
21 Pero Jehová Dios de Israel entregó
a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel, y los
derrotó; y se apoderó Israel de toda la tierra de los
amorreos que habitaban en aquel país.
22 Se apoderaron también de todo el
territorio del amorreo desde Arnón hasta Jaboc, y desde
el desierto hasta el Jordán. 23 Así
que, lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al amorreo
delante de su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de
él? 24 Lo que te
hiciere poseer Quemos tu dios, ¿no lo poseerías tú? Así,
todo lo que desposeyó Jehová nuestro Dios delante de
nosotros, nosotros lo poseeremos. 25 ¿Eres
tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de
Moab? ¿Tuvo él cuestión contra Israel, o hizo guerra
contra ellos? 26 Cuando
Israel ha estado habitando por trescientos años a Hesbón
y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades
que están en el territorio de Arnón, ¿por qué no las
habéis recobrado en ese tiempo? 27 Así
que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal
conmigo peleando contra mí. Jehová, que es el juez,
juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de
Amón. 28 Mas el rey de
los hijos de Amón no atendió a las razones que Jefté le
envió.
29 Y
el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por
Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de
Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.
30 Y Jefté hizo voto a Jehová,
diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos,
31 cualquiera que
saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando
regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo
ofreceré en holocausto. 32 Y
fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra
ellos; y Jehová los entregó en su mano.
33 Y desde Aroer hasta llegar a Minit,
veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los
derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los
amonitas por los hijos de Israel.
34 Entonces
volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que
salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era
sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni
hija. 35 Y cuando él la
vio, rompió sus vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía! en
verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa
de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no
podré retractarme. 36 Ella
entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra
a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que
Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de
Amón. 37 Y volvió a
decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses
que vaya y descienda por los montes, y llore mi
virginidad, yo y mis compañeras. 38 El
entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue
con sus compañeras, y lloró su virginidad por los
montes. 39 Pasados los
dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme
al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.
40 Y se hizo costumbre
en Israel, que de año en año fueran las doncellas de
Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro
días en el año.
12
1 Entonces se reunieron
los varones de Efraín, y pasaron hacia el norte, y
dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra
los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos
contigo? Nosotros quemaremos tu casa contigo.
2 Y Jefté les
respondió: Yo y mi pueblo teníamos una gran contienda
con los hijos de Amón, y os llamé, y no me defendisteis
de su mano. 3 Viendo,
pues, que no me defendíais, arriesgué mi vida, y pasé
contra los hijos de Amón, y Jehová me los entregó; ¿por
qué, pues, habéis subido hoy contra mí para pelear
conmigo? 4 Entonces
reunió Jefté a todos los varones de Galaad, y peleó
contra Efraín; y los de Galaad derrotaron a Efraín,
porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraín,
vosotros los galaaditas, en medio de Efraín y de
Manasés. 5 Y los
galaaditas tomaron los vados del Jordán a los de Efraín;
y aconteció que cuando decían los fugitivos de Efraín:
Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban: ¿Eres tú
efrateo? Si él respondía: No, 6 entonces
le decían: Ahora, pues, di Shibolet. Y él decía Sibolet;
porque no podía pronunciarlo correctamente. Entonces le
echaban mano, y le degollaban junto a los vados del
Jordán. Y murieron entonces de los de Efraín cuarenta y
dos mil. 7 Y Jefté
juzgó a Israel seis años; y murió Jefté galaadita, y fue
sepultado en una de las ciudades de Galaad.
8 Después de él juzgó a
Israel Ibzán de Belén, 9 el
cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó
fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos; y
juzgó a Israel siete años. 10 Y
murió Ibzán, y fue sepultado en Belén.
11 Después de él juzgó a Israel Elón
zabulonita, el cual juzgó a Israel diez años.
12 Y murió Elón
zabulonita, y fue sepultado en Ajalón en la tierra de
Zabulón. 13 Después de
él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel, piratonita.
14 Este tuvo cuarenta
hijos y treinta nietos, que cabalgaban sobre setenta
asnos; y juzgó a Israel ocho años.
15 Y murió Abdón hijo de Hilel piratonita,
y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín, en
el monte de Amalec.
13
1 Los hijos de Israel
volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y
Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta
años. 2 Y había un
hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba
Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido
hijos. 3 A esta mujer
apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú
eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás
y darás a luz un hijo. 4 Ahora,
pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda.
5 Pues he aquí que
concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará
sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios
desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de
mano de los filisteos. 6 Y
la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un
varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el
aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera; y
no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me
dijo su nombre. 7 Y me
dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo;
por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa
inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su
nacimiento hasta el día de su muerte.
8 Entonces
oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego
que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a
venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer
con el niño que ha de nacer. 9 Y
Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra
vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido
Manoa no estaba con ella. 10 Y
la mujer corrió prontamente a avisarle a su marido,
diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que
vino a mí el otro día. 11 Y
se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y vino al varón y
le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él
dijo: Yo soy. 12 Entonces
Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe
ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con
él? 13 Y el ángel de
Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas
las cosas que yo le dije. 14 No
tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni
sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le
mandé.
15 Entonces
Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas
detenerte, y te prepararemos un cabrito.
16 Y el ángel de Jehová respondió a
Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si
quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía
Manoa que aquél fuese ángel de Jehová.
17 Entonces dijo Manoa al ángel de
Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu
palabra te honremos? 18 Y
el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi
nombre, que es admirable? 19 Y
Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre
una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos
de Manoa y de su mujer. 20 Porque
aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el
cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar
ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se
postraron en tierra.
21 Y
el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su
mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de
Jehová. 22 Y dijo Manoa
a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos
visto. 23 Y su mujer le
respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de
nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos
hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría
anunciado esto. 24 Y la
mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y
el niño creció, y Jehová lo bendijo.
25 Y el Espíritu de Jehová comenzó a
manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Zora
y Estaol.
14
1 Descendió Sansón a
Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los
filisteos. 2 Y subió, y
lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo he
visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos;
os ruego que me la toméis por mujer.
3 Y su padre y su madre le dijeron:
¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en
todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de
los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su
padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada.
4 Mas
su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová,
porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en
aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel.
5 Y
Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y
cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león
joven que venía rugiendo hacia él. 6 Y
el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó
al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada
en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo
que había hecho. 7 Descendió,
pues, y habló a la mujer; y ella agradó a Sansón.
8 Y volviendo después
de algunos días para tomarla, se apartó del camino para
ver el cuerpo muerto del león; y he aquí que en el
cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un panal
de miel. 9 Y tomándolo
en sus manos, se fue comiéndolo por el camino; y cuando
alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos
que comiesen; mas no les descubrió que había tomado
aquella miel del cuerpo del león.
10 Vino,
pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo
allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes.
11 Y aconteció que
cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros para
que estuviesen con él. 12 Y
Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si
en los siete días del banquete me lo declaráis y
descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y
treinta vestidos de fiesta. 13 Mas
si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis
a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de
fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo
oiremos. 14 Entonces
les dijo:
-
Del devorador salió comida,
-
Y del fuerte salió dulzura.
Y ellos no pudieron declararle el
enigma en tres días.
15 Al
séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu
marido a que nos declare este enigma, para que no te
quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis
llamado aquí para despojarnos? 16 Y
lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo:
Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me
declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi
pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a
mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar a
ti? 17 Y ella lloró en
presencia de él los siete días que ellos tuvieron
banquete; mas al séptimo día él se lo declaró, porque le
presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo.
18 Al séptimo día,
antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le
dijeron:
-
¿Qué cosa más dulce que la miel?
-
¿Y qué cosa más fuerte que el
león?
Y él les respondió:
-
Si no araseis con mi novilla,
-
Nunca hubierais descubierto mi
enigma. 19 Y el
Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a
Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando
sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que
habían explicado el enigma; y encendido en enojo se
volvió a la casa de su padre. 20 Y
la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual
él había tratado como su amigo.
15
1 Aconteció después de
algún tiempo, que en los días de la siega del trigo
Sansón visitó a su mujer con un cabrito, diciendo:
Entraré a mi mujer en el aposento. Mas el padre de ella
no lo dejó entrar. 2 Y
dijo el padre de ella: Me persuadí de que la aborrecías,
y la di a tu compañero. Mas su hermana menor, ¿no es más
hermosa que ella? Tómala, pues, en su lugar.
3 Entonces le dijo
Sansón: Sin culpa seré esta vez respecto de los
filisteos, si mal les hiciere. 4 Y
fue Sansón y cazó trescientas zorras, y tomó teas, y
juntó cola con cola, y puso una tea entre cada dos
colas. 5 Después,
encendiendo las teas, soltó las zorras en los sembrados
de los filisteos, y quemó las mieses amontonadas y en
pie, viñas y olivares. 6 Y
dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les
contestaron: Sansón, el yerno del timnateo, porque le
quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los
filisteos y la quemaron a ella y a su padre.
7 Entonces Sansón les
dijo: Ya que así habéis hecho, juro que me vengaré de
vosotros, y después desistiré. 8 Y
los hirió cadera y muslo con gran mortandad; y descendió
y habitó en la cueva de la peña de Etam.
9 Entonces los filisteos
subieron y acamparon en Judá, y se extendieron por Lehi.
10 Y los varones de
Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra
nosotros? Y ellos respondieron: A prender a Sansón hemos
subido, para hacerle como él nos ha hecho.
11 Y vinieron tres mil
hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam, y dijeron
a Sansón: ¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre
nosotros? ¿Por qué nos has hecho esto? Y él les
respondió: Yo les he hecho como ellos me hicieron.
12 Ellos entonces le
dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte y
entregarte en mano de los filisteos. Y Sansón les
respondió: Juradme que vosotros no me mataréis.
13 Y ellos le
respondieron, diciendo: No; solamente te prenderemos, y
te entregaremos en sus manos; mas no te mataremos.
Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas, y le hicieron
venir de la peña.
14 Y
así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron gritando
a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino sobre
él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron
como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron
de sus manos. 15 Y
hallando una quijada de asno fresca aún, extendió la
mano y la tomó, y mató con ella a mil hombres.
16 Entonces Sansón
dijo:
-
Con la quijada de un asno, un
montón, dos montones;
-
Con la quijada de un asno maté a
mil hombres. 17 Y
acabando de hablar, arrojó de su mano la quijada, y
llamó a aquel lugar Ramat-lehi.
18 Y
teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has
dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y
moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los
incircuncisos? 19 Entonces
abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí
agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó.
Por esto llamó el nombre de aquel lugar, En-hacore, el
cual está en Lehi, hasta hoy. 20 Y
juzgó a Israel en los días de los filisteos veinte años.
16
1 Fue Sansón a Gaza, y
vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella.
2 Y fue dicho a los de
Gaza: Sansón ha venido acá. Y lo rodearon, y acecharon
toda aquella noche a la puerta de la ciudad; y
estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta
la luz de la mañana; entonces lo mataremos.
3 Mas Sansón durmió
hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó, y
tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y
su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las subió
a la cumbre del monte que está delante de Hebrón.
4 Después de esto
aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de
Sorec, la cual se llamaba Dalila. 5 Y
vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le
dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran
fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y
lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien
siclos de plata. 6 Y
Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares en qué
consiste tu gran fuerza, y cómo podrás ser atado para
ser dominado. 7 Y le
respondió Sansón: Si me ataren con siete mimbres verdes
que aún no estén enjutos, entonces me debilitaré y seré
como cualquiera de los hombres. 8 Y
los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres
verdes que aún no estaban enjutos, y ella le ató con
ellos. 9 Y ella tenía
hombres en acecho en el aposento. Entonces ella le dijo:
¡Sansón, los filisteos contra ti! Y él rompió los
mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando toca
el fuego; y no se supo el secreto de su fuerza.
10 Entonces
Dalila dijo a Sansón: He aquí tú me has engañado, y me
has dicho mentiras; descúbreme, pues, ahora, te ruego,
cómo podrás ser atado. 11 Y
él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas
que no se hayan usado, yo me debilitaré, y seré como
cualquiera de los hombres. 12 Y
Dalila tomó cuerdas nuevas, y le ató con ellas, y le
dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y los espías
estaban en el aposento. Mas él las rompió de sus brazos
como un hilo.
13 Y
Dalila dijo a Sansón: Hasta ahora me engañas, y tratas
conmigo con mentiras. Descúbreme, pues, ahora, cómo
podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres siete
guedejas de mi cabeza con la tela y las asegurares con
la estaca. 14 Y ella
las aseguró con la estaca, y le dijo: ¡Sansón, los
filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño,
arrancó la estaca del telar con la tela.
15 Y
ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu corazón
no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me
has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza.
16 Y aconteció que,
presionándole ella cada día con sus palabras e
importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia.
17 Le descubrió, pues,
todo su corazón, y le djio: Nunca a mi cabeza llegó
navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de
mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí,
y me debilitaré y seré como todos los hombres.
18 Viendo
Dalila que él le había descubierto todo su corazón,
envió a llamar a los principales de los filisteos,
diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto
todo su corazón. Y los principales de los filisteos
vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero.
19 Y ella hizo que él
se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre,
quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella
comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él.
20 Y le dijo: ¡Sansón,
los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su
sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me
escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había
apartado de él. 21 Mas
los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y
le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que
moliese en la cárcel. 22 Y
el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que
fue rapado.
23 Entonces los
principales de los filisteos se juntaron para ofrecer
sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse; y dijeron:
Nuestro dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro
enemigo. 24 Y viéndolo
el pueblo, alabaron a su dios, diciendo: Nuestro dios
entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al
destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte
a muchos de nosotros. 25 Y
aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón,
dijeron: Llamad a Sansón, para que nos divierta. Y
llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió de juguete
delante de ellos; y lo pusieron entre las columnas.
26 Entonces Sansón dijo
al joven que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme
palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para
que me apoye sobre ellas. 27 Y
la casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los
principales de los filisteos estaban allí; y en el piso
alto había como tres mil hombres y mujeres, que estaban
mirando el escarnio de Sansón.
28 Entonces
clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate
ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta
vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los
filisteos por mis dos ojos. 29 Asió
luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que
descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su
mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la
otra. 30 Y dijo Sansón:
Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda
su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre
todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al
morir fueron muchos más que los que había matado durante
su vida. 31 Y
descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y
le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y
Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a
Israel veinte años.
17
1 Hubo un hombre del
monte de Efraín, que se llamaba Micaía,
2 el cual dijo a su madre: Los mil
cien siclos de plata que te fueron hurtados, acerca de
los cuales maldijiste, y de los cuales me hablaste, he
aquí el dinero está en mi poder; yo lo tomé. Entonces la
madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío.
3 Y él devolvió los mil
cien siclos de plata a su madre; y su madre dijo: En
verdad he dedicado el dinero a Jehová por mi hijo, para
hacer una imagen de talla y una de fundición; ahora,
pues, yo te lo devuelvo. 4 Mas
él devolvió el dinero a su madre, y tomó su madre
doscientos siclos de plata y los dio al fundidor, quien
hizo de ellos una imagen de talla y una de fundición, la
cual fue puesta en la casa de Micaía.
5 Y este hombre Micaía tuvo casa de
dioses, e hizo efod y terafines, y consagró a uno de sus
hijos para que fuera su sacerdote. 6 En
aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo
que bien le parecía.
7 Y
había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el
cual era levita, y forastero allí. 8 Este
hombre partió de la ciudad de Belén de Judá para ir a
vivir donde pudiera encontrar lugar; y llegando en su
camino al monte de Efraín, vino a casa de Micaía.
9 Y Micaía le dijo: ¿De
dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belén de
Judá, y voy a vivir donde pueda encontrar lugar.
10 Entonces Micaía le
dijo: Quédate en mi casa, y serás para mí padre y
sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año,
vestidos y comida. Y el levita se quedó.
11 Agradó, pues, al levita morar con
aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos.
12 Y Micaía consagró al
levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y
permaneció en casa de Micaía. 13 Y
Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará, porque
tengo un levita por sacerdote.
18
1 En aquellos días no
había rey en Israel. Y en aquellos días la tribu de Dan
buscaba posesión para sí donde habitar, porque hasta
entonces no había tenido posesión entre las tribus de
Israel. 2 Y los hijos
de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de entre
ellos, hombres valientes, de Zora y Estaol, para que
reconociesen y explorasen bien la tierra; y les dijeron:
Id y reconoced la tierra. Estos vinieron al monte de
Efraín, hasta la casa de Micaía, y allí posaron.
3 Cuando estaban cerca
de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven
levita; y llegando allá, le dijeron: ¿Quién te ha traído
acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí?
4 El les respondió: De
esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha
tomado para que sea su sacerdote. 5 Y
ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios, para que
sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos.
6 Y el sacerdote les
respondió: Id en paz; delante de Jehová está vuestro
camino en que andáis.
7 Entonces
aquellos cinco hombres salieron, y vinieron a Lais; y
vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro,
ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de
Sidón, sin que nadie en aquella región les perturbase en
cosa alguna, ni había quien poseyese el reino. Y estaban
lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie.
8 Volviendo, pues,
ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les
dijeron: ¿Qué hay? Y ellos respondieron:
9 Levantaos, subamos contra ellos;
porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto
que es muy buena; ¿y vosotros no haréis nada? No seáis
perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión
de la tierra. 10 Cuando
vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra
muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras
manos; lugar donde no hay falta de cosa alguna que haya
en la tierra.
11 Entonces
salieron de allí, de Zora y de Estaol, seiscientos
hombres de la familia de Dan, armados de armas de
guerra. 12 Fueron y
acamparon en Quiriat-jearim en Judá, por lo cual
llamaron a aquel lugar el campamento de Dan, hasta hoy;
está al occidente de Quiriat-jearim.
13 Y de allí pasaron al monte de
Efraín, y vinieron hasta la casa de Micaía.
14 Entonces
aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la
tierra de Lais dijeron a sus hermanos: ¿No sabéis que en
estas casas hay efod y terafines, y una imagen de talla
y una de fundición? Mirad, por tanto, lo que habéis de
hacer. 15 Cuando
llegaron allá, vinieron a la casa del joven levita, en
casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba.
16 Y los seiscientos
hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados
de sus armas de guerra a la entrada de la puerta.
17 Y subiendo los cinco
hombres que habían ido a reconocer la tierra, entraron
allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los
terafines y la imagen de fundición, mientras estaba el
sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos
hombres armados de armas de guerra.
18 Entrando, pues, aquéllos en la casa de
Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod, los
terafines y la imagen de fundición. Y el sacerdote les
dijo: ¿Qué hacéis vosotros? 19 Y
ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca,
y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y
sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un
solo hombre, que de una tribu y familia de Israel?
20 Y se alegró el
corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los
terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo.
21 Y
ellos se volvieron y partieron, y pusieron los niños, el
ganado y el bagaje por delante. 22 Cuando
ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres
que habitaban en las casas cercanas a la casa de Micaía
se juntaron y siguieron a los hijos de Dan.
23 Y dando voces a los
de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía:
¿Qué tienes, que has juntado gente?
24 El respondió: Tomasteis mis dioses que
yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda?
¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué tienes?
25 Y los hijos de Dan le dijeron: No
des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo
colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la
vida de los tuyos. 26 Y
prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía,
viendo que eran más fuertes que él, volvió y regresó a
su casa.
27 Y
ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía,
juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais,
al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de
espada, y quemaron la ciudad. 28 Y
no hubo quien los defendiese, porque estaban lejos de
Sidón, y no tenían negocios con nadie. Y la ciudad
estaba en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego
reedificaron la ciudad, y habitaron en ella.
29 Y llamaron el nombre
de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su
padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la
ciudad Lais. 30 Y los
hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla; y
Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos
fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del
cautiverio de la tierra. 31 Así
tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que
Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios
estuvo en Silo.
19
1 En aquellos días,
cuando no había rey en Israel, hubo un levita que moraba
como forastero en la parte más remota del monte de
Efraín, el cual había tomado para sí mujer concubina de
Belén de Judá. 2 Y su
concubina le fue infiel, y se fue de él a casa de su
padre, a Belén de Judá, y estuvo allá durante cuatro
meses. 3 Y se levantó
su marido y la siguió, para hablarle amorosamente y
hacerla volver; y llevaba consigo un criado, y un par de
asnos; y ella le hizo entrar en la casa de su padre.
4 Y viéndole el padre
de la joven, salió a recibirle gozoso; y le detuvo su
suegro, el padre de la joven, y quedó en su casa tres
días, comiendo y bebiendo y alojándose allí.
5 Al cuarto día, cuando
se levantaron de mañana, se levantó también el levita
para irse; y el padre de la joven dijo a su yerno:
Conforta tu corazón con un bocado de pan, y después os
iréis. 6 Y se sentaron
ellos dos juntos, y comieron y bebieron. Y el padre de
la joven dijo al varón: Yo te ruego que quieras pasar
aquí la noche, y se alegrará tu corazón.
7 Y se levantó el varón para irse,
pero insistió su suegro, y volvió a pasar allí la noche.
8 Al quinto día,
levantándose de mañana para irse, le dijo el padre de la
joven: Conforta ahora tu corazón, y aguarda hasta que
decline el día. Y comieron ambos juntos.
9 Luego se levantó el varón para irse,
él y su concubina y su criado. Entonces su suegro, el
padre de la joven, le dijo: He aquí ya el día declina
para anochecer, te ruego que paséis aquí la noche; he
aquí que el día se acaba, duerme aquí, para que se
alegre tu corazón; y mañana os levantaréis temprano a
vuestro camino y te irás a tu casa.
10 Mas
el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que se
levantó y se fue, y llegó hasta enfrente de Jebús, que
es Jerusalén, con su par de asnos ensillados, y su
concubina. 11 Y estando
ya junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo
el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos a esta ciudad
de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche.
12 Y su señor le
respondió: No iremos a ninguna ciudad de extranjeros,
que no sea de los hijos de Israel, sino que pasaremos
hasta Gabaa. Y dijo a su criado: 13 Ven,
sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche
en Gabaa o en Ramá. 14 Pasando,
pues, caminaron, y se les puso el sol junto a Gabaa que
era de Benjamín. 15 Y
se apartaron del camino para entrar a pasar allí la
noche en Gabaa; y entrando, se sentaron en la plaza de
la ciudad, porque no hubo quien los acogiese en casa
para pasar la noche.
16 Y
he aquí un hombre viejo que venía de su trabajo del
campo al anochecer, el cual era del monte de Efraín, y
moraba como forastero en Gabaa; pero los moradores de
aquel lugar eran hijos de Benjamín.
17 Y alzando el viejo los ojos, vio a aquel
caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: ¿A dónde
vas, y de dónde vienes? 18 Y
él respondió: Pasamos de Belén de Judá a la parte más
remota del monte de Efraín, de donde soy; y había ido a
Belén de Judá; mas ahora voy a la casa de Jehová, y no
hay quien me reciba en casa. 19 Nosotros
tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también
tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el
criado que está con tu siervo; no nos hace falta nada.
20 Y el hombre anciano
dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda quede solamente
a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza.
21 Y los trajo a su
casa, y dio de comer a sus asnos; y se lavaron los pies,
y comieron y bebieron.
22 Pero
cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de
aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa,
golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de
la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu
casa, para que lo conozcamos. 23 Y
salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No,
hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que
este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta
maldad. 24 He aquí mi
hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré
ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y
no hagáis a este hombre cosa tan infame.
25 Mas aquellos hombres no le
quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su
concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de
ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando
apuntaba el alba. 26 Y
cuando ya amanecía, vino la mujer, y cayó delante de la
puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba,
hasta que fue de día.
27 Y
se levantó por la mañana su señor, y abrió las puertas
de la casa, y salió para seguir su camino; y he aquí la
mujer su concubina estaba tendida delante de la puerta
de la casa, con las manos sobre el umbral.
28 El le dijo:
Levántate, y vámonos; pero ella no respondió. Entonces
la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se
levantó y se fue a su lugar. 29 Y
llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su
concubina, y la partió por sus huesos en doce partes, y
la envió por todo el territorio de Israel.
30 Y todo el que veía
aquello, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa,
desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de
la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad
consejo, y hablad.
20
1 Entonces salieron
todos los hijos de Israel, y se reunió la congregación
como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la
tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa.
2 Y los jefes de todo el pueblo, de
todas las tribus de Israel, se hallaron presentes en la
reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de
a pie que sacaban espada. 3 Y
los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel
habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de Israel:
Decid cómo fue esta maldad. 4 Entonces
el varón levita, marido de la mujer muerta, respondió y
dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina,
para pasar allí la noche. 5 Y
levantándose contra mí los de Gabaa, rodearon contra mí
la casa por la noche, con idea de matarme, y a mi
concubina la humillaron de tal manera que murió.
6 Entonces tomando yo
mi concubina, la corté en pedazos, y la envié por todo
el territorio de la posesión de Israel, por cuanto han
hecho maldad y crimen en Israel. 7 He
aquí todos vosotros sois hijos de Israel; dad aquí
vuestro parecer y consejo.
8 Entonces
todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó, y
dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni volverá
ninguno de nosotros a su casa. 9 Mas
esto es ahora lo que haremos a Gabaa: contra ella
subiremos por sorteo. 10 Tomaremos
diez hombres de cada ciento por todas las tribus de
Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada diez mil,
que lleven víveres para el pueblo, para que yendo a
Gabaa de Benjamín le hagan conforme a toda la
abominación que ha cometido en Israel.
11 Y se juntaron todos los hombres de
Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre.
12 Y
las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu
de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que ha sido
hecha entre vosotros? 13 Entregad,
pues, ahora a aquellos hombres perversos que están en
Gabaa, para que los matemos, y quitemos el mal de
Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de
sus hermanos los hijos de Israel, 14 sino
que los de Benjamín se juntaron de las ciudades en
Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel.
15 Y fueron contados en
aquel tiempo los hijos de Benjamín de las ciudades,
veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin los que
moraban en Gabaa, que fueron por cuenta setecientos
hombres escogidos. 16 De
toda aquella gente había setecientos hombres escogidos,
que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con
la honda a un cabello, y no erraban.
17 Y fueron contados los varones de
Israel, fuera de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que
sacaban espada, todos estos hombres de guerra.
18 Luego
se levantaron los hijos de Israel, y subieron a la casa
de Dios y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de
nosotros el primero en la guerra contra los hijos de
Benjamín? Y Jehová respondió: Judá será el primero.
19 Se
levantaron, pues, los hijos de Israel por la mañana,
contra Gabaa. 20 Y
salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín,
y los varones de Israel ordenaron la batalla contra
ellos junto a Gabaa. 21 Saliendo
entonces de Gabaa los hijos de Benjamín, derribaron por
tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de
Israel. 22 Mas
reanimándose el pueblo, los varones de Israel volvieron
a ordenar la batalla en el mismo lugar donde la habían
ordenado el primer día. 23 Porque
los hijos de Israel subieron y lloraron delante de
Jehová hasta la noche, y consultaron a Jehová, diciendo:
¿Volveremos a pelear con los hijos de Benjamín nuestros
hermanos? Y Jehová les respondió: Subid contra ellos.
24 Por
lo cual se acercaron los hijos de Israel contra los
hijos de Benjamín el segundo día. 25 Y
aquel segundo día, saliendo Benjamín de Gabaa contra
ellos, derribaron por tierra otros dieciocho mil hombres
de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada.
26 Entonces subieron
todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron
a la casa de Dios; y lloraron, y se sentaron allí en
presencia de Jehová, y ayunaron aquel día hasta la
noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz
delante de Jehová. 27 Y
los hijos de Israel preguntaron a Jehová (pues el arca
del pacto de Dios estaba allí en aquellos días,
28 y Finees hijo de
Eleazar, hijo de Aarón, ministraba delante de ella en
aquellos días), y dijeron: ¿Volveremos aún a salir
contra los hijos de Benjamín nuestros hermanos, para
pelear, o desistiremos? Y Jehová dijo: Subid, porque
mañana yo os los entregaré.
29 Y
puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa.
30 Subiendo entonces
los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el
tercer día, ordenaron la batalla delante de Gabaa, como
las otras veces. 31 Y
salieron los hijos de Benjamín al encuentro del pueblo,
alejándose de la ciudad; y comenzaron a herir a algunos
del pueblo, matándolos como las otras veces por los
caminos, uno de los cuales sube a Bet-el, y el otro a
Gabaa en el campo; y mataron unos treinta hombres de
Israel. 32 Y los hijos
de Benjamín decían: Vencidos son delante de nosotros,
como antes. Mas los hijos de Israel decían: Huiremos, y
los alejaremos de la ciudad hasta los caminos.
33 Entonces se
levantaron todos los de Israel de su lugar, y se
pusieron en orden de batalla en Baal-tamar; y también
las emboscadas de Israel salieron de su lugar, de la
pradera de Gabaa. 34 Y
vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo
Israel, y la batalla arreciaba; mas ellos no sabían que
ya el desastre se acercaba a ellos.
35 Y derrotó Jehová a Benjamín delante de
Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día a
veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos los
cuales sacaban espada.
36 Y
vieron los hijos de Benjamín que eran derrotados; y los
hijos de Israel cedieron campo a Benjamín, porque
estaban confiados en las emboscadas que habían puesto
detrás de Gabaa. 37 Y
los hombres de las emboscadas acometieron prontamente a
Gabaa, y avanzaron e hirieron a filo de espada a toda la
ciudad. 38 Y era la
señal concertada entre los hombres de Israel y las
emboscadas, que hiciesen subir una gran humareda de la
ciudad. 39 Luego, pues,
que los de Israel retrocedieron en la batalla, los de
Benjamín comenzaron a herir y matar a la gente de Israel
como treinta hombres, y ya decían: Ciertamente ellos han
caído delante de nosotros, como en la primera batalla.
40 Mas cuando la
columna de humo comenzó a subir de la ciudad, los de
Benjamín miraron hacia atrás; y he aquí que el humo de
la ciudad subía al cielo. 41 Entonces
se volvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se
llenaron de temor, porque vieron que el desastre había
venido sobre ellos. 42 Volvieron,
por tanto, la espalda delante de Israel hacia el camino
del desierto; pero la batalla los alcanzó, y los que
salían de las ciudades los destruían en medio de ellos.
43 Así cercaron a los
de Benjamín, y los acosaron y hollaron desde Menúha
hasta enfrente de Gabaa hacia donde nace el sol.
44 Y cayeron de
Benjamín dieciocho mil hombres, todos ellos hombres de
guerra. 45 Volviéndose
luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón, y
de ellos fueron abatidos cinco mil hombres en los
caminos; y fueron persiguiéndolos aun hasta Gidom, y
mataron de ellos a dos mil hombres.
46 Fueron todos los que de Benjamín
murieron aquel día, veinticinco mil hombres que sacaban
espada, todos ellos hombres de guerra.
47 Pero se volvieron y huyeron al
desierto a la peña de Rimón seiscientos hombres, los
cuales estuvieron en la peña de Rimón cuatro meses.
48 Y los hombres de
Israel volvieron sobre los hijos de Benjamín, y los
hirieron a filo de espada, así a los hombres de cada
ciudad como a las bestias y todo lo que fue hallado;
asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que
hallaban.
21
1 Los varones de Israel
habían jurado en Mizpa, diciendo: Ninguno de nosotros
dará su hija a los de Benjamín por mujer.
2 Y vino el pueblo a la casa de Dios,
y se estuvieron allí hasta la noche en presencia de
Dios; y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron:
3 Oh Jehová Dios de
Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte
hoy de Israel una tribu? 4 Y
al día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y
edificaron allí altar, y ofrecieron holocaustos y
ofrendas de paz. 5 Y
dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus
de Israel no subió a la reunión delante de Jehová?
Porque se había hecho gran juramento contra el que no
subiese a Jehová en Mizpa, diciendo: Sufrirá la muerte.
6 Y los hijos de Israel
se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y
dijeron: Cortada es hoy de Israel una tribu.
7 ¿Qué haremos en
cuanto a mujeres para los que han quedado? Nosotros
hemos jurado por Jehová que no les daremos nuestras
hijas por mujeres.
8 Y
dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no haya
subido a Jehová en Mizpa? Y hallaron que ninguno de
Jabes-galaad había venido al campamento, a la reunión.
9 Porque fue contado el
pueblo, y no hubo allí varón de los moradores de Jabes-galaad.
10 Entonces la
congregación envió allá a doce mil hombres de los más
valientes, y les mandaron, diciendo: Id y herid a filo
de espada a los moradores de Jabes-galaad, con las
mujeres y niños. 11 Pero
haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda
mujer que haya conocido ayuntamiento de varón.
12 Y hallaron de los
moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no
habían conocido ayuntamiento de varón, y las trajeron al
campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán.
13 Toda
la congregación envió luego a hablar a los hijos de
Benjamín que estaban en la peña de Rimón, y los llamaron
en paz. 14 Y volvieron
entonces los de Benjamín, y les dieron por mujeres las
que habían guardado vivas de las mujeres de Jabes-
galaad; mas no les bastaron éstas.
15 Y el pueblo tuvo compasión de Benjamín,
porque Jehová había abierto una brecha entre las tribus
de Israel.
16 Entonces
los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué haremos
respecto de mujeres para los que han quedado? Porque
fueron muertas las mujeres de Benjamín.
17 Y dijeron: Tenga Benjamín herencia
en los que han escapado, y no sea exterminada una tribu
de Israel. 18 Pero
nosotros no les podemos dar mujeres de nuestras hijas,
porque los hijos de Israel han jurado diciendo: Maldito
el que diere mujer a los benjamitas.
19 Ahora bien, dijeron, he aquí cada
año hay fiesta solemne de Jehová en Silo, que está al
norte de Bet-el, y al lado oriental del camino que sube
de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona.
20 Y mandaron a los hijos de Benjamín,
diciendo: Id, y poned emboscadas en las viñas,
21 y estad atentos; y
cuando veáis salir a las hijas de Silo a bailar en
corros, salid de las viñas, y arrebatad cada uno mujer
para sí de las hijas de Silo, e idos a tierra de
Benjamín. 22 Y si
vinieren los padres de ellas o sus hermanos a
demandárnoslas, nosotros les diremos: Hacednos la merced
de concedérnoslas, pues que nosotros en la guerra no
tomamos mujeres para todos; además, no sois vosotros los
que se las disteis, para que ahora seáis culpados.
23 Y los hijos de
Benjamín lo hicieron así; y tomaron mujeres conforme a
su número, robándolas de entre las que danzaban; y se
fueron, y volvieron a su heredad, y reedificaron las
ciudades, y habitaron en ellas. 24 Entonces
los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno
a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada uno a
su heredad.
25 En
estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que
bien le parecía.
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