JEREMÍAS
1
1 Las palabras de
Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que
estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín.
2 Palabra de Jehová que
le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá,
en el año decimotercero de su reinado.
3 Le vino también en días de Joacim
hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año
undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta
la cautividad de Jerusalén en el mes quinto.
4 Vino,
pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:
5 Antes que te formase en el vientre
te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por
profeta a las naciones. 6 Y
yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar,
porque soy niño. 7 Y me
dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que
te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.
8 No temas delante de
ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.
9 Y extendió Jehová su
mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto
mis palabras en tu boca. 10 Mira
que te he puesto en este día sobre naciones y sobre
reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y
para derribar, para edificar y para plantar.
11 La palabra de Jehová
vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo
una vara de almendro. 12 Y
me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi
palabra para ponerla por obra.
13 Vino
a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo:
¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su faz
está hacia el norte. 14 Me
dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los
moradores de esta tierra. 15 Porque
he aquí que yo convoco a todas las familias de los
reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada
uno su campamento a la entrada de las puertas de
Jerusalén, y junto a todos sus muros en derredor, y
contra todas las ciudades de Judá.
16 Y a causa de toda su maldad, proferiré
mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a
dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron.
17 Tú, pues, ciñe tus
lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no
temas delante de ellos, para que no te haga yo
quebrantar delante de ellos. 18 Porque
he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad
fortificada, como columna de hierro, y como muro de
bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá,
sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra.
19 Y pelearán contra
ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice
Jehová, para librarte.
2
1 Vino a mí palabra de
Jehová, diciendo: 2 Anda
y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice
Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu
juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en
pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.
3 Santo era Israel a
Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le
devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice
Jehová.
4 Oíd
la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las
familias de la casa de Israel. 5 Así
dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres,
que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se
hicieron vanos? 6 Y no
dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la
tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por
una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de
sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó
varón, ni allí habitó hombre? 7 Y
os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis
su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi
tierra, e hicisteis abominable mi heredad.
8 Los sacerdotes no
dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no
me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y
los profetas profetizaron en nombre de Baal, y
anduvieron tras lo que no aprovecha.
9 Por
tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová, y con
los hijos de vuestros hijos pleitearé.
10 Porque pasad a las costas de Quitim
y mirad; y enviad a Cedar, y considerad cuidadosamente,
y ved si se ha hecho cosa semejante a esta.
11 ¿Acaso alguna nación
ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin
embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no
aprovecha. 12 Espantaos,
cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran
manera, dijo Jehová. 13 Porque
dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de
agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas
que no retienen agua.
14 ¿Es
Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué ha venido a ser
presa? 15 Los cachorros
del león rugieron contra él, alzaron su voz, y asolaron
su tierra; quemadas están sus ciudades, sin morador.
16 Aun los hijos de
Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla.
17 ¿No te acarreó esto
el haber dejado a Jehová tu Dios, cuando te conducía por
el camino? 18 Ahora,
pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que
bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de
Asiria, para que bebas agua del Eufrates?
19 Tu maldad te castigará, y tus
rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y
amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar
mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
20 Porque
desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y
dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado
alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como
ramera. 21 Te planté de
vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues,
te me has vuelto sarmiento de vid extraña?
22 Aunque te laves con
lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu
pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el
Señor. 23 ¿Cómo puedes
decir: No soy inmunda, nunca anduve tras los baales?
Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho,
dromedaria ligera que tuerce su camino,
24 asna montés acostumbrada al
desierto, que en su ardor olfatea el viento. De su
lujuria, ¿quién la detendrá? Todos los que la buscaren
no se fatigarán, porque en el tiempo de su celo la
hallarán. 25 Guarda tus
pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas
dijiste: No hay remedio en ninguna manera, porque a
extraños he amado, y tras ellos he de ir.
26 Como
se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se
avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus
príncipes, sus sacerdotes y sus profetas,
27 que dicen a un leño: Mi padre eres
tú; y a una piedra: Tú me has engendrado. Porque me
volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de
su calamidad dicen: Levántate, y líbranos.
28 ¿Y dónde están tus
dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si
te podrán librar en el tiempo de tu aflicción; porque
según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus
dioses.
29 ¿Por
qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis
contra mí, dice Jehová. 30 En
vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido
corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas
como león destrozador. 31 ¡Oh
generación! atended vosotros a la palabra de Jehová. ¿He
sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas?
¿Por qué ha dicho mi pueblo: Somos libres; nunca más
vendremos a ti? 32 ¿Se
olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus
galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por
innumerables días.
33 ¿Por
qué adornas tu camino para hallar amor? Aun a las
malvadas enseñaste tus caminos. 34 Aun
en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los
inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin
embargo, en todas estas cosas dices:
35 Soy inocente, de cierto su ira se
apartó de mí. He aquí yo entraré en juicio contigo,
porque dijiste: No he pecado. 36 ¿Para
qué discurres tanto, cambiando tus caminos? También
serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de
Asiria. 37 También de
allí saldrás con tus manos sobre tu cabeza, porque
Jehová desechó a aquellos en quienes tú confiabas, y no
prosperarás por ellos.
3
1 Dicen: Si alguno
dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a
otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra
del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos
amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Jehová.
2 Alza tus ojos a las alturas, y ve en
qué lugar no te hayas prostituido. Junto a los caminos
te sentabas para ellos como árabe en el desierto, y con
tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado la
tierra. 3 Por esta
causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia
tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste
tener vergüenza. 4 A lo
menos desde ahora, ¿no me llamarás a mí, Padre mío,
guiador de mi juventud? 5 ¿Guardará
su enojo para siempre? ¿Eternamente lo guardará? He aquí
que has hablado y hecho cuantas maldades pudiste.
6 Me dijo Jehová en días
del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde
Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de
todo árbol frondoso, y allí fornica.
7 Y dije: Después de hacer todo esto,
se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana
la rebelde Judá. 8 Ella
vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la
había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo
temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue
ella y fornicó. 9 Y
sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación,
la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y
con el leño. 10 Con
todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí
de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová.
11 Y
me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en
comparación con la desleal Judá. 12 Ve
y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete,
oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira
sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no
guardaré para siempre el enojo. 13 Reconoce,
pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has
prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de
todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová.
14 Convertíos,
hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro
esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada
familia, y os introduciré en Sion;
15 y os daré pastores según mi corazón, que
os apacienten con ciencia y con inteligencia.
16 Y acontecerá que
cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos
días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de
Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de
ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra.
17 En aquel tiempo
llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las
naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en
Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado
corazón. 18 En aquellos
tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y
vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra
que hice heredar a vuestros padres.
19 Yo
preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos, y os daré la
tierra deseable, la rica heredad de las naciones? Y
dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis de en
pos de mí. 20 Pero como
la esposa infiel abandona a su compañero, así
prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice
Jehová. 21 Voz fue oída
sobre las alturas, llanto de los ruegos de los hijos de
Israel; porque han torcido su camino, de Jehová su Dios
se han olvidado. 22 Convertíos,
hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. He aquí
nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehová nuestro
Dios. 23 Ciertamente
vanidad son los collados, y el bullicio sobre los
montes; ciertamente en Jehová nuestro Dios está la
salvación de Israel.
24 Confusión
consumió el trabajo de nuestros padres desde nuestra
juventud; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas.
25 Yacemos en nuestra
confusión, y nuestra afrenta nos cubre; porque pecamos
contra Jehová nuestro Dios, nosotros y nuestros padres,
desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos
escuchado la voz de Jehová nuestro Dios.
4
1 Si te volvieres, oh
Israel, dice Jehová, vuélvete a mí. Y si quitares de
delante de mí tus abominaciones, y no anduvieres de acá
para allá, 2 y jurares:
Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia,
entonces las naciones serán benditas en él, y en él se
gloriarán. 3 Porque así
dice Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad
campo para vosotros, y no sembréis entre espinos.
4 Circuncidaos a
Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones
de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira
salga como fuego, y se encienda y no haya quien la
apague, por la maldad de vuestras obras.
5 Anunciad en Judá, y
proclamad en Jerusalén, y decid: Tocad trompeta en la
tierra; pregonad, juntaos, y decid: Reuníos, y
entrémonos en las ciudades fortificadas.
6 Alzad bandera en Sion, huid, no os
detengáis; porque yo hago venir mal del norte, y
quebrantamiento grande. 7 El
león sube de la espesura, y el destruidor de naciones
está en marcha, y ha salido de su lugar para poner tu
tierra en desolación; tus ciudades quedarán asoladas y
sin morador. 8 Por esto
vestíos de cilicio, endechad y aullad; porque la ira de
Jehová no se ha apartado de nosotros.
9 En
aquel día, dice Jehová, desfallecerá el corazón del rey
y el corazón de los príncipes, y los sacerdotes estarán
atónitos, y se maravillarán los profetas.
10 Y dije: ¡Ay, ay, Jehová Dios!
Verdaderamente en gran manera has engañado a este pueblo
y a Jerusalén, diciendo: Paz tendréis; pues la espada ha
venido hasta el alma.
11 En
aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Viento
seco de las alturas del desierto vino a la hija de mi
pueblo, no para aventar, ni para limpiar.
12 Viento más vehemente que este
vendrá a mí; y ahora yo pronunciaré juicios contra
ellos.
13 He
aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino;
más ligeros son sus caballos que las águilas. ¡Ay de
nosotros, porque entregados somos a despojo!
14 Lava tu corazón de
maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo
permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?
15 Porque una voz trae
las nuevas desde Dan, y hace oír la calamidad desde el
monte de Efraín. 16 Decid
a las naciones: He aquí, haced oír sobre Jerusalén:
Guardas vienen de tierra lejana, y lanzarán su voz
contra las ciudades de Judá. 17 Como
guardas de campo estuvieron en derredor de ella, porque
se rebeló contra mí, dice Jehová. 18 Tu
camino y tus obras te hicieron esto; esta es tu maldad,
por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón.
19 ¡Mis
entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de mi
corazón; mi corazón se agita dentro de mí; no callaré;
porque sonido de trompeta has oído, oh alma mía, pregón
de guerra. 20 Quebrantamiento
sobre quebrantamiento es anunciado; porque toda la
tierra es destruida; de repente son destruidas mis
tiendas, en un momento mis cortinas.
21 ¿Hasta cuándo he de ver bandera, he
de oír sonido de trompeta? 22 Porque
mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos
ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el
mal, pero hacer el bien no supieron.
23 Miré
a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a
los cielos, y no había en ellos luz.
24 Miré a los montes, y he aquí que
temblaban, y todos los collados fueron destruidos.
25 Miré, y no había
hombre, y todas las aves del cielo se habían ido.
26 Miré, y he aquí el
campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades eran
asoladas delante de Jehová, delante del ardor de su ira.
27 Porque
así dijo Jehová: Toda la tierra será asolada; pero no la
destruiré del todo. 28 Por
esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se
oscurecerán, porque hablé, lo pensé, y no me arrepentí,
ni desistiré de ello. 29 Al
estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros
huyó toda la ciudad; entraron en las espesuras de los
bosques, y subieron a los peñascos; todas las ciudades
fueron abandonadas, y no quedó en ellas morador alguno.
30 Y tú, destruida,
¿qué harás? Aunque te vistas de grana, aunque te adornes
con atavíos de oro, aunque pintes con antimonio tus
ojos, en vano te engalanas; te menospreciarán tus
amantes, buscarán tu vida. 31 Porque
oí una voz como de mujer que está de parto, angustia
como de primeriza; voz de la hija de Sion que lamenta y
extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que mi
alma desmaya a causa de los asesinos.
5
1 Recorred las calles de
Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus
plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga
justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré.
2 Aunque digan: Vive
Jehová, juran falsamente. 3 Oh
Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los azotaste, y
no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir
corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra,
no quisieron convertirse.
4 Pero
yo dije: Ciertamente éstos son pobres, han enloquecido,
pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su
Dios. 5 Iré a los
grandes, y les hablaré; porque ellos conocen el camino
de Jehová, el juicio de su Dios. Pero ellos también
quebraron el yugo, rompieron las coyundas.
6 Por
tanto, el león de la selva los matará, los destruirá el
lobo del desierto, el leopardo acechará sus ciudades;
cualquiera que de ellas saliere será arrebatado; porque
sus rebeliones se han multiplicado, se han aumentado sus
deslealtades.
7 ¿Cómo
te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron, y
juraron por lo que no es Dios. Los sacié, y adulteraron,
y en casa de rameras se juntaron en compañías.
8 Como caballos bien
alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su
prójimo. 9 ¿No había de
castigar esto? dijo Jehová. De una nación como esta, ¿no
se había de vengar mi alma? 10 Escalad
sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las
almenas de sus muros, porque no son de Jehová.
11 Porque resueltamente
se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de
Judá, dice Jehová. 12 Negaron
a Jehová, y dijeron: El no es, y no vendrá mal sobre
nosotros, ni veremos espada ni hambre;
13 antes los profetas serán como
viento, porque no hay en ellos palabra; así se hará a
ellos.
14 Por
tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque
dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en
tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los
consumirá. 15 He aquí
yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de
Israel, dice Jehová; gente robusta, gente antigua, gente
cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare.
16 Su aljaba como
sepulcro abierto, todos valientes.
17 Y comerá tu mies y tu pan, comerá a tus
hijos y a tus hijas; comerá tus ovejas y tus vacas,
comerá tus viñas y tus higueras, y a espada convertirá
en nada tus ciudades fortificadas en que confías.
18 No
obstante, en aquellos días, dice Jehová, no os destruiré
del todo. 19 Y cuando
dijeren: ¿Por qué Jehová el Dios nuestro hizo con
nosotros todas estas cosas?, entonces les dirás: De la
manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses
ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños en
tierra ajena.
20 Anunciad
esto en la casa de Jacob, y haced que esto se oiga en
Judá, diciendo: 21 Oíd
ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que tiene ojos y
no ve, que tiene oídos y no oye: 22 ¿A
mí no me temeréis? dice Jehová. ¿No os amedrentaréis
ante mí, que puse arena por término al mar, por
ordenación eterna la cual no quebrantará? Se levantarán
tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas,
mas no lo pasarán. 23 No
obstante, este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se
apartaron y se fueron. 24 Y
no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios
nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y
nos guarda los tiempos establecidos de la siega.
25 Vuestras iniquidades
han estorbado estas cosas, y vuestros pecados apartaron
de vosotros el bien. 26 Porque
fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como
quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres.
27 Como jaula llena de
pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se
hicieron grandes y ricos. 28 Se
engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los
hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del
huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de
los pobres no juzgaron. 29 ¿No
castigaré esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se
vengará mi alma?
30 Cosa
espantosa y fea es hecha en la tierra;
31 los profetas profetizaron mentira,
y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi
pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el
fin?
6
1 Huid, hijos de
Benjamín, de en medio de Jerusalén, y tocad bocina en
Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem; porque
del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande.
2 Destruiré a la bella
y delicada hija de Sion. 3 Contra
ella vendrán pastores y sus rebaños; junto a ella
plantarán sus tiendas alrededor; cada uno apacentará en
su lugar. 4 Anunciad
guerra contra ella; levantaos y asaltémosla a mediodía.
¡Ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las
sombras de la tarde se han extendido.
5 Levantaos y asaltemos de noche, y
destruyamos sus palacios.
6 Porque
así dijo Jehová de los ejércitos: Cortad árboles, y
levantad vallado contra Jerusalén; esta es la ciudad que
ha de ser castigada; toda ella está llena de violencia.
7 Como la fuente nunca
cesa de manar sus aguas, así ella nunca cesa de manar su
maldad; injusticia y robo se oyen en ella; continuamente
en mi presencia, enfermedad y herida.
8 Corrígete, Jerusalén, para que no se
aparte mi alma de ti, para que no te convierta en
desierto, en tierra inhabitada.
9 Así
dijo Jehová de los ejércitos: Del todo rebuscarán como a
vid el resto de Israel; vuelve tu mano como vendimiador
entre los sarmientos. 10 ¿A
quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que
sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he
aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no
la aman. 11 Por tanto,
estoy lleno de la ira de Jehová, estoy cansado de
contenerme; la derramaré sobre los niños en la calle, y
sobre la reunión de los jóvenes igualmente; porque será
preso tanto el marido como la mujer, tanto el viejo como
el muy anciano. 12 Y
sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y
también sus mujeres; porque extenderé mi mano sobre los
moradores de la tierra, dice Jehová.
13 Porque desde el más chico de ellos
hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde
el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.
14 Y curan la herida de
mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay
paz. 15 ¿Se han
avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no
se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza; por
tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue
caerán, dice Jehová.
16 Así
dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad
por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y
andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.
Mas dijeron: No andaremos. 17 Puse
también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad
al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No
escucharemos. 18 Por
tanto, oíd, naciones, y entended, oh congregación, lo
que sucederá. 19 Oye,
tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el
fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis
palabras, y aborrecieron mi ley. 20 ¿Para
qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa
de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son
aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan.
21 Por tanto, Jehová
dice esto: He aquí yo pongo a este pueblo tropiezos, y
caerán en ellos los padres y los hijos juntamente; el
vecino y su compañero perecerán.
22 Así
ha dicho Jehová: He aquí que viene pueblo de la tierra
del norte, y una nación grande se levantará de los
confines de la tierra. 23 Arco
y jabalina empuñarán; crueles son, y no tendrán
misericordia; su estruendo brama como el mar, y montarán
a caballo como hombres dispuestos para la guerra, contra
ti, oh hija de Sion. 24 Su
fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron; se
apoderó de nosotros angustia, dolor como de mujer que
está de parto. 25 No
salgas al campo, ni andes por el camino; porque espada
de enemigo y temor hay por todas partes.
26 Hija de mi pueblo, cíñete de
cilicio, y revuélcate en ceniza; ponte luto como por
hijo único, llanto de amarguras; porque pronto vendrá
sobre nosotros el destruidor.
27 Por
fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre;
conocerás, pues, y examinarás el camino de ellos.
28 Todos ellos son
rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce y
hierro; todos ellos son corruptores.
29 Se quemó el fuelle, por el fuego se
ha consumido el plomo; en vano fundió el fundidor, pues
la escoria no se ha arrancado. 30 Plata
desechada los llamarán, porque Jehová los desechó.
7
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, diciendo: 2 Ponte
a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta
palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que
entráis por estas puertas para adorar a Jehová.
3 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros
caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.
4 No fiéis en palabras
de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de
Jehová, templo de Jehová es este.
5 Pero
si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras
obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre
y su prójimo, 6 y no
oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni
en este lugar derramareis la sangre inocente, ni
anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro,
7 os haré morar en este
lugar, en la tierra que di a vuestros padres para
siempre.
8 He
aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no
aprovechan. 9 Hurtando,
matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a
Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis,
10 ¿vendréis y os
pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es
invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para
seguir haciendo todas estas abominaciones?
11 ¿Es cueva de
ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la
cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo
veo, dice Jehová. 12 Andad
ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al
principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi
pueblo Israel. 13 Ahora,
pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas
obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y
sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis;
14 haré también a esta
casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que
vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a
vuestros padres, como hice a Silo.
15 Os echaré de mi presencia, como eché a
todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.
16 Tú,
pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos
clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.
17 ¿No ves lo que éstos
hacen en las ciudades de Judá y en las calles de
Jerusalén? 18 Los hijos
recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las
mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del
cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para
provocarme a ira. 19 ¿Me
provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien
ellos mismos su propia confusión? 20 Por
tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que mi
furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre los
hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo
y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se
apagarán.
21 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros
holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la
carne. 22 Porque no
hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca
de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la
tierra de Egipto. 23 Mas
esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a
vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y
andad en todo camino que os mande, para que os vaya
bien. 24 Y no oyeron ni
inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios
consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron
hacia atrás y no hacia adelante, 25 desde
el día que vuestros padres salieron de la tierra de
Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis
siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar;
26 pero no me oyeron ni
inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e
hicieron peor que sus padres.
27 Tú,
pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán;
los llamarás, y no te responderán.
28 Les dirás, por tanto: Esta es la nación
que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió
corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue
cortada.
29 Corta
tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre las
alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la
generación objeto de su ira.
30 Porque
los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice
Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la
cual fue invocado mi nombre, amancillándola.
31 Y han edificado los
lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de
Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas,
cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.
32 Por tanto, he aquí
vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más,
Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la
Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber
lugar. 33 Y serán los
cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves
del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá
quien las espante. 34 Y
haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de
Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz
del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será
desolada.
8
1 En aquel tiempo, dice
Jehová, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los
huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes,
y los huesos de los profetas, y los huesos de los
moradores de Jerusalén, fuera de sus sepulcros;
2 y los esparcirán al
sol y a la luna y a todo el ejército del cielo, a
quienes amaron y a quienes sirvieron, en pos de quienes
anduvieron, a quienes preguntaron, y ante quienes se
postraron. No serán recogidos ni enterrados; serán como
estiércol sobre la faz de la tierra.
3 Y escogerá la muerte antes que la
vida todo el resto que quede de esta mala generación, en
todos los lugares adonde arroje yo a los que queden,
dice Jehová de los ejércitos.
4 Les
dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: El que cae, ¿no se
levanta? El que se desvía, ¿no vuelve al camino?
5 ¿Por qué es este
pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua?
Abrazaron el engaño, y no han querido volverse.
6 Escuché y oí; no
hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su
mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su
propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a
la batalla. 7 Aun la
cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la
grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida;
pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.
8 ¿Cómo
decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová está
con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la
pluma mentirosa de los escribas. 9 Los
sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron
consternados; he aquí que aborrecieron la palabra de
Jehová; ¿y qué sabiduría tienen? 10 Por
tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a quienes
los conquisten; porque desde el más pequeño hasta el más
grande cada uno sigue la avaricia; desde el profeta
hasta el sacerdote todos hacen engaño.
11 Y curaron la herida de la hija de
mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay
paz. 12 ¿Se han
avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no
se han avergonzado en lo más mínimo, ni supieron
avergonzarse; caerán, por tanto, entre los que caigan;
cuando los castigue caerán, dice Jehová.
13 Los cortaré del todo, dice Jehová.
No quedarán uvas en la vid, ni higos en la higuera, y se
caerá la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos.
14 ¿Por
qué nos estamos sentados? Reuníos, y entremos en las
ciudades fortificadas, y perezcamos allí; porque Jehová
nuestro Dios nos ha destinado a perecer, y nos ha dado a
beber aguas de hiel, porque pecamos contra Jehová.
15 Esperamos paz, y no
hubo bien; día de curación, y he aquí turbación.
16 Desde Dan se oyó el
bufido de sus caballos; al sonido de los relinchos de
sus corceles tembló toda la tierra; y vinieron y
devoraron la tierra y su abundancia, a la ciudad y a los
moradores de ella. 17 Porque
he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, áspides
contra los cuales no hay encantamiento, y os morderán,
dice Jehová.
18 A causa de mi fuerte
dolor, mi corazón desfallece en mí.
19 He aquí voz del clamor de la hija de mi
pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová
en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron
airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas?
20 Pasó la siega,
terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos.
21 Quebrantado estoy
por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo;
entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.
22 ¿No
hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué,
pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo?
9
1 ¡Oh, si mi cabeza se
hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que
llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!
2 ¡Oh, quién me diese
en el desierto un albergue de caminantes, para que
dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos
ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores.
3 Hicieron que su
lengua lanzara mentira como un arco, y no se
fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal
en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová.
4 Guárdese
cada uno de su compañero, y en ningún hermano tenga
confianza; porque todo hermano engaña con falacia, y
todo compañero anda calumniando. 5 Y
cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad;
acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de
actuar perversamente. 6 Su
morada está en medio del engaño; por muy engañadores no
quisieron conocerme, dice Jehová.
7 Por
tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que
yo los refinaré y los probaré; porque ¿qué más he de
hacer por la hija de mi pueblo? 8 Saeta
afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con su boca
dice paz a su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas.
9 ¿No los he de
castigar por estas cosas? dice Jehová. De tal nación,
¿no se vengará mi alma?
10 Por
los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto por
los pastizales del desierto; porque fueron desolados
hasta no quedar quien pase, ni oírse bramido de ganado;
desde las aves del cielo hasta las bestias de la tierra
huyeron, y se fueron. 11 Reduciré
a Jerusalén a un montón de ruinas, morada de chacales; y
convertiré las ciudades de Judá en desolación en que no
quede morador.
12 ¿Quién es varón sabio
que entienda esto? ¿y a quién habló la boca de Jehová,
para que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra ha
perecido, ha sido asolada como desierto, hasta no haber
quien pase? 13 Dijo
Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de
ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme
a ella; 14 antes se
fueron tras la imaginación de su corazón, y en pos de
los baales, según les enseñaron sus padres.
15 Por tanto, así ha
dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí
que a este pueblo yo les daré a comer ajenjo, y les daré
a beber aguas de hiel. 16 Y
los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres
conocieron; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que
los acabe.
17 Así
dice Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad
plañideras que vengan; buscad a las hábiles en su
oficio; 18 y dense
prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse
nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se
destilen en aguas. 19 Porque
de Sion fue oída voz de endecha: ¡Cómo hemos sido
destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados,
porque abandonamos la tierra, porque han destruido
nuestras moradas.
20 Oíd,
pues, oh mujeres, palabra de Jehová, y vuestro oído
reciba la palabra de su boca: Enseñad endechas a
vuestras hijas, y lamentación cada una a su amiga.
21 Porque la muerte ha
subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros
palacios, para exterminar a los niños de las calles, a
los jóvenes de las plazas. 22 Habla:
Así ha dicho Jehová: Los cuerpos de los hombres muertos
caerán como estiércol sobre la faz del campo, y como
manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja.
23 Así dijo Jehová: No
se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se
alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
24 Mas alábese en esto
el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme,
que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y
justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice
Jehová.
25 He
aquí que vienen días, dice Jehová, en que castigaré a
todo circuncidado, y a todo incircunciso;
26 a Egipto y a Judá, a Edom y a los
hijos de Amón y de Moab, y a todos los arrinconados en
el postrer rincón, los que moran en el desierto; porque
todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de
Israel es incircuncisa de corazón.
10
1 Oíd la palabra que
Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel.
2 Así dijo Jehová: No
aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales
del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman.
3 Porque las costumbres
de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque
cortaron, obra de manos de artífice con buril.
4 Con plata y oro lo
adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se
mueva. 5 Derechos están
como palmera, y no hablan; son llevados, porque no
pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni
pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.
6 No
hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande
tu nombre en poderío. 7 ¿Quién
no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti es
debido el temor; porque entre todos los sabios de las
naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti.
8 Todos se infatuarán y
entontecerán. Enseñanza de vanidades es el leño.
9 Traerán plata batida
de Tarsis y oro de Ufaz, obra del artífice, y de manos
del fundidor; los vestirán de azul y de púrpura, obra de
peritos es todo. 10 Mas
Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey
eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no
pueden sufrir su indignación.
11 Les
diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos ni la
tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los
cielos.
12 El
que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el
mundo con su saber, y extendió los cielos con su
sabiduría; 13 a su voz
se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace
subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los
relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus
depósitos. 14 Todo
hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza
de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra
de fundición, y no hay espíritu en ella.
15 Vanidad son, obra vana; al tiempo
de su castigo perecerán. 16 No
es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de
todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los
ejércitos es su nombre.
17 Recoge de las tierras
tus mercaderías, la que moras en lugar fortificado.
18 Porque así ha dicho
Jehová: He aquí que esta vez arrojaré con honda los
moradores de la tierra, y los afligiré, para que lo
sientan.
19 ¡Ay
de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa.
Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo
sufrirla. 20 Mi tienda
está destruida, y todas mis cuerdas están rotas; mis
hijos me han abandonado y perecieron; no hay ya más
quien levante mi tienda, ni quien cuelgue mis cortinas.
21 Porque los pastores
se infatuaron, y no buscaron a Jehová; por tanto, no
prosperaron, y todo su ganado se esparció.
22 He
aquí que voz de rumor viene, y alboroto grande de la
tierra del norte, para convertir en soledad todas las
ciudades de Judá, en morada de chacales.
23 Conozco, oh Jehová, que el hombre
no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el
ordenar sus pasos. 24 Castígame,
oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, para que no
me aniquiles.
25 Derrama
tu enojo sobre los pueblos que no te conocen, y sobre
las naciones que no invocan tu nombre; porque se
comieron a Jacob, lo devoraron, le han consumido, y han
asolado su morada.
11
1 Palabra que vino de
Jehová a Jeremías, diciendo: 2 Oíd
las palabras de este pacto, y hablad a todo varón de
Judá, y a todo morador de Jerusalén.
3 Y les dirás tú: Así dijo Jehová Dios
de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las
palabras de este pacto, 4 el
cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la
tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Oíd
mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que
os mando; y me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros
por Dios; 5 para que
confirme el juramento que hice a vuestros padres, que
les daría la tierra que fluye leche y miel, como en este
día. Y respondí y dije: Amén, oh Jehová.
6 Y
Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las
ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo:
Oíd las palabras de este pacto, y ponedlas por obra.
7 Porque solemnemente
protesté a vuestros padres el día que les hice subir de
la tierra de Egipto, amonestándoles desde temprano y sin
cesar hasta el día de hoy, diciendo: Oíd mi voz.
8 Pero no oyeron, ni
inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la
imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré
sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual
mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.
9 Y
me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los
varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén.
10 Se han vuelto a las
maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron
escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos
para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá
invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con
sus padres. 11 Por
tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre
ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no
los oiré. 12 E irán las
ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y
clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso,
los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal.
13 Porque según el
número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y
según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusiste los
altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a
Baal.
14 Tú,
pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos
clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su
aflicción clamen a mí. 15 ¿Qué
derecho tiene mi amada en mi casa, habiendo hecho muchas
abominaciones? ¿Crees que los sacrificios y las carnes
santificadas de las víctimas pueden evitarte el castigo?
¿Puedes gloriarte de eso? 16 Olivo
verde, hermoso en su fruto y en su parecer, llamó Jehová
tu nombre. A la voz de recio estrépito hizo encender
fuego sobre él, y quebraron sus ramas.
17 Porque Jehová de los ejércitos que
te plantó ha pronunciado mal contra ti, a causa de la
maldad que la casa de Israel y la casa de Judá han
hecho, provocándome a ira con incensar a Baal.
18 Y Jehová me lo hizo
saber, y lo conocí; entonces me hiciste ver sus obras.
19 Y yo era como
cordero inocente que llevan a degollar, pues no entendía
que maquinaban designios contra mí, diciendo:
Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la
tierra de los vivientes, para que no haya más memoria de
su nombre. 20 Pero, oh
Jehová de los ejércitos, que juzgas con justicia, que
escudriñas la mente y el corazón, vea yo tu venganza de
ellos; porque ante ti he expuesto mi causa.
21 Por
tanto, así ha dicho Jehová acerca de los varones de
Anatot que buscan tu vida, diciendo: No profetices en
nombre de Jehová, para que no mueras a nuestras manos;
22 así, pues, ha dicho
Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los castigaré;
los jóvenes morirán a espada, sus hijos y sus hijas
morirán de hambre, 23 y
no quedará remanente de ellos, pues yo traeré mal sobre
los varones de Anatot, el año de su castigo.
12
1 Justo eres tú, oh
Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo,
alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el
camino de los impíos, y tienen bien todos los que se
portan deslealmente? 2 Los
plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron fruto;
cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus
corazones. 3 Pero tú,
oh Jehová, me conoces; me viste, y probaste mi corazón
para contigo; arrebátalos como a ovejas para el
degolladero, y señálalos para el día de la matanza.
4 ¿Hasta cuándo estará
desierta la tierra, y marchita la hierba de todo el
campo? Por la maldad de los que en ella moran, faltaron
los ganados y las aves; porque dijeron: No verá Dios
nuestro fin.
5 Si
corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo
contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz
no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del
Jordán? 6 Porque aun
tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se
levantaron contra ti, aun ellos dieron grito en pos de
ti. No los creas cuando bien te hablen.
7 He
dejado mi casa, desamparé mi heredad, he entregado lo
que amaba mi alma en mano de sus enemigos.
8 Mi heredad fue para
mí como león en la selva; contra mí dio su rugido; por
tanto, la aborrecí. 9 ¿Es
mi heredad para mí como ave de rapiña de muchos colores?
¿No están contra ella aves de rapiña en derredor? Venid,
reuníos, vosotras todas las fieras del campo, venid a
devorarla. 10 Muchos
pastores han destruido mi viña, hollaron mi heredad,
convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa.
11 Fue puesta en
asolamiento, y lloró sobre mí desolada; fue asolada toda
la tierra, porque no hubo hombre que reflexionase.
12 Sobre todas las
alturas del desierto vinieron destruidores; porque la
espada de Jehová devorará desde un extremo de la tierra
hasta el otro; no habrá paz para ninguna carne.
13 Sembraron trigo, y
segaron espinos; tuvieron la heredad, mas no
aprovecharon nada; se avergonzarán de sus frutos, a
causa de la ardiente ira de Jehová.
14 Así
dijo Jehová contra todos mis malos vecinos, que tocan la
heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí que
yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio
de ellos a la casa de Judá. 15 Y
después que los haya arrancado, volveré y tendré
misericordia de ellos, y los haré volver cada uno a su
heredad y cada cual a su tierra. 16 Y
si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo,
para jurar en mi nombre, diciendo: Vive Jehová, así como
enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, ellos serán
prosperados en medio de mi pueblo.
17 Mas si no oyeren, arrancaré esa nación,
sacándola de raíz y destruyéndola, dice Jehová.
13
1 Así me dijo Jehová: Ve
y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y
no lo metas en agua. 2 Y
compré el cinto conforme a la palabra de Jehová, y lo
puse sobre mis lomos. 3 Vino
a mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo:
4 Toma el cinto que
compraste, que está sobre tus lomos, y levántate y vete
al Eufrates, y escóndelo allá en la hendidura de una
peña. 5 Fui, pues, y lo
escondí junto al Eufrates, como Jehová me mandó.
6 Y sucedió que después
de muchos días me dijo Jehová: Levántate y vete al
Eufrates, y toma de allí el cinto que te mandé esconder
allá. 7 Entonces fui al
Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo
había escondido; y he aquí que el cinto se había
podrido; para ninguna cosa era bueno.
8 Y
vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
9 Así ha dicho Jehová: Así haré podrir
la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén.
10 Este pueblo malo,
que no quiere oír mis palabras, que anda en las
imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses
ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos,
vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es
bueno. 11 Porque como
el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice
juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de
Judá, dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por
fama, por alabanza y por honra; pero no escucharon.
12 Les dirás, pues, esta
palabra: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Toda
tinaja se llenará de vino. Y ellos te dirán: ¿No sabemos
que toda tinaja se llenará de vino?
13 Entonces les dirás: Así ha dicho Jehová:
He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los moradores
de esta tierra, y a los reyes de la estirpe de David que
se sientan sobre su trono, a los sacerdotes y profetas,
y a todos los moradores de Jerusalén;
14 y los quebrantaré el uno contra el
otro, los padres con los hijos igualmente, dice Jehová;
no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia, para no
destruirlos.
15 Escuchad y oíd; no os
envanezcáis, pues Jehová ha hablado.
16 Dad gloria a Jehová Dios vuestro,
antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros
pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y
os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas.
17 Mas si no oyereis
esto, en secreto llorará mi alma a causa de vuestra
soberbia; y llorando amargamente se desharán mis ojos en
lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo.
18 Di
al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra;
porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestras
cabezas. 19 Las
ciudades del Neguev fueron cerradas, y no hubo quien las
abriese; toda Judá fue transportada, llevada en
cautiverio fue toda ella. 20 Alzad
vuestros ojos, y ved a los que vienen del norte. ¿Dónde
está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?
21 ¿Qué dirás cuando él
ponga como cabeza sobre ti a aquellos a quienes tú
enseñaste a ser tus amigos? ¿No te darán dolores como de
mujer que está de parto? 22 Si
dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto?
Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus
faldas, fueron desnudados tus calcañares.
23 ¿Mudará el etíope su piel, y el
leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros
hacer bien, estando habituados a hacer mal?
24 Por tanto, yo los
esparciré al viento del desierto, como tamo que pasa.
25 Esta es tu suerte,
la porción que yo he medido para ti, dice Jehová, porque
te olvidaste de mí y confiaste en la mentira.
26 Yo, pues, descubriré
también tus faldas delante de tu rostro, y se
manifestará tu ignominia, 27 tus
adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación
sobre los collados; en el campo vi tus abominaciones.
¡Ay de ti, Jerusalén! ¿No serás al fin limpia? ¿Cuánto
tardarás tú en purificarte?
14
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, con motivo de la sequía.
2 Se enlutó Judá, y sus puertas se
despoblaron; se sentaron tristes en tierra, y subió el
clamor de Jerusalén. 3 Los
nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las
lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas
vacías; se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron
sus cabezas. 4 Porque
se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el
país, están confusos los labradores, cubrieron sus
cabezas. 5 Aun las
ciervas en los campos parían y dejaban la cría, porque
no había hierba. 6 Y
los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban
el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no
había hierba.
7 Aunque
nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh
Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras
rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado.
8 Oh esperanza de
Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción,
¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y
como caminante que se retira para pasar la noche?
9 ¿Por qué eres como
hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin
embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre
nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.
10 Así
ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en
vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová
no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y
castigará sus pecados.
11 Me
dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien.
12 Cuando ayunen, yo no
oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda
no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con
hambre y con pestilencia.
13 Y
yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí que los
profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre
entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz
verdadera. 14 Me dijo
entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en
mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé;
visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su
corazón os profetizan. 15 Por
tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas que
profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que
dicen: Ni espada ni hambre habrá en esta tierra; con
espada y con hambre serán consumidos esos profetas.
16 Y el pueblo a quien
profetizan será echado en las calles de Jerusalén por
hambre y por espada, y no habrá quien los entierre a
ellos, a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas; y sobre
ellos derramaré su maldad.
17 Les
dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas
noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento
es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy
dolorosa. 18 Si salgo
al campo, he aquí muertos a espada; y si entro en la
ciudad, he aquí enfermos de hambre; porque tanto el
profeta como el sacerdote anduvieron vagando en la
tierra, y no entendieron.
19 ¿Has
desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido tu alma a
Sion? ¿Por qué nos hiciste herir sin que haya remedio?
Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de curación, y he
aquí turbación. 20 Reconocemos,
oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros
padres; porque contra ti hemos pecado.
21 Por amor de tu nombre no nos
deseches, ni deshonres tu glorioso trono; acuérdate, no
invalides tu pacto con nosotros. 22 ¿Hay
entre los ídolos de las naciones quien haga llover? ¿y
darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Jehová, nuestro
Dios? En ti, pues, esperamos, pues tú hiciste todas
estas cosas.
15
1 Me dijo Jehová: Si
Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, no estaría mi
voluntad con este pueblo; échalos de mi presencia, y
salgan. 2 Y si te
preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho
Jehová: El que a muerte, a muerte; el que a espada, a
espada; el que a hambre, a hambre; y el que a
cautiverio, a cautiverio. 3 Y
enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice
Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y
aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y
destruir. 4 Y los
entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a
causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo
que hizo en Jerusalén.
5 Porque
¿quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalén? ¿Quién se
entristecerá por tu causa, o quién vendrá a preguntar
por tu paz? 6 Tú me
dejaste, dice Jehová; te volviste atrás; por tanto, yo
extenderé sobre ti mi mano y te destruiré; estoy cansado
de arrepentirme. 7 Aunque
los aventé con aventador hasta las puertas de la tierra,
y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté, no se
volvieron de sus caminos. 8 Sus
viudas se me multiplicaron más que la arena del mar;
traje contra ellos destruidor a mediodía sobre la madre
y sobre los hijos; hice que de repente cayesen terrores
sobre la ciudad. 9 Languideció
la que dio a luz siete; se llenó de dolor su alma, su
sol se puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena
de confusión; y lo que de ella quede, lo entregaré a la
espada delante de sus enemigos, dice Jehová.
10 ¡Ay
de mí, madre mía, que me engendraste hombre de contienda
y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado
ni tomado en préstamo, y todos me maldicen.
11 ¡Sea así, oh Jehová,
si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante
ti en favor del enemigo en tiempo de aflicción y en
época de angustia! 12 ¿Puede
alguno quebrar el hierro, el hierro del norte y el
bronce?
13 Tus
riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin ningún
precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio.
14 Y te haré servir a
tus enemigos en tierra que no conoces; porque fuego se
ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros.
15 Tú lo sabes, oh
Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis
enemigos. No me reproches en la prolongación de tu
enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta.
16 Fueron halladas tus
palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y
por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó
sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.
17 No me senté en
compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu
profecía; me senté solo, porque me llenaste de
indignación. 18 ¿Por
qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no
admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria,
como aguas que no son estables?
19 Por
tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te
restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares
lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse
ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
20 Y te pondré en este
pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra
ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para
guardarte y para defenderte, dice Jehová.
21 Y te libraré de la mano de los
malos, y te redimiré de la mano de los fuertes.
16
1 Vino a mí palabra de
Jehová, diciendo: 2 No
tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este
lugar. 3 Porque así ha
dicho Jehová acerca de los hijos y de las hijas que
nazcan en este lugar, de sus madres que los den a luz y
de los padres que los engendren en esta tierra:
4 De dolorosas
enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados;
serán como estiércol sobre la faz de la tierra; con
espada y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos
servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias
de la tierra.
5 Porque
así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto, ni vayas
a lamentar, ni los consueles; porque yo he quitado mi
paz de este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y mis
piedades. 6 Morirán en
esta tierra grandes y pequeños; no se enterrarán, ni los
plañirán, ni se rasgarán ni se raerán los cabellos por
ellos; 7 ni partirán
pan por ellos en el luto para consolarlos de sus
muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones por
su padre o por su madre. 8 Asimismo
no entres en casa de banquete, para sentarte con ellos a
comer o a beber. 9 Porque
así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He
aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de
vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y
toda voz de alegría, y toda voz de esposo y toda voz de
esposa.
10 Y
acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas estas
cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová contra
nosotros todo este mal tan grande? ¿Qué maldad es la
nuestra, o qué pecado es el nuestro, que hemos cometido
contra Jehová nuestro Dios? 11 Entonces
les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice
Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los
sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí
y no guardaron mi ley; 12 y
vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque
he aquí que vosotros camináis cada uno tras la
imaginación de su malvado corazón, no oyéndome a mí.
13 Por tanto, yo os
arrojaré de esta tierra a una tierra que ni vosotros ni
vuestros padres habéis conocido, y allá serviréis a
dioses ajenos de día y de noche; porque no os mostraré
clemencia.
14 No
obstante, he aquí vienen días, dice Jehová, en que no se
dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de
Israel de tierra de Egipto; 15 sino:
Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la
tierra del norte, y de todas las tierras adonde los
había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a
sus padres.
16 He
aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los
pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los
cazarán por todo monte y por todo collado, y por las
cavernas de los peñascos. 17 Porque
mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se
me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de
mis ojos. 18 Pero
primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque
contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus ídolos,
y de sus abominaciones llenaron mi heredad.
19 Oh
Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el
tiempo de la aflicción, a ti vendrán naciones desde los
extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira
poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos
provecho. 20 ¿Hará
acaso el hombre dioses para sí? Mas ellos no son dioses.
21 Por
tanto, he aquí les enseñaré esta vez, les haré conocer
mi mano y mi poder, y sabrán que mi nombre es Jehová.
17
1 El pecado de Judá
escrito está con cincel de hierro y con punta de
diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en
los cuernos de sus altares, 2 mientras
sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus imágenes
de Asera, que están junto a los árboles frondosos y en
los collados altos, 3 sobre
las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros
entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos
en todo tu territorio. 4 Y
perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus
enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis
encendido en mi furor, que para siempre arderá.
5 Así
ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el
hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se
aparta de Jehová. 6 Será
como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el
bien, sino que morará en los sequedales en el desierto,
en tierra despoblada y deshabitada.
7 Bendito
el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es
Jehová. 8 Porque será
como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la
corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el
calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de
sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.
9 Engañoso
es el corazón más que todas las cosas, y perverso;
¿quién lo conocerá? 10 Yo
Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón,
para dar a cada uno según su camino, según el fruto de
sus obras.
11 Como
la perdiz que cubre lo que no puso, es el que
injustamente amontona riquezas; en la mitad de sus días
las dejará, y en su postrimería será insensato.
12 Trono
de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de
nuestro santuario. 13 ¡Oh
Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan
serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán
escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial
de aguas vivas.
14 Sáname,
oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú
eres mi alabanza. 15 He
aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de
Jehová? ¡Que se cumpla ahora! 16 Mas
yo no he ido en pos de ti para incitarte a su castigo,
ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi
boca ha salido, fue en tu presencia.
17 No me seas tú por espanto, pues mi
refugio eres tú en el día malo. 18 Avergüéncense
los que me persiguen, y no me avergüence yo; asómbrense
ellos, y yo no me asombre; trae sobre ellos día malo, y
quebrántalos con doble quebrantamiento.
19 Así me ha dicho
Jehová: Ve y ponte a la puerta de los hijos del pueblo,
por la cual entran y salen los reyes de Judá, y ponte en
todas las puertas de Jerusalén, 20 y
diles: Oíd la palabra de Jehová, reyes de Judá, y todo
Judá y todos los moradores de Jerusalén que entráis por
estas puertas. 21 Así
ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra vida de llevar
carga en el día de reposo, y de meterla por las puertas
de Jerusalén. 22 Ni
saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo, ni
hagáis trabajo alguno, sino santificad el día de reposo,
como mandé a vuestros padres. 23 Pero
ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino
endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir
corrección.
24 No
obstante, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no
metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día
de reposo, sino que santificareis el día de reposo, no
haciendo en él ningún trabajo, 25 entrarán
por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos,
los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono
de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá y
los moradores de Jerusalén; y esta ciudad será habitada
para siempre. 26 Y
vendrán de las ciudades de Judá, de los alrededores de
Jerusalén, de tierra de Benjamín, de la Sefela, de los
montes y del Neguev, trayendo holocausto y sacrificio, y
ofrenda e incienso, y trayendo sacrificio de alabanza a
la casa de Jehová. 27 Pero
si no me oyereis para santificar el día de reposo, y
para no traer carga ni meterla por las puertas de
Jerusalén en día de reposo, yo haré descender fuego en
sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén, y no
se apagará.
18
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, diciendo: 2 Levántate
y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis
palabras. 3 Y descendí
a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la
rueda. 4 Y la vasija de
barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió
y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
5 Entonces
vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
6 ¿No podré yo hacer de vosotros como
este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí
que como el barro en la mano del alfarero, así sois
vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
7 En un instante hablaré contra
pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y
destruir. 8 Pero si
esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual
hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado
hacerles, 9 y en un
instante hablaré de la gente y del reino, para edificar
y para plantar. 10 Pero
si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi
voz, me arrepentiré del bien que había determinado
hacerle.
11 Ahora,
pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los
moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová:
He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo
contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de
su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras.
12 Y dijeron: Es en
vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos
cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón.
13 Por
tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las naciones,
quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha hecho la
virgen de Israel. 14 ¿Faltará
la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿Faltarán
las aguas frías que corren de lejanas tierras?
15 Porque mi pueblo me
ha olvidado, incensando a lo que es vanidad, y ha
tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para
que camine por sendas y no por camino transitado,
16 para poner su tierra
en desolación, objeto de burla perpetua; todo aquel que
pasare por ella se asombrará, y meneará la cabeza.
17 Como viento solano
los esparciré delante del enemigo; les mostraré las
espaldas y no el rostro, en el día de su perdición.
18 Y dijeron: Venid y
maquinemos contra Jeremías; porque la ley no faltará al
sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al
profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no atendamos a
ninguna de sus palabras.
19 Oh
Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden
conmigo. 20 ¿Se da mal
por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma?
Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por
ellos, para apartar de ellos tu ira.
21 Por tanto, entrega sus hijos a
hambre, dispérsalos por medio de la espada, y queden sus
mujeres sin hijos, y viudas; y sus maridos sean puestos
a muerte, y sus jóvenes heridos a espada en la guerra.
22 Oigase clamor de sus
casas, cuando traigas sobre ellos ejército de repente;
porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han
escondido lazos. 23 Pero
tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra mí para
muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de
delante de tu rostro; y tropiecen delante de ti; haz así
con ellos en el tiempo de tu enojo.
19
1 Así dijo Jehová: Ve y
compra una vasija de barro del alfarero, y lleva contigo
de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los
sacerdotes; 2 y saldrás
al valle del hijo de Hinom, que está a la entrada de la
puerta oriental, y proclamarás allí las palabras que yo
te hablaré. 3 Dirás,
pues: Oíd palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y
moradores de Jerusalén. Así dice Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal
sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le
retiñan los oídos. 4 Porque
me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él
incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido
ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron
este lugar de sangre de inocentes. 5 Y
edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a
sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les
mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.
6 Por tanto, he aquí
vienen días, dice Jehová, que este lugar no se llamará
más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la
Matanza. 7 Y
desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalén en este
lugar, y les haré caer a espada delante de sus enemigos,
y en las manos de los que buscan sus vidas; y daré sus
cuerpos para comida a las aves del cielo y a las bestias
de la tierra. 8 Pondré
a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel que pasare
por ella se asombrará, y se burlará sobre toda su
destrucción. 9 Y les
haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus
hijas, y cada uno comerá la carne de su amigo, en el
asedio y en el apuro con que los estrecharán sus
enemigos y los que buscan sus vidas.
10 Entonces
quebrarás la vasija ante los ojos de los varones que van
contigo, 11 y les
dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Así
quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien
quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar
más; y en Tofet se enterrarán, porque no habrá otro
lugar para enterrar. 12 Así
haré a este lugar, dice Jehová, y a sus moradores,
poniendo esta ciudad como Tofet. 13 Las
casas de Jerusalén, y las casas de los reyes de Judá,
serán como el lugar de Tofet, inmundas, por todas las
casas sobre cuyos tejados ofrecieron incienso a todo el
ejército del cielo, y vertieron libaciones a dioses
ajenos.
14 Y
volvió Jeremías de Tofet, adonde le envió Jehová a
profetizar, y se paró en el atrio de la casa de Jehová y
dijo a todo el pueblo: 15 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He
aquí, yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus
villas todo el mal que hablé contra ella; porque han
endurecido su cerviz para no oír mis palabras.
20
1 El sacerdote Pasur
hijo de Imer, que presidía como príncipe en la casa de
Jehová, oyó a Jeremías que profetizaba estas palabras.
2 Y azotó Pasur al
profeta Jeremías, y lo puso en el cepo que estaba en la
puerta superior de Benjamín, la cual conducía a la casa
de Jehová. 3 Y el día
siguiente Pasur sacó a Jeremías del cepo. Le dijo
entonces Jeremías: Jehová no ha llamado tu nombre Pasur,
sino Magor-misabib. 4 Porque
así ha dicho Jehová: He aquí, haré que seas un terror a
ti mismo y a todos los que bien te quieren, y caerán por
la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán; y a todo
Judá entregaré en manos del rey de Babilonia, y los
llevará cautivos a Babilonia, y los matará a espada.
5 Entregaré asimismo
toda la riqueza de esta ciudad, todo su trabajo y todas
sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de los
reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán,
y los tomarán y los llevarán a Babilonia.
6 Y tú, Pasur, y todos los moradores
de tu casa iréis cautivos; entrarás en Babilonia, y allí
morirás, y allí serás enterrado tú, y todos los que bien
te quieren, a los cuales has profetizado con mentira.
7 Me sedujiste, oh
Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me
venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se
burla de mí. 8 Porque
cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y
destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para
afrenta y escarnio cada día. 9 Y
dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su
nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego
ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no
pude. 10 Porque oí la
murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad,
denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría.
Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y
tomaremos de él nuestra venganza. 11 Mas
Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto,
los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán;
serán avergonzados en gran manera, porque no
prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será
olvidada. 12 Oh Jehová
de los ejércitos, que pruebas a los justos, que ves los
pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de ellos;
porque a ti he encomendado mi causa.
13 Cantad
a Jehová, load a Jehová; porque ha librado el alma del
pobre de mano de los malignos.
14 Maldito
el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz
no sea bendito. 15 Maldito
el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo
varón te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho.
16 Y sea el tal hombre
como las ciudades que asoló Jehová, y no se arrepintió;
oiga gritos de mañana, y voces a mediodía,
17 porque no me mató en
el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su
vientre embarazado para siempre. 18 ¿Para
qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que
mis días se gastasen en afrenta?
21
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, cuando el rey Sedequías envió a él a
Pasur hijo de Malquías y al sacerdote Sofonías hijo de
Maasías, para que le dijesen: 2 Consulta
ahora acerca de nosotros a Jehová, porque Nabucodonosor
rey de Babilonia hace guerra contra nosotros; quizá
Jehová hará con nosotros según todas sus maravillas, y
aquél se irá de sobre nosotros.
3 Y
Jeremías les dijo: Diréis así a Sedequías:
4 Así ha dicho Jehová
Dios de Israel: He aquí yo vuelvo atrás las armas de
guerra que están en vuestras manos, con que vosotros
peleáis contra el rey de Babilonia; y a los caldeos que
están fuera de la muralla y os tienen sitiados, yo los
reuniré en medio de esta ciudad. 5 Pelearé
contra vosotros con mano alzada y con brazo fuerte, con
furor y enojo e ira grande. 6 Y
heriré a los moradores de esta ciudad, y los hombres y
las bestias morirán de pestilencia grande.
7 Después, dice Jehová,
entregaré a Sedequías rey de Judá, a sus criados, al
pueblo y a los que queden de la pestilencia, de la
espada y del hambre en la ciudad, en mano de
Nabucodonosor rey de Babilonia, en mano de sus enemigos
y de los que buscan sus vidas, y él los herirá a filo de
espada; no los perdonará, ni tendrá compasión de ellos,
ni tendrá de ellos misericordia.
8 Y
a este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí pongo
delante de vosotros camino de vida y camino de muerte.
9 El que quedare en
esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia;
mas el que saliere y se pasare a los caldeos que os
tienen sitiados, vivirá, y su vida le será por despojo.
10 Porque mi rostro he
puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice
Jehová; en mano del rey de Babilonia será entregada, y
la quemará a fuego.
11 Y
a la casa del rey de Judá dirás: Oíd palabra de Jehová:
12 Casa de David, así
dijo Jehová: Haced de mañana juicio, y librad al
oprimido de mano del opresor, para que mi ira no salga
como fuego, y se encienda y no haya quien lo apague, por
la maldad de vuestras obras.
13 He
aquí yo estoy contra ti, moradora del valle, y de la
piedra de la llanura, dice Jehová; los que decís: ¿Quién
subirá contra nosotros, y quién entrará en nuestras
moradas? 14 Yo os
castigaré conforme al fruto de vuestras obras, dice
Jehová, y haré encender fuego en su bosque, y consumirá
todo lo que está alrededor de él.
22
1 Así dijo Jehová:
Desciende a la casa del rey de Judá, y habla allí esta
palabra, 2 y di: Oye
palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás sentado
sobre el trono de David, tú, y tus siervos, y tu pueblo
que entra por estas puertas. 3 Así
ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al
oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al
extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis
sangre inocente en este lugar. 4 Porque
si efectivamente obedeciereis esta palabra, los reyes
que en lugar de David se sientan sobre su trono,
entrarán montados en carros y en caballos por las
puertas de esta casa; ellos, y sus criados y su pueblo.
5 Mas si no oyereis
estas palabras, por mí mismo he jurado, dice Jehová, que
esta casa será desierta.
6 Porque
así ha dicho Jehová acerca de la casa del rey de Judá:
Como Galaad eres tú para mí, y como la cima del Líbano;
sin embargo, te convertiré en soledad, y como ciudades
deshabitadas. 7 Prepararé
contra ti destruidores, cada uno con sus armas, y
cortarán tus cedros escogidos y los echarán en el fuego.
8 Y
muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán cada
uno a su compañero: ¿Por qué hizo así Jehová con esta
gran ciudad? 9 Y se les
responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová su Dios, y
adoraron dioses ajenos y les sirvieron.
10 No
lloréis al muerto, ni de él os condoláis; llorad
amargamente por el que se va, porque no volverá jamás,
ni verá la tierra donde nació.
11 Porque
así ha dicho Jehová acerca de Salum hijo de Josías, rey
de Judá, el cual reinó en lugar de Josías su padre, y
que salió de este lugar: No volverá más aquí,
12 sino que morirá en
el lugar adonde lo llevaron cautivo, y no verá más esta
tierra.
13 ¡Ay
del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin
equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no
dándole el salario de su trabajo! 14 Que
dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas airosas;
y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de
bermellón. 15 ¿Reinarás,
porque te rodeas de cedro? ¿No comió y bebió tu padre, e
hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien?
16 El juzgó la causa
del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien.
¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová.
17 Mas tus ojos y tu corazón no son
sino para tu avaricia, y para derramar sangre inocente,
y para opresión y para hacer agravio.
18 Por tanto, así ha dicho Jehová
acerca de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo
llorarán, diciendo: ¡Ay, hermano mío! y ¡Ay, hermana! ni
lo lamentarán, diciendo: ¡Ay, señor! ¡Ay, su grandeza!
19 En sepultura de asno
será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las
puertas de Jerusalén. 20 Sube
al Líbano y clama, y en Basán da tu voz, y grita hacia
todas partes; porque todos tus enamorados son
destruidos. 21 Te he
hablado en tus prosperidades, mas dijiste: No oiré. Este
fue tu camino desde tu juventud, que nunca oíste mi voz.
22 A todos tus pastores
pastoreará el viento, y tus enamorados irán en
cautiverio; entonces te avergonzarás y te confundirás a
causa de toda tu maldad. 23 Habitaste
en el Líbano, hiciste tu nido en los cedros. ¡Cómo
gemirás cuando te vinieren dolores, dolor como de mujer
que está de parto!
24 Vivo
yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacim rey de
Judá fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te
arrancaría. 25 Te
entregaré en mano de los que buscan tu vida, y en mano
de aquellos cuya vista temes; sí, en mano de
Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de los
caldeos. 26 Te haré
llevar cautivo a ti y a tu madre que te dio a luz, a
tierra ajena en que no nacisteis; y allá moriréis.
27 Y a la tierra a la
cual ellos con toda el alma anhelan volver, allá no
volverán.
28 ¿Es
este hombre Conías una vasija despreciada y quebrada?
¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron
arrojados él y su generación, y echados a tierra que no
habían conocido? 29 ¡Tierra,
tierra, tierra! oye palabra de Jehová.
30 Así ha dicho Jehová: Escribid lo
que sucederá a este hombre privado de descendencia,
hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días
de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará
sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.
23
1 ¡Ay de los pastores
que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice
Jehová. 2 Por tanto,
así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que
apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas,
y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que
yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová.
3 Y yo mismo recogeré
el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde
las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y
se multiplicarán. 4 Y
pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no
temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas,
dice Jehová.
5 He
aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a
David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será
dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.
6 En sus días será
salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su
nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia
nuestra.
7 Por
tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no
dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de
Israel de la tierra de Egipto, 8 sino:
Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la
casa de Israel de tierra del norte, y de todas las
tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su
tierra.
9 A causa de los
profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos
mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre
a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de
sus santas palabras. 10 Porque
la tierra está llena de adúlteros; a causa de la
maldición la tierra está desierta; los pastizales del
desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su
valentía no es recta. 11 Porque
tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi
casa hallé su maldad, dice Jehová.
12 Por tanto, su camino será como
resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en
él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su
castigo, dice Jehová. 13 En
los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban
en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de
Israel. 14 Y en los
profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían
adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las
manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de
su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus
moradores como Gomorra. 15 Por
tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra
aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer
ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los
profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la
tierra.
16 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las
palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan
con vanas esperanzas; hablan visión de su propio
corazón, no de la boca de Jehová. 17 Dicen
atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz
tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de
su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros.
18 Porque
¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su
palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?
19 He aquí que la
tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que
está preparada caerá sobre la cabeza de los malos.
20 No se apartará el
furor de Jehová hasta que lo haya hecho, y hasta que
haya cumplido los pensamientos de su corazón; en los
postreros días lo entenderéis cumplidamente.
21 No
envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no
les hablé, mas ellos profetizaban.
22 Pero si ellos hubieran estado en mi
secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y
lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad
de sus obras.
23 ¿Soy
yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde
muy lejos? 24 ¿Se
ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no
lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
25 Yo he oído lo que
aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi
nombre, diciendo: Soñé, soñé. 26 ¿Hasta
cuándo estará esto en el corazón de los profetas que
profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su
corazón? 27 ¿No piensan
cómo hacen que mi pueblo se olvide de mi nombre con sus
sueños que cada uno cuenta a su compañero, al modo que
sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?
28 El profeta que
tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere
mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que
ver la paja con el trigo? dice Jehová.
29 ¿No es mi palabra como fuego, dice
Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?
30 Por tanto, he aquí
que yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que
hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.
31 Dice Jehová: He aquí
que yo estoy contra los profetas que endulzan sus
lenguas y dicen: El ha dicho. 32
He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan
sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi
pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los
envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este
pueblo, dice Jehová.
33 Y
cuando te preguntare este pueblo, o el profeta, o el
sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la profecía de Jehová? les
dirás: Esta es la profecía: Os dejaré, ha dicho Jehová.
34 Y al profeta, al
sacerdote o al pueblo que dijere: Profecía de Jehová, yo
enviaré castigo sobre tal hombre y sobre su casa.
35 Así diréis cada cual
a su compañero, y cada cual a su hermano: ¿Qué ha
respondido Jehová, y qué habló Jehová?
36 Y nunca más os vendrá a la memoria
decir: Profecía de Jehová; porque la palabra de cada uno
le será por profecía; pues pervertisteis las palabras
del Dios viviente, de Jehová de los ejércitos, Dios
nuestro. 37 Así dirás
al profeta: ¿Qué te respondió Jehová, y qué habló
Jehová? 38 Mas si
dijereis: Profecía de Jehová; por eso Jehová dice así:
Porque dijisteis esta palabra, Profecía de Jehová,
habiendo yo enviado a deciros: No digáis: Profecía de
Jehová, 39 por tanto,
he aquí que yo os echaré en olvido, y arrancaré de mi
presencia a vosotros y a la ciudad que di a vosotros y a
vuestros padres; 40 y
pondré sobre vosotros afrenta perpetua, y eterna
confusión que nunca borrará el olvido.
24
1 Después de haber
transportado Nabucodonosor rey de Babilonia a Jeconías
hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y
los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos
llevado a Babilonia, me mostró Jehová dos cestas de
higos puestas delante del templo de Jehová.
2 Una cesta tenía higos
muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy
malos, que de malos no se podían comer.
3 Y me dijo Jehová: ¿Qué ves tú,
Jeremías? Y dije: Higos; higos buenos, muy buenos; y
malos, muy malos, que de malos no se pueden comer.
4 Y
vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
5 Así ha dicho Jehová Dios de Israel:
Como a estos higos buenos, así miraré a los
transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a
la tierra de los caldeos, para bien.
6 Porque pondré mis ojos sobre ellos
para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré,
y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré.
7 Y les daré corazón
para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por
pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se
volverán a mí de todo su corazón.
8 Y
como los higos malos, que de malos no se pueden comer,
así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías rey de Judá, a
sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta
tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto.
9 Y los daré por
escarnio y por mal a todos los reinos de la tierra; por
infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a todos
los lugares adonde yo los arroje. 10 Y
enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia, hasta
que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y
a sus padres.
25
1 Palabra que vino a
Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año
cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual
era el año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia;
2 la cual habló el
profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los
moradores de Jerusalén, diciendo: 3 Desde
el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta
este día, que son vientitrés años, ha venido a mí
palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin
cesar; pero no oísteis. 4 Y
envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas,
enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis,
ni inclinasteis vuestro oído para escuchar
5 cuando decían:
Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de
vuestras obras, y moraréis en la tierra que os dio
Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre;
6 y no vayáis en pos de
dioses ajenos, sirviéndoles y adorándoles, ni me
provoquéis a ira con la obra de vuestras manos; y no os
haré mal. 7 Pero no me
habéis oído, dice Jehová, para provocarme a ira con la
obra de vuestras manos para mal vuestro.
8 Por
tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto
no habéis oído mis palabras, 9 he
aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice
Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y
los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y
contra todas estas naciones en derredor; y los
destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en
desolación perpetua. 10 Y
haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la
voz de alegría, la voz de desposado y la voz de
desposada, ruido de molino y luz de lámpara.
11 Toda esta tierra
será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas
naciones al rey de Babilonia setenta años.
12 Y cuando sean
cumplidos los setenta años, castigaré al rey de
Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho
Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en
desiertos para siempre. 13 Y
traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he
hablado contra ella, con todo lo que está escrito en
este libro, profetizado por Jeremías contra todas las
naciones. 14 Porque
también ellas serán sojuzgadas por muchas naciones y
grandes reyes; y yo les pagaré conforme a sus hechos, y
conforme a la obra de sus manos.
15 Porque así me dijo
Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino
de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a
las cuales yo te envío. 16 Y
beberán, y temblarán y enloquecerán, a causa de la
espada que yo envío entre ellas.
17 Y
tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a todas
las naciones, a las cuales me envió Jehová:
18 a Jerusalén, a las
ciudades de Judá y a sus reyes, y a sus príncipes, para
ponerlos en ruinas, en escarnio y en burla y en
maldición, como hasta hoy; 19 a
Faraón rey de Egipto, a sus siervos, a sus príncipes y a
todo su pueblo; 20 y a
toda la mezcla de naciones, a todos los reyes de tierra
de Uz, y a todos los reyes de la tierra de Filistea, a
Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al remanente de Asdod;
21 a Edom, a Moab y a
los hijos de Amón; 22 a
todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón, a
los reyes de las costas que están de ese lado del mar;
23 a Dedán, a Tema y a
Buz, y a todos los que se rapan las sienes;
24 a todos los reyes de
Arabia, a todos los reyes de pueblos mezclados que
habitan en el desierto; 25 a
todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam, a
todos los reyes de Media; 26 a
todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos,
los unos con los otros, y a todos los reinos del mundo
que están sobre la faz de la tierra; y el rey de
Babilonia beberá después de ellos.
27 Les
dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no
os levantéis, a causa de la espada que yo envío entre
vosotros. 28 Y si no
quieren tomar la copa de tu mano para beber, les dirás
tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que
beber. 29 Porque he
aquí que a la ciudad en la cual es invocado mi nombre yo
comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No
seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los
moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos.
30 Tú,
pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras y
les dirás: Jehová rugirá desde lo alto, y desde su
morada santa dará su voz; rugirá fuertemente contra su
morada; canción de lagareros cantará contra todos los
moradores de la tierra. 31 Llegará
el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehová
tiene juicio contra las naciones; él es el Juez de toda
carne; entregará los impíos a espada, dice Jehová.
32 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que el mal irá
de nación en nación, y grande tempestad se levantará de
los fines de la tierra. 33 Y
yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un
extremo de la tierra hasta el otro; no se endecharán ni
se recogerán ni serán enterrados; como estiércol
quedarán sobre la faz de la tierra.
34 Aullad, pastores, y clamad; revolcaos en
el polvo, mayorales del rebaño; porque cumplidos son
vuestros días para que seáis degollados y esparcidos, y
caeréis como vaso precioso. 35 Y
se acabará la huida de los pastores, y el escape de los
mayorales del rebaño. 36 ¡Voz
de la gritería de los pastores, y aullido de los
mayorales del rebaño! porque Jehová asoló sus pastos.
37 Y los pastos
delicados serán destruidos por el ardor de la ira de
Jehová. 38 Dejó cual
leoncillo su guarida; pues asolada fue la tierra de
ellos por la ira del opresor, y por el furor de su saña.
26
1 En el principio del
reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino esta
palabra de Jehová, diciendo: 2 Así
ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová,
y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen para
adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo
te mandé hablarles; no retengas palabra.
3 Quizá oigan, y se vuelvan cada uno
de su mal camino, y me arrepentiré yo del mal que pienso
hacerles por la maldad de sus obras.
4 Les dirás, pues: Así ha dicho
Jehová: Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual
puse ante vosotros, 5 para
atender a las palabras de mis siervos los profetas, que
yo os envío desde temprano y sin cesar, a los cuales no
habéis oído, 6 yo
pondré esta casa como Silo, y esta ciudad la pondré por
maldición a todas las naciones de la tierra.
7 Y
los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a
Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová.
8 Y cuando terminó de
hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que
hablase a todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas
y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: De cierto
morirás. 9 ¿Por qué has
profetizado en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa
será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no
quedar morador? Y todo el pueblo se juntó contra
Jeremías en la casa de Jehová.
10 Y
los príncipes de Judá oyeron estas cosas, y subieron de
la casa del rey a la casa de Jehová, y se sentaron en la
entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová.
11 Entonces hablaron
los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo
el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este
hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como
vosotros habéis oído con vuestros oídos.
12 Y habló Jeremías a todos los
príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió
a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad,
todas las palabras que habéis oído.
13 Mejorad ahora vuestros caminos y
vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y
se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra
vosotros. 14 En lo que
a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí
como mejor y más recto os parezca.
15 Mas sabed de cierto que si me matáis,
sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta
ciudad y sobre sus moradores; porque en verdad Jehová me
envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en
vuestros oídos.
16 Y
dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes
y profetas: No ha incurrido este hombre en pena de
muerte, porque en nombre de Jehová nuestro Dios nos ha
hablado. 17 Entonces se
levantaron algunos de los ancianos de la tierra y
hablaron a toda la reunión del pueblo, diciendo:
18 Miqueas de Moreset
profetizó en tiempo de Ezequías rey de Judá, y habló a
todo el pueblo de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de
los ejércitos: Sion será arada como campo, y Jerusalén
vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa
como cumbres de bosque. 19 ¿Acaso
lo mataron Ezequías rey de Judá y todo Judá? ¿No temió a
Jehová, y oró en presencia de Jehová, y Jehová se
arrepintió del mal que había hablado contra ellos?
¿Haremos, pues, nosotros tan gran mal contra nuestras
almas?
20 Hubo
también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová,
Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, el cual
profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra,
conforme a todas las palabras de Jeremías;
21 y oyeron sus
palabras el rey Joacim y todos sus grandes, y todos sus
príncipes, y el rey procuró matarle; entendiendo lo cual
Urías, tuvo temor, y huyó a Egipto.
22 Y el rey Joacim envió hombres a Egipto,
a Elnatán hijo de Acbor y otros hombres con él, a
Egipto; 23 los cuales
sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joacim,
el cual lo mató a espada, y echó su cuerpo en los
sepulcros del vulgo.
24 Pero
la mano de Ahicam hijo de Safán estaba a favor de
Jeremías, para que no lo entregasen en las manos del
pueblo para matarlo.
27
1 En el principio del
reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino esta
palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
2 Jehová me ha dicho así: Hazte
coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello;
3 y los enviarás al rey
de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de
Amón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de
los mensajeros que vienen a Jerusalén a Sedequías rey de
Judá. 4 Y les mandarás
que digan a sus señores: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel: Así habéis de decir a
vuestros señores: 5 Yo
hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre
la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo
extendido, y la di a quien yo quise.
6 Y ahora yo he puesto todas estas
tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi
siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que
le sirvan. 7 Y todas
las naciones le servirán a él, a su hijo, y al hijo de
su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma
tierra, y la reduzcan a servidumbre muchas naciones y
grandes reyes.
8 Y
a la nación y al reino que no sirviere a Nabucodonosor
rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del
yugo del rey de Babilonia, castigaré a tal nación con
espada y con hambre y con pestilencia, dice Jehová,
hasta que la acabe yo por su mano. 9 Y
vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a
vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores, ni a
vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os
hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia.
10 Porque ellos os
profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra
tierra, y para que yo os arroje y perezcáis.
11 Mas a la nación que
sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia y le
sirviere, la dejaré en su tierra, dice Jehová, y la
labrará y morará en ella.
12 Hablé
también a Sedequías rey de Judá conforme a todas estas
palabras, diciendo: Someted vuestros cuellos al yugo del
rey de Babilonia, y servidle a él y a su pueblo, y
vivid. 13 ¿Por qué
moriréis tú y tu pueblo a espada, de hambre y de
pestilencia, según ha dicho Jehová de la nación que no
sirviere al rey de Babilonia? 14 No
oigáis las palabras de los profetas que os hablan
diciendo: No serviréis al rey de Babilonia; porque os
profetizan mentira. 15 Porque
yo no los envié, dice Jehová, y ellos profetizan
falsamente en mi nombre, para que yo os arroje y
perezcáis vosotros y los profetas que os profetizan.
16 También
a los sacerdotes y a todo este pueblo hablé diciendo:
Así ha dicho Jehová: No oigáis las palabras de vuestros
profetas que os profetizan diciendo: He aquí que los
utensilios de la casa de Jehová volverán de Babilonia
ahora pronto; porque os profetizan mentira.
17 No los oigáis;
servid al rey de Babilonia y vivid; ¿por qué ha de ser
desolada esta ciudad? 18 Y
si ellos son profetas, y si está con ellos la palabra de
Jehová, oren ahora a Jehová de los ejércitos para que
los utensilios que han quedado en la casa de Jehová y en
la casa del rey de Judá y en Jerusalén, no vayan a
Babilonia. 19 Porque
así ha dicho Jehová de los ejércitos acerca de aquellas
columnas, del estanque, de las basas y del resto de los
utensilios que quedan en esta ciudad,
20 que no quitó Nabucodonosor rey de
Babilonia cuando transportó de Jerusalén a Babilonia a
Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los
nobles de Judá y de Jerusalén; 21 así,
pues, ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel,
acerca de los utensilios que quedaron en la casa de
Jehová, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalén:
22 A Babilonia serán
transportados, y allí estarán hasta el día en que yo los
visite, dice Jehová; y después los traeré y los
restauraré a este lugar.
28
1 Aconteció en el mismo
año, en el principio del reinado de Sedequías rey de
Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Hananías
hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la
casa de Jehová delante de los sacerdotes y de todo el
pueblo, diciendo: 2 Así
habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo:
Quebranté el yugo del rey de Babilonia.
3 Dentro de dos años haré volver a
este lugar todos los utensilios de la casa de Jehová,
que Nabucodonosor rey de Babilonia tomó de este lugar
para llevarlos a Babilonia, 4 y
yo haré volver a este lugar a Jeconías hijo de Joacim,
rey de Judá, y a todos los transportados de Judá que
entraron en Babilonia, dice Jehová; porque yo
quebrantaré el yugo del rey de Babilonia.
5 Entonces
respondió el profeta Jeremías al profeta Hananías,
delante de los sacerdotes y delante de todo el pueblo
que estaba en la casa de Jehová. 6 Y
dijo el profeta Jeremías: Amén, así lo haga Jehová.
Confirme Jehová tus palabras, con las cuales
profetizaste que los utensilios de la casa de Jehová, y
todos los transportados, han de ser devueltos de
Babilonia a este lugar. 7 Con
todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus
oídos y en los oídos de todo el pueblo:
8 Los profetas que fueron antes de mí
y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron guerra,
aflicción y pestilencia contra muchas tierras y contra
grandes reinos. 9 El
profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la
palabra del profeta, será conocido como el profeta que
Jehová en verdad envió.
10 Entonces
el profeta Hananías quitó el yugo del cuello del profeta
Jeremías, y lo quebró. 11 Y
habló Hananías en presencia de todo el pueblo, diciendo:
Así ha dicho Jehová: De esta manera romperé el yugo de
Nabucodonosor rey de Babilonia, del cuello de todas las
naciones, dentro de dos años. Y siguió Jeremías su
camino. 12 Y después
que el profeta Hananías rompió el yugo del cuello del
profeta Jeremías, vino palabra de Jehová a Jeremías,
diciendo: 13 Ve y habla
a Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yugos de
madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de
hierro. 14 Porque así
ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo
de hierro puse sobre el cuello de todas estas naciones,
para que sirvan a Nabucodonosor rey de Babilonia, y han
de servirle; y aun también le he dado las bestias del
campo. 15 Entonces dijo
el profeta Jeremías al profeta Hananías: Ahora oye,
Hananías: Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en
mentira a este pueblo. 16 Por
tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de
sobre la faz de la tierra; morirás en este año, porque
hablaste rebelión contra Jehová. 17 Y
en el mismo año murió Hananías, en el mes séptimo.
29
1 Estas son las palabras
de la carta que el profeta Jeremías envió de Jerusalén a
los ancianos que habían quedado de los que fueron
transportados, y a los sacerdotes y profetas y a todo el
pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalén a
Babilonia 2 (después
que salió el rey Jeconías, la reina, los del palacio,
los príncipes de Judá y de Jerusalén, los artífices y
los ingenieros de Jerusalén), 3 por
mano de Elasa hijo de Safán y de Gemarías hijo de
Hilcías, a quienes envió Sedequías rey de Judá a
Babilonia, a Nabucodonosor rey de Babilonia. Decía:
4 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la
cautividad que hice transportar de Jerusalén a
Babilonia: 5 Edificad
casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del
fruto de ellos. 6 Casaos,
y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos,
y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e
hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis.
7 Y procurad la paz de
la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por
ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.
8 Porque así ha dicho
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No os engañen
vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros
adivinos; ni atendáis a los sueños que soñáis.
9 Porque falsamente os
profetizan ellos en mi nombre; no los envié, ha dicho
Jehová. 10 Porque así
dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta
años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi
buena palabra, para haceros volver a este lugar.
11 Porque yo sé los
pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová,
pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que
esperáis. 12 Entonces
me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;
13 y me buscaréis y me
hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.
14 Y seré hallado por
vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad,
y os reuniré de todas las naciones y de todos los
lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver
al lugar de donde os hice llevar. 15 Mas
habéis dicho: Jehová nos ha levantado profetas en
Babilonia. 16 Pero así
ha dicho Jehová acerca del rey que está sentado sobre el
trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta
ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con
vosotros en cautiverio; 17 así
ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo
contra ellos espada, hambre y pestilencia, y los pondré
como los higos malos, que de tan malos no se pueden
comer. 18 Los
perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y
los daré por escarnio a todos los reinos de la tierra,
por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta
para todas las naciones entre las cuales los he
arrojado; 19 por cuanto
no oyeron mis palabras, dice Jehová, que les envié por
mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar; y
no habéis escuchado, dice Jehová. 20 Oíd,
pues, palabra de Jehová, vosotros todos los
transportados que envié de Jerusalén a Babilonia.
21 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Acab hijo de
Colaías, y acerca de Sedequías hijo de Maasías, que os
profetizan falsamente en mi nombre: He aquí los entrego
yo en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y él los
matará delante de vuestros ojos. 22 Y
todos los transportados de Judá que están en Babilonia
harán de ellos una maldición, diciendo: Póngate Jehová
como a Sedequías y como a Acab, a quienes asó al fuego
el rey de Babilonia. 23 Porque
hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con
las mujeres de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi
nombre palabra que no les mandé; lo cual yo sé y
testifico, dice Jehová. 24 Y
a Semaías de Nehelam hablarás, diciendo:
25 Así habló Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel, diciendo: Tú enviaste cartas en tu
nombre a todo el pueblo que está en Jerusalén, y al
sacerdote Sofonías hijo de Maasías, y a todos los
sacerdotes, diciendo: 26 Jehová
te ha puesto por sacerdote en lugar del sacerdote
Joiada, para que te encargues en la casa de Jehová de
todo hombre loco que profetice, poniéndolo en el
calabozo y en el cepo. 27 ¿Por
qué, pues, no has reprendido ahora a Jeremías de Anatot,
que os profetiza? 28 Porque
él nos envió a decir en Babilonia: Largo será el
cautiverio; edificad casas, y habitadlas; plantad
huertos, y comed el fruto de ellos.
29 Y el sacerdote Sofonías había leído esta
carta a oídos del profeta Jeremías.
30 Y vino palabra de Jehová a Jeremías,
diciendo: 31 Envía a
decir a todos los cautivos: Así ha dicho Jehová de
Semaías de Nehelam: Porque os profetizó Semaías, y yo no
lo envié, y os hizo confiar en mentira;
32 por tanto, así ha dicho Jehová: He
aquí que yo castigaré a Semaías de Nehelam y a su
descendencia; no tendrá varón que more entre este
pueblo, ni verá el bien que haré yo a mi pueblo, dice
Jehová; porque contra Jehová ha hablado rebelión.
30
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, diciendo: 2 Así
habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un
libro todas las palabras que te he hablado.
3 Porque he aquí que
vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los
cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y
los traeré a la tierra que di a sus padres, y la
disfrutarán.
4 Estas,
pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel
y de Judá. 5 Porque así
ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor; de espanto,
y no de paz. 6 Inquirid
ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que
todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer
que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los
rostros. 7 ¡Ah, cuán
grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a
él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será
librado.
8 En
aquel día, dice Jehová de los ejércitos, yo quebraré su
yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros
no lo volverán más a poner en servidumbre,
9 sino que servirán a
Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les
levantaré.
10 Tú,
pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, ni te
atemorices, Israel; porque he aquí que yo soy el que te
salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de
cautividad; y Jacob volverá, descansará y vivirá
tranquilo, y no habrá quien le espante.
11 Porque yo estoy contigo para
salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones
entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré,
sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te
dejaré sin castigo.
12 Porque
así ha dicho Jehová: Incurable es tu quebrantamiento, y
dolorosa tu llaga. 13 No
hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti
medicamentos eficaces. 14 Todos
tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como
hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel,
a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de
tus pecados. 15 ¿Por
qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es
tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por
tus muchos pecados te he hecho esto.
16 Pero serán consumidos todos los que
te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en
cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a
todos los que hicieron presa de ti daré en presa.
17 Mas yo haré venir
sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová;
porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de
la que nadie se acuerda.
18 Así
ha dicho Jehová: He aquí yo hago volver los cautivos de
las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré
misericordia, y la ciudad será edificada sobre su
colina, y el templo será asentado según su forma.
19 Y saldrá de ellos
acción de gracias, y voz de nación que está en regocijo,
y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los
multiplicaré, y no serán menoscabados.
20 Y serán sus hijos como antes, y su
congregación delante de mí será confirmada; y castigaré
a todos sus opresores. 21 De
ella saldrá su príncipe, y de en medio de ella saldrá su
señoreador; y le haré llegar cerca, y él se acercará a
mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a
mí? dice Jehová. 22 Y
me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios.
23 He
aquí, la tempestad de Jehová sale con furor; la
tempestad que se prepara, sobre la cabeza de los impíos
reposará. 24 No se
calmará el ardor de la ira de Jehová, hasta que haya
hecho y cumplido los pensamientos de su corazón; en el
fin de los días entenderéis esto.
31
1 En aquel tiempo, dice
Jehová, yo seré por Dios a todas las familias de Israel,
y ellas me serán a mí por pueblo.
2 Así
ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada halló
gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de
reposo. 3 Jehová se
manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor
eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi
misericordia. 4 Aún te
edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel;
todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en
alegres danzas. 5 Aún
plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los
que plantan, y disfrutarán de ellas.
6 Porque habrá día en que clamarán los
guardas en el monte de Efraín: Levantaos, y subamos a
Sion, a Jehová nuestro Dios.
7 Porque
así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y
dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír,
alabad, y decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el
remanente de Israel. 8 He
aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los
reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos
y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz
juntamente; en gran compañía volverán acá.
9 Irán con lloro, mas
con misericordia los haré volver, y los haré andar junto
a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no
tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es
mi primogénito.
10 Oíd
palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en las
costas que están lejos, y decid: El que esparció a
Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su
rebaño. 11 Porque
Jehová redimió a Jacob, lo redimió de mano del más
fuerte que él. 12 Y
vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y
correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite,
y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será
como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor.
13 Entonces la virgen
se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos
juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los
consolaré, y los alegraré de su dolor.
14 Y el alma del sacerdote satisfaré
con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien,
dice Jehová.
15 Así
ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro
amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser
consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.
16 Así
ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las
lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo,
dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo.
17 Esperanza hay
también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos
volverán a su propia tierra. 18 Escuchando,
he oído a Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui
castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré
convertido, porque tú eres Jehová mi Dios.
19 Porque después que
me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí
mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí,
porque llevé la afrenta de mi juventud.
20 ¿No es Efraín hijo precioso para
mí? ¿no es niño en quien me deleito? pues desde que
hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por
eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente
tendré de él misericordia, dice Jehová.
21 Establécete
señales, ponte majanos altos, nota atentamente la
calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen
de Israel, vuelve a estas tus ciudades.
22 ¿Hasta cuándo andarás errante, oh
hija contumaz? Porque Jehová creará una cosa nueva sobre
la tierra: la mujer rodeará al varón.
23 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aún
dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus
ciudades, cuando yo haga volver sus cautivos: Jehová te
bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo.
24 Y habitará allí
Judá, y también en todas sus ciudades labradores, y los
que van con rebaño. 25 Porque
satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma
entristecida.
26 En
esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable.
27 He aquí vienen días,
dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa
de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal.
28 Y así como tuve
cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar
y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para
edificar y plantar, dice Jehová. 29 En
aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas
agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera,
30 sino que cada cual
morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre
que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera.
31 He
aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré
nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
32 No como el pacto que
hice con sus padres el día que tomé su mano para
sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos
invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para
ellos, dice Jehová. 33 Pero
este es el pacto que haré con la casa de Israel después
de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente,
y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por
Dios, y ellos me serán por pueblo.
34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo,
ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová;
porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos
hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la
maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
35 Así
ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las
leyes de la luna y de las estrellas para luz de la
noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de
los ejércitos es su nombre: 36 Si
faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también
la descendencia de Israel faltará para no ser nación
delante de mí eternamente.
37 Así
ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y
explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también
yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo
que hicieron, dice Jehová.
38 He
aquí que vienen días, dice Jehová, en que la ciudad será
edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la
puerta del Angulo. 39 Y
saldrá más allá el cordel de la medida delante de él
sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa.
40 Y todo el valle de
los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras
hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta
de los caballos al oriente, será santo a Jehová; no será
arrancada ni destruida más para siempre.
32
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, el año décimo de Sedequías rey de Judá,
que fue el año decimoctavo de Nabucodonosor.
2 Entonces el ejército
del rey de Babilonia tenía sitiada a Jerusalén, y el
profeta Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel
que estaba en la casa del rey de Judá.
3 Porque Sedequías rey de Judá lo
había puesto preso, diciendo: ¿Por qué profetizas tú
diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entrego esta
ciudad en mano del rey de Babilonia, y la tomará;
4 y Sedequías rey de
Judá no escapará de la mano de los caldeos, sino que de
cierto será entregado en mano del rey de Babilonia, y
hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos,
5 y hará llevar a
Sedequías a Babilonia, y allá estará hasta que yo le
visite; y si peleareis contra los caldeos, no os irá
bien, dice Jehová?
6 Dijo
Jeremías: Palabra de Jehová vino a mí, diciendo:
7 He aquí que Hanameel
hijo de Salum tu tío viene a ti, diciendo: Cómprame mi
heredad que está en Anatot; porque tú tienes derecho a
ella para comprarla. 8 Y
vino a mí Hanameel hijo de mi tío, conforme a la palabra
de Jehová, al patio de la cárcel, y me dijo: Compra
ahora mi heredad, que está en Anatot en tierra de
Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia, y a
ti corresponde el rescate; cómprala para ti. Entonces
conocí que era palabra de Jehová.
9 Y
compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual
estaba en Anatot, y le pesé el dinero; diecisiete siclos
de plata. 10 Y escribí
la carta y la sellé, y la hice certificar con testigos,
y pesé el dinero en balanza. 11 Tomé
luego la carta de venta, sellada según el derecho y
costumbre, y la copia abierta. 12 Y
di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, hijo de
Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y
delante de los testigos que habían suscrito la carta de
venta, delante de todos los judíos que estaban en el
patio de la cárcel. 13 Y
di orden a Baruc delante de ellos, diciendo:
14 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel: Toma estas cartas,
esta carta de venta sellada, y esta carta abierta, y
ponlas en una vasija de barro, para que se conserven
muchos días.
15 Porque
así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta
tierra. 16 Y después
que di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, oré a
Jehová, diciendo: 17 ¡Oh
Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la
tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni
hay nada que sea difícil para ti; 18 que
haces misericordia a millares, y castigas la maldad de
los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande,
poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre;
19 grande en consejo, y
magnífico en hechos; porque tus ojos están abiertos
sobre todos los caminos de los hijos de los hombres,
para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto
de sus obras. 20 Tú
hiciste señales y portentos en tierra de Egipto hasta
este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has
hecho nombre, como se ve en el día de hoy.
21 Y sacaste a tu
pueblo Israel de la tierra de Egipto con señales y
portentos, con mano fuerte y brazo extendido, y con
terror grande; 22 y les
diste esta tierra, de la cual juraste a sus padres que
se la darías, la tierra que fluye leche y miel;
23 y entraron, y la
disfrutaron; pero no oyeron tu voz, ni anduvieron en tu
ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por
tanto, has hecho venir sobre ellos todo este mal.
24 He aquí que con
arietes han acometido la ciudad para tomarla, y la
ciudad va a ser entregada en mano de los caldeos que
pelean contra ella, a causa de la espada, del hambre y
de la pestilencia; ha venido, pues, a suceder lo que tú
dijiste, y he aquí lo estás viendo.
25 ¡Oh Señor Jehová! ¿y tú me has dicho:
Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos; aunque
la ciudad sea entregada en manos de los caldeos?
26 Y
vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
27 He aquí que yo soy
Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil
para mí? 28 Por tanto,
así ha dicho Jehová: He aquí voy a entregar esta ciudad
en mano de los caldeos, y en mano de Nabucodonosor rey
de Babilonia, y la tomará. 29 Y
vendrán los caldeos que atacan esta ciudad, y la pondrán
a fuego y la quemarán, asimismo las casas sobre cuyas
azoteas ofrecieron incienso a Baal y derramaron
libaciones a dioses ajenos, para provocarme a ira.
30 Porque los hijos de
Israel y los hijos de Judá no han hecho sino lo malo
delante de mis ojos desde su juventud; porque los hijos
de Israel no han hecho más que provocarme a ira con la
obra de sus manos, dice Jehová. 31 De
tal manera que para enojo mío y para ira mía me ha sido
esta ciudad desde el día que la edificaron hasta hoy,
para que la haga quitar de mi presencia,
32 por toda la maldad de los hijos de
Israel y de los hijos de Judá, que han hecho para
enojarme, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus
sacerdotes y sus profetas, y los varones de Judá y los
moradores de Jerusalén. 33 Y
me volvieron la cerviz, y no el rostro; y cuando los
enseñaba desde temprano y sin cesar, no escucharon para
recibir corrección. 34 Antes
pusieron sus abominaciones en la casa en la cual es
invocado mi nombre, contaminándola.
35 Y edificaron lugares altos a Baal, los
cuales están en el valle del hijo de Hinom, para hacer
pasar por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc; lo
cual no les mandé, ni me vino al pensamiento que
hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá.
36 Y
con todo, ahora así dice Jehová Dios de Israel a esta
ciudad, de la cual decís vosotros: Entregada será en
mano del rey de Babilonia a espada, a hambre y a
pestilencia: 37 He aquí
que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los
eché con mi furor, y con mi enojo e indignación grande;
y los haré volver a este lugar, y los haré habitar
seguramente; 38 y me
serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios.
39 Y les daré un
corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente,
para que tengan bien ellos, y sus hijos después de
ellos. 40 Y haré con
ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles
bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que
no se aparten de mí. 41 Y
me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré
en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda
mi alma.
42 Porque
así ha dicho Jehová: Como traje sobre este pueblo todo
este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que
acerca de ellos hablo. 43 Y
poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros
decís: Está desierta, sin hombres y sin animales, es
entregada en manos de los caldeos.
44 Heredades comprarán por dinero, y harán
escritura y la sellarán y pondrán testigos, en tierra de
Benjamín y en los contornos de Jerusalén, y en las
ciudades de Judá; y en las ciudades de las montañas, y
en las ciudades de la Sefela, y en las ciudades del
Neguev; porque yo haré regresar sus cautivos, dice
Jehová.
33
1 Vino palabra de Jehová
a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el
patio de la cárcel, diciendo: 2 Así
ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó
para afirmarla; Jehová es su nombre:
3 Clama a mí, y yo te responderé, y te
enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
4 Porque así ha dicho
Jehová Dios de Israel acerca de las casas de esta
ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas
con arietes y con hachas 5 (porque
vinieron para pelear contra los caldeos, para llenarlas
de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo con
mi furor y con mi ira, pues escondí mi rostro de esta
ciudad a causa de toda su maldad): 6 He
aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré,
y les revelaré abundancia de paz y de verdad.
7 Y haré volver los
cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los
restableceré como al principio. 8 Y
los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra
mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí
pecaron, y con que contra mí se rebelaron.
9 Y me será a mí por
nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las
naciones de la tierra, que habrán oído todo el bien que
yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de
toda la paz que yo les haré.
10 Así
ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que está
desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de
Judá y en las calles de Jerusalén, que están asoladas,
sin hombre y sin morador y sin animal,
11 ha de oírse aún voz de gozo y de
alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los
que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque
Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia;
voz de los que traigan ofrendas de acción de gracias a
la casa de Jehová. Porque volveré a traer los cautivos
de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.
12 Así
dice Jehová de los ejércitos: En este lugar desierto,
sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aún
habrá cabañas de pastores que hagan pastar sus ganados.
13 En las ciudades de
las montañas, en las ciudades de la Sefela, en las
ciudades del Neguev, en la tierra de Benjamín, y
alrededor de Jerusalén y en las ciudades de Judá, aún
pasarán ganados por las manos del que los cuente, ha
dicho Jehová.
14 He
aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la
buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la
casa de Judá. 15 En
aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un
Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la
tierra. 16 En aquellos
días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se
le llamará: Jehová, justicia nuestra.
17 Porque
así ha dicho Jehová: No faltará a David varón que se
siente sobre el trono de la casa de Israel.
18 Ni a los sacerdotes
y levitas faltará varón que delante de mí ofrezca
holocausto y encienda ofrenda, y que haga sacrificio
todos los días.
19 Vino
palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
20 Así ha dicho Jehová: Si pudiereis
invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche,
de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo,
21 podrá también
invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje
de tener hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con
los levitas y sacerdotes, mis ministros.
22 Como no puede ser contado el
ejército del cielo, ni la arena del mar se puede medir,
así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y
los levitas que me sirven.
23 Vino
palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
24 ¿No has echado de ver lo que habla
este pueblo, diciendo: Dos familias que Jehová escogiera
ha desechado? Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no
tenerlo más por nación. 25 Así
ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día y
la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la
tierra, 26 también
desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi
siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor
sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob.
Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos
misericordia.
34
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías cuando Nabucodonosor rey de Babilonia y
todo su ejército, y todos los reinos de la tierra bajo
el señorío de su mano, y todos los pueblos, peleaban
contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, la cual
dijo: 2 Así ha dicho
Jehová Dios de Israel: Ve y habla a Sedequías rey de
Judá, y dile: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entregaré
esta ciudad al rey de Babilonia, y la quemará con fuego;
3 y no escaparás tú de
su mano, sino que ciertamente serás apresado, y en su
mano serás entregado; y tus ojos verán los ojos del rey
de Babilonia, y te hablará boca a boca, y en Babilonia
entrarás. 4 Con todo
eso, oye palabra de Jehová, Sedequías rey de Judá: Así
ha dicho Jehová acerca de ti: No morirás a espada.
5 En paz morirás, y así
como quemaron especias por tus padres, los reyes
primeros que fueron antes de ti, las quemarán por ti, y
te endecharán, diciendo, ¡Ay, señor! Porque yo he
hablado la palabra, dice Jehová.
6 Y
habló el profeta Jeremías a Sedequías rey de Judá todas
estas palabras en Jerusalén. 7 Y
el ejército del rey de Babilonia peleaba contra
Jerusalén, y contra todas las ciudades de Judá que
habían quedado, contra Laquis y contra Azeca; porque de
las ciudades fortificadas de Judá éstas habían quedado.
8 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, después que Sedequías hizo pacto con
todo el pueblo en Jerusalén para promulgarles libertad;
9 que cada uno dejase
libre a su siervo y a su sierva, hebreo y hebrea; que
ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos.
10 Y cuando oyeron
todos los príncipes, y todo el pueblo que había
convenido en el pacto de dejar libre cada uno a su
siervo y cada uno a su sierva, que ninguno los usase más
como siervos, obedecieron, y los dejaron.
11 Pero después se arrepintieron, e
hicieron volver a los siervos y a las siervas que habían
dejado libres, y los sujetaron como siervos y siervas.
12 Vino, pues, palabra
de Jehová a Jeremías, diciendo: 13 Así
dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros
padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa
de servidumbre, diciendo: 14 Al
cabo de siete años dejará cada uno a su hermano hebreo
que le fuere vendido; le servirá seis años, y lo enviará
libre; pero vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron
su oído. 15 Y vosotros
os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de
mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo; y
habíais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la
cual es invocado mi nombre. 16 Pero
os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis vuelto
a tomar cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que
habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis
sujetado para que os sean siervos y siervas.
17 Por tanto, así ha
dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído para promulgar
cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su
compañero; he aquí que yo promulgo libertad, dice
Jehová, a la espada y a la pestilencia y al hambre; y os
pondré por afrenta ante todos los reinos de la tierra.
18 Y entregaré a los
hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a
efecto las palabras del pacto que celebraron en mi
presencia, dividiendo en dos partes el becerro y pasando
por medio de ellas; 19 a
los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén, a
los oficiales y a los sacerdotes y a todo el pueblo de
la tierra, que pasaron entre las partes del becerro,
20 los entregaré en
mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su
vida; y sus cuerpos muertos serán comida de las aves del
cielo, y de las bestias de la tierra.
21 Y a Sedequías rey de Judá y a sus
príncipes los entregaré en mano de sus enemigos, y en
mano de los que buscan su vida, y en mano del ejército
del rey de Babilonia, que se ha ido de vosotros.
22 He aquí, mandaré yo,
dice Jehová, y los haré volver a esta ciudad, y pelearán
contra ella y la tomarán, y la quemarán con fuego; y
reduciré a soledad las ciudades de Judá, hasta no quedar
morador.
35
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías en días de Joacim hijo de Josías, rey de
Judá, diciendo: 2 Ve a
casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos
en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a
beber vino. 3 Tomé
entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de
Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda
la familia de los recabitas; 4 y
los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos
de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba
junto al aposento de los príncipes, que estaba sobre el
aposento de Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta.
5 Y puse delante de los
hijos de la familia de los recabitas tazas y copas
llenas de vino, y les dije: Bebed vino.
6 Mas ellos dijeron: No beberemos
vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos
ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni
vuestros hijos; 7 ni
edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis
viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas
todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre
la faz de la tierra donde vosotros habitáis.
8 Y nosotros hemos
obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de
Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino
en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras
mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas;
9 y de no edificar
casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni
heredad, ni sementera. 10 Moramos,
pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a
todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.
11 Sucedió, no
obstante, que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia
subió a la tierra, dijimos: Venid, y ocultémonos en
Jerusalén, de la presencia del ejército de los caldeos y
de la presencia del ejército de los de Siria; y en
Jerusalén nos quedamos.
12 Y
vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
13 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los varones
de Judá, y a los moradores de Jerusalén: ¿No aprenderéis
a obedecer mis palabras? dice Jehová.
14 Fue firme la palabra de Jonadab
hijo de Recab, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen
vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al
mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros
desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído.
15 Y envié a vosotros
todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin
cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro
mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras
dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra
que di a vosotros y a vuestros padres; mas no
inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis.
16 Ciertamente los hijos de Jonadab
hijo de Recab tuvieron por firme el mandamiento que les
dio su padre; pero este pueblo no me ha obedecido.
17 Por tanto, así ha
dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He
aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los moradores de
Jerusalén todo el mal que contra ellos he hablado;
porque les hablé, y no oyeron; los llamé, y no han
respondido.
18 Y
dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha
dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por
cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro
padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis
conforme a todas las cosas que os mandó;
19 por tanto, así ha dicho Jehová de
los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab
hijo de Recab un varón que esté en mi presencia todos
los días.
36
1 Aconteció en el cuarto
año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta
palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
2 Toma un rollo de libro, y escribe en
él todas las palabras que te he hablado contra Israel y
contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día
que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta
hoy. 3 Quizá oiga la
casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se
arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su
maldad y su pecado.
4 Y
llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc
de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las
palabras que Jehová le había hablado.
5 Después mandó Jeremías a Baruc,
diciendo: A mí se me ha prohibido entrar en la casa de
Jehová. 6 Entra tú,
pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las
palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en la casa de
Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos
de todos los de Judá que vienen de sus ciudades.
7 Quizá llegue la
oración de ellos a la presencia de Jehová, y se vuelva
cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y
la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.
8 Y Baruc hijo de
Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó
Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de
Jehová en la casa de Jehová.
9 Y
aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey
de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la
presencia de Jehová a todo el pueblo de Jerusalén y a
todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a
Jerusalén. 10 Y Baruc
leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de
Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán
escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la
puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del pueblo.
11 Y
Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído
del libro todas las palabras de Jehová,
12 descendió a la casa del rey, al
aposento del secretario, y he aquí que todos los
príncipes estaban allí sentados, esto es: Elisama
secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de
Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de
Ananías, y todos los príncipes. 13 Y
les contó Micaías todas las palabras que había oído
cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo.
14 Entonces enviaron
todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de
Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el
rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y
Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a
ellos. 15 Y le dijeron:
Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc.
16 Cuando oyeron todas
aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su
compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey
todas estas palabras. 17 Preguntaron
luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste
de boca de Jeremías todas estas palabras.
18 Y Baruc les dijo: El me dictaba de
su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en
el libro. 19 Entonces
dijeron los príncipes a Baruc: Ve y escóndete, tú y
Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
20 Y
entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo
depositado el rollo en el aposento de Elisama
secretario; y contaron a oídos del rey todas estas
palabras. 21 Y envió el
rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó del
aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí a
oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que
junto al rey estaban. 22 Y
el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y
había un brasero ardiendo delante de él.
23 Cuando Jehudí había leído tres o
cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de
escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero,
hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que
en el brasero había. 24 Y
no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y
todos sus siervos que oyeron todas estas palabras.
25 Y aunque Elnatán y
Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel
rollo, no los quiso oír. 26 También
mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraías hijo
de Azriel y a Selemías hijo de Abdeel, para que
prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías;
pero Jehová los escondió.
27 Y
vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey
quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de
boca de Jeremías, diciendo: 28 Vuelve
a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras
primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim
rey de Judá. 29 Y dirás
a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste
este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él,
diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y
destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni
hombres ni animales? 30 Por
tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá:
No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su
cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la
noche. 31 Y castigaré
su maldad en él, y en su descendencia y en sus siervos;
y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén
y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he
anunciado y no escucharon.
32 Y
tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías
escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las
palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de
Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras
palabras semejantes.
37
1 En lugar de Conías
hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al
cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey
en la tierra de Judá. 2 Pero
no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra
a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta
Jeremías.
3 Y
envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al
sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al
profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová
nuestro Dios. 4 Y
Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque
todavía no lo habían puesto en la cárcel.
5 Y cuando el ejército de Faraón había
salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los
caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de
Jerusalén.
6 Entonces
vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo:
7 Así ha dicho Jehová
Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió
a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército
de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió
a su tierra en Egipto. 8 Y
volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la
tomarán y la pondrán a fuego. 9 Así
ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos,
diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de
nosotros; porque no se apartarán. 10 Porque
aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos
que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos
solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su
tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.
11 Y
aconteció que cuando el ejército de los caldeos se
retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón,
12 salía Jeremías de
Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse
de en medio del pueblo. 13 Y
cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un
capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de
Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo:
Tú te pasas a los caldeos. 14 Y
Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él
no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó
delante de los príncipes. 15 Y
los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron
y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán,
porque la habían convertido en cárcel.
16 Entró,
pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las
bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos
días, 17 el rey
Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey
secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová?
Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de
Babilonia serás entregado. 18 Dijo
también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra
ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que
me pusieseis en la cárcel? 19 ¿Y
dónde están vuestros profetas que os profetizaban
diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros,
ni contra esta tierra? 20 Ahora
pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi
súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del
escriba Jonatán, para que no muera allí.
21 Entonces dio orden el rey
Sedequías, y custodiaron a Jeremías en el patio de la
cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la
calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la
ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la
cárcel.
38
1 Oyeron Sefatías hijo
de Matán, Gedalías hijo de Pasur, Jucal hijo de
Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que
Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo:
2 Así ha dicho Jehová:
El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de
hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los
caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y
vivirá. 3 Así ha dicho
Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en manos
del ejército del rey de Babilonia, y la tomará.
4 Y dijeron los
príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de
esta manera hace desmayar las manos de los hombres de
guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de
todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este
hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal.
5 Y dijo el rey
Sedequías: He aquí que él está en vuestras manos; pues
el rey nada puede hacer contra vosotros.
6 Entonces tomaron ellos a Jeremías y
lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de
Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron
a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había agua,
sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno.
7 Y
oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa
real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y
estando sentado el rey a la puerta de Benjamín,
8 Ebed-melec salió de
la casa del rey y habló al rey, diciendo:
9 Mi señor el rey, mal hicieron estos
varones en todo lo que han hecho con el profeta
Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque
allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad.
10 Entonces mandó el
rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu
poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta
Jeremías de la cisterna, antes que muera.
11 Y tomó Ebed-melec en su poder a los
hombres, y entró a la casa del rey debajo de la
tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y
andrajosas, y los echó a Jeremías con sogas en la
cisterna. 12 Y dijo el
etíope Ebed-melec a Jeremías: Pon ahora esos trapos
viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los sobacos,
debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías.
13 De este modo sacaron
a Jeremías con sogas, y lo subieron de la cisterna; y
quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
14 Después envió el rey
Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su
presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y
dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me
encubras ninguna cosa. 15 Y
Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es
verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me
escucharás. 16 Y juró
el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive
Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te
entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.
17 Entonces
dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de
los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida
a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y
esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu
casa. 18 Pero si no te
entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta
ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la
pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.
19 Y dijo el rey
Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se
han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus
manos y me escarnezcan. 20 Y
dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de
Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás.
21 Pero si no quieres
entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado
Jehová: 22 He aquí que
todas las mujeres que han quedado en casa del rey de
Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia;
y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han prevalecido
contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies, se
volvieron atrás. 23 Sacarán,
pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y tú
no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de
Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a
fuego.
24 Y
dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y
no morirás. 25 Y si los
príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a
ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el
rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué
te dijo el rey; 26 les
dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a casa
de Jonatán para que no me muriese allí.
27 Y vinieron luego todos los
príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les
respondió conforme a todo lo que el rey le había
mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no
se había oído. 28 Y
quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que
fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue
tomada.
39
1 En el noveno año de
Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino
Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército
contra Jerusalén, y la sitiaron. 2 Y
en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los
nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la
ciudad. 3 Y entraron
todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a
la puerta de en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo,
Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos
los demás príncipes del rey de Babilonia.
4 Y viéndolos Sedequías rey de Judá y
todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de noche
de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la
puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino
del Arabá. 5 Pero el
ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a
Sedequías en los llanos de Jericó; y le tomaron, y le
hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba
Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció.
6 Y degolló el rey de
Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste
en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia
a todos los nobles de Judá. 7 Y
sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con
grillos para llevarle a Babilonia. 8 Y
los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas
del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén.
9 Y al resto del pueblo
que había quedado en la ciudad, y a los que se habían
adherido a él, con todo el resto del pueblo que había
quedado, Nabuzaradán capitán de la guardia los
transportó a Babilonia. 10 Pero
Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en tierra
de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y
les dio viñas y heredades.
11 Y Nabucodonosor había
ordenado a Nabuzaradán capitán de la guardia acerca de
Jeremías, diciendo: 12 Tómale
y vela por él, y no le hagas mal alguno, sino que harás
con él como él te dijere. 13 Envió,
por tanto, Nabuzaradán capitán de la guardia, y
Nabusazbán el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos
los príncipes del rey de Babilonia;
14 enviaron entonces y tomaron a Jeremías
del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo
de Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa; y
vivió entre el pueblo.
15 Y había venido
palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio
de la cárcel, diciendo; 16 Ve
y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo
traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no
para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia
tuya. 17 Pero en aquel
día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en
manos de aquellos a quienes tú temes.
18 Porque ciertamente te libraré, y no
caerás a espada, sino que tu vida te será por botín,
porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.
40
1 Palabra de Jehová que
vino a Jeremías, después que Nabuzaradán capitán de la
guardia le envió desde Ramá, cuando le tomó estando
atado con cadenas entre todos los cautivos de Jerusalén
y de Judá que iban deportados a Babilonia.
2 Tomó, pues, el
capitán de la guardia a Jeremías y le dijo: Jehová tu
Dios habló este mal contra este lugar;
3 y lo ha traído y hecho Jehová según
lo había dicho; porque pecasteis contra Jehová, y no
oísteis su voz, por eso os ha venido esto.
4 Y ahora yo te he
soltado hoy de las cadenas que tenías en tus manos. Si
te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven, y yo
velaré por ti; pero si no te parece bien venir conmigo a
Babilonia, déjalo. Mira, toda la tierra está delante de
ti; vé a donde mejor y más cómodo te parezca ir.
5 Si prefieres
quedarte, vuélvete a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de
Safán, al cual el rey de Babilonia ha puesto sobre todas
las ciudades de Judá, y vive con él en medio del pueblo;
o ve a donde te parezca más cómodo ir. Y le dio el
capitán de la guardia provisiones y un presente, y le
despidió. 6 Se fue
entonces Jeremías a Gedalías hijo de Ahicam, a Mizpa, y
habitó con él en medio del pueblo que había quedado en
la tierra.
7 Cuando
todos los jefes del ejército que estaban por el campo,
ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia
había puesto a Gedalías hijo de Ahicam para gobernar la
tierra, y que le había encomendado los hombres y las
mujeres y los niños, y los pobres de la tierra que no
fueron transportados a Babilonia, 8 vinieron
luego a Gedalías en Mizpa; esto es, Ismael hijo de
Netanías, Johanán y Jonatán hijos de Carea, Seraías hijo
de Tanhumet, los hijos de Efai netofatita, y Jezanías
hijo de un maacateo, ellos y sus hombres.
9 Y les juró Gedalías hijo de Ahicam,
hijo de Safán, a ellos y a sus hombres, diciendo: No
tengáis temor de servir a los caldeos; habitad en la
tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.
10 Y he aquí que yo
habito en Mizpa, para estar delante de los caldeos que
vendrán a nosotros; mas vosotros tomad el vino, los
frutos del verano y el aceite, y ponedlos en vuestros
almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis
tomado. 11 Asimismo
todos los judíos que estaban en Moab, y entre los hijos
de Amón, y en Edom, y los que estaban en todas las
tierras, cuando oyeron decir que el rey de Babilonia
había dejado a algunos en Judá, y que había puesto sobre
ellos a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán,
12 todos estos judíos
regresaron entonces de todos los lugares adonde habían
sido echados, y vinieron a tierra de Judá, a Gedalías en
Mizpa; y recogieron vino y abundantes frutos.
13 Y Johanán hijo de
Carea y todos los príncipes de la gente de guerra que
estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa,
14 Y le dijeron: ¿No
sabes que Baalis rey de los hijos de Amón ha enviado a
Ismael hijo de Netanías para matarte? Mas Gedalías hijo
de Ahicam no les creyó. 15 Entonces
Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secreto en
Mizpa, diciendo: Yo iré ahora y mataré a Ismael hijo de
Netanías, y ningún hombre lo sabrá. ¿Por qué te ha de
matar, y todos los judíos que se han reunido a ti se
dispersarán, y perecerá el resto de Judá?
16 Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo a
Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque es falso lo
que tú dices de Ismael.
41
1 Aconteció en el mes
séptimo que vino Ismael hijo de Netanías, hijo de
Elisama, de la descendencia real, y algunos príncipes
del rey y diez hombres con él, a Gedalías hijo de Ahicam
en Mizpa; y comieron pan juntos allí en Mizpa.
2 Y se levantó Ismael
hijo de Netanías y los diez hombres que con él estaban,
e hirieron a espada a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de
Safán, matando así a aquel a quien el rey de Babilonia
había puesto para gobernar la tierra.
3 Asimismo mató Ismael a todos los
judíos que estaban con Gedalías en Mizpa, y a los
soldados caldeos que allí estaban.
4 Sucedió
además, un día después que mató a Gedalías, cuando nadie
lo sabía aún, 5 que
venían unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaria,
ochenta hombres, raída la barba y rotas las ropas, y
rasguñados, y traían en sus manos ofrenda e incienso
para llevar a la casa de Jehová. 6 Y
de Mizpa les salió al encuentro, llorando, Ismael el
hijo de Netanías. Y aconteció que cuando los encontró,
les dijo: Venid a Gedalías hijo de Ahicam.
7 Y cuando llegaron
dentro de la ciudad, Ismael hijo de Netanías los
degolló, y los echó dentro de una cisterna, él y los
hombres que con él estaban. 8 Mas
entre aquéllos fueron hallados diez hombres que dijeron
a Ismael: No nos mates; porque tenemos en el campo
tesoros de trigos y cebadas y aceites y miel. Y los
dejó, y no los mató entre sus hermanos.
9 Y
la cisterna en que echó Ismael todos los cuerpos de los
hombres que mató a causa de Gedalías, era la misma que
había hecho el rey Asa a causa de Baasa rey de Israel;
Ismael hijo de Netanías la llenó de muertos.
10 Después llevó Ismael
cautivo a todo el resto del pueblo que estaba en Mizpa,
a las hijas del rey y a todo el pueblo que en Mizpa
había quedado, el cual había encargado Nabuzaradán
capitán de la guardia a Gedalías hijo de Ahicam. Los
llevó, pues, cautivos Ismael hijo de Netanías, y se fue
para pasarse a los hijos de Amón.
11 Y
oyeron Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de la
gente de guerra que estaban con él, todo el mal que
había hecho Ismael hijo de Netanías.
12 Entonces tomaron a todos los
hombres y fueron a pelear contra Ismael hijo de
Netanías, y lo hallaron junto al gran estanque que está
en Gabaón. 13 Y
aconteció que cuando todo el pueblo que estaba con
Ismael vio a Johanán hijo de Carea y a todos los
capitanes de la gente de guerra que estaban con él, se
alegraron. 14 Y todo el
pueblo que Ismael había traído cautivo de Mizpa se
volvió y fue con Johanán hijo de Carea.
15 Pero Ismael hijo de Netanías escapó
delante de Johanán con ocho hombres, y se fue a los
hijos de Amón. 16 Y
Johanán hijo de Carea y todos los capitanes de la gente
de guerra que con él estaban tomaron a todo el resto del
pueblo que había recobrado de Ismael hijo de Netanías, a
quienes llevó de Mizpa después que mató a Gedalías hijo
de Ahicam; hombres de guerra, mujeres, niños y eunucos,
que Johanán había traído de Gabaón;
17 y fueron y habitaron en Gerutquimam, que
está cerca de Belén, a fin de ir y meterse en Egipto,
18 a causa de los
caldeos; porque los temían, por haber dado muerte Ismael
hijo de Netanías a Gedalías hijo de Ahicam, al cual el
rey de Babilonia había puesto para gobernar la tierra.
42
1 Vinieron todos los
oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de
Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde
el menor hasta el mayor, 2 y
dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego
delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por
todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos
pocos, como nos ven tus ojos), 3 para
que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde
vayamos, y lo que hemos de hacer. 4 Y
el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a
orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo
que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré
palabra. 5 Y ellos
dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de
la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a
todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a
nosotros. 6 Sea bueno,
sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te
enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de
Jehová nuestro Dios nos vaya bien.
7 Aconteció
que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a
Jeremías. 8 Y llamó a
Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de la
gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo
desde el menor hasta el mayor; 9 y
les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me
enviasteis para presentar vuestros ruegos en su
presencia: 10 Si os
quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os
destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy
arrepentido del mal que os he hecho.
11 No temáis de la presencia del rey
de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su
presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo
para salvaros y libraros de su mano;
12 y tendré de vosotros misericordia,
y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar
a vuestra tierra. 13 Mas
si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo
así a la voz de Jehová vuestro Dios,
14 diciendo: No, sino que entraremos
en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni
oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y
allá moraremos; 15 ahora
por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá:
Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si
vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en
Egipto, y entrareis para morar allá,
16 sucederá que la espada que teméis,
os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de
que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí
moriréis. 17 Todos los
hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto
para morar allí, morirán a espada, de hambre y de
pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni
quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.
18 Porque
así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de
Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando
entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de
espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más
este lugar. 19 Jehová
habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a
Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy.
20 ¿Por qué hicisteis
errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis a
Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros a Jehová
nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que Jehová
nuestro Dios dijere, y lo haremos.
21 Y os lo he declarado hoy, y no habéis
obedecido a la voz de Jehová vuestro Dios, ni a todas
las cosas por las cuales me envió a vosotros.
22 Ahora, pues, sabed
de cierto que a espada, de hambre y de pestilencia
moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para morar
allí.
43
1 Aconteció que cuando
Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las
palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras
por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a
ellos mismos, 2 dijo
Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos
los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices;
no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No
vayáis a Egipto para morar allí, 3 sino
que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para
entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y
hacernos transportar a Babilonia. 4 No
obedeció, pues, Johanán hijo de Carea y todos los
oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la
voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá,
5 sino que tomó Johanán
hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de
guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto
de todas las naciones donde había sido echado, para
morar en tierra de Judá; 6 a
hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a
toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la
guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al
profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,
7 y entraron en tierra
de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y
llegaron hasta Tafnes.
8 Y
vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo:
9 Toma con tu mano
piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado
que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a
vista de los hombres de Judá; 10 y
diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey
de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas
piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre
ellas. 11 Y vendrá y
asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte,
y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a
espada, a espada. 12 Y
pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los
quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la
tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y
saldrá de allá en paz. 13 Además
quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra
de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará
a fuego.
44
1 Palabra que vino a
Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la
tierra de Egipto, que vivían en Migdol, en Tafnes, en
Menfis y en tierra de Patros, diciendo:
2 Así ha dicho Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el
mal que traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades
de Judá; y he aquí que ellas están el día de hoy
asoladas; no hay quien more en ellas,
3 a causa de la maldad que ellos
cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso,
honrando a dioses ajenos que ellos no habían conocido,
ni vosotros ni vuestros padres. 4 Y
envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde
temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa
abominable que yo aborrezco. 5 Pero
no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su
maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos.
6 Se derramó, por
tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades
de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas
en soledad y en destrucción, como están hoy.
7 Ahora, pues, así ha
dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué
hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser
destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño
de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente
alguno, 8 haciéndome
enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo
incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde
habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y
seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones
de la tierra? 9 ¿Os
habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de
las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de
sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de
vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en
las calles de Jerusalén? 10 No
se han humillado hasta el día de hoy, ni han tenido
temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos,
los cuales puse delante de vosotros y delante de
vuestros padres.
11 Por
tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: He aquí que yo vuelvo mi rostro contra vosotros
para mal, y para destruir a todo Judá.
12 Y tomaré el resto de Judá que
volvieron sus rostros para ir a tierra de Egipto para
morar allí, y en tierra de Egipto serán todos
consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de
hambre; a espada y de hambre morirán desde el menor
hasta el mayor, y serán objeto de execración, de
espanto, de maldición y de oprobio.
13 Pues castigaré a los que moran en tierra
de Egipto como castigué a Jerusalén, con espada, con
hambre y con pestilencia. 14 Y
del resto de los de Judá que entraron en la tierra de
Egipto para habitar allí, no habrá quien escape, ni
quien quede vivo para volver a la tierra de Judá, por
volver a la cual suspiran ellos para habitar allí;
porque no volverán sino algunos fugitivos.
15 Entonces
todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido
incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que
estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el
pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros,
respondieron a Jeremías, diciendo:
16 La palabra que nos has hablado en nombre
de Jehová, no la oiremos de ti; 17 sino
que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha
salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina
del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho
nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros
príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de
Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos
alegres, y no vimos mal alguno. 18 Mas
desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del
cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a
espada y de hambre somos consumidos.
19 Y cuando ofrecimos incienso a la
reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le
hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le
derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros
maridos?
20 Y
habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las
mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto,
diciendo: 21 ¿No se ha
acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso
que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles
de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes
y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra?
22 Y no pudo sufrirlo
más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a
causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto,
vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y
en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy.
23 Porque ofrecisteis
incienso y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis a
la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley ni en sus
estatutos ni en sus testimonios; por tanto, ha venido
sobre vosotros este mal, como hasta hoy.
24 Y
dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las mujeres:
Oíd palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en
tierra de Egipto. 25 Así
ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel,
diciendo: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con
vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis,
diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que
hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y
derramarle libaciones; confirmáis a la verdad vuestros
votos, y ponéis vuestros votos por obra.
26 Por tanto, oíd palabra de Jehová,
todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he
jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre
no será invocado más en toda la tierra de Egipto por
boca de ningún hombre de Judá, diciendo: Vive Jehová el
Señor. 27 He aquí que
yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos
los hombres de Judá que están en tierra de Egipto serán
consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del
todo. 28 Y los que
escapen de la espada volverán de la tierra de Egipto a
la tierra de Judá, pocos hombres; sabrá, pues, todo el
resto de Judá que ha entrado en Egipto a morar allí, la
palabra de quién ha de permanecer: si la mía, o la suya.
29 Y esto tendréis por
señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo,
para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras
para mal sobre vosotros. 30 Así
ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra
rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los
que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de
Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su
enemigo que buscaba su vida.
45
1 Palabra que habló el
profeta Jeremías a Baruc hijo de Nerías, cuando escribía
en el libro estas palabras de boca de Jeremías, en el
año cuarto de Joacim hijo de Josías rey de Judá,
diciendo: 2 Así ha
dicho Jehová Dios de Israel a ti, oh Baruc:
3 Tú dijiste: ¡Ay de mí
ahora! porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor;
fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso.
4 Así le dirás: Ha
dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que
edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta
tierra. 5 ¿Y tú buscas
para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo
traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti
te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde
fueres.
46
1 Palabra de Jehová que
vino al profeta Jeremías, contra las naciones.
2 Con
respecto a Egipto: contra el ejército de Faraón Necao
rey de Egipto, que estaba cerca del río Eufrates en
Carquemis, a quien destruyó Nabucodonosor rey de
Babilonia, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá.
3 Preparad
escudo y pavés, y venid a la guerra.
4 Uncid caballos y subid, vosotros los
jinetes, y poneos con yelmos; limpiad las lanzas,
vestíos las corazas. 5 ¿Por
qué los vi medrosos, retrocediendo? Sus valientes fueron
deshechos, y huyeron sin volver a mirar atrás; miedo de
todas partes, dice Jehová. 6 No
huya el ligero, ni el valiente escape; al norte junto a
la ribera del Eufrates tropezaron y cayeron.
7 ¿Quién
es éste que sube como río, y cuyas aguas se mueven como
ríos? 8 Egipto como río
se ensancha, y las aguas se mueven como ríos, y dijo:
Subiré, cubriré la tierra, destruiré a la ciudad y a los
que en ella moran. 9 Subid,
caballos, y alborotaos, carros, y salgan los valientes;
los etíopes y los de Put que toman escudo, y los de Lud
que toman y entesan arco. 10 Mas
ese día será para Jehová Dios de los ejércitos día de
retribución, para vengarse de sus enemigos; y la espada
devorará y se saciará, y se embriagará de la sangre de
ellos; porque sacrificio será para Jehová Dios de los
ejércitos, en tierra del norte junto al río Eufrates.
11 Sube a Galaad, y
toma bálsamo, virgen hija de Egipto; por demás
multiplicarás las medicinas; no hay curación para ti.
12 Las naciones oyeron
tu afrenta, y tu clamor llenó la tierra; porque valiente
tropezó contra valiente, y cayeron ambos juntos.
13 Palabra
que habló Jehová al profeta Jeremías acerca de la venida
de Nabucodonosor rey de Babilonia, para asolar la tierra
de Egipto: 14 Anunciad
en Egipto, y haced saber en Migdol; haced saber también
en Menfis y en Tafnes; decid: Ponte en pie y prepárate,
porque espada devorará tu comarca.
15 ¿Por qué ha sido derribada tu fortaleza?
No pudo mantenerse firme, porque Jehová la empujó.
16 Multiplicó los
caídos, y cada uno cayó sobre su compañero; y dijeron:
Levántate y volvámonos a nuestro pueblo, y a la tierra
de nuestro nacimiento, huyamos ante la espada vencedora.
17 Allí gritaron:
Faraón rey de Egipto es destruido; dejó pasar el tiempo
señalado. 18 Vivo yo,
dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que
como Tabor entre los montes, y como Carmelo junto al
mar, así vendrá. 19 Hazte
enseres de cautiverio, moradora hija de Egipto; porque
Menfis será desierto, y será asolada hasta no quedar
morador.
20 Becerra
hermosa es Egipto; mas viene destrucción, del norte
viene. 21 Sus soldados
mercenarios también en medio de ella como becerros
engordados; porque también ellos volvieron atrás,
huyeron todos sin pararse, porque vino sobre ellos el
día de su quebrantamiento, el tiempo de su castigo.
22 Su
voz saldrá como de serpiente; porque vendrán los
enemigos, y con hachas vendrán a ella como cortadores de
leña. 23 Cortarán sus
bosques, dice Jehová, aunque sean impenetrables; porque
serán más numerosos que langostas, no tendrán número.
24 Se avergonzará la
hija de Egipto; entregada será en manos del pueblo del
norte.
25 Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He aquí que
yo castigo a Amón dios de Tebas, a Faraón, a Egipto, y a
sus dioses y a sus reyes; así a Faraón como a los que en
él confían. 26 Y los
entregaré en mano de los que buscan su vida, en mano de
Nabucodonosor rey de Babilonia y en mano de sus siervos;
pero después será habitado como en los días pasados,
dice Jehová.
27 Y
tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel;
porque he aquí yo te salvaré de lejos, y a tu
descendencia de la tierra de su cautividad. Y volverá
Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quién
lo atemorice. 28 Tú,
siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy
contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las
cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del
todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna
manera te dejaré sin castigo.
47
1 Palabra de Jehová que
vino al profeta Jeremías acerca de los filisteos, antes
que Faraón destruyese a Gaza.
2 Así
ha dicho Jehová: He aquí que suben aguas del norte, y se
harán torrente; inundarán la tierra y su plenitud, la
ciudad y los moradores de ella; y los hombres clamarán,
y lamentará todo morador de la tierra.
3 Por el sonido de los cascos de sus
caballos, por el alboroto de sus carros, por el
estruendo de sus ruedas, los padres no cuidaron a los
hijos por la debilidad de sus manos;
4 a causa del día que viene para
destrucción de todos los filisteos, para destruir a Tiro
y a Sidón todo aliado que les queda todavía; porque
Jehová destruirá a los filisteos, al resto de la costa
de Caftor. 5 Gaza fue
rapada, Ascalón ha perecido, y el resto de su valle;
¿hasta cuándo te sajarás? 6 Oh
espada de Jehová, ¿hasta cuándo reposarás? Vuelve a tu
vaina, reposa y sosiégate. 7 ¿Cómo
reposarás? pues Jehová te ha enviado contra Ascalón, y
contra la costa del mar, allí te puso.
48
1 Acerca de Moab. Así ha
dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¡Ay de
Nebo! porque fue destruida y avergonzada: Quiriataim fue
tomada; fue confundida Misgab, y desmayó.
2 No se alabará ya más Moab; en Hesbón
maquinaron mal contra ella, diciendo: Venid, y
quitémosla de entre las naciones. También tú, Madmena,
serás cortada; espada irá en pos de ti.
3 ¡Voz
de clamor de Horonaim, destrucción y gran
quebrantamiento! 4 Moab
fue quebrantada; hicieron que se oyese el clamor de sus
pequeños. 5 Porque a la
subida de Luhit con llanto subirá el que llora; porque a
la bajada de Horonaim los enemigos oyeron clamor de
quebranto. 6 Huid,
salvad vuestra vida, y sed como retama en el desierto.
7 Pues por cuanto
confiaste en tus bienes y en tus tesoros, tú también
serás tomada; y Quemos será llevado en cautiverio, sus
sacerdotes y sus príncipes juntamente.
8 Y vendrá destruidor a cada una de
las ciudades, y ninguna ciudad escapará; se arruinará
también el valle, y será destruida la llanura, como ha
dicho Jehová.
9 Dad
alas a Moab, para que se vaya volando; pues serán
desiertas sus ciudades hasta no quedar en ellas morador.
10 Maldito
el que hiciere indolentemente la obra de Jehová, y
maldito el que detuviere de la sangre su espada.
11 Quieto
estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha
estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija,
ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor
en él, y su olor no se ha cambiado.
12 Por eso vienen días, ha dicho Jehová, en
que yo le enviaré trasvasadores que le trasvasarán; y
vaciarán sus vasijas, y romperán sus odres.
13 Y se avergonzará
Moab de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de
Bet-el, su confianza.
14 ¿Cómo,
pues, diréis: Somos hombres valientes, y robustos para
la guerra? 15 Destruido
fue Moab, y sus ciudades asoladas, y sus jóvenes
escogidos descendieron al degolladero, ha dicho el Rey,
cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.
16 Cercano está el quebrantamiento de
Moab para venir, y su mal se apresura mucho.
17 Compadeceos de él
todos los que estáis alrededor suyo; y todos los que
sabéis su nombre, decid: ¡Cómo se quebró la vara fuerte,
el báculo hermoso! 18 Desciende
de la gloria, siéntate en tierra seca, moradora hija de
Dibón; porque el destruidor de Moab subió contra ti,
destruyó tus fortalezas. 19 Párate
en el camino, y mira, oh moradora de Aroer; pregunta a
la que va huyendo, y a la que escapó; dile: ¿Qué ha
acontecido? 20 Se
avergonzó Moab, porque fue quebrantado; lamentad y
clamad; anunciad en Arnón que Moab es destruido.
21 Vino
juicio sobre la tierra de la llanura; sobre Holón, sobre
Jahaza, sobre Mefaat, 22 sobre
Dibón, sobre Nebo, sobre Bet-diblataim,
23 sobre Quiriataim, sobre Bet-gamul,
sobre Bet-meón, 24 sobre
Queriot, sobre Bosra y sobre todas las ciudades de
tierra de Moab, las de lejos y las de cerca.
25 Cortado es el poder
de Moab, y su brazo quebrantado, dice Jehová.
26 Embriagadle,
porque contra Jehová se engrandeció; y revuélquese Moab
sobre su vómito, y sea también él por motivo de
escarnio. 27 ¿Y no te
fue a ti Israel por motivo de escarnio, como si lo
tomaran entre ladrones? Porque cuando de él hablaste, tú
te has burlado.
28 Abandonad
las ciudades y habitad en peñascos, oh moradores de
Moab, y sed como la paloma que hace nido en la boca de
la caverna. 29 Hemos
oído la soberbia de Moab, que es muy soberbio,
arrogante, orgulloso, altivo y altanero de corazón.
30 Yo conozco, dice
Jehová, su cólera, pero no tendrá efecto; sus jactancias
no le aprovecharán. 31 Por
tanto, yo aullaré sobre Moab; sobre todo Moab haré
clamor, y sobre los hombres de Kir-hares gemiré.
32 Con llanto de Jazer
lloraré por ti, oh vid de Sibma; tus sarmientos pasaron
el mar, llegaron hasta el mar de Jazer; sobre tu cosecha
y sobre tu vendimia vino el destruidor.
33 Y será cortada la alegría y el
regocijo de los campos fértiles, de la tierra de Moab; y
de los lagares haré que falte el vino; no pisarán con
canción; la canción no será canción.
34 El
clamor de Hesbón llega hasta Eleale; hasta Jahaza dieron
su voz; desde Zoar hasta Horonaim, becerra de tres años;
porque también las aguas de Nimrim serán destruidas.
35 Y exterminaré de
Moab, dice Jehová, a quien sacrifique sobre los lugares
altos, y a quien ofrezca incienso a sus dioses.
36 Por tanto, mi
corazón resonará como flautas por causa de Moab,
asimismo resonará mi corazón a modo de flautas por los
hombres de Kir-hares; porque perecieron las riquezas que
habían hecho.
37 Porque
toda cabeza será rapada, y toda barba raída; sobre toda
mano habrá rasguños, y cilicio sobre todo lomo.
38 Sobre todos los
terrados de Moab, y en sus calles, todo él será llanto;
porque yo quebranté a Moab como a vasija que no agrada,
dice Jehová. 39 ¡Lamentad!
¡Cómo ha sido quebrantado! ¡Cómo volvió la espalda Moab,
y fue avergonzado! Fue Moab objeto de escarnio y de
espanto a todos los que están en sus alrededores.
40 Porque así ha dicho
Jehová: He aquí que como águila volará, y extenderá sus
alas contra Moab. 41 Tomadas
serán las ciudades, y tomadas serán las fortalezas; y
será aquel día el corazón de los valientes de Moab como
el corazón de mujer en angustias. 42 Y
Moab será destruido hasta dejar de ser pueblo, porque se
engrandeció contra Jehová. 43 Miedo
y hoyo y lazo contra ti, oh morador de Moab, dice
Jehová. 44 El que
huyere del miedo caerá en el hoyo, y el que saliere del
hoyo será preso en el lazo; porque yo traeré sobre él,
sobre Moab, el año de su castigo, dice Jehová.
45 A
la sombra de Hesbón se pararon sin fuerzas los que
huían; mas salió fuego de Hesbón, y llama de en medio de
Sehón, y quemó el rincón de Moab, y la coronilla de los
hijos revoltosos. 46 ¡Ay
de ti, Moab! pereció el pueblo de Quemos; porque tus
hijos fueron puestos presos para cautividad, y tus hijas
para cautiverio. 47 Pero
haré volver a los cautivos de Moab en lo postrero de los
tiempos, dice Jehová. Hasta aquí es el juicio de Moab.
49
1 Acerca de los hijos de
Amón. Así ha dicho Jehová: ¿No tiene hijos Israel? ¿No
tiene heredero? ¿Por qué Milcom ha desposeído a Gad, y
su pueblo se ha establecido en sus ciudades?
2 Por tanto, vienen
días, ha dicho Jehová, en que haré oír clamor de guerra
en Rabá de los hijos de Amón; y será convertida en
montón de ruinas, y sus ciudades serán puestas a fuego,
e Israel tomará por heredad a los que los tomaron a
ellos, ha dicho Jehová.
3 Lamenta,
oh Hesbón, porque destruida es Hai; clamad, hijas de
Rabá, vestíos de cilicio, endechad, y rodead los
vallados, porque Milcom fue llevado en cautiverio, sus
sacerdotes y sus príncipes juntamente.
4 ¿Por qué te glorías de los valles?
Tu valle se deshizo, oh hija contumaz, la que confía en
sus tesoros, la que dice: ¿Quién vendrá contra mí?
5 He aquí yo traigo
sobre ti espanto, dice el Señor, Jehová de los
ejércitos, de todos tus alrededores; y seréis lanzados
cada uno derecho hacia adelante, y no habrá quien recoja
a los fugitivos. 6 Y
después de esto haré volver a los cautivos de los hijos
de Amón, dice Jehová.
7 Acerca de Edom. Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: ¿No hay más sabiduría en
Temán? ¿Se ha acabado el consejo en los sabios? ¿Se
corrompió su sabiduría? 8 Huid,
volveos atrás, habitad en lugares profundos, oh
moradores de Dedán; porque el quebrantamiento de Esaú
traeré sobre él en el tiempo en que lo castigue.
9 Si vendimiadores
hubieran venido contra ti, ¿no habrían dejado rebuscos?
Si ladrones de noche, ¿no habrían tomado lo que les
bastase? 10 Mas yo
desnudaré a Esaú, descubriré sus escondrijos, y no podrá
esconderse; será destruida su descendencia, sus hermanos
y sus vecinos, y dejará de ser. 11 Deja
tus huérfanos, yo los criaré; y en mí confiarán tus
viudas.
12 Porque
así ha dicho Jehová: He aquí que los que no estaban
condenados a beber el cáliz, beberán ciertamente; ¿y
serás tú absuelto del todo? No serás absuelto, sino que
ciertamente beberás. 13 Porque
por mí he jurado, dice Jehová, que asolamiento, oprobio,
soledad y maldición será Bosra, y todas sus ciudades
serán desolaciones perpetuas.
14 La
noticia oí, que de Jehová había sido enviado mensajero a
las naciones, diciendo: Juntaos y venid contra ella, y
subid a la batalla. 15 He
aquí que te haré pequeño entre las naciones,
menospreciado entre los hombres. 16 Tu
arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón. Tú
que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura
del monte, aunque alces como águila tu nido, de allí te
haré descender, dice Jehová.
17 Y
se convertirá Edom en desolación; todo aquel que pasare
por ella se asombrará, y se burlará de todas sus
calamidades. 18 Como
sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra y de
sus ciudades vecinas, dice Jehová, así no morará allí
nadie, ni la habitará hijo de hombre.
19 He aquí que como león subirá de la
espesura del Jordán contra la bella y robusta; porque
muy pronto le haré huir de ella, y al que fuere escogido
la encargaré; porque ¿quién es semejante a mí, y quién
me emplazará? ¿Quién será aquel pastor que me podrá
resistir? 20 Por tanto,
oíd el consejo que Jehová ha acordado sobre Edom, y sus
pensamientos que ha resuelto sobre los moradores de
Temán. Ciertamente a los más pequeños de su rebaño los
arrastrarán, y destruirán sus moradas con ellos.
21 Del estruendo de la
caída de ellos la tierra temblará, y el grito de su voz
se oirá en el Mar Rojo. 22 He
aquí que como águila subirá y volará, y extenderá sus
alas contra Bosra; y el corazón de los valientes de Edom
será en aquel día como el corazón de mujer en angustias.
23 Acerca de Damasco. Se
confundieron Hamat y Arfad, porque oyeron malas nuevas;
se derritieron en aguas de desmayo, no pueden sosegarse.
24 Se desmayó Damasco,
se volvió para huir, y le tomó temblor y angustia, y
dolores le tomaron, como de mujer que está de parto.
25 ¡Cómo dejaron a la
ciudad tan alabada, la ciudad de mi gozo!
26 Por tanto, sus jóvenes caerán en
sus plazas, y todos los hombres de guerra morirán en
aquel día, ha dicho Jehová de los ejércitos.
27 Y haré encender
fuego en el muro de Damasco, y consumirá las casas de
Ben-adad.
28 Acerca de Cedar y de
los reinos de Hazor, los cuales asoló Nabucodonosor rey
de Babilonia. Así ha dicho Jehová: Levantaos, subid
contra Cedar, y destruid a los hijos del oriente.
29 Sus tiendas y sus
ganados tomarán; sus cortinas y todos sus utensilios y
sus camellos tomarán para sí, y clamarán contra ellos:
Miedo alrededor. 30 Huid,
idos muy lejos, habitad en lugares profundos, oh
moradores de Hazor, dice Jehová; porque tomó consejo
contra vosotros Nabucodonosor rey de Babilonia, y contra
vosotros ha formado un designio. 31 Levantaos,
subid contra una nación pacífica que vive confiadamente,
dice Jehová, que ni tiene puertas ni cerrojos, que vive
solitaria. 32 Serán sus
camellos por botín, y la multitud de sus ganados por
despojo; y los esparciré por todos los vientos,
arrojados hasta el último rincón; y de todos lados les
traeré su ruina, dice Jehová. 33 Hazor
será morada de chacales, soledad para siempre; ninguno
morará allí, ni la habitará hijo de hombre.
34 Palabra de Jehová que
vino al profeta Jeremías acerca de Elam, en el principio
del reinado de Sedequías rey de Judá, diciendo:
35 Así ha dicho Jehová
de los ejércitos: He aquí que yo quiebro el arco de
Elam, parte principal de su fortaleza.
36 Traeré sobre Elam los cuatro
vientos de los cuatro puntos del cielo, y los aventaré a
todos estos vientos; y no habrá nación a donde no vayan
fugitivos de Elam. 37 Y
haré que Elam se intimide delante de sus enemigos, y
delante de los que buscan su vida; y traeré sobre ellos
mal, y el ardor de mi ira, dice Jehová; y enviaré en pos
de ellos espada hasta que los acabe.
38 Y pondré mi trono en Elam, y
destruiré a su rey y a su príncipe, dice Jehová.
39 Pero acontecerá en
los últimos días, que haré volver a los cautivos de
Elam, dice Jehová.
50
1 Palabra que habló
Jehová contra Babilonia, contra la tierra de los
caldeos, por medio del profeta Jeremías.
2 Anunciad en las naciones, y haced
saber; levantad también bandera, publicad, y no
encubráis; decid: Tomada es Babilonia, Bel es
confundido, deshecho es Merodac; destruidas son sus
esculturas, quebrados son sus ídolos.
3 Porque subió contra ella una nación
del norte, la cual pondrá su tierra en asolamiento, y no
habrá ni hombre ni animal que en ella more; huyeron, y
se fueron.
4 En
aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, vendrán
los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá
juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a
Jehová su Dios. 5 Preguntarán
por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros,
diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno
que jamás se ponga en olvido.
6 Ovejas
perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las hicieron
errar, por los montes las descarriaron; anduvieron de
monte en collado, y se olvidaron de sus rediles.
7 Todos los que los
hallaban, los devoraban; y decían sus enemigos: No
pecaremos, porque ellos pecaron contra Jehová morada de
justicia, contra Jehová esperanza de sus padres.
8 Huid
de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de los
caldeos, y sed como los machos cabríos que van delante
del rebaño. 9 Porque yo
levanto y hago subir contra Babilonia reunión de grandes
pueblos de la tierra del norte; desde allí se prepararán
contra ella, y será tomada; sus flechas son como de
valiente diestro, que no volverá vacío.
10 Y Caldea será para botín; todos los
que la saquearen se saciarán, dice Jehová.
11 Porque
os alegrasteis, porque os gozasteis destruyendo mi
heredad, porque os llenasteis como novilla sobre la
hierba, y relinchasteis como caballos.
12 Vuestra madre se avergonzó mucho,
se afrentó la que os dio a luz; he aquí será la última
de las naciones; desierto, sequedal y páramo.
13 Por la ira de Jehová
no será habitada, sino será asolada toda ella; todo
hombre que pasare por Babilonia se asombrará, y se
burlará de sus calamidades. 14 Poneos
en orden contra Babilonia alrededor, todos los que
entesáis arco; tirad contra ella, no escatiméis las
saetas, porque pecó contra Jehová.
15 Gritad contra ella en derredor; se
rindió; han caído sus cimientos, derribados son sus
muros, porque es venganza de Jehová. Tomad venganza de
ella; haced con ella como ella hizo.
16 Destruid en Babilonia al que
siembra, y al que mete hoz en tiempo de la siega;
delante de la espada destructora cada uno volverá el
rostro hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra.
17 Rebaño
descarriado es Israel; leones lo dispersaron; el rey de
Asiria lo devoró primero, Nabucodonosor rey de Babilonia
lo deshuesó después. 18 Por
tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: Yo castigo al rey de Babilonia y a su tierra,
como castigué al rey de Asiria. 19 Y
volveré a traer a Israel a su morada, y pacerá en el
Carmelo y en Basán; y en el monte de Efraín y en Galaad
se saciará su alma. 20 En
aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad
de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de
Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los que yo
hubiere dejado.
21 Sube
contra la tierra de Merataim, contra ella y contra los
moradores de Pecod; destruye y mata en pos de ellos,
dice Jehová, y haz conforme a todo lo que yo te he
mandado. 22 Estruendo
de guerra en la tierra, y quebrantamiento grande.
23 ¡Cómo fue cortado y
quebrado el martillo de toda la tierra! ¡cómo se
convirtió Babilonia en desolación entre las naciones!
24 Te puse lazos, y
fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste; fuiste
hallada, y aun presa, porque provocaste a Jehová.
25 Abrió Jehová su
tesoro, y sacó los instrumentos de su furor; porque esta
es obra de Jehová, Dios de los ejércitos, en la tierra
de los caldeos. 26 Venid
contra ella desde el extremo de la tierra; abrid sus
almacenes, convertidla en montón de ruinas, y
destruidla; que no le quede nada. 27 Matad
a todos sus novillos; que vayan al matadero. ¡Ay de
ellos! pues ha venido su día, el tiempo de su castigo.
28 Voz
de los que huyen y escapan de la tierra de Babilonia,
para dar en Sion las nuevas de la retribución de Jehová
nuestro Dios, de la venganza de su templo.
29 Haced
juntar contra Babilonia flecheros, a todos los que
entesan arco; acampad contra ella alrededor; no escape
de ella ninguno; pagadle según su obra; conforme a todo
lo que ella hizo, haced con ella; porque contra Jehová
se ensoberbeció, contra el Santo de Israel.
30 Por tanto, sus
jóvenes caerán en sus plazas, y todos sus hombres de
guerra serán destruidos en aquel día, dice Jehová.
31 He
aquí yo estoy contra ti, oh soberbio, dice el Señor,
Jehová de los ejércitos; porque tu día ha venido, el
tiempo en que te castigaré. 32 Y
el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo
levante; y encenderé fuego en sus ciudades, y quemaré
todos sus alrededores.
33 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: Oprimidos fueron los
hijos de Israel y los hijos de Judá juntamente; y todos
los que los tomaron cautivos los retuvieron; no los
quisieron soltar. 34 El
redentor de ellos es el Fuerte; Jehová de los ejércitos
es su nombre; de cierto abogará la causa de ellos para
hacer reposar la tierra, y turbar a los moradores de
Babilonia.
35 Espada
contra los caldeos, dice Jehová, y contra los moradores
de Babilonia, contra sus príncipes y contra sus sabios.
36 Espada contra los
adivinos, y se entontecerán; espada contra sus
valientes, y serán quebrantados. 37 Espada
contra sus caballos, contra sus carros, y contra todo el
pueblo que está en medio de ella, y serán como mujeres;
espada contra sus tesoros, y serán saqueados.
38 Sequedad sobre sus
aguas, y se secarán; porque es tierra de ídolos, y se
entontecen con imágenes.
39 Por
tanto, allí morarán fieras del desierto y chacales,
morarán también en ella polluelos de avestruz; nunca más
será poblada ni se habitará por generaciones y
generaciones. 40 Como
en la destrucción que Dios hizo de Sodoma y de Gomorra y
de sus ciudades vecinas, dice Jehová, así no morará allí
hombre, ni hijo de hombre la habitará.
41 He aquí viene un pueblo del norte,
y una nación grande y muchos reyes se levantarán de los
extremos de la tierra. 42 Arco
y lanza manejarán; serán crueles, y no tendrán
compasión; su voz rugirá como el mar, y montarán sobre
caballos; se prepararán contra ti como hombres a la
pelea, oh hija de Babilonia. 43 Oyó
la noticia el rey de Babilonia, y sus manos se
debilitaron; angustia le tomó, dolor como de mujer de
parto.
44 He
aquí que como león subirá de la espesura del Jordán a la
morada fortificada; porque muy pronto le haré huir de
ella, y al que yo escoja la encargaré; porque ¿quién es
semejante a mí? ¿y quién me emplazará? ¿o quién será
aquel pastor que podrá resistirme?
45 Por tanto, oíd la determinación que
Jehová ha acordado contra Babilonia, y los pensamientos
que ha formado contra la tierra de los caldeos:
Ciertamente a los más pequeños de su rebaño los
arrastrarán, y destruirán sus moradas con ellos.
46 Al grito de la toma
de Babilonia la tierra tembló, y el clamor se oyó entre
las naciones.
51
1 Así ha dicho Jehová:
He aquí que yo levanto un viento destruidor contra
Babilonia, y contra sus moradores que se levantan contra
mí. 2 Y enviaré a
Babilonia aventadores que la avienten, y vaciarán su
tierra; porque se pondrán contra ella de todas partes en
el día del mal. 3 Diré
al flechero que entesa su arco, y al que se enorgullece
de su coraza: No perdonéis a sus jóvenes, destruid todo
su ejército. 4 Y caerán
muertos en la tierra de los caldeos, y alanceados en sus
calles. 5 Porque Israel
y Judá no han enviudado de su Dios, Jehová de los
ejércitos, aunque su tierra fue llena de pecado contra
el Santo de Israel.
6 Huid
de en medio de Babilonia, y librad cada uno su vida,
para que no perezcáis a causa de su maldad; porque el
tiempo es de venganza de Jehová; le dará su pago.
7 Copa de oro fue
Babilonia en la mano de Jehová, que embriagó a toda la
tierra; de su vino bebieron los pueblos; se aturdieron,
por tanto, las naciones. 8 En
un momento cayó Babilonia, y se despedazó; gemid sobre
ella; tomad bálsamo para su dolor, quizá sane.
9 Curamos a Babilonia,
y no ha sanado; dejadla, y vámonos cada uno a su tierra;
porque ha llegado hasta el cielo su juicio, y se ha
alzado hasta las nubes. 10 Jehová
sacó a luz nuestras justicias; venid, y contemos en Sion
la obra de Jehová nuestro Dios.
11 Limpiad
las saetas, embrazad los escudos; ha despertado Jehová
el espíritu de los reyes de Media; porque contra
Babilonia es su pensamiento para destruirla; porque
venganza es de Jehová, y venganza de su templo.
12 Levantad bandera
sobre los muros de Babilonia, reforzad la guardia, poned
centinelas, disponed celadas; porque deliberó Jehová, y
aun pondrá en efecto lo que ha dicho contra los
moradores de Babilonia. 13 Tú,
la que moras entre muchas aguas, rica en tesoros, ha
venido tu fin, la medida de tu codicia.
14 Jehová de los ejércitos juró por sí
mismo, diciendo: Yo te llenaré de hombres como de
langostas, y levantarán contra ti gritería.
15 El
es el que hizo la tierra con su poder, el que afirmó el
mundo con su sabiduría, y extendió los cielos con su
inteligencia. 16 A su
voz se producen tumultos de aguas en los cielos, y hace
subir las nubes de lo último de la tierra; él hace
relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus
depósitos. 17 Todo
hombre se ha infatuado, y no tiene ciencia; se
avergüenza todo artífice de su escultura, porque mentira
es su ídolo, no tiene espíritu. 18 Vanidad
son, obra digna de burla; en el tiempo del castigo
perecerán. 19 No es
como ellos la porción de Jacob; porque él es el Formador
de todo, e Israel es el cetro de su herencia; Jehová de
los ejércitos es su nombre.
20 Martillo
me sois, y armas de guerra; y por medio de ti
quebrantaré naciones, y por medio de ti destruiré
reinos. 21 Por tu medio
quebrantaré caballos y a sus jinetes, y por medio de ti
quebrantaré carros y a los que en ellos suben.
22 Asimismo por tu
medio quebrantaré hombres y mujeres, y por medio de ti
quebrantaré viejos y jóvenes, y por tu medio quebrantaré
jóvenes y vírgenes. 23 También
quebrantaré por medio de ti al pastor y a su rebaño;
quebrantaré por tu medio a labradores y a sus yuntas; a
jefes y a príncipes quebrantaré por medio de ti.
24 Y
pagaré a Babilonia y a todos los moradores de Caldea,
todo el mal que ellos hicieron en Sion delante de
vuestros ojos, dice Jehová. 25 He
aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice
Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi
mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te
reduciré a monte quemado. 26 Y
nadie tomará de ti piedra para esquina, ni piedra para
cimiento; porque perpetuo asolamiento serás, ha dicho
Jehová.
27 Alzad
bandera en la tierra, tocad trompeta en las naciones,
preparad pueblos contra ella; juntad contra ella los
reinos de Ararat, de Mini y de Askenaz; señalad contra
ella capitán, haced subir caballos como langostas
erizadas. 28 Preparad
contra ella naciones; los reyes de Media, sus capitanes
y todos sus príncipes, y todo territorio de su dominio.
29 Temblará la tierra,
y se afligirá; porque es confirmado contra Babilonia
todo el pensamiento de Jehová, para poner la tierra de
Babilonia en soledad, para que no haya morador en ella.
30 Los valientes de
Babilonia dejaron de pelear, se encerraron en sus
fortalezas; les faltaron las fuerzas, se volvieron como
mujeres; incendiadas están sus casas, rotos sus
cerrojos. 31 Correo se
encontrará con correo, mensajero se encontrará con
mensajero, para anunciar al rey de Babilonia que su
ciudad es tomada por todas partes.
32 Los vados fueron tomados, y los
baluartes quemados a fuego, y se consternaron los
hombres de guerra. 33 Porque
así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: La
hija de Babilonia es como una era cuando está de
trillar; de aquí a poco le vendrá el tiempo de la siega.
34 Me
devoró, me desmenuzó Nabucodonosor rey de Babilonia, y
me dejó como vaso vacío; me tragó como dragón, llenó su
vientre de mis delicadezas, y me echó fuera.
35 Sobre Babilonia
caiga la violencia hecha a mí y a mi carne, dirá la
moradora de Sion; y mi sangre caiga sobre los moradores
de Caldea, dirá Jerusalén. 36 Por
tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo juzgo tu
causa y haré tu venganza; y secaré su mar, y haré que su
corriente quede seca. 37 Y
será Babilonia montones de ruinas, morada de chacales,
espanto y burla, sin morador.
38 Todos
a una rugirán como leones; como cachorros de leones
gruñirán. 39 En medio
de su calor les pondré banquetes, y haré que se
embriaguen, para que se alegren, y duerman eterno sueño
y no despierten, dice Jehová. 40 Los
haré traer como corderos al matadero, como carneros y
machos cabríos.
41 ¡Cómo
fue apresada Babilonia, y fue tomada la que era alabada
por toda la tierra! ¡Cómo vino a ser Babilonia objeto de
espanto entre las naciones! 42 Subió
el mar sobre Babilonia; de la multitud de sus olas fue
cubierta. 43 Sus
ciudades fueron asoladas, la tierra seca y desierta,
tierra en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo
de hombre. 44 Y juzgaré
a Bel en Babilonia, y sacaré de su boca lo que se ha
tragado; y no vendrán más naciones a él, y el muro de
Babilonia caerá.
45 Salid
de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada uno su
vida del ardor de la ira de Jehová.
46 Y no desmaye vuestro corazón, ni temáis
a causa del rumor que se oirá por la tierra; en un año
vendrá el rumor, y después en otro año rumor, y habrá
violencia en la tierra, dominador contra dominador.
47 Por
tanto, he aquí vienen días en que yo destruiré los
ídolos de Babilonia, y toda su tierra será avergonzada,
y todos sus muertos caerán en medio de ella.
48 Los cielos y la
tierra y todo lo que está en ellos cantarán de gozo
sobre Babilonia; porque del norte vendrán contra ella
destruidores, dice Jehová. 49 Por
los muertos de Israel caerá Babilonia, como por
Babilonia cayeron los muertos de toda la tierra.
50 Los
que escapasteis de la espada, andad, no os detengáis;
acordaos por muchos días de Jehová, y acordaos de
Jerusalén. 51 Estamos
avergonzados, porque oímos la afrenta; la confusión
cubrió nuestros rostros, porque vinieron extranjeros
contra los santuarios de la casa de Jehová.
52 Por
tanto, vienen días, dice Jehová, en que yo destruiré sus
ídolos, y en toda su tierra gemirán los heridos.
53 Aunque suba
Babilonia hasta el cielo, y se fortifique en las
alturas, de mí vendrán a ella destruidores, dice Jehová.
54 ¡Oyese
el clamor de Babilonia, y el gran quebrantamiento de la
tierra de los caldeos! 55 Porque
Jehová destruirá a Babilonia, y quitará de ella la mucha
jactancia; y bramarán sus olas, y como sonido de muchas
aguas será la voz de ellos. 56 Porque
vino destruidor contra ella, contra Babilonia, y sus
valientes fueron apresados; el arco de ellos fue
quebrado; porque Jehová, Dios de retribuciones, dará la
paga. 57 Y embriagaré a
sus príncipes y a sus sabios, a sus capitanes, a sus
nobles y a sus fuertes; y dormirán sueño eterno y no
despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los
ejércitos.
58 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos: El muro ancho de
Babilonia será derribado enteramente, y sus altas
puertas serán quemadas a fuego; en vano trabajaron los
pueblos, y las naciones se cansaron sólo para el fuego.
59 Palabra
que envió el profeta Jeremías a Seraías hijo de Nerías,
hijo de Maasías, cuando iba con Sedequías rey de Judá a
Babilonia, en el cuarto año de su reinado. Y era Seraías
el principal camarero. 60 Escribió,
pues, Jeremías en un libro todo el mal que había de
venir sobre Babilonia, todas las palabras que están
escritas contra Babilonia. 61 Y
dijo Jeremías a Seraías: Cuando llegues a Babilonia, y
veas y leas todas estas cosas, 62 dirás:
Oh Jehová, tú has dicho contra este lugar que lo habías
de destruir, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni
animal, sino que para siempre ha de ser asolado.
63 Y cuando acabes de
leer este libro, le atarás una piedra, y lo echarás en
medio del Eufrates, 64 y
dirás: Así se hundirá Babilonia, y no se levantará del
mal que yo traigo sobre ella; y serán rendidos. Hasta
aquí son las palabras de Jeremías.
52
1 Era Sedequías de edad
de veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once
años en Jerusalén. Su madre se llamaba Hamutal, hija de
Jeremías de Libna. 2 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todo lo
que hizo Joacim. 3 Y a
causa de la ira de Jehová contra Jerusalén y Judá, llegó
a echarlos de su presencia. Y se rebeló Sedequías contra
el rey de Babilonia.
4 Aconteció, por tanto,
a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los
diez días del mes, que vino Nabucodonosor rey de
Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y
acamparon contra ella, y de todas partes edificaron
contra ella baluartes. 5 Y
estuvo sitiada la ciudad hasta el undécimo año del rey
Sedequías. 6 En el mes
cuarto, a los nueve días del mes, prevaleció el hambre
en la ciudad, hasta no haber pan para el pueblo.
7 Y fue abierta una
brecha en el muro de la ciudad, y todos los hombres de
guerra huyeron, y salieron de la ciudad de noche por el
camino de la puerta entre los dos muros que había cerca
del jardín del rey, y se fueron por el camino del Arabá,
estando aún los caldeos junto a la ciudad alrededor.
8 Y el ejército de los
caldeos siguió al rey, y alcanzaron a Sedequías en los
llanos de Jericó; y lo abandonó todo su ejército.
9 Entonces prendieron
al rey, y le hicieron venir al rey de Babilonia, a Ribla
en tierra de Hamat, donde pronunció sentencia contra él.
10 Y degolló el rey de
Babilonia a los hijos de Sedequías delante de sus ojos,
y también degolló en Ribla a todos los príncipes de Judá.
11 No obstante, el rey
de Babilonia sólo le sacó los ojos a Sedequías, y le ató
con grillos, y lo hizo llevar a Babilonia; y lo puso en
la cárcel hasta el día en que murió.
12 Y en el mes quinto, a
los diez días del mes, que era el año diecinueve del
reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a
Jerusalén Nabuzaradán capitán de la guardia, que solía
estar delante del rey de Babilonia.
13 Y quemó la casa de Jehová, y la casa del
rey, y todas las casas de Jerusalén; y destruyó con
fuego todo edificio grande. 14 Y
todo el ejército de los caldeos, que venía con el
capitán de la guardia, destruyó todos los muros en
derredor de Jerusalén. 15 E
hizo transportar Nabuzaradán capitán de la guardia a los
pobres del pueblo, y a toda la otra gente del pueblo que
había quedado en la ciudad, a los desertores que se
habían pasado al rey de Babilonia, y a todo el resto de
la multitud del pueblo. 16 Mas
de los pobres del país dejó Nabuzaradán capitán de la
guardia para viñadores y labradores.
17 Y
los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban
en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce
que estaba en la casa de Jehová, y llevaron todo el
bronce a Babilonia. 18 Se
llevaron también los calderos, las palas, las
despabiladeras, los tazones, las cucharas, y todos los
utensilios de bronce con que se ministraba,
19 y los incensarios,
tazones, copas, ollas, candeleros, escudillas y tazas;
lo de oro por oro, y lo de plata por plata, se llevó el
capitán de la guardia. 20 Las
dos columnas, un mar, y los doce bueyes de bronce que
estaban debajo de las basas, que había hecho el rey
Salomón en la casa de Jehová; el peso del bronce de todo
esto era incalculable. 21 En
cuanto a las columnas, la altura de cada columna era de
dieciocho codos, y un cordón de doce codos la rodeaba; y
su espesor era de cuatro dedos, y eran huecas.
22 Y el capitel de
bronce que había sobre ella era de una altura de cinco
codos, con una red y granadas alrededor del capitel,
todo de bronce; y lo mismo era lo de la segunda columna
con sus granadas. 23 Había
noventa y seis granadas en cada hilera; todas ellas eran
ciento sobre la red alrededor.
24 Tomó
también el capitán de la guardia a Seraías el principal
sacerdote, a Sofonías el segundo sacerdote, y tres
guardas del atrio. 25 Y
de la ciudad tomó a un oficial que era capitán de los
hombres de guerra, a siete hombres de los consejeros
íntimos del rey, que estaban en la ciudad, y al
principal secretario de la milicia, que pasaba revista
al pueblo de la tierra para la guerra, y sesenta hombres
del pueblo que se hallaron dentro de la ciudad.
26 Los tomó, pues,
Nabuzaradán capitán de la guardia, y los llevó al rey de
Babilonia en Ribla. 27 Y
el rey de Babilonia los hirió, y los mató en Ribla en
tierra de Hamat. Así Judá fue transportada de su tierra.
28 Este
es el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: En el año
séptimo, a tres mil veintitrés hombres de Judá.
29 En el año dieciocho
de Nabucodonosor él llevó cautivas de Jerusalén a
ochocientas treinta y dos personas.
30 El año veintitrés de Nabucodonosor,
Nabuzaradán capitán de la guardia llevó cautivas a
setecientas cuarenta y cinco personas de los hombres de
Judá; todas las personas en total fueron cuatro mil
seiscientas.
31 Y sucedió que en el
año treinta y siete del cautiverio de Joaquín rey de
Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco días del
mes, Evil-merodac rey de Babilonia, en el año primero de
su reinado, alzó la cabeza de Joaquín rey de Judá y lo
sacó de la cárcel. 32 Y
habló con él amigablemente, e hizo poner su trono sobre
los tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia.
33 Le hizo mudar
también los vestidos de prisionero, y comía pan en la
mesa del rey siempre todos los días de su vida.
34 Y continuamente se
le daba una ración de parte del rey de Babilonia, cada
día durante todos los días de su vida, hasta el día de
su muerte.
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