ZACARÍAS
1
1 En el octavo mes del
año segundo de Darío, vino palabra de Jehová al profeta
Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo:
2 Se enojó Jehová en
gran manera contra vuestros padres.
3 Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y
yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los
ejércitos. 4 No seáis
como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros
profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de
vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon,
dice Jehová. 5 Vuestros
padres, ¿dónde están? y los profetas, ¿han de vivir para
siempre? 6 Pero mis
palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los
profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres? Por eso
volvieron ellos y dijeron: Como Jehová de los ejércitos
pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme
a nuestras obras, así lo hizo con nosotros.
7 A los veinticuatro
días del mes undécimo, que es el mes de Sebat, en el año
segundo de Darío, vino palabra de Jehová al profeta
Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo:
8 Vi de noche, y he
aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán, el
cual estaba entre los mirtos que había en la hondura; y
detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos.
9 Entonces dije: ¿Qué
son éstos, señor mío? Y me dijo el ángel que hablaba
conmigo: Yo te enseñaré lo que son éstos.
10 Y aquel varón que estaba entre los
mirtos respondió y dijo: Estos son los que Jehová ha
enviado a recorrer la tierra. 11 Y
ellos hablaron a aquel ángel de Jehová que estaba entre
los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he
aquí toda la tierra está reposada y quieta.
12 Respondió el ángel
de Jehová y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta
cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades
de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de
setenta años? 13 Y
Jehová respondió buenas palabras, palabras consoladoras,
al ángel que hablaba conmigo. 14 Y
me dijo el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo:
Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé con gran celo
a Jerusalén y a Sion. 15 Y
estoy muy airado contra las naciones que están
reposadas; porque cuando yo estaba enojado un poco,
ellos agravaron el mal. 16 Por
tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he vuelto a Jerusalén
con misericordia; en ella será edificada mi casa, dice
Jehová de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre
Jerusalén. 17 Clama
aún, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Aún
rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún
consolará Jehová a Sion, y escogerá todavía a Jerusalén.
18 Después alcé mis ojos
y miré, y he aquí cuatro cuernos. 19 Y
dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y me
respondió: Estos son los cuernos que dispersaron a Judá,
a Israel y a Jerusalén. 20 Me
mostró luego Jehová cuatro carpinteros.
21 Y yo dije: ¿Qué vienen éstos a
hacer? Y me respondió, diciendo: Aquéllos son los
cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó
su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar,
para derribar los cuernos de las naciones que alzaron el
cuerno sobre la tierra de Judá para dispersarla.
2
1 Alcé después mis ojos
y miré, y he aquí un varón que tenía en su mano un
cordel de medir. 2 Y le
dije: ¿A dónde vas? Y él me respondió: A medir a
Jerusalén, para ver cuánta es su anchura, y cuánta su
longitud. 3 Y he aquí,
salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le
salió al encuentro, 4 y
le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros
será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de
hombres y de ganado en medio de ella.
5 Yo seré para ella, dice Jehová, muro
de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de
ella.
6 Eh,
eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová, pues por
los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice
Jehová. 7 Oh Sion, la
que moras con la hija de Babilonia, escápate.
8 Porque así ha dicho
Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a
las naciones que os despojaron; porque el que os toca,
toca a la niña de su ojo. 9 Porque
he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a
sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me
envió. 10 Canta y
alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré
en medio de ti, ha dicho Jehová. 11 Y
se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me
serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces
conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a
ti. 12 Y Jehová poseerá
a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a
Jerusalén.
13 Calle
toda carne delante de Jehová; porque él se ha levantado
de su santa morada.
3
1 Me mostró al sumo
sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de
Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para
acusarle. 2 Y dijo
Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová
que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un
tizón arrebatado del incendio? 3 Y
Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba
delante del ángel. 4 Y
habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él,
diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le
dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho
vestir de ropas de gala. 5 Después
dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron
una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las
ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.
6 Y
el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo:
7 Así dice Jehová de
los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si
guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa,
también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí
están te daré lugar. 8 Escucha
pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que
se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos.
He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo.
9 Porque he aquí
aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta
única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabaré su
escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el
pecado de la tierra en un día. 10 En
aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de
vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y
debajo de su higuera.
4
1 Volvió el ángel que
hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es
despertado de su sueño. 2 Y
me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un
candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus
siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para
las lámparas que están encima de él;
3 Y junto a él dos olivos, el uno a la
derecha del depósito, y el otro a su izquierda.
4 Proseguí y hablé,
diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es
esto, señor mío? 5 Y el
ángel que hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes
qué es esto? Y dije: No, señor mío.
6 Entonces respondió y me habló diciendo:
Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con
ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho
Jehová de los ejércitos. 7 ¿Quién
eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás
reducido a llanura; él sacará la primera piedra con
aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.
8 Vino palabra de Jehová a mí,
diciendo: 9 Las manos
de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus
manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los
ejércitos me envió a vosotros. 10 Porque
los que menospreciaron el día de las pequeñeces se
alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel.
Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la
tierra.
11 Hablé
más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la
derecha del candelabro y a su izquierda?
12 Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué
significan las dos ramas de olivo que por medio de dos
tubos de oro vierten de sí aceite como oro?
13 Y me respondió
diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.
14 Y él dijo: Estos son
los dos ungidos que están delante del Señor de toda la
tierra.
5
1 De nuevo alcé mis ojos
y miré, y he aquí un rollo que volaba.
2 Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: Veo
un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez
codos de ancho. 3 Entonces
me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de
toda la tierra; porque todo aquel que hurta (como está
de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que
jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será
destruido. 4 Yo la he
hecho salir, dice Jehová de los ejércitos, y vendrá a la
casa del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en
mi nombre; y permanecerá en medio de su casa y la
consumirá, con sus maderas y sus piedras.
5 Y salió aquel ángel
que hablaba conmigo, y me dijo: Alza ahora tus ojos, y
mira qué es esto que sale. 6 Y
dije: ¿Qué es? Y él dijo: Este es un efa que sale.
Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la
tierra. 7 Y he aquí,
levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada
en medio de aquel efa. 8 Y
él dijo: Esta es la Maldad; y la echó dentro del efa, y
echó la masa de plomo en la boca del efa.
9 Alcé luego mis ojos, y miré, y he
aquí dos mujeres que salían, y traían viento en sus
alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa
entre la tierra y los cielos. 10 Dije
al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el efa?
11 Y él me respondió:
Para que le sea edificada casa en tierra de Sinar; y
cuando esté preparada lo pondrán sobre su base.
6
1 De nuevo alcé mis ojos
y miré, y he aquí cuatro carros que salían de entre dos
montes; y aquellos montes eran de bronce.
2 En el primer carro había caballos
alazanes, en el segundo carro caballos negros,
3 en el tercer carro
caballos blancos, y en el cuarto carro caballos overos
rucios rodados. 4 Respondí
entonces y dije al ángel que hablaba conmigo: Señor mío,
¿qué es esto? 5 Y el
ángel me respondió y me dijo: Estos son los cuatro
vientos de los cielos, que salen después de presentarse
delante del Señor de toda la tierra.
6 El carro con los caballos negros
salía hacia la tierra del norte, y los blancos salieron
tras ellos, y los overos salieron hacia la tierra del
sur. 7 Y los alazanes
salieron y se afanaron por ir a recorrer la tierra. Y
dijo: Id, recorred la tierra. Y recorrieron la tierra.
8 Luego me llamó, y me
habló diciendo: Mira, los que salieron hacia la tierra
del norte hicieron reposar mi Espíritu en la tierra del
norte.
9 Vino a mí palabra de
Jehová, diciendo: 10 Toma
de los del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías,
los cuales volvieron de Babilonia; e irás tú en aquel
día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sofonías.
11 Tomarás, pues, plata
y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del
sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac.
12 Y le hablarás, diciendo: Así ha
hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el
varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus
raíces, y edificará el templo de Jehová.
13 El edificará el templo de Jehová, y
él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono,
y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá
entre ambos. 14 Las
coronas servirán a Helem, a Tobías, a Jedaías y a Hen
hijo de Sofonías, como memoria en el templo de Jehová.
15 Y
los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el
templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los
ejércitos me ha enviado a vosotros. Y esto sucederá si
oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios.
7
1 Aconteció que en el
año cuarto del rey Darío vino palabra de Jehová a
Zacarías, a los cuatro días del mes noveno, que es
Quisleu, 2 cuando el
pueblo de Bet-el había enviado a Sarezer, con
Regem-melec y sus hombres, a implorar el favor de
Jehová, 3 y a hablar a
los sacerdotes que estaban en la casa de Jehová de los
ejércitos, y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el
mes quinto? ¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya
algunos años? 4 Vino,
pues, a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo:
5 Habla a todo el
pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando
ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes
estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí?
6 Y cuando coméis y
bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos?
7 ¿No son estas las
palabras que proclamó Jehová por medio de los profetas
primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila,
y sus ciudades en sus alrededores y el Neguev y la
Sefela estaban también habitados?
8 Y vino palabra de
Jehová a Zacarías, diciendo: 9 Así
habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme
a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con
su hermano; 10 no
oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al
pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su
hermano. 11 Pero no
quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y
taparon sus oídos para no oír; 12 y
pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni
las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su
Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por
tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.
13 Y aconteció que así
como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron,
y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos;
14 sino que los esparcí
con torbellino por todas las naciones que ellos no
conocían, y la tierra fue desolada tras ellos, sin
quedar quien fuese ni viniese; pues convirtieron en
desierto la tierra deseable.
8
1 Vino a mí palabra de
Jehová de los ejércitos, diciendo: 2 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran
celo, y con gran ira la celé. 3 Así
dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio
de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la
Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de
Santidad. 4 Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos
y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con
bordón en su mano por la multitud de los días.
5 Y las calles de la
ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que
jugarán en ellas. 6 Así
dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá
maravilloso a los ojos del remanente de este pueblo en
aquellos días, ¿también será maravilloso delante de mis
ojos? dice Jehová de los ejércitos.
7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He
aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente, y
de la tierra donde se pone el sol; 8 y
los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me
serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y
en justicia.
9 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras
manos, los que oís en estos días estas palabras de la
boca de los profetas, desde el día que se echó el
cimiento a la casa de Jehová de los ejércitos, para
edificar el templo. 10 Porque
antes de estos días no ha habido paga de hombre ni paga
de bestia, ni hubo paz para el que salía ni para el que
entraba, a causa del enemigo; y yo dejé a todos los
hombres cada cual contra su compañero.
11 Mas ahora no lo haré con el
remanente de este pueblo como en aquellos días pasados,
dice Jehová de los ejércitos. 12 Porque
habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su
producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré
que el remanente de este pueblo posea todo esto.
13 Y sucederá que como
fuisteis maldición entre las naciones, oh casa de Judá y
casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. No
temáis, mas esfuércense vuestras manos.
14 Porque
así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros
mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice
Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí,
15 así al contrario he
pensado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en
estos días; no temáis. 16 Estas
son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada
cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo
conducente a la paz en vuestras puertas.
17 Y ninguno de vosotros piense mal en
su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento
falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice
Jehová.
18 Vino
a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo:
19 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del
quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se
convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en
festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.
20 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún vendrán pueblos, y
habitantes de muchas ciudades; 21 y
vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán:
Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová
de los ejércitos. Yo también iré. 22 Y
vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a
Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el
favor de Jehová. 23 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días
acontecerá que diez hombres de las naciones de toda
lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos
con vosotros, porque hemos oído que Dios está con
vosotros.
9
1 La profecía de la
palabra de Jehová está contra la tierra de Hadrac y
sobre Damasco; porque a Jehová deben mirar los ojos de
los hombres, y de todas las tribus de Israel.
2 También Hamat será
comprendida en el territorio de éste; Tiro y Sidón,
aunque sean muy sabias. 3 Bien
que Tiro se edificó fortaleza, y amontonó plata como
polvo, y oro como lodo de las calles,
4 he aquí, el Señor la empobrecerá, y
herirá en el mar su poderío, y ella será consumida de
fuego.
5 Verá
Ascalón, y temerá; Gaza también, y se dolerá en gran
manera; asimismo Ecrón, porque su esperanza será
confundida; y perecerá el rey de Gaza, y Ascalón no será
habitada. 6 Habitará en
Asdod un extranjero, y pondré fin a la soberbia de los
filisteos. 7 Quitaré la
sangre de su boca, y sus abominaciones de entre sus
dientes, y quedará también un remanente para nuestro
Dios, y serán como capitanes en Judá, y Ecrón será como
el jebuseo. 8 Entonces
acamparé alrededor de mi casa como un guarda, para que
ninguno vaya ni venga, y no pasará más sobre ellos el
opresor; porque ahora miraré con mis ojos.
9 Alégrate
mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de
Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador,
humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino
hijo de asna. 10 Y de
Efraín destruiré los carros, y los caballos de
Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y
hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a
mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.
11 Y
tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he
sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua.
12 Volveos a la
fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os
anuncio que os restauraré el doble.
13 Porque he entesado para mí a Judá como
arco, e hice a Efraín su flecha, y despertaré a tus
hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré
como espada de valiente.
14 Y
Jehová será visto sobre ellos, y su dardo saldrá como
relámpago; y Jehová el Señor tocará trompeta, e irá
entre torbellinos del austro. 15 Jehová
de los ejércitos los amparará, y ellos devorarán, y
hollarán las piedras de la honda, y beberán, y harán
estrépito como tomados de vino; y se llenarán como
tazón, o como cuernos del altar. 16 Y
los salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de
su pueblo; porque como piedras de diadema serán
enaltecidos en su tierra. 17 Porque
¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo
alegrará a los jóvenes, y el vino a las doncellas.
10
1 Pedid a Jehová lluvia
en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará
lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno.
2 Porque los terafines
han dado vanos oráculos, y los adivinos han visto
mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su
consuelo; por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y
sufre porque no tiene pastor.
3 Contra
los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré a los
jefes; pero Jehová de los ejércitos visitará su rebaño,
la casa de Judá, y los pondrá como su caballo de honor
en la guerra. 4 De él
saldrá la piedra angular, de él la clavija, de él el
arco de guerra, de él también todo apremiador.
5 Y serán como
valientes que en la batalla huellan al enemigo en el
lodo de las calles; y pelearán, porque Jehová estará con
ellos; y los que cabalgan en caballos serán
avergonzados.
6 Porque
yo fortaleceré la casa de Judá, y guardaré la casa de
José, y los haré volver; porque de ellos tendré piedad,
y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy
Jehová su Dios, y los oiré. 7 Y
será Efraín como valiente, y se alegrará su corazón como
a causa del vino; sus hijos también verán, y se
alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.
8 Yo
los llamaré con un silbido, y los reuniré, porque los he
redimido; y serán multiplicados tanto como fueron antes.
9 Bien que los
esparciré entre los pueblos, aun en lejanos países se
acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y volverán.
10 Porque yo los traeré
de la tierra de Egipto, y los recogeré de Asiria; y los
traeré a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les
bastará. 11 Y la
tribulación pasará por el mar, y herirá en el mar las
ondas, y se secarán todas las profundidades del río; y
la soberbia de Asiria será derribada, y se perderá el
cetro de Egipto. 12 Y
yo los fortaleceré en Jehová, y caminarán en su nombre,
dice Jehová.
11
1 Oh Líbano, abre tus
puertas, y consuma el fuego tus cedros.
2 Aúlla, oh ciprés, porque el cedro
cayó, porque los árboles magníficos son derribados.
Aullad, encinas de Basán, porque el bosque espeso es
derribado. 3 Voz de
aullido de pastores, porque su magnificencia es asolada;
estruendo de rugidos de cachorros de leones, porque la
gloria del Jordán es destruida.
4 Así ha dicho Jehová mi
Dios: Apacienta las ovejas de la matanza,
5 a las cuales matan sus compradores,
y no se tienen por culpables; y el que las vende, dice:
Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus
pastores tienen piedad de ellas. 6 Por
tanto, no tendré ya más piedad de los moradores de la
tierra, dice Jehová; porque he aquí, yo entregaré los
hombres cada cual en mano de su compañero y en mano de
su rey; y asolarán la tierra, y yo no los libraré de sus
manos.
7 Apacenté,
pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres
del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por
nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las
ovejas. 8 Y destruí a
tres pastores en un mes; pues mi alma se impacientó
contra ellos, y también el alma de ellos me aborreció a
mí. 9 Y dije: No os
apacentaré; la que muriere, que muera; y la que se
perdiere, que se pierda; y las que quedaren, que cada
una coma la carne de su compañera.
10 Tomé luego mi cayado Gracia, y lo
quebré, para romper mi pacto que concerté con todos los
pueblos. 11 Y fue
deshecho en ese día, y así conocieron los pobres del
rebaño que miraban a mí, que era palabra de Jehová.
12 Y les dije: Si os
parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y
pesaron por mi salario treinta piezas de plata.
13 Y me dijo Jehová:
Echalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han
apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las
eché en la casa de Jehová al tesoro.
14 Quebré luego el otro cayado,
Ataduras, para romper la hermandad entre Judá e Israel.
15 Y
me dijo Jehová: Toma aún los aperos de un pastor
insensato; 16 porque he
aquí, yo levanto en la tierra a un pastor que no
visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará
la perniquebrada, ni llevará la cansada a cuestas, sino
que comerá la carne de la gorda, y romperá sus pezuñas.
17 ¡Ay del pastor
inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su brazo,
y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo
derecho será enteramente oscurecido.
12
1 Profecía de la palabra
de Jehová acerca de Israel. Jehová, que extiende los
cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre
dentro de él, ha dicho: 2 He
aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a
todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio
contra Jerusalén. 3 Y
en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a
todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán
despedazados, bien que todas las naciones de la tierra
se juntarán contra ella. 4 En
aquel día, dice Jehová, heriré con pánico a todo
caballo, y con locura al jinete; mas sobre la casa de
Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos
heriré con ceguera. 5 Y
los capitanes de Judá dirán en su corazón: Tienen fuerza
los habitantes de Jerusalén en Jehová de los ejércitos,
su Dios.
6 En
aquel día pondré a los capitanes de Judá como brasero de
fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre
gavillas; y consumirán a diestra y a siniestra a todos
los pueblos alrededor; y Jerusalén será otra vez
habitada en su lugar, en Jerusalén.
7 Y
librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que la
gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén
no se engrandezca sobre Judá. 8 En
aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el
que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como
David; y la casa de David como Dios, como el ángel de
Jehová delante de ellos. 9 Y
en aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones
que vinieren contra Jerusalén.
10 Y
derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores
de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán
a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por
hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige
por el primogénito. 11 En
aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto
de Hadadrimón en el valle de Meguido.
12 Y la tierra lamentará, cada linaje
aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y
sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de
Natán por sí, y sus mujeres por sí;
13 los descendientes de la casa de Leví por
sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por
sí, y sus mujeres por sí; 14 todos
los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por
sí.
13
1 En aquel tiempo habrá
un manantial abierto para la casa de David y para los
habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado
y de la inmundicia.
2 Y
en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, quitaré de
la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán
recordados; y también haré cortar de la tierra a los
profetas y al espíritu de inmundicia.
3 Y acontecerá que cuando alguno
profetizare aún, le dirán su padre y su madre que lo
engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en
el nombre de Jehová; y su padre y su madre que lo
engendraron le traspasarán cuando profetizare.
4 Y sucederá en aquel
tiempo, que todos los profetas se avergonzarán de su
visión cuando profetizaren; ni nunca más vestirán el
manto velloso para mentir. 5 Y
dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues he
estado en el campo desde mi juventud.
6 Y le preguntarán: ¿Qué heridas son
estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui
herido en casa de mis amigos.
7 Levántate, oh espada,
contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice
Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán
dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los
pequeñitos. 8 Y
acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos
terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán;
mas la tercera quedará en ella. 9 Y
meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré
como se funde la plata, y los probaré como se prueba el
oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo
mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.
14
1 He aquí, el día de
Jehová viene, y en medio de ti serán repartidos tus
despojos. 2 Porque yo
reuniré a todas las naciones para combatir contra
Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas
las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la
ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no
será cortado de la ciudad. 3 Después
saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como
peleó en el día de la batalla. 4 Y
se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los
Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el
monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el
oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy
grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte,
y la otra mitad hacia el sur. 5 Y
huiréis al valle de los montes, porque el valle de los
montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que
huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías
rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los
santos.
6 Y
acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni oscura.
7 Será un día, el cual
es conocido de Jehová, que no será ni día ni noche; pero
sucederá que al caer la tarde habrá luz.
8 Acontecerá
también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas
vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la
otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en
invierno. 9 Y Jehová
será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será
uno, y uno su nombre.
10 Toda
la tierra se volverá como llanura desde Geba hasta Rimón
al sur de Jerusalén; y ésta será enaltecida, y habitada
en su lugar desde la puerta de Benjamín hasta el lugar
de la puerta primera, hasta la puerta del Angulo, y
desde la torre de Hananeel hasta los lagares del rey.
11 Y morarán en ella, y
no habrá nunca más maldición, sino que Jerusalén será
habitada confiadamente.
12 Y
esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los
pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos
se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se
consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les
deshará en su boca. 13 Y
acontecerá en aquel día que habrá entre ellos gran
pánico enviado por Jehová; y trabará cada uno de la mano
de su compañero, y levantará su mano contra la mano de
su compañero. 14 Y Judá
también peleará en Jerusalén. Y serán reunidas las
riquezas de todas las naciones de alrededor: oro y
plata, y ropas de vestir, en gran abundancia.
15 Así también será la
plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de
los asnos, y de todas las bestias que estuvieren en
aquellos campamentos.
16 Y
todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron
contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al
Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta
de los tabernáculos. 17 Y
acontecerá que los de las familias de la tierra que no
subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los
ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia.
18 Y si la familia de Egipto no
subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia;
vendrá la plaga con que Jehová herirá las naciones que
no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos.
19 Esta será la pena
del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones
que no subieren para celebrar la fiesta de los
tabernáculos.
20 En
aquel día estará grabado sobre las campanillas de los
caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ; y las ollas de la casa de
Jehová serán como los tazones del altar.
21 Y toda olla en Jerusalén y Judá
será consagrada a Jehová de los ejércitos; y todos los
que sacrificaren vendrán y tomarán de ellas, y cocerán
en ellas; y no habrá en aquel día más mercader en la
casa de Jehová de los ejércitos.
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