ISAÍAS
1
1 Visión de Isaías hijo
de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días
de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.
2 Oíd,
cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié
hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.
3 El buey conoce a su
dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no
entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.
4 ¡Oh
gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de
malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron
a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.
5 ¿Por
qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis?
Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.
6 Desde la planta del
pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida,
hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni
vendadas, ni suavizadas con aceite.
7 Vuestra
tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a
fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por
extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.
8 Y queda la hija de
Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar,
como ciudad asolada.
9 Si
Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto
pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra.
10 Príncipes de Sodoma,
oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro
Dios, pueblo de Gomorra. 11 ¿Para
qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros
sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y
de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes,
ni de ovejas, ni de machos cabríos.
12 ¿Quién demanda esto de vuestras manos,
cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis
atrios? 13 No me
traigáis más vana ofrenda; el incienso me es
abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar
asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras
fiestas solemnes. 14 Vuestras
lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene
aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de
soportarlas. 15 Cuando
extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis
ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no
oiré; llenas están de sangre vuestras manos.
16 Lavaos y limpiaos;
quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis
ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended
a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al
agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la
viuda.
18 Venid
luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros
pecados fueren como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán
a ser como blanca lana. 19 Si
quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra;
20 si no quisiereis y
fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la
boca de Jehová lo ha dicho.
21 ¿Cómo te has
convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de
justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los
homicidas. 22 Tu plata
se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con
agua. 23 Tus príncipes,
prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el
soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia
al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.
24 Por
tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte
de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me
vengaré de mis adversarios; 25 y
volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro
tus escorias, y quitaré toda tu impureza.
26 Restauraré tus jueces como al
principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te
llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.
27 Sion
será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con
justicia. 28 Pero los
rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que
dejan a Jehová serán consumidos. 29 Entonces
os avergonzarán las encinas que amasteis, y os
afrentarán los huertos que escogisteis.
30 Porque seréis como encina a la que
se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las
aguas. 31 Y el fuerte
será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos
serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.
2
1 Lo que vio Isaías hijo
de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén.
2 Acontecerá
en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el
monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y
será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas
las naciones. 3 Y
vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al
monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos
enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas.
Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra
de Jehová. 4 Y juzgará
entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y
volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en
hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se
adiestrarán más para la guerra.
5 Venid, oh casa de
Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová.
6 Ciertamente tú has dejado tu pueblo,
la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres
traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos;
y pactan con hijos de extranjeros. 7 Su
tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen
fin. También está su tierra llena de caballos, y sus
carros son innumerables. 8 Además
su tierra está llena de ídolos, y se han arrodillado
ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus
dedos. 9 Y se ha
inclinado el hombre, y el varón se ha humillado; por
tanto, no los perdones. 10 Métete
en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia
temible de Jehová, y del resplandor de su majestad.
11 La altivez de los
ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los
hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en
aquel día. 12 Porque
día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo
soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será
abatido; 13 sobre todos
los cedros del Líbano altos y erguidos, y sobre todas
las encinas de Basán; 14 sobre
todos los montes altos, y sobre todos los collados
elevados; 15 sobre toda
torre alta, y sobre todo muro fuerte;
16 sobre todas las naves de Tarsis, y
sobre todas las pinturas preciadas.
17 La altivez del hombre será abatida, y la
soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová
será exaltado en aquel día. 18 Y
quitará totalmente los ídolos. 19 Y
se meterán en las cavernas de las peñas y en las
aberturas de la tierra, por la presencia temible de
Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se
levante para castigar la tierra.
20 Aquel
día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus
ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron
para que adorase, 21 y
se meterá en las hendiduras de las rocas y en las
cavernas de las peñas, por la presencia formidable de
Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se
levante para castigar la tierra. 22 Dejaos
del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de
qué es él estimado?
3
1 Porque he aquí que el
Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalén y de
Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan y
todo socorro de agua; 2 el
valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el
adivino y el anciano; 3 el
capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el
consejero, el artífice excelente y el hábil orador.
4 Y les pondré jóvenes
por príncipes, y muchachos serán sus señores.
5 Y el pueblo se hará
violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el
joven se levantará contra el anciano, y el villano
contra el noble.
6 Cuando
alguno tomare de la mano a su hermano, de la familia de
su padre, y le dijere: Tú tienes vestido, tú serás
nuestro príncipe, y toma en tus manos esta ruina;
7 él jurará aquel día,
diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni
hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del
pueblo. 8 Pues
arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la
lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para
irritar los ojos de su majestad.
9 La
apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque
como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del
alma de ellos! porque amontonaron mal para sí.
10 Decid al justo que
le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos.
11 ¡Ay del impío! Mal
le irá, porque según las obras de sus manos le será
pagado. 12 Los
opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se
enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te
engañan, y tuercen el curso de tus caminos.
13 Jehová
está en pie para litigar, y está para juzgar a los
pueblos. 14 Jehová
vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y
contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la
viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.
15 ¿Qué pensáis
vosotros que majáis mi pueblo y moléis las caras de los
pobres? dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
16 Asimismo dice Jehová:
Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan
con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando
andan van danzando, y haciendo son con los pies;
17 por tanto, el Señor
raerá la cabeza de las hijas de Sion, y Jehová
descubrirá sus vergüenzas.
18 Aquel
día quitará el Señor el atavío del calzado, las
redecillas, las lunetas, 19 los
collares, los pendientes y los brazaletes,
20 las cofias, los
atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los
pomitos de olor y los zarcillos, 21 los
anillos, y los joyeles de las narices,
22 las ropas de gala, los
mantoncillos, los velos, las bolsas,
23 los espejos, el lino fino, las
gasas y los tocados. 24 Y
en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y
cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de
la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala
ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura.
25 Tus varones caerán a
espada, y tu fuerza en la guerra. 26 Sus
puertas se entristecerán y enlutarán, y ella,
desamparada, se sentará en tierra.
4
1 Echarán mano de un
hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras
comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras
ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita
nuestro oprobio.
2 En aquel tiempo el
renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el
fruto de la tierra para grandeza y honra, a los
sobrevivientes de Israel. 3 Y
acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere
dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que
en Jerusalén estén registrados entre los vivientes,
4 cuando el Señor lave
las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre
de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio
y con espíritu de devastación. 5 Y
creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sion, y
sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad
de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas;
porque sobre toda gloria habrá un dosel,
6 y habrá un abrigo para sombra contra
el calor del día, para refugio y escondedero contra el
turbión y contra el aguacero.
5
1 Ahora cantaré por mi
amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado
una viña en una ladera fértil. 2 La
había cercado y despedregado y plantado de vides
escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y
hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese
uvas, y dio uvas silvestres.
3 Ahora,
pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad
ahora entre mí y mi viña. 4 ¿Qué
más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en
ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas
silvestres?
5 Os
mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le
quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su
cerca, y será hollada. 6 Haré
que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán
el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no
derramen lluvia sobre ella. 7 Ciertamente
la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel,
y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba
juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor.
8 ¡Ay de los que juntan
casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo
todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?
9 Ha llegado a mis
oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las
muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las
grandes y hermosas. 10 Y
diez yugadas de viña producirán un bato, y un homer de
semilla producirá un efa.
11 ¡Ay
de los que se levantan de mañana para seguir la
embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el
vino los enciende! 12 Y
en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles,
flautas y vino, y no miran la obra de Jehová, ni
consideran la obra de sus manos. 13 Por
tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo
conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su
multitud se secó de sed. 14 Por
eso ensanchó su interior el Seol, y sin medida extendió
su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su
multitud, y su fausto, y el que en él se regocijaba.
15 Y el hombre será
humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los
ojos de los altivos. 16 Pero
Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio, y el
Dios Santo será santificado con justicia.
17 Y los corderos serán apacentados
según su costumbre; y extraños devorarán los campos
desolados de los ricos.
18 ¡Ay
de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y
el pecado como con coyundas de carreta,
19 los cuales dicen: Venga ya,
apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el
consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!
20 ¡Ay de los que a lo
malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz
tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo
por dulce, y lo dulce por amargo! 21 ¡Ay
de los sabios en sus propios ojos, y de los que son
prudentes delante de sí mismos! 22 ¡Ay
de los que son valientes para beber vino, y hombres
fuertes para mezclar bebida; 23 los
que justifican al impío mediante cohecho, y al justo
quitan su derecho!
24 Por
tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y
la llama devora la paja, así será su raíz como
podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque
desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y
abominaron la palabra del Santo de Israel.
25 Por esta causa se
encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió
contra él su mano, y le hirió; y se estremecieron los
montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las
calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que
todavía su mano está extendida.
26 Alzará
pendón a naciones lejanas, y silbará al que está en el
extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y
velozmente. 27 No habrá
entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se
dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el
cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus
sandalias. 28 Sus
saetas estarán afiladas, y todos sus arcos entesados;
los cascos de sus caballos parecerán como de pedernal, y
las ruedas de sus carros como torbellino.
29 Su rugido será como de león; rugirá
a manera de leoncillo, crujirá los dientes, y arrebatará
la presa; se la llevará con seguridad, y nadie se la
quitará. 30 Y bramará
sobre él en aquel día como bramido del mar; entonces
mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de
tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.
6
1 En el año que murió el
rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y
sublime, y sus faldas llenaban el templo.
2 Por encima de él había serafines;
cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros,
con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3 Y el uno al otro daba
voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los
ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
4 Y los quiciales de
las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba,
y la casa se llenó de humo. 5 Entonces
dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre
inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que
tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová
de los ejércitos.
6 Y
voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano
un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
7 y tocando con él
sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y
es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
8 Después oí la voz del Señor, que
decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?
Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
9 Y dijo: Anda, y di a
este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto,
mas no comprendáis. 10 Engruesa
el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega
sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus
oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya
para él sanidad. 11 Y
yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que
las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya
hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto;
12 hasta que Jehová
haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los
lugares abandonados en medio de la tierra.
13 Y si quedare aún en
ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero
como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda
el tronco, así será el tronco, la simiente santa.
7
1 Aconteció en los días
de Acaz hijo de Jotam, hijo de Uzías, rey de Judá, que
Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías, rey de
Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla; pero
no la pudieron tomar. 2 Y
vino la nueva a la casa de David, diciendo: Siria se ha
confederado con Efraín. Y se le estremeció el corazón, y
el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles
del monte a causa del viento.
3 Entonces
dijo Jehová a Isaías: Sal ahora al encuentro de Acaz,
tú, y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto del
estanque de arriba, en el camino de la heredad del
Lavador, 4 y dile:
Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón a
causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el
ardor de la ira de Rezín y de Siria, y del hijo de
Remalías. 5 Ha acordado
maligno consejo contra ti el sirio, con Efraín y con el
hijo de Remalías, diciendo: 6 Vamos
contra Judá y aterroricémosla, y repartámosla entre
nosotros, y pongamos en medio de ella por rey al hijo de
Tabeel. 7 Por tanto,
Jehová el Señor dice así: No subsistirá, ni será.
8 Porque la cabeza de
Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín; y
dentro de sesenta y cinco años Efraín será quebrantado
hasta dejar de ser pueblo. 9 Y
la cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria
el hijo de Remalías. Si vosotros no creyereis, de cierto
no permaneceréis.
10 Habló
también Jehová a Acaz, diciendo: 11 Pide
para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de
abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto.
12 Y respondió Acaz: No
pediré, y no tentaré a Jehová. 13 Dijo
entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco
el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis
a mi Dios? 14 Por
tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la
virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su
nombre Emanuel. 15 Comerá
mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y
escoger lo bueno. 16 Porque
antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo
bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será
abandonada. 17 Jehová
hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de
tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que
Efraín se apartó de Judá, esto es, al rey de Asiria.
18 Y
acontecerá que aquel día silbará Jehová a la mosca que
está en el fin de los ríos de Egipto, y a la abeja que
está en la tierra de Asiria; 19 y
vendrán y acamparán todos en los valles desiertos, y en
las cavernas de las piedras, y en todos los zarzales, y
en todas las matas.
20 En
aquel día el Señor raerá con navaja alquilada, con los
que habitan al otro lado del río, esto es, con el rey de
Asiria, cabeza y pelo de los pies, y aun la barba
también quitará. 21 Acontecerá
en aquel tiempo, que criará un hombre una vaca y dos
ovejas; 22 y a causa de
la abundancia de leche que darán, comerá mantequilla;
ciertamente mantequilla y miel comerá el que quede en
medio de la tierra.
23 Acontecerá
también en aquel tiempo, que el lugar donde había mil
vides que valían mil siclos de plata, será para espinos
y cardos. 24 Con saetas
y arco irán allá, porque toda la tierra será espinos y
cardos. 25 Y a todos
los montes que se cavaban con azada, no llegarán allá
por el temor de los espinos y de los cardos, sino que
serán para pasto de bueyes y para ser hollados de los
ganados.
8
1 Me dijo Jehová: Toma
una tabla grande, y escribe en ella con caracteres
legibles tocante a Maher-salal-hasbaz.
2 Y junté conmigo por testigos fieles
al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.
3 Y me llegué a la
profetisa, la cual concibió, y dio a luz un hijo. Y me
dijo Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.
4 Porque antes que el
niño sepa decir: Padre mío, y Madre mía, será quitada la
riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del
rey de Asiria. 5 Otra
vez volvió Jehová a hablarme, diciendo:
6 Por cuanto desechó este pueblo las
aguas de Siloé, que corren mansamente, y se regocijó con
Rezín y con el hijo de Remalías; 7 he
aquí, por tanto, que el Señor hace subir sobre ellos
aguas de ríos, impetuosas y muchas, esto es, al rey de
Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre todos sus
ríos, y pasará sobre todas sus riberas;
8 y pasando hasta Judá, inundará y
pasará adelante, y llegará hasta la garganta; y
extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra,
oh Emanuel.
9 Reuníos,
pueblos, y seréis quebrantados; oíd, todos los que sois
de lejanas tierras; ceñíos, y seréis quebrantados;
disponeos, y seréis quebrantados. 10 Tomad
consejo, y será anulado; proferid palabra, y no será
firme, porque Dios está con nosotros.
11 Porque
Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me
enseñó que no caminase por el camino de este pueblo,
diciendo: 12 No llaméis
conspiración a todas las cosas que este pueblo llama
conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis
miedo. 13 A Jehová de
los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y
él sea vuestro miedo. 14 Entonces
él será por santuario; pero a las dos casas de Israel,
por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y
por lazo y por red al morador de Jerusalén.
15 Y muchos tropezarán
entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se
enredarán y serán apresados.
16 Ata
el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.
17 Esperaré, pues, a
Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob,
y en él confiaré. 18 He
aquí, yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales
y presagios en Israel, de parte de Jehová de los
ejércitos, que mora en el monte de Sion.
19 Y si os dijeren: Preguntad a los
encantadores y a los adivinos, que susurran hablando,
responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios?
¿Consultará a los muertos por los vivos?
20 ¡A la ley y al testimonio! Si no
dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.
21 Y pasarán por la
tierra fatigados y hambrientos, y acontecerá que
teniendo hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a
su Dios, levantando el rostro en alto.
22 Y mirarán a la tierra, y he aquí
tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán
sumidos en las tinieblas.
9
1 Mas no habrá siempre
oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como
la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente
tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la
tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el
camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de
los gentiles. 2 El
pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que
moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció
sobre ellos. 3 Multiplicaste
la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante
de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando
reparten despojos. 4 Porque
tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y
el cetro de su opresor, como en el día de Madián.
5 Porque todo calzado
que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y
todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto
del fuego. 6 Porque un
niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado
sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
7 Lo dilatado de su
imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de
David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en
juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo
de Jehová de los ejércitos hará esto.
8 El Señor envió palabra
a Jacob, y cayó en Israel. 9 Y
la sabrá todo el pueblo, Efraín y los moradores de
Samaria, que con soberbia y con altivez de corazón
dicen: 10 Los ladrillos
cayeron, pero edificaremos de cantería; cortaron los
cabrahigos, pero en su lugar pondremos cedros.
11 Pero Jehová
levantará los enemigos de Rezín contra él, y juntará a
sus enemigos; 12 del
oriente los sirios, y los filisteos del poniente; y a
boca llena devorarán a Israel. Ni con todo eso ha cesado
su furor, sino que todavía su mano está extendida.
13 Pero
el pueblo no se convirtió al que lo castigaba, ni buscó
a Jehová de los ejércitos. 14 Y
Jehová cortará de Israel cabeza y cola, rama y caña en
un mismo día. 15 El
anciano y venerable de rostro es la cabeza; el profeta
que enseña mentira, es la cola. 16 Porque
los gobernadores de este pueblo son engañadores, y sus
gobernados se pierden. 17 Por
tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus jóvenes,
ni de sus huérfanos y viudas tendrá misericordia; porque
todos son falsos y malignos, y toda boca habla
despropósitos. Ni con todo esto ha cesado su furor, sino
que todavía su mano está extendida.
18 Porque
la maldad se encendió como fuego, cardos y espinos
devorará; y se encenderá en lo espeso del bosque, y
serán alzados como remolinos de humo.
19 Por la ira de Jehová de los
ejércitos se oscureció la tierra, y será el pueblo como
pasto del fuego; el hombre no tendrá piedad de su
hermano. 20 Cada uno
hurtará a la mano derecha, y tendrá hambre, y comerá a
la izquierda, y no se saciará; cada cual comerá la carne
de su brazo; 21 Manasés
a Efraín, y Efraín a Manasés, y ambos contra Judá. Ni
con todo esto ha cesado su furor, sino que todavía su
mano está extendida.
10
1 ¡Ay de los que dictan
leyes injustas, y prescriben tiranía,
2 para apartar del juicio a los
pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi
pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los
huérfanos! 3 ¿Y qué
haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para
que os ayude, cuando venga de lejos el asolamiento? ¿En
dónde dejaréis vuestra gloria? 4 Sin
mí se inclinarán entre los presos, y entre los muertos
caerán. Ni con todo esto ha cesado su furor, sino que
todavía su mano está extendida.
5 Oh Asiria, vara y
báculo de mi furor, en su mano he puesto mi ira.
6 Le mandaré contra una
nación pérfida, y sobre el pueblo de mi ira le enviaré,
para que quite despojos, y arrebate presa, y lo ponga
para ser hollado como lodo de las calles.
7 Aunque él no lo pensará así, ni su
corazón lo imaginará de esta manera, sino que su
pensamiento será desarraigar y cortar naciones no pocas.
8 Porque él dice: Mis
príncipes, ¿no son todos reyes? 9 ¿No
es Calno como Carquemis, Hamat como Arfad, y Samaria
como Damasco? 10 Como
halló mi mano los reinos de los ídolos, siendo sus
imágenes más que las de Jerusalén y de Samaria;
11 como hice a Samaria
y a sus ídolos, ¿no haré también así a Jerusalén y a sus
ídolos?
12 Pero
acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su
obra en el monte de Sion y en Jerusalén, castigará el
fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y la
gloria de la altivez de sus ojos. 13 Porque
dijo: Con el poder de mi mano lo he hecho, y con mi
sabiduría, porque he sido prudente; quité los
territorios de los pueblos, y saqueé sus tesoros, y
derribé como valientes a los que estaban sentados;
14 y halló mi mano como
nido las riquezas de los pueblos; y como se recogen los
huevos abandonados, así me apoderé yo de toda la tierra;
y no hubo quien moviese ala, ni abriese boca y graznase.
15 ¿Se
gloriará el hacha contra el que con ella corta? ¿Se
ensoberbecerá la sierra contra el que la mueve? ¡Como si
el báculo levantase al que lo levanta; como si levantase
la vara al que no es leño! 16 Por
esto el Señor, Jehová de los ejércitos, enviará
debilidad sobre sus robustos, y debajo de su gloria
encenderá una hoguera como ardor de fuego.
17 Y la luz de Israel
será por fuego, y su Santo por llama, que abrase y
consuma en un día sus cardos y sus espinos.
18 La gloria de su
bosque y de su campo fértil consumirá totalmente, alma y
cuerpo, y vendrá a ser como abanderado en derrota.
19 Y los árboles que
queden en su bosque serán en número que un niño los
pueda contar.
20 Acontecerá
en aquel tiempo, que los que hayan quedado de Israel y
los que hayan quedado de la casa de Jacob, nunca más se
apoyarán en el que los hirió, sino que se apoyarán con
verdad en Jehová, el Santo de Israel.
21 El remanente volverá, el remanente
de Jacob volverá al Dios fuerte. 22 Porque
si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas del mar,
el remanente de él volverá; la destrucción acordada
rebosará justicia. 23 Pues
el Señor, Jehová de los ejércitos, hará consumación ya
determinada en medio de la tierra.
24 Por
tanto el Señor, Jehová de los ejércitos, dice así:
Pueblo mío, morador de Sion, no temas de Asiria. Con
vara te herirá, y contra ti alzará su palo, a la manera
de Egipto; 25 mas de
aquí a muy poco tiempo se acabará mi furor y mi enojo,
para destrucción de ellos. 26 Y
levantará Jehová de los ejércitos azote contra él como
la matanza de Madián en la peña de Oreb, y alzará su
vara sobre el mar como hizo por la vía de Egipto.
27 Acontecerá en aquel
tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo
de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.
28 Vino
hasta Ajat, pasó hasta Migrón; en Micmas contará su
ejército. 29 Pasaron el
vado; se alojaron en Geba; Ramá tembló; Gabaa de Saúl
huyó. 30 Grita en alta
voz, hija de Galim; haz que se oiga hacia Lais,
pobrecilla Anatot. 31 Madmena
se alborotó; los moradores de Gebim huyen.
32 Aún vendrá día
cuando reposará en Nob; alzará su mano al monte de la
hija de Sion, al collado de Jerusalén.
33 He aquí el Señor, Jehová de los
ejércitos, desgajará el ramaje con violencia, y los
árboles de gran altura serán cortados, y los altos serán
humillados. 34 Y
cortará con hierro la espesura del bosque, y el Líbano
caerá con estruendo.
11
1 Saldrá una vara del
tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.
2 Y reposará sobre él
el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de
inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu
de conocimiento y de temor de Jehová.
3 Y le hará entender diligente en el
temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos,
ni argüirá por lo que oigan sus oídos;
4 sino que juzgará con justicia a los
pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la
tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con
el espíritu de sus labios matará al impío.
5 Y será la justicia
cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su
cintura.
6 Morará
el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se
acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica
andarán juntos, y un niño los pastoreará.
7 La vaca y la osa pacerán, sus crías
se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja.
8 Y el niño de pecho
jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado
extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.
9 No harán mal ni
dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será
llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren
el mar.
10 Acontecerá
en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará
puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las
gentes; y su habitación será gloriosa.
11 Asimismo
acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez
su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún
quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y
Hamat, y en las costas del mar. 12 Y
levantará pendón a las naciones, y juntará los
desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá
de los cuatro confines de la tierra.
13 Y se disipará la envidia de Efraín,
y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no
tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín;
14 sino que volarán
sobre los hombros de los filisteos al occidente,
saquearán también a los de oriente; Edom y Moab les
servirán, y los hijos de Amón los obedecerán.
15 Y secará Jehová la
lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el
poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus
siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias.
16 Y habrá camino para
el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la
manera que lo hubo para Israel el día que subió de la
tierra de Egipto.
12
1 En aquel día dirás:
Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra
mí, tu indignación se apartó, y me has consolado.
2 He aquí Dios es
salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi
fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido
salvación para mí. 3 Sacaréis
con gozo aguas de las fuentes de la salvación.
4 Y diréis en aquel
día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres
en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es
engrandecido. 5 Cantad
salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea
sabido esto por toda la tierra. 6 Regocíjate
y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio
de ti el Santo de Israel.
13
1 Profecía sobre
Babilonia, revelada a Isaías hijo de Amoz.
2 Levantad
bandera sobre un alto monte; alzad la voz a ellos, alzad
la mano, para que entren por puertas de príncipes.
3 Yo mandé a mis
consagrados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira,
a los que se alegran con mi gloria.
4 Estruendo
de multitud en los montes, como de mucho pueblo;
estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas;
Jehová de los ejércitos pasa revista a las tropas para
la batalla. 5 Vienen de
lejana tierra, de lo postrero de los cielos, Jehová y
los instrumentos de su ira, para destruir toda la
tierra.
6 Aullad,
porque cerca está el día de Jehová; vendrá como
asolamiento del Todopoderoso. 7 Por
tanto, toda mano se debilitará, y desfallecerá todo
corazón de hombre, 8 y
se llenarán de terror; angustias y dolores se apoderarán
de ellos; tendrán dolores como mujer de parto; se
asombrará cada cual al mirar a su compañero; sus
rostros, rostros de llamas.
9 He
aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación
y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y
raer de ella a sus pecadores. 10 Por
lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no
darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna
no dará su resplandor. 11 Y
castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su
iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los
soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes.
12 Haré más precioso
que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al
hombre. 13 Porque haré
estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su
lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y
en el día del ardor de su ira. 14 Y
como gacela perseguida, y como oveja sin pastor, cada
cual mirará hacia su pueblo, y cada uno huirá a su
tierra. 15 Cualquiera
que sea hallado será alanceado; y cualquiera que por
ellos sea tomado, caerá a espada. 16 Sus
niños serán estrellados delante de ellos; sus casas
serán saqueadas, y violadas sus mujeres.
17 He aquí que yo despierto contra
ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni
codiciarán oro. 18 Con
arco tirarán a los niños, y no tendrán misericordia del
fruto del vientre, ni su ojo perdonará a los hijos.
19 Y Babilonia,
hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los
caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó
Dios. 20 Nunca más será
habitada, ni se morará en ella de generación en
generación; ni levantará allí tienda el árabe, ni
pastores tendrán allí majada; 21 sino
que dormirán allí las fieras del desierto, y sus casas
se llenarán de hurones; allí habitarán avestruces, y
allí saltarán las cabras salvajes.
22 En sus palacios aullarán hienas, y
chacales en sus casas de deleite; y cercano a llegar
está su tiempo, y sus días no se alargarán.
14
1 Porque Jehová tendrá
piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel, y lo hará
reposar en su tierra; y a ellos se unirán extranjeros, y
se juntarán a la familia de Jacob. 2 Y
los tomarán los pueblos, y los traerán a su lugar; y la
casa de Israel los poseerá por siervos y criadas en la
tierra de Jehová; y cautivarán a los que los cautivaron,
y señorearán sobre los que los oprimieron.
3 Y
en el día que Jehová te dé reposo de tu trabajo y de tu
temor, y de la dura servidumbre en que te hicieron
servir, 4 pronunciarás
este proverbio contra el rey de Babilonia, y dirás:
¡Cómo paró el opresor, cómo acabó la ciudad codiciosa de
oro! 5 Quebrantó Jehová
el báculo de los impíos, el cetro de los señores;
6 el que hería a los
pueblos con furor, con llaga permanente, el que se
enseñoreaba de las naciones con ira, y las perseguía con
crueldad. 7 Toda la
tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas.
8 Aun los cipreses se
regocijaron a causa de ti, y los cedros del Líbano,
diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador
contra nosotros. 9 El
Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu
venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas
a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de
las naciones. 10 Todos
ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te
debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como
nosotros? 11 Descendió
al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos
serán tu cama, y gusanos te cubrirán.
12 ¡Cómo
caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado
fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.
13 Tú que decías en tu
corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las
estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del
testimonio me sentaré, a los lados del norte;
14 sobre las alturas de
las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
15 Mas tú derribado
eres hasta el Seol, a los lados del abismo.
16 Se inclinarán hacia
ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste
aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba
los reinos; 17 que puso
el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a
sus presos nunca abrió la cárcel? 18 Todos
los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra
cada uno en su morada; 19 pero
tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable,
como vestido de muertos pasados a espada, que
descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo
muerto hollado. 20 No
serás contado con ellos en la sepultura; porque tú
destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será
nombrada para siempre la descendencia de los malignos.
21 Preparad sus hijos
para el matadero, por la maldad de sus padres; no se
levanten, ni posean la tierra, ni llenen de ciudades la
faz del mundo.
22 Porque
yo me levantaré contra ellos, dice Jehová de los
ejércitos, y raeré de Babilonia el nombre y el
remanente, hijo y nieto, dice Jehová.
23 Y la convertiré en posesión de
erizos, y en lagunas de agua; y la barreré con escobas
de destrucción, dice Jehová de los ejércitos.
24 Jehová de los
ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la
manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he
determinado; 25 que
quebrantaré al asirio en mi tierra, y en mis montes lo
hollaré; y su yugo será apartado de ellos, y su carga
será quitada de su hombro. 26 Este
es el consejo que está acordado sobre toda la tierra, y
esta, la mano extendida sobre todas las naciones.
27 Porque Jehová de los
ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su
mano extendida, ¿quién la hará retroceder?
28 En el año que murió
el rey Acaz fue esta profecía: 29 No
te alegres tú, Filistea toda, por haberse quebrado la
vara del que te hería; porque de la raíz de la culebra
saldrá áspid, y su fruto, serpiente voladora.
30 Y los primogénitos
de los pobres serán apacentados, y los menesterosos se
acostarán confiados; mas yo haré morir de hambre tu
raíz, y destruiré lo que de ti quedare.
31 Aúlla, oh puerta; clama, oh ciudad;
disuelta estás toda tú, Filistea; porque humo vendrá del
norte, no quedará uno solo en sus asambleas.
32 ¿Y qué se responderá
a los mensajeros de las naciones? Que Jehová fundó a
Sion, y que a ella se acogerán los afligidos de su
pueblo.
15
1 Profecía sobre Moab.
Cierto, de noche fue destruida Ar de Moab, puesta en
silencio. Cierto, de noche fue destruida Kir de Moab,
reducida a silencio. 2 Subió
a Bayit y a Dibón, lugares altos, a llorar; sobre Nebo y
sobre Medeba aullará Moab; toda cabeza de ella será
rapada, y toda barba rasurada. 3 Se
ceñirán de cilicio en sus calles; en sus terrados y en
sus plazas aullarán todos, deshaciéndose en llanto.
4 Hesbón y Eleale
gritarán, hasta Jahaza se oirá su voz; por lo que
aullarán los guerreros de Moab, se lamentará el alma de
cada uno dentro de él. 5 Mi
corazón dará gritos por Moab; sus fugitivos huirán hasta
Zoar, como novilla de tres años. Por la cuesta de Luhit
subirán llorando, y levantarán grito de quebrantamiento
por el camino de Horonaim. 6 Las
aguas de Nimrim serán consumidas, y se secará la hierba,
se marchitarán los retoños, todo verdor perecerá.
7 Por tanto, las
riquezas que habrán adquirido, y las que habrán
reservado, las llevarán al torrente de los sauces.
8 Porque el llanto
rodeó los límites de Moab; hasta Eglaim llegó su
alarido, y hasta Beer-elim su clamor.
9 Y las aguas de Dimón se llenarán de
sangre; porque yo traeré sobre Dimón males mayores,
leones a los que escaparen de Moab, y a los
sobrevivientes de la tierra.
16
1 Enviad cordero al
señor de la tierra, desde Sela del desierto al monte de
la hija de Sion. 2 Y
cual ave espantada que huye de su nido, así serán las
hijas de Moab en los vados de Arnón.
3 Reúne consejo, haz juicio; pon tu
sombra en medio del día como la noche; esconde a los
desterrados, no entregues a los que andan errantes.
4 Moren contigo mis
desterrados, oh Moab; sé para ellos escondedero de la
presencia del devastador; porque el atormentador
fenecerá, el devastador tendrá fin, el pisoteador será
consumido de sobre la tierra. 5 Y
se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se
sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien
juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.
6 Hemos
oído la soberbia de Moab; muy grandes son su soberbia,
su arrogancia y su altivez; pero sus mentiras no serán
firmes. 7 Por tanto,
aullará Moab, todo él aullará; gemiréis en gran manera
abatidos, por las tortas de uvas de Kir-hareset.
8 Porque
los campos de Hesbón fueron talados, y las vides de
Sibma; señores de naciones pisotearon sus generosos
sarmientos; habían llegado hasta Jazer, y se habían
extendido por el desierto; se extendieron sus plantas,
pasaron el mar. 9 Por
lo cual lamentaré con lloro de Jazer por la viña de
Sibma; te regaré con mis lágrimas, oh Hesbón y Eleale;
porque sobre tus cosechas y sobre tu siega caerá el
grito de guerra. 10 Quitado
es el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas
no cantarán, ni se regocijarán; no pisará vino en los
lagares el pisador; he hecho cesar el grito del
lagarero. 11 Por tanto,
mis entrañas vibrarán como arpa por Moab, y mi corazón
por Kir-hareset. 12 Y
cuando apareciere Moab cansado sobre los lugares altos,
cuando venga a su santuario a orar, no le valdrá.
13 Esta
es la palabra que pronunció Jehová sobre Moab desde
aquel tiempo; 14 pero
ahora Jehová ha hablado, diciendo: Dentro de tres años,
como los años de un jornalero, será abatida la gloria de
Moab, con toda su gran multitud; y los sobrevivientes
serán pocos, pequeños y débiles.
17
1 Profecía sobre
Damasco. He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y
será montón de ruinas. 2 Las
ciudades de Aroer están desamparadas, en majadas se
convertirán; dormirán allí, y no habrá quien los
espante. 3 Y cesará el
socorro de Efraín, y el reino de Damasco; y lo que quede
de Siria será como la gloria de los hijos de Israel,
dice Jehová de los ejércitos.
4 En aquel tiempo la
gloria de Jacob se atenuará, y se enflaquecerá la
grosura de su carne. 5 Y
será como cuando el segador recoge la mies, y con su
brazo siega las espigas; será también como el que recoge
espigas en el valle de Refaim. 6 Y
quedarán en él rebuscos, como cuando sacuden el olivo;
dos o tres frutos en la punta de la rama, cuatro o cinco
en sus ramas más fructíferas, dice Jehová Dios de
Israel.
7 En
aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos
contemplarán al Santo de Israel. 8 Y
no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni
mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los símbolos de
Asera, ni a las imágenes del sol. 9 En
aquel día sus ciudades fortificadas serán como los
frutos que quedan en los renuevos y en las ramas, los
cuales fueron dejados a causa de los hijos de Israel; y
habrá desolación. 10 Porque
te olvidaste del Dios de tu salvación, y no te acordaste
de la roca de tu refugio; por tanto, sembrarás plantas
hermosas, y plantarás sarmiento extraño.
11 El día que las plantes, las harás
crecer, y harás que su simiente brote de mañana; pero la
cosecha será arrebatada en el día de la angustia, y del
dolor desesperado.
12 ¡Ay!
multitud de muchos pueblos que harán ruido como
estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán
alboroto como bramido de muchas aguas.
13 Los pueblos harán estrépito como de
ruido de muchas aguas; pero Dios los reprenderá, y
huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los
montes delante del viento, y como el polvo delante del
torbellino. 14 Al
tiempo de la tarde, he aquí la turbación, pero antes de
la mañana el enemigo ya no existe. Esta es la parte de
los que nos aplastan, y la suerte de los que nos
saquean.
18
1 ¡Ay de la tierra que
hace sombra con las alas, que está tras los ríos de
Etiopía; 2 que envía
mensajeros por el mar, y en naves de junco sobre las
aguas! Andad, mensajeros veloces, a la nación de elevada
estatura y tez brillante, al pueblo temible desde su
principio y después, gente fuerte y conquistadora, cuya
tierra es surcada por ríos. 3 Vosotros,
todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra,
cuando se levante bandera en los montes, mirad; y cuando
se toque trompeta, escuchad.
4 Porque
Jehová me dijo así: Me estaré quieto, y los miraré desde
mi morada, como sol claro después de la lluvia, como
nube de rocío en el calor de la siega.
5 Porque antes de la siega, cuando el
fruto sea perfecto, y pasada la flor se maduren los
frutos, entonces podará con podaderas las ramitas, y
cortará y quitará las ramas. 6 Y
serán dejados todos para las aves de los montes y para
las bestias de la tierra; sobre ellos tendrán el verano
las aves, e invernarán todas las bestias de la tierra.
7 En
aquel tiempo será traída ofrenda a Jehová de los
ejércitos, del pueblo de elevada estatura y tez
brillante, del pueblo temible desde su principio y
después, gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es
surcada por ríos, al lugar del nombre de Jehová de los
ejércitos, al monte de Sion.
19
1 Profecía sobre Egipto.
He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube, y
entrará en Egipto; y los ídolos de Egipto temblarán
delante de él, y desfallecerá el corazón de los egipcios
dentro de ellos. 2 Levantaré
egipcios contra egipcios, y cada uno peleará contra su
hermano, cada uno contra su prójimo; ciudad contra
ciudad, y reino contra reino. 3 Y
el espíritu de Egipto se desvanecerá en medio de él, y
destruiré su consejo; y preguntarán a sus imágenes, a
sus hechiceros, a sus evocadores y a sus adivinos.
4 Y entregaré a Egipto
en manos de señor duro, y rey violento se enseñoreará de
ellos, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
5 Y
las aguas del mar faltarán, y el río se agotará y
secará. 6 Y se alejarán
los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los
fosos; la caña y el carrizo serán cortados.
7 La pradera de junto
al río, de junto a la ribera del río, y toda sementera
del río, se secarán, se perderán, y no serán más.
8 Los pescadores
también se entristecerán; harán duelo todos los que
echan anzuelo en el río, y desfallecerán los que
extienden red sobre las aguas. 9 Los
que labran lino fino y los que tejen redes serán
confundidos, 10 porque
todas sus redes serán rotas; y se entristecerán todos
los que hacen viveros para peces.
11 Ciertamente
son necios los príncipes de Zoán; el consejo de los
prudentes consejeros de Faraón se ha desvanecido. ¿Cómo
diréis a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, e hijo de
los reyes antiguos? 12 ¿Dónde
están ahora aquellos tus sabios? Que te digan ahora, o
te hagan saber qué es lo que Jehová de los ejércitos ha
determinado sobre Egipto. 13 Se
han desvanecido los príncipes de Zoán, se han engañado
los príncipes de Menfis; engañaron a Egipto los que son
la piedra angular de sus familias.
14 Jehová mezcló espíritu de vértigo en
medio de él; e hicieron errar a Egipto en toda su obra,
como tambalea el ebrio en su vómito.
15 Y no aprovechará a Egipto cosa que
haga la cabeza o la cola, la rama o el junco.
16 En
aquel día los egipcios serán como mujeres; porque se
asombrarán y temerán en la presencia de la mano alta de
Jehová de los ejércitos, que él levantará contra ellos.
17 Y la tierra de Judá
será de espanto a Egipto; todo hombre que de ella se
acordare temerá por causa del consejo que Jehová de los
ejércitos acordó sobre aquél.
18 En
aquel tiempo habrá cinco ciudades en la tierra de Egipto
que hablen la lengua de Canaán, y que juren por Jehová
de los ejércitos; una será llamada la ciudad de Herez.
19 En
aquel tiempo habrá altar para Jehová en medio de la
tierra de Egipto, y monumento a Jehová junto a su
frontera. 20 Y será por
señal y por testimonio a Jehová de los ejércitos en la
tierra de Egipto; porque clamarán a Jehová a causa de
sus opresores, y él les enviará salvador y príncipe que
los libre. 21 Y Jehová
será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a
Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación; y
harán votos a Jehová, y los cumplirán.
22 Y herirá Jehová a Egipto; herirá y
sanará, y se convertirán a Jehová, y les será clemente y
los sanará.
23 En
aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y
asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los
egipcios servirán con los asirios a Jehová.
24 En
aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria
para bendición en medio de la tierra;
25 porque Jehová de los ejércitos los
bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el
asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad.
20
1 En el año que vino el
Tartán a Asdod, cuando lo envió Sargón rey de Asiria, y
peleó contra Asdod y la tomó; 2 en
aquel tiempo habló Jehová por medio de Isaías hijo de
Amoz, diciendo: Ve y quita el cilicio de tus lomos, y
descalza las sandalias de tus pies. Y lo hizo así,
andando desnudo y descalzo. 3 Y
dijo Jehová: De la manera que anduvo mi siervo Isaías
desnudo y descalzo tres años, por señal y pronóstico
sobre Egipto y sobre Etiopía, 4 así
llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y los
deportados de Etiopía, a jóvenes y a ancianos, desnudos
y descalzos, y descubiertas las nalgas para vergüenza de
Egipto. 5 Y se turbarán
y avergonzarán de Etiopía su esperanza, y de Egipto su
gloria. 6 Y dirá en
aquel día el morador de esta costa: Mirad qué tal fue
nuestra esperanza, a donde nos acogimos por socorro para
ser libres de la presencia del rey de Asiria; ¿y cómo
escaparemos nosotros?
21
1 Profecía sobre el
desierto del mar. Como torbellino del Neguev, así viene
del desierto, de la tierra horrenda.
2 Visión dura me ha sido mostrada. El
prevaricador prevarica, y el destructor destruye. Sube,
oh Elam; sitia, oh Media. Todo su gemido hice cesar.
3 Por tanto, mis lomos
se han llenado de dolor; angustias se apoderaron de mí,
como angustias de mujer de parto; me agobié oyendo, y al
ver me he espantado. 4 Se
pasmó mi corazón, el horror me ha intimidado; la noche
de mi deseo se me volvió en espanto.
5 Ponen la mesa, extienden tapices;
comen, beben. ¡Levantaos, oh príncipes, ungid el escudo!
6 Porque el Señor me
dijo así: Ve, pon centinela que haga saber lo que vea.
7 Y vio hombres
montados, jinetes de dos en dos, montados sobre asnos,
montados sobre camellos; y miró más atentamente,
8 y gritó como un león:
Señor, sobre la atalaya estoy yo continuamente de día, y
las noches enteras sobre mi guarda;
9 y he aquí vienen hombres montados,
jinetes de dos en dos. Después habló y dijo: Cayó, cayó
Babilonia; y todos los ídolos de sus dioses quebrantó en
tierra. 10 Oh pueblo
mío, trillado y aventado, os he dicho lo que oí de
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel.
11 Profecía sobre Duma.
Me dan voces de Seir: Guarda, ¿qué de la noche? Guarda,
¿qué de la noche? 12 El
guarda respondió: La mañana viene, y después la noche;
preguntad si queréis, preguntad; volved, venid.
13 Profecía sobre
Arabia. En el bosque pasaréis la noche en Arabia, oh
caminantes de Dedán. 14 Salid
a encontrar al sediento; llevadle agua, moradores de
tierra de Tema, socorred con pan al que huye.
15 Porque ante la
espada huye, ante la espada desnuda, ante el arco
entesado, ante el peso de la batalla.
16 Porque
así me ha dicho Jehová: De aquí a un año, semejante a
años de jornalero, toda la gloria de Cedar será
deshecha; 17 y los
sobrevivientes del número de los valientes flecheros,
hijos de Cedar, serán reducidos; porque Jehová Dios de
Israel lo ha dicho.
22
1 Profecía sobre el
valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que con todos los
tuyos has subido sobre los terrados?
2 Tú, llena de alborotos, ciudad
turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos a
espada, ni muertos en guerra. 3 Todos
tus príncipes juntos huyeron del arco, fueron atados;
todos los que en ti se hallaron, fueron atados
juntamente, aunque habían huido lejos.
4 Por esto dije: Dejadme, lloraré
amargamente; no os afanéis por consolarme de la
destrucción de la hija de mi pueblo.
5 Porque
día es de alboroto, de angustia y de confusión, de parte
del Señor, Jehová de los ejércitos, en el valle de la
visión, para derribar el muro, y clamar al monte.
6 Y Elam tomó aljaba,
con carros y con jinetes, y Kir sacó el escudo.
7 Tus hermosos valles
fueron llenos de carros, y los de a caballo acamparon a
la puerta. 8 Y desnudó
la cubierta de Judá; y miraste en aquel día hacia la
casa de armas del bosque. 9 Visteis
las brechas de la ciudad de David, que se multiplicaron;
y recogisteis las aguas del estanque de abajo.
10 Y contasteis las
casas de Jerusalén, y derribasteis casas para fortificar
el muro. 11 Hicisteis
foso entre los dos muros para las aguas del estanque
viejo; y no tuvisteis respeto al que lo hizo, ni
mirasteis de lejos al que lo labró.
12 Por
tanto, el Señor, Jehová de los ejércitos, llamó en este
día a llanto y a endechas, a raparse el cabello y a
vestir cilicio; 13 y he
aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas,
comiendo carne y bebiendo vino, diciendo: Comamos y
bebamos, porque mañana moriremos. 14 Esto
fue revelado a mis oídos de parte de Jehová de los
ejércitos: Que este pecado no os será perdonado hasta
que muráis, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
15 Jehová de los
ejércitos dice así: Ve, entra a este tesorero, a Sebna
el mayordomo, y dile: 16 ¿Qué
tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que labraste aquí
sepulcro para ti, como el que en lugar alto labra su
sepultura, o el que esculpe para sí morada en una peña?
17 He aquí que Jehová
te transportará en duro cautiverio, y de cierto te
cubrirá el rostro. 18 Te
echará a rodar con ímpetu, como a bola por tierra
extensa; allá morirás, y allá estarán los carros de tu
gloria, oh vergüenza de la casa de tu señor.
19 Y te arrojaré de tu
lugar, y de tu puesto te empujaré.
20 En aquel día llamaré a mi siervo
Eliaquim hijo de Hilcías, 21 y
lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu
talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad; y será
padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá.
22 Y pondré la llave de
la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie
cerrará; cerrará, y nadie abrirá. 23 Y
lo hincaré como clavo en lugar firme; y será por asiento
de honra a la casa de su padre. 24 Colgarán
de él toda la honra de la casa de su padre, los hijos y
los nietos, todos los vasos menores, desde las tazas
hasta toda clase de jarros. 25 En
aquel día, dice Jehová de los ejércitos, el clavo
hincado en lugar firme será quitado; será quebrado y
caerá, y la carga que sobre él se puso se echará a
perder; porque Jehová habló.
23
1 Profecía sobre Tiro.
Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es Tiro hasta
no quedar casa, ni a donde entrar; desde la tierra de
Quitim les es revelado. 2 Callad,
moradores de la costa, mercaderes de Sidón, que pasando
el mar te abastecían. 3 Su
provisión procedía de las sementeras que crecen con las
muchas aguas del Nilo, de la mies del río. Fue también
emporio de las naciones. 4 Avergüénzate,
Sidón, porque el mar, la fortaleza del mar habló,
diciendo: Nunca estuve de parto, ni di a luz, ni crié
jóvenes, ni levanté vírgenes. 5 Cuando
llegue la noticia a Egipto, tendrán dolor de las nuevas
de Tiro. 6 Pasaos a
Tarsis; aullad, moradores de la costa.
7 ¿No era ésta vuestra ciudad alegre,
con muchos días de antigüedad? Sus pies la llevarán a
morar lejos. 8 ¿Quién
decretó esto sobre Tiro, la que repartía coronas, cuyos
negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los
nobles de la tierra? 9 Jehová
de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia
de toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la
tierra. 10 Pasa cual
río de tu tierra, oh hija de Tarsis, porque no tendrás
ya más poder. 11 Extendió
su mano sobre el mar, hizo temblar los reinos; Jehová
mandó respecto a Canaán, que sus fortalezas sean
destruidas. 12 Y dijo:
No te alegrarás más, oh oprimida virgen hija de Sidón.
Levántate para pasar a Quitim, y aun allí no tendrás
reposo. 13 Mira la
tierra de los caldeos. Este pueblo no existía; Asiria la
fundó para los moradores del desierto. Levantaron sus
fortalezas, edificaron sus palacios; él la convirtió en
ruinas. 14 Aullad,
naves de Tarsis, porque destruida es vuestra fortaleza.
15 Acontecerá en aquel
día, que Tiro será puesta en olvido por setenta años,
como días de un rey. Después de los setenta años,
cantará Tiro canción como de ramera.
16 Toma arpa, y rodea la ciudad, oh
ramera olvidada; haz buena melodía, reitera la canción,
para que seas recordada. 17 Y
acontecerá que al fin de los setenta años visitará
Jehová a Tiro; y volverá a comerciar, y otra vez
fornicará con todos los reinos del mundo sobre la faz de
la tierra. 18 Pero sus
negocios y ganancias serán consagrados a Jehová; no se
guardarán ni se atesorarán, porque sus ganancias serán
para los que estuvieren delante de Jehová, para que
coman hasta saciarse, y vistan espléndidamente.
24
1 He aquí que Jehová
vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y hace
esparcir a sus moradores. 2 Y
sucederá así como al pueblo, también al sacerdote; como
al siervo, así a su amo; como a la criada, a su ama;
como al que compra, al que vende; como al que presta, al
que toma prestado; como al que da a logro, así al que lo
recibe. 3 La tierra
será enteramente vaciada, y completamente saqueada;
porque Jehová ha pronunciado esta palabra.
4 Se
destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo;
enfermaron los altos pueblos de la tierra.
5 Y la tierra se
contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las
leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto
sempiterno. 6 Por esta
causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores
fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los
habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres.
7 Se perdió el vino,
enfermó la vid, gimieron todos los que eran alegres de
corazón. 8 Cesó el
regocijo de los panderos, se acabó el estruendo de los
que se alegran, cesó la alegría del arpa.
9 No beberán vino con cantar; la sidra
les será amarga a los que la bebieren.
10 Quebrantada está la ciudad por la
vanidad; toda casa se ha cerrado, para que no entre
nadie. 11 Hay clamores
por falta de vino en las calles; todo gozo se oscureció,
se desterró la alegría de la tierra.
12 La ciudad quedó desolada, y con
ruina fue derribada la puerta. 13 Porque
así será en medio de la tierra, en medio de los pueblos,
como olivo sacudido, como rebuscos después de la
vendimia.
14 Estos
alzarán su voz, cantarán gozosos por la grandeza de
Jehová; desde el mar darán voces. 15 Glorificad
por esto a Jehová en los valles; en las orillas del mar
sea nombrado Jehová Dios de Israel.
16 De lo postrero de la tierra oímos
cánticos: Gloria al justo. Y yo dije: ¡Mi desdicha, mi
desdicha, ay de mí! Prevaricadores han prevaricado; y
han prevaricado con prevaricación de desleales.
17 Terror,
foso y red sobre ti, oh morador de la tierra.
18 Y acontecerá que el
que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el
que saliere de en medio del foso será preso en la red;
porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los
cimientos de la tierra. 19 Será
quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada
será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida.
20 Temblará la tierra
como un ebrio, y será removida como una choza; y se
agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se
levantará.
21 Acontecerá
en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los
cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la
tierra. 22 Y serán
amontonados como se amontona a los encarcelados en
mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán
castigados después de muchos días.
23 La luna se avergonzará, y el sol se
confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el
monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos
sea glorioso.
25
1 Jehová, tú eres mi
Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho
maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza.
2 Porque convertiste la
ciudad en montón, la ciudad fortificada en ruina; el
alcázar de los extraños para que no sea ciudad, ni nunca
jamás sea reedificado. 3 Por
esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la
ciudad de gentes robustas. 4 Porque
fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en
su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra
el calor; porque el ímpetu de los violentos es como
turbión contra el muro. 5 Como
el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los
extraños; y como calor debajo de nube harás marchitar el
renuevo de los robustos.
6 Y
Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los
pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de
vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos
purificados. 7 Y
destruirá en este monte la cubierta con que están
cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a
todas las naciones. 8 Destruirá
a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor
toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta
de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha
dicho.
9 Y
se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le
hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien
hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su
salvación.
10 Porque
la mano de Jehová reposará en este monte; pero Moab será
hollado en su mismo sitio, como es hollada la paja en el
muladar. 11 Y extenderá
su mano por en medio de él, como la extiende el nadador
para nadar; y abatirá su soberbia y la destreza de sus
manos; 12 Y abatirá la
fortaleza de tus altos muros; la humillará y la echará a
tierra, hasta el polvo.
26
1 En aquel día cantarán
este cántico en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos;
salvación puso Dios por muros y antemuro.
2 Abrid las puertas, y entrará la
gente justa, guardadora de verdades.
3 Tú guardarás en completa paz a aquel
cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha
confiado. 4 Confiad en
Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la
fortaleza de los siglos. 5 Porque
derribó a los que moraban en lugar sublime; humilló a la
ciudad exaltada, la humilló hasta la tierra, la derribó
hasta el polvo. 6 La
hollará pie, los pies del afligido, los pasos de los
menesterosos.
7 El
camino del justo es rectitud; tú, que eres recto, pesas
el camino del justo. 8 También
en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos
esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra
alma. 9 Con mi alma te
he deseado en la noche, y en tanto que me dure el
espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque
luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores
del mundo aprenden justicia. 10 Se
mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en
tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la
majestad de Jehová. 11 Jehová,
tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán al fin, y
se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus
enemigos fuego los consumirá. 12 Jehová,
tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros
todas nuestras obras. 13 Jehová
Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han
enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos
acordaremos de tu nombre. 14 Muertos
son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque
los castigaste, y destruiste y deshiciste todo su
recuerdo. 15 Aumentaste
el pueblo, oh Jehová, aumentaste el pueblo; te hiciste
glorioso; ensanchaste todos los confines de la tierra.
16 Jehová,
en la tribulación te buscaron; derramaron oración cuando
los castigaste. 17 Como
la mujer encinta cuando se acerca el alumbramiento gime
y da gritos en sus dolores, así hemos sido delante de
ti, oh Jehová. 18 Concebimos,
tuvimos dolores de parto, dimos a luz viento; ninguna
liberación hicimos en la tierra, ni cayeron los
moradores del mundo. 19 Tus
muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y
cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual
rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos.
20 Anda,
pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus
puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto
que pasa la indignación. 21 Porque
he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al
morador de la tierra por su maldad contra él; y la
tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no
encubrirá ya más a sus muertos.
27
1 En aquel día Jehová
castigará con su espada dura, grande y fuerte al
leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente
tortuosa; y matará al dragón que está en el mar.
2 En
aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo.
3 Yo Jehová la guardo,
cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día,
para que nadie la dañe. 4 No
hay enojo en mí. ¿Quién pondrá contra mí en batalla
espinos y cardos? Yo los hollaré, los quemaré a una.
5 ¿O forzará alguien mi
fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo.
6 Días
vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará
renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto.
7 ¿Acaso ha sido herido
como quien lo hirió, o ha sido muerto como los que lo
mataron? 8 Con medida
lo castigarás en sus vástagos. El los remueve con su
recio viento en el día del aire solano.
9 De esta manera, pues, será perdonada
la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto, la
remoción de su pecado; cuando haga todas las piedras del
altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten
los símbolos de Asera ni las imágenes del sol.
10 Porque la ciudad
fortificada será desolada, la ciudad habitada será
abandonada y dejada como un desierto; allí pastará el
becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas.
11 Cuando sus ramas se
sequen, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas;
porque aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto,
su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se
compadecerá de él el que lo formó.
12 Acontecerá
en aquel día, que trillará Jehová desde el río Eufrates
hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de
Israel, seréis reunidos uno a uno.
13 Acontecerá también en aquel día, que se
tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido
esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido
desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte
santo, en Jerusalén.
28
1 ¡Ay de la corona de
soberbia de los ebrios de Efraín, y de la flor caduca de
la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del
valle fértil de los aturdidos del vino!
2 He aquí, Jehová tiene uno que es
fuerte y poderoso; como turbión de granizo y como
torbellino trastornador, como ímpetu de recias aguas que
inundan, con fuerza derriba a tierra.
3 Con los pies será pisoteada la
corona de soberbia de los ebrios de Efraín.
4 Y será la flor caduca
de la hermosura de su gloria que está sobre la cabeza
del valle fértil, como la fruta temprana, la primera del
verano, la cual, apenas la ve el que la mira, se la
traga tan luego como la tiene a mano.
5 En
aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de
gloria y diadema de hermosura al remanente de su pueblo;
6 y por espíritu de
juicio al que se sienta en juicio, y por fuerzas a los
que rechacen la batalla en la puerta.
7 Pero
también éstos erraron con el vino, y con sidra se
entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con
sidra, fueron trastornados por el vino; se aturdieron
con la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el
juicio. 8 Porque toda
mesa está llena de vómito y suciedad, hasta no haber
lugar limpio. 9 ¿A
quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender
doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los
pechos? 10 Porque
mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato,
renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito
allí, otro poquito allá; 11 porque
en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a
este pueblo, 12 a los
cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al
cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oir.
13 La palabra, pues, de
Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato
sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea,
un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y
caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y
presos.
14 Por tanto, varones
burladores que gobernáis a este pueblo que está en
Jerusalén, oíd la palabra de Jehová.
15 Por cuanto habéis dicho: Pacto
tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el
Seol; cuando pase el turbión del azote, no llegará a
nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la
mentira, y en la falsedad nos esconderemos;
16 por tanto, Jehová el
Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por
fundamento una piedra, piedra probada, angular,
preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se
apresure. 17 Y ajustaré
el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo
barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el
escondrijo. 18 Y será
anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio
con el Seol no será firme; cuando pase el turbión del
azote, seréis de él pisoteados. 19 Luego
que comience a pasar, él os arrebatará; porque de mañana
en mañana pasará, de día y de noche; y será ciertamente
espanto el entender lo oído. 20 La
cama será corta para poder estirarse, y la manta
estrecha para poder envolverse. 21 Porque
Jehová se levantará como en el monte Perazim, como en el
valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su
extraña obra, y para hacer su operación, su extraña
operación. 22 Ahora,
pues, no os burléis, para que no se aprieten más
vuestras ataduras; porque destrucción ya determinada
sobre toda la tierra he oído del Señor, Jehová de los
ejércitos.
23 Estad
atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho.
24 El que ara para
sembrar, ¿arará todo el día? ¿Romperá y quebrará los
terrones de la tierra? 25 Cuando
ha igualado su superficie, ¿no derrama el eneldo,
siembra el comino, pone el trigo en hileras, y la cebada
en el lugar señalado, y la avena en su borde apropiado?
26 Porque su Dios le
instruye, y le enseña lo recto; 27 que
el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se
pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el
eneldo, y el comino con una vara. 28 El
grano se trilla; pero no lo trillará para siempre, ni lo
comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con
los dientes de su trillo. 29 También
esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer
maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.
29
1 ¡Ay de Ariel, de
Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año a otro,
las fiestas sigan su curso. 2 Mas
yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y
triste; y será a mí como Ariel. 3 Porque
acamparé contra ti alrededor, y te sitiaré con
campamentos, y levantaré contra ti baluartes.
4 Entonces serás
humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá
del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un
fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo.
5 Y la muchedumbre de
tus enemigos será como polvo menudo, y la multitud de
los fuertes como tamo que pasa; y será repentinamente,
en un momento. 6 Por
Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos, con
terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad,
y llama de fuego consumidor. 7 Y
será como sueño de visión nocturna la multitud de todas
las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que
pelean contra ella y su fortaleza, y los que la ponen en
apretura. 8 Y les
sucederá como el que tiene hambre y sueña, y le parece
que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío;
o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe,
pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así
será la multitud de todas las naciones que pelearán
contra el monte de Sion.
9 Deteneos y
maravillaos; ofuscaos y cegaos; embriagaos, y no de
vino; tambalead, y no de sidra. 10 Porque
Jehová derramó sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró
los ojos de vuestros profetas, y puso velo sobre las
cabezas de vuestros videntes. 11 Y
os será toda visión como palabras de libro sellado, el
cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora
esto; él dirá: No puedo, porque está sellado.
12 Y si se diere el
libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto;
él dirá: No sé leer. 13 Dice,
pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su
boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está
lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;
14 por tanto, he aquí
que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo
con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la
sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la
inteligencia de sus entendidos.
15 ¡Ay
de los que se esconden de Jehová, encubriendo el
consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién
nos ve, y quién nos conoce? 16 Vuestra
perversidad ciertamente será reputada como el barro del
alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo?
¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: No entendió?
17 ¿No se convertirá de
aquí a muy poco tiempo el Líbano en campo fructífero, y
el campo fértil será estimado por bosque?
18 En aquel tiempo los sordos oirán
las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán
en medio de la oscuridad y de las tinieblas.
19 Entonces los
humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más
pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel.
20 Porque el violento
será acabado, y el escarnecedor será consumido; serán
destruidos todos los que se desvelan para hacer
iniquidad, 21 los que
hacen pecar al hombre en palabra; los que arman lazo al
que reprendía en la puerta, y pervierten la causa del
justo con vanidad.
22 Por
tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a la casa
de Jacob: No será ahora avergonzado Jacob, ni su rostro
se pondrá pálido; 23 porque
verá a sus hijos, obra de mis manos en medio de ellos,
que santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de
Jacob, y temerán al Dios de Israel.
24 Y los extraviados de espíritu aprenderán
inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.
30
1 ¡Ay de los hijos que
se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí;
para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu,
añadiendo pecado a pecado! 2 Que
se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado
de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y
poner su esperanza en la sombra de Egipto.
3 Pero la fuerza de
Faraón se os cambiará en vergüenza, y el amparo en la
sombra de Egipto en confusión. 4 Cuando
estén sus príncipes en Zoán, y sus embajadores lleguen a
Hanes, 5 todos se
avergonzarán del pueblo que no les aprovecha, ni los
socorre, ni les trae provecho; antes les será para
vergüenza y aun para oprobio.
6 Profecía
sobre las bestias del Neguev: Por tierra de tribulación
y de angustia, de donde salen la leona y el león, la
víbora y la serpiente que vuela, llevan sobre lomos de
asnos sus riquezas, y sus tesoros sobre jorobas de
camellos, a un pueblo que no les será de provecho.
7 Ciertamente Egipto en
vano e inútilmente dará ayuda; por tanto yo le di voces,
que su fortaleza sería estarse quietos.
8 Ve,
pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante
de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta
el día postrero, eternamente y para siempre.
9 Porque este pueblo es
rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la
ley de Jehová; 10 que
dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos
profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas,
profetizad mentiras; 11 dejad
el camino, apartaos de la senda, quitad de nuestra
presencia al Santo de Israel. 12 Por
tanto, el Santo de Israel dice así: Porque desechasteis
esta palabra, y confiasteis en violencia y en iniquidad,
y en ello os habéis apoyado; 13 por
tanto, os será este pecado como grieta que amenaza
ruina, extendiéndose en una pared elevada, cuya caída
viene súbita y repentinamente. 14 Y
se quebrará como se quiebra un vaso de alfarero, que sin
misericordia lo hacen pedazos; tanto, que entre los
pedazos no se halla tiesto para traer fuego del hogar, o
para sacar agua del pozo.
15 Porque
así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En
descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en
confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis,
16 sino que dijisteis:
No, antes huiremos en caballos; por tanto, vosotros
huiréis. Sobre corceles veloces cabalgaremos; por tanto,
serán veloces vuestros perseguidores.
17 Un millar huirá a la amenaza de
uno; a la amenaza de cinco huiréis vosotros todos, hasta
que quedéis como mástil en la cumbre de un monte, y como
bandera sobre una colina.
18 Por tanto, Jehová
esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto,
será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque
Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que
confían en él. 19 Ciertamente
el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más
llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti;
al oír la voz de tu clamor te responderá.
20 Bien
que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia,
con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino
que tus ojos verán a tus maestros.
21 Entonces tus oídos oirán a tus espaldas
palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no
echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano
izquierda. 22 Entonces
profanarás la cubierta de tus esculturas de plata, y la
vestidura de tus imágenes fundidas de oro; las apartarás
como trapo asqueroso; ¡Sal fuera! les dirás.
23 Entonces
dará el Señor lluvia a tu sementera, cuando siembres la
tierra, y dará pan del fruto de la tierra, y será
abundante y pingüe; tus ganados en aquel tiempo serán
apacentados en espaciosas dehesas.
24 Tus bueyes y tus asnos que labran la
tierra comerán grano limpio, aventado con pala y criba.
25 Y sobre todo monte
alto, y sobre todo collado elevado, habrá ríos y
corrientes de aguas el día de la gran matanza, cuando
caerán las torres. 26 Y
la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del
sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día
que vendare Jehová la herida de su pueblo, y curare la
llaga que él causó.
27 He aquí que el nombre
de Jehová viene de lejos; su rostro encendido, y con
llamas de fuego devorador; sus labios llenos de ira, y
su lengua como fuego que consume. 28 Su
aliento, cual torrente que inunda; llegará hasta el
cuello, para zarandear a las naciones con criba de
destrucción; y el freno estará en las quijadas de los
pueblos, haciéndoles errar.
29 Vosotros
tendréis cántico como de noche en que se celebra pascua,
y alegría de corazón, como el que va con flauta para
venir al monte de Jehová, al Fuerte de Israel.
30 Y Jehová hará oír su
potente voz, y hará ver el descenso de su brazo, con
furor de rostro y llama de fuego consumidor, con
torbellino, tempestad y piedra de granizo.
31 Porque Asiria que
hirió con vara, con la voz de Jehová será quebrantada.
32 Y cada golpe de la
vara justiciera que asiente Jehová sobre él, será con
panderos y con arpas; y en batalla tumultuosa peleará
contra ellos. 33 Porque
Tofet ya de tiempo está dispuesto y preparado para el
rey, profundo y ancho, cuya pira es de fuego, y mucha
leña; el soplo de Jehová, como torrente de azufre, lo
enciende.
31
1 ¡Ay de los que
descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y
su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en
jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de
Israel, ni buscan a Jehová! 2 Pero
él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus
palabras. Se levantará, pues, contra la casa de los
malignos, y contra el auxilio de los que hacen
iniquidad. 3 Y los
egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y
no espíritu; de manera que al extender Jehová su mano,
caerá el ayudador y caerá el ayudado, y todos ellos
desfallecerán a una.
4 Porque
Jehová me dijo a mí de esta manera: Como el león y el
cachorro de león ruge sobre la presa, y si se reúne
cuadrilla de pastores contra él, no lo espantarán sus
voces, ni se acobardará por el tropel de ellos; así
Jehová de los ejércitos descenderá a pelear sobre el
monte de Sion, y sobre su collado. 5 Como
las aves que vuelan, así amparará Jehová de los
ejércitos a Jerusalén, amparando, librando, preservando
y salvando.
6 Volved
a aquel contra quien se rebelaron profundamente los
hijos de Israel. 7 Porque
en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata y
sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras
manos pecadoras. 8 Entonces
caerá Asiria por espada no de varón, y la consumirá
espada no de hombre; y huirá de la presencia de la
espada, y sus jóvenes serán tributarios.
9 Y de miedo pasará su fortaleza, y
sus príncipes, con pavor, dejarán sus banderas, dice
Jehová, cuyo fuego está en Sion, y su horno en
Jerusalén.
32
1 He aquí que para
justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en
juicio. 2 Y será aquel
varón como escondedero contra el viento, y como refugio
contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de
sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra
calurosa. 3 No se
ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos
de los oyentes oirán atentos. 4 Y
el corazón de los necios entenderá para saber, y la
lengua de los tartamudos hablará rápida y claramente.
5 El ruin nunca más
será llamado generoso, ni el tramposo será llamado
espléndido. 6 Porque el
ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará
iniquidad, para cometer impiedad y para hablar escarnio
contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y
quitando la bebida al sediento. 7 Las
armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas
para enredar a los simples con palabras mentirosas, y
para hablar en juicio contra el pobre.
8 Pero el generoso pensará
generosidades, y por generosidades será exaltado.
9 Mujeres indolentes,
levantaos, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi
razón. 10 De aquí a
algo más de un año tendréis espanto, oh confiadas;
porque la vendimia faltará, y la cosecha no vendrá.
11 Temblad, oh
indolentes; turbaos, oh confiadas; despojaos, desnudaos,
ceñid los lomos con cilicio. 12 Golpeándose
el pecho lamentarán por los campos deleitosos, por la
vid fértil. 13 Sobre la
tierra de mi pueblo subirán espinos y cardos, y aun
sobre todas las casas en que hay alegría en la ciudad de
alegría. 14 Porque los
palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad
cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para
siempre, donde descansen asnos monteses, y ganados hagan
majada; 15 hasta que
sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y
el desierto se convierta en campo fértil, y el campo
fértil sea estimado por bosque. 16 Y
habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil
morará la justicia. 17 Y
el efecto de la justicia será paz; y la labor de la
justicia, reposo y seguridad para siempre.
18 Y mi pueblo habitará
en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos
de reposo. 19 Y cuando
caiga granizo, caerá en los montes; y la ciudad será del
todo abatida. 20 Dichosos
vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y
dejáis libres al buey y al asno.
33
1 ¡Ay de ti, que
saqueas, y nunca fuiste saqueado; que haces deslealtad,
bien que nadie contra ti la hizo! Cuando acabes de
saquear, serás tú saqueado; y cuando acabes de hacer
deslealtad, se hará contra ti.
2 Oh
Jehová, ten misericordia de nosotros, a ti hemos
esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también
nuestra salvación en tiempo de la tribulación.
3 Los pueblos huyeron a
la voz del estruendo; las naciones fueron esparcidas al
levantarte tú. 4 Sus
despojos serán recogidos como cuando recogen orugas;
correrán sobre ellos como de una a otra parte corren las
langostas. 5 Será
exaltado Jehová, el cual mora en las alturas; llenó a
Sion de juicio y de justicia. 6 Y
reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia, y
abundancia de salvación; el temor de Jehová será su
tesoro.
7 He
aquí que sus embajadores darán voces afuera; los
mensajeros de paz llorarán amargamente.
8 Las calzadas están deshechas,
cesaron los caminantes; ha anulado el pacto, aborreció
las ciudades, tuvo en nada a los hombres.
9 Se enlutó, enfermó la tierra; el
Líbano se avergonzó, y fue cortado; Sarón se ha vuelto
como desierto, y Basán y el Carmelo fueron sacudidos.
10 Ahora
me levantaré, dice Jehová; ahora seré exaltado, ahora
seré engrandecido. 11 Concebisteis
hojarascas, rastrojo daréis a luz; el soplo de vuestro
fuego os consumirá. 12 Y
los pueblos serán como cal quemada; como espinos
cortados serán quemados con fuego.
13 Oíd, los que estáis lejos, lo que he
hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi
poder. 14 Los pecadores
se asombraron en Sion, espanto sobrecogió a los
hipócritas. ¿Quién de nosotros morará con el fuego
consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas
eternas? 15 El que
camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la
ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no
recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír
propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no
ver cosa mala; 16 éste
habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su
lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán
seguras.
17 Tus
ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que
está lejos. 18 Tu
corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del
escriba? ¿qué del pesador del tributo? ¿qué del que pone
en lista las casas más insignes? 19 No
verás a aquel pueblo orgulloso, pueblo de lengua difícil
de entender, de lengua tartamuda que no comprendas.
20 Mira a Sion, ciudad
de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a
Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será
desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna
de sus cuerdas será rota. 21 Porque
ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte,
lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no
andará galera de remos, ni por él pasará gran nave.
22 Porque Jehová es
nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es
nuestro Rey; él mismo nos salvará.
23 Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron
su mástil, ni entesaron la vela; se repartirá entonces
botín de muchos despojos; los cojos arrebatarán el
botín. 24 No dirá el
morador: Estoy enfermo; al pueblo que more en ella le
será perdonada la iniquidad.
34
1 Acercaos, naciones,
juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la
tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que
produce. 2 Porque
Jehová está airado contra todas las naciones, e
indignado contra todo el ejército de ellas; las
destruirá y las entregará al matadero.
3 Y los muertos de ellas serán
arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor; y los
montes se disolverán por la sangre de ellos.
4 Y todo el ejército de
los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como
un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja
de la parra, y como se cae la de la higuera.
5 Porque
en los cielos se embriagará mi espada; he aquí que
descenderá sobre Edom en juicio, y sobre el pueblo de mi
anatema. 6 Llena está
de sangre la espada de Jehová, engrasada está de
grosura, de sangre de corderos y de machos cabríos, de
grosura de riñones de carneros; porque Jehová tiene
sacrificios en Bosra, y grande matanza en tierra de
Edom. 7 Y con ellos
caerán búfalos, y toros con becerros; y su tierra se
embriagará de sangre, y su polvo se engrasará de
grosura.
8 Porque
es día de venganza de Jehová, año de retribuciones en el
pleito de Sion. 9 Y sus
arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y
su tierra en brea ardiente. 10 No
se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su
humo; de generación en generación será asolada, nunca
jamás pasará nadie por ella. 11 Se
adueñarán de ella el pelícano y el erizo, la lechuza y
el cuervo morarán en ella; y se extenderá sobre ella
cordel de destrucción, y niveles de asolamiento.
12 Llamarán a sus
príncipes, príncipes sin reino; y todos sus grandes
serán nada.
13 En
sus alcázares crecerán espinos, y ortigas y cardos en
sus fortalezas; y serán morada de chacales, y patio para
los pollos de los avestruces. 14 Las
fieras del desierto se encontrarán con las hienas, y la
cabra salvaje gritará a su compañero; la lechuza también
tendrá allí morada, y hallará para sí reposo.
15 Allí
anidará el buho, pondrá sus huevos, y sacará sus pollos,
y los juntará debajo de sus alas; también se juntarán
allí buitres, cada uno con su compañera.
16 Inquirid en el libro de Jehová, y
leed si faltó alguno de ellos; ninguno faltó con su
compañera; porque su boca mandó, y los reunió su mismo
Espíritu. 17 Y él les
echó suertes, y su mano les repartió con cordel; para
siempre la tendrán por heredad; de generación en
generación morarán allí.
35
1 Se alegrarán el
desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá
como la rosa. 2 Florecerá
profusamente, y también se alegrará y cantará con
júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura
del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová,
la hermosura del Dios nuestro. 3 Fortaleced
las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles.
4 Decid a los de
corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que
vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo
vendrá, y os salvará.
5 Entonces
los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de
los sordos se abrirán. 6 Entonces
el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del
mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y
torrentes en la soledad. 7 El
lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en
manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su
guarida, será lugar de cañas y juncos.
8 Y
habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de
Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo
estará con ellos; el que anduviere en este camino, por
torpe que sea, no se extraviará. 9 No
habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se
hallará, para que caminen los redimidos.
10 Y los redimidos de Jehová volverán,
y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre
sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la
tristeza y el gemido.
36
1 Aconteció en el año
catorce del rey Ezequías, que Senaquerib rey de Asiria
subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y
las tomó. 2 Y el rey de
Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde
Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías; y acampó
junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino
de la heredad del Lavador. 3 Y
salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna,
escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller,
4 a los cuales dijo el Rabsaces: Decid
ahora a Ezequías: El gran rey, el rey de Asiria, dice
así: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas?
5 Yo digo que el
consejo y poderío para la guerra, de que tú hablas, no
son más que palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién
confías para que te rebeles contra mí?
6 He aquí que confías en este báculo
de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se
apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará. Tal
es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él
confían. 7 Y si me
decís: En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es éste
aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar
Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este
altar adoraréis? 8 Ahora,
pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi
señor, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar
jinetes que cabalguen sobre ellos. 9 ¿Cómo,
pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los
siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con
sus carros y su gente de a caballo?
10 ¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para
destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta
tierra y destrúyela.
11 Entonces
dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces: Te rogamos
que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo
entendemos; y no hables con nosotros en lengua de Judá,
porque lo oye el pueblo que está sobre el muro.
12 Y dijo el Rabsaces:
¿Acaso me envió mi señor a que dijese estas palabras a
ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el
muro, expuestos a comer su estiércol y beber su orina
con vosotros?
13 Entonces
el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz en lengua
de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, el rey
de Asiria. 14 El rey
dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá
librar. 15 Ni os haga
Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová
nos librará; no será entregada esta ciudad en manos del
rey de Asiria. 16 No
escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria:
Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno de su
viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las
aguas de su pozo, 17 hasta
que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra,
tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.
18 Mirad que no os
engañe Ezequías diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso
libraron los dioses de las naciones cada uno su tierra
de la mano del rey de Asiria? 19 ¿Dónde
está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de
Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano?
20 ¿Qué dios hay entre
los dioses de estas tierras que haya librado su tierra
de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a
Jerusalén?
21 Pero
ellos callaron, y no le respondieron palabra; porque el
rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis.
22 Entonces Eliaquim
hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo
de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus
vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.
37
1 Aconteció, pues, que
cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y
cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová.
2 Y envió a Eliaquim
mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los
sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo
de Amoz. 3 Los cuales
le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día de angustia, de
reprensión y de blasfemia es este día; porque los hijos
han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz
no tiene fuerzas. 4 Quizá
oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al cual
el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios
vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová
tu Dios; eleva, pues, oración tú por el remanente que
aún ha quedado.
5 Vinieron,
pues, los siervos de Ezequías a Isaías.
6 Y les dijo Isaías: Diréis así a
vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las
palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado
los siervos del rey de Asiria. 7 He
aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y
volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a
espada.
8 Vuelto,
pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que combatía
contra Libna; porque ya había oído que se había apartado
de Laquis. 9 Mas oyendo
decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha salido
para hacerte guerra; al oírlo, envió embajadores a
Ezequías, diciendo: 10 Así
diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en
quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será entregada
en mano del rey de Asiria. 11 He
aquí que tú oíste lo que han hecho los reyes de Asiria a
todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú?
12 ¿Acaso libraron sus
dioses a las naciones que destruyeron mis antepasados, a
Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que moraban en
Telasar? 13 ¿Dónde está
el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad
de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
14 Y
tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y
las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió
delante de Jehová. 15 Entonces
Ezequías oró a Jehová, diciendo: 16 Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los
querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la
tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.
17 Inclina, oh Jehová,
tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye
todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a
blasfemar al Dios viviente. 18 Ciertamente,
oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las
tierras y sus comarcas, 19 y
entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran
dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra;
por eso los destruyeron. 20 Ahora
pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que
todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres
Jehová.
21 Entonces
Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha
dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste
sobre Senaquerib rey de Asiria, 22 estas
son las palabras que Jehová habló contra él: La virgen
hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti
mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
23 ¿A
quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién
has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra
el Santo de Israel. 24 Por
mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste:
Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de
los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos
cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más
elevadas cumbres, al bosque de sus feraces campos.
25 Yo cavé, y bebí las
aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los
ríos de Egipto.
26 ¿No
has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice,
que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y
ahora lo he hecho venir, y tú serás para reducir las
ciudades fortificadas a montones de escombros.
27 Sus moradores fueron
de corto poder; fueron acobardados y confusos, fueron
como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de
los terrados, que antes de sazón se seca.
28 He
conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu
furor contra mí. 29 Porque
contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis
oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno
en tus labios, y te haré volver por el camino por donde
viniste.
30 Y
esto te será por señal: Comeréis este año lo que nace de
suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año
tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y
comeréis su fruto. 31 Y
lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que
hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará
fruto arriba. 32 Porque
de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion
los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos
hará esto.
33 Por
tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No
entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no
vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra
ella baluarte. 34 Por
el camino que vino, volverá, y no entrará en esta
ciudad, dice Jehová. 35 Porque
yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí
mismo, y por amor de David mi siervo.
36 Y
salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco
mil en el campamento de los asirios; y cuando se
levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos
de muertos. 37 Entonces
Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en
Nínive. 38 Y aconteció
que mientras adoraba en el templo de Nisroc su dios, sus
hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada, y huyeron
a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esarhadón su
hijo.
38
1 En aquellos días
Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta
Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena
tu casa, porque morirás, y no vivirás.
2 Entonces volvió Ezequías su rostro a
la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y
dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he
andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y
que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus
ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro.
4 Entonces vino palabra de Jehová a
Isaías, diciendo: 5 Ve
y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así:
He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo
añado a tus días quince años. 6 Y
te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de
Asiria; y a esta ciudad ampararé.
7 Y
esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará
esto que ha dicho: 8 He
aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha
descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados
atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales
había ya descendido.
9 Escritura
de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su
enfermedad: 10 Yo dije:
A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol;
privado soy del resto de mis años.
11 Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra
de los vivientes; ya no veré más hombre con los
moradores del mundo. 12 Mi
morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de
pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la
enfermedad; me consumirás entre el día y la noche.
13 Contaba yo hasta la
mañana. Como un león molió todos mis huesos; de la
mañana a la noche me acabarás.
14 Como
la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la
paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia
padezco; fortaléceme. 15 ¿Qué
diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré
humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura
de mi alma.
16 Oh
Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en
todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me
restablecerás, y harás que viva. 17 He
aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti
agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque
echaste tras tus espaldas todos mis pecados.
18 Porque el Seol no te
exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden
al sepulcro esperarán tu verdad. 19 El
que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo
hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos.
20 Jehová me salvará;
por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de
Jehová todos los días de nuestra vida.
21 Y
había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en
la llaga, y sanará. 22 Había
asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de que subiré
a la casa de Jehová?
39
1 En aquel tiempo
Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió
cartas y presentes a Ezequías; porque supo que había
estado enfermo, y que había convalecido.
2 Y se regocijó con ellos Ezequías, y
les mostró la casa de su tesoro, plata y oro, especias,
ungüentos preciosos, toda su casa de armas, y todo lo
que se hallaba en sus tesoros; no hubo cosa en su casa y
en todos sus dominios, que Ezequías no les mostrase.
3 Entonces el profeta
Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dicen estos
hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezequías
respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de
Babilonia. 4 Dijo
entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías:
Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay
en mis tesoros que no les haya mostrado.
5 Entonces
dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los
ejércitos: 6 He aquí
vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que
hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta
hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová.
7 De tus hijos que saldrán de ti, y
que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el
palacio del rey de Babilonia. 8 Y
dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has
hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y
seguridad en mis días.
40
1 Consolaos, consolaos,
pueblo mío, dice vuestro Dios. 2 Hablad
al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo
es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha
recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.
3 Voz
que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová;
enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
4 Todo valle sea
alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se
enderece, y lo áspero se allane. 5 Y
se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne
juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.
6 Voz
que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir
a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como
flor del campo. 7 La
hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento
de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el
pueblo. 8 Sécase la
hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios
nuestro permanece para siempre.
9 Súbete
sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta
fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala,
no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios
vuestro! 10 He aquí que
Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará;
he aquí que su recompensa viene con él, y su paga
delante de su rostro. 11 Como
pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los
corderos, y en su seno los llevará; pastoreará
suavemente a las recién paridas.
12 ¿Quién midió las
aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo,
con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los
montes con balanza y con pesas los collados?
13 ¿Quién enseñó al
Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?
14 ¿A quién pidió
consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del
juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la
prudencia? 15 He aquí
que las naciones le son como la gota de agua que cae del
cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son
estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como
polvo. 16 Ni el Líbano
bastará para el fuego, ni todos sus animales para el
sacrificio. 17 Como
nada son todas las naciones delante de él; y en su
comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo
que no es.
18 ¿A
qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le
compondréis? 19 El
artífice prepara la imagen de talla, el platero le
extiende el oro y le funde cadenas de plata.
20 El pobre escoge,
para ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un
maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se
mueva.
21 ¿No
sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el
principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra
se fundó? 22 El está
sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores
son como langostas; él extiende los cielos como una
cortina, los despliega como una tienda para morar.
23 El convierte en nada
a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace
como cosa vana. 24 Como
si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran
sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido
raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se
secan, y el torbellino los lleva como hojarasca.
25 ¿A qué, pues, me
haréis semejante o me compararéis? dice el Santo.
26 Levantad en alto
vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y
cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres;
ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el
poder de su dominio.
27 ¿Por
qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está
escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?
28 ¿No has sabido, no
has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los
confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con
cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
29 El da esfuerzo al
cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene
ningunas. 30 Los
muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y
caen; 31 pero los que
esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas
como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán,
y no se fatigarán.
41
1 Escuchadme, costas, y
esfuércense los pueblos; acérquense, y entonces hablen;
estemos juntamente a juicio. 2 ¿Quién
despertó del oriente al justo, lo llamó para que le
siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo
enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo,
como hojarasca que su arco arrebata?
3 Los siguió, pasó en paz por camino
por donde sus pies nunca habían entrado.
4 ¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién
llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el
primero, y yo mismo con los postreros.
5 Las costas vieron, y tuvieron temor;
los confines de la tierra se espantaron; se congregaron,
y vinieron. 6 Cada cual
ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate.
7 El carpintero animó
al platero, y el que alisaba con martillo al que batía
en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura; y lo
afirmó con clavos, para que no se moviese.
8 Pero
tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo
escogí, descendencia de Abraham mi amigo.
9 Porque te tomé de los confines de la
tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi
siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.
10 No temas, porque yo
estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te
esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con
la diestra de mi justicia. 11 He
aquí que todos los que se enojan contra ti serán
avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán
los que contienden contigo. 12 Buscarás
a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás;
serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te
hacen la guerra. 13 Porque
yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
14 No
temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel;
yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu
Redentor. 15 He aquí
que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de
dientes; trillarás montes y los molerás, y collados
reducirás a tamo. 16 Los
aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el
torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te
gloriarás en el Santo de Israel.
17 Los
afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay;
seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el
Dios de Israel no los desampararé.
18 En las alturas abriré ríos, y fuentes en
medio de los valles; abriré en el desierto estanques de
aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca.
19 Daré en el desierto
cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la
soledad cipreses, pinos y bojes juntamente,
20 para que vean y
conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de
Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.
21 Alegad por vuestra
causa, dice Jehová; presentad vuestras pruebas, dice el
Rey de Jacob. 22 Traigan,
anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha
pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón
en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos
entender lo que ha de venir. 23 Dadnos
nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que
vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal,
para que tengamos qué contar, y juntamente nos
maravillemos. 24 He
aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad;
abominación es el que os escogió.
25 Del
norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento del sol
invocará mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y
como pisa el barro el alfarero. 26 ¿Quién
lo anunció desde el principio, para que sepamos; o de
tiempo atrás, y diremos: Es justo? Cierto, no hay quien
anuncie; sí, no hay quien enseñe; ciertamente no hay
quien oiga vuestras palabras. 27 Yo
soy el primero que he enseñado estas cosas a Sion, y a
Jerusalén daré un mensajero de alegres nuevas.
28 Miré, y no había
ninguno; y pregunté de estas cosas, y ningún consejero
hubo; les pregunté, y no respondieron palabra.
29 He aquí, todos son
vanidad, y las obras de ellos nada; viento y vanidad son
sus imágenes fundidas.
42
1 He aquí mi siervo, yo
le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene
contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él
traerá justicia a las naciones. 2 No
gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles.
3 No quebrará la caña
cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de
la verdad traerá justicia. 4 No
se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la
tierra justicia; y las costas esperarán su ley.
5 Así
dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los
despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el
que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu
a los que por ella andan: 6 Yo
Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la
mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por
luz de las naciones, 7 para
que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la
cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que
moran en tinieblas. 8 Yo
Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria,
ni mi alabanza a esculturas. 9 He
aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio
cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré
notorias.
10 Cantad a Jehová un
nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra;
los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las
costas y los moradores de ellas. 11 Alcen
la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde
habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la
cumbre de los montes den voces de júbilo.
12 Den gloria a Jehová, y anuncien sus
loores en las costas. 13 Jehová
saldrá como gigante, y como hombre de guerra despertará
celo; gritará, voceará, se esforzará sobre sus enemigos.
14 Desde
el siglo he callado, he guardado silencio, y me he
detenido; daré voces como la que está de parto; asolaré
y devoraré juntamente. 15 Convertiré
en soledad montes y collados, haré secar toda su hierba;
los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques.
16 Y guiaré a los
ciegos por camino que no sabían, les haré andar por
sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré
las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas
cosas les haré, y no los desampararé.
17 Serán vueltos atrás y en extremo
confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las
imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses.
18 Sordos, oíd, y
vosotros, ciegos, mirad para ver. 19 ¿Quién
es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi
mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y
ciego como el siervo de Jehová, 20 que
ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no
oye? 21 Jehová se
complació por amor de su justicia en magnificar la ley y
engrandecerla. 22 Mas
este es pueblo saqueado y pisoteado, todos ellos
atrapados en cavernas y escondidos en cárceles; son
puestos para despojo, y no hay quien libre; despojados,
y no hay quien diga: Restituid. 23 ¿Quién
de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará
respecto al porvenir? 24 ¿Quién
dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores?
¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar
en sus caminos, ni oyeron su ley. 25 Por
tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de
guerra; le puso fuego por todas partes, pero no
entendió; y le consumió, mas no hizo caso.
43
1 Ahora, así dice
Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh
Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre,
mío eres tú. 2 Cuando
pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los
ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te
quemarás, ni la llama arderá en ti.
3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de
Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu
rescate, a Etiopía y a Seba por ti.
4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima,
fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por
ti, y naciones por tu vida. 5 No
temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu
generación, y del occidente te recogeré.
6 Diré al norte: Da acá; y al sur: No
detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los
confines de la tierra, 7 todos
los llamados de mi nombre; para gloria mía los he
creado, los formé y los hice.
8 Sacad
al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que
tienen oídos. 9 Congréguense
a una todas las naciones, y júntense todos los pueblos.
¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos
haga oír las cosas primeras? Presenten sus testigos, y
justifíquense; oigan, y digan: Verdad es.
10 Vosotros sois mis testigos, dice
Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis
y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no
fue formado dios, ni lo será después de mí.
11 Yo, yo Jehová, y
fuera de mí no hay quien salve. 12 Yo
anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros
dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice
Jehová, que yo soy Dios. 13 Aun
antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano
libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?
14 Así
dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por
vosotros envié a Babilonia, e hice descender como
fugitivos a todos ellos, aun a los caldeos en las naves
de que se gloriaban. 15 Yo
Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey.
16 Así dice Jehová, el
que abre camino en el mar, y senda en las aguas
impetuosas; 17 el que
saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente
para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan
apagados. 18 No os
acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las
cosas antiguas. 19 He
aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la
conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y
ríos en la soledad. 20 Las
fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos
del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en
la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
21 Este pueblo he
creado para mí; mis alabanzas publicará.
22 Y
no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí te
cansaste, oh Israel. 23 No
me trajiste a mí los animales de tus holocaustos, ni a
mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir
con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso.
24 No compraste para mí
caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura
de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí la carga de
tus pecados, me fatigaste con tus maldades.
25 Yo,
yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo,
y no me acordaré de tus pecados. 26 Hazme
recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para
justificarte. 27 Tu
primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron contra
mí. 28 Por tanto, yo
profané los príncipes del santuario, y puse por anatema
a Jacob y por oprobio a Israel.
44
1 Ahora pues, oye,
Jacob, siervo mío, y tú, Israel, a quien yo escogí.
2 Así dice Jehová,
Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el
cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú,
Jesurún, a quien yo escogí. 3 Porque
yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la
tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación,
y mi bendición sobre tus renuevos; 4 y
brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas
de las aguas. 5 Este
dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará del nombre de
Jacob, y otro escribirá con su mano: A Jehová, y se
apellidará con el nombre de Israel.
6 Así
dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los
ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y
fuera de mí no hay Dios. 7 ¿Y
quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá
en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí
el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que
está por venir. 8 No
temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la
antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis
testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco
ninguno.
9 Los formadores de
imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más
precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son
testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni
entienden. 10 ¿Quién
formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada
es de provecho? 11 He
aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los
artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán,
se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a
una.
12 El
herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da
forma con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza
de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las
fuerzas; no bebe agua, y se desmaya.
13 El carpintero tiende la regla, lo
señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da
figura con el compás, lo hace en forma de varón, a
semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa.
14 Corta cedros, y toma
ciprés y encina, que crecen entre los árboles del
bosque; planta pino, que se críe con la lluvia.
15 De él se sirve luego
el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse;
enciende también el horno, y cuece panes; hace además un
dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla
delante de él. 16 Parte
del leño quema en el fuego; con parte de él come carne,
prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y
dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego;
17 y hace del sobrante
un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo
adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres
tú.
18 No
saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para
no ver, y su corazón para no entender.
19 No discurre para consigo, no tiene
sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé
en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y
la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me
postraré delante de un tronco de árbol?
20 De ceniza se alimenta; su corazón
engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga:
¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha?
21 Acuérdate de estas
cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te
formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides.
22 Yo deshice como una
nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete
a mí, porque yo te redimí. 23 Cantad
loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con
júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes,
en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está; porque
Jehová redimió a Jacob, y en Israel será glorificado.
24 Así
dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre:
Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los
cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;
25 que deshago las
señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros;
que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su
sabiduría. 26 Yo, el
que despierta la palabra de su siervo, y cumple el
consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás
habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán,
y sus ruinas reedificaré; 27 que
dice a las profundidades: Secaos, y tus ríos haré secar;
28 que dice de Ciro: Es
mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a
Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado.
45
1 Así dice Jehová a su
ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha,
para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de
reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas
no se cerrarán: 2 Yo
iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos;
quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré
pedazos; 3 y te daré
los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados,
para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que
te pongo nombre. 4 Por
amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te
llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me
conociste. 5 Yo soy
Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo
te ceñiré, aunque tú no me conociste,
6 para que se sepa desde el nacimiento
del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo;
yo Jehová, y ninguno más que yo, 7 que
formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y
creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.
8 Rociad, cielos, de
arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la
tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia;
háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado.
9 ¡Ay
del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los
tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra:
¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos?
10 ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué
engendraste? y a la mujer: ¿Por qué diste a luz?!
11 Así dice Jehová, el
Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas
por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la
obra de mis manos. 12 Yo
hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis
manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército
mandé. 13 Yo lo
desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él
edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por
precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.
14 Así
dice Jehová: El trabajo de Egipto, las mercaderías de
Etiopía, y los sabeos, hombres de elevada estatura, se
pasarán a ti y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán
con grillos; te harán reverencia y te suplicarán
diciendo: Ciertamente en ti está Dios, y no hay otro
fuera de Dios. 15 Verdaderamente
tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que
salvas. 16 Confusos y
avergonzados serán todos ellos; irán con afrenta todos
los fabricadores de imágenes. 17 Israel
será salvo en Jehová con salvación eterna; no os
avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos los siglos.
18 Porque
así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que
formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó
en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová,
y no hay otro. 19 No
hablé en secreto, en un lugar oscuro de la tierra; no
dije a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis. Yo
soy Jehová que hablo justicia, que anuncio rectitud.
20 Reuníos, y venid;
juntaos todos los sobrevivientes de entre las naciones.
No tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de
su ídolo, y los que ruegan a un dios que no salva.
21 Proclamad, y
hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién
hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde
entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios
justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.
22 Mirad a mí, y sed
salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy
Dios, y no hay más. 23 Por
mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en
justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda
rodilla, y jurará toda lengua.
24 Y
se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y
la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se
enardecen serán avergonzados. 25 En
Jehová será justificada y se gloriará toda la
descendencia de Israel.
46
1 Se postró Bel, se
abatió Nebo; sus imágenes fueron puestas sobre bestias,
sobre animales de carga; esas cosas que vosotros solíais
llevar son alzadas cual carga, sobre las bestias
cansadas. 2 Fueron
humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron
escaparse de la carga, sino que tuvieron ellos mismos
que ir en cautiverio.
3 Oídme,
oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel,
los que sois traídos por mí desde el vientre, los que
sois llevados desde la matriz. 4 Y
hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré
yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.
5 ¿A
quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para
que seamos semejantes? 6 Sacan
oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un
platero para hacer un dios de ello; se postran y adoran.
7 Se lo echan sobre los
hombros, lo llevan, y lo colocan en su lugar; allí se
está, y no se mueve de su sitio. Le gritan, y tampoco
responde, ni libra de la tribulación.
8 Acordaos
de esto, y tened vergüenza; volved en vosotros,
prevaricadores. 9 Acordaos
de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque
yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a
mí, 10 que anuncio lo
por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo
que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá,
y haré todo lo que quiero; 11 que
llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al
varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he
pensado, y también lo haré.
12 Oídme,
duros de corazón, que estáis lejos de la justicia:
13 Haré que se acerque
mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se
detendrá. Y pondré salvación en Sion, y mi gloria en
Israel.
47
1 Desciende y siéntate
en el polvo, virgen hija de Babilonia. Siéntate en la
tierra, sin trono, hija de los caldeos; porque nunca más
te llamarán tierna y delicada. 2 Toma
el molino y muele harina; descubre tus guedejas,
descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos.
3 Será tu vergüenza
descubierta, y tu deshonra será vista; haré retribución,
y no se librará hombre alguno. 4 Nuestro
Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo
de Israel.
5 Siéntate,
calla, y entra en tinieblas, hija de los caldeos; porque
nunca más te llamarán señora de reinos.
6 Me enojé contra mi pueblo, profané
mi heredad, y los entregué en tu mano; no les tuviste
compasión; sobre el anciano agravaste mucho tu yugo.
7 Dijiste: Para siempre
seré señora; y no has pensado en esto, ni te acordaste
de tu postrimería. 8 Oye,
pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada
confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y
fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré
orfandad. 9 Estas dos
cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y
viudez; en toda su fuerza vendrán sobre ti, a pesar de
la multitud de tus hechizos y de tus muchos
encantamientos.
10 Porque
te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu
sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en
tu corazón: Yo, y nadie más. 11 Vendrá,
pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás; caerá
sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y
destrucción que no sepas vendrá de repente sobre ti.
12 Estate
ahora en tus encantamientos y en la multitud de tus
hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu juventud;
quizá podrás mejorarte, quizá te fortalecerás.
13 Te has fatigado en
tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan
los contempladores de los cielos, los que observan las
estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar
lo que vendrá sobre ti.
14 He
aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán
sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para
calentarse, ni lumbre a la cual se sienten.
15 Así te serán
aquellos con quienes te fatigaste, los que traficaron
contigo desde tu juventud; cada uno irá por su camino,
no habrá quien te salve.
48
1 Oíd esto, casa de
Jacob, que os llamáis del nombre de Israel, los que
salieron de las aguas de Judá, los que juran en el
nombre de Jehová, y hacen memoria del Dios de Israel,
mas no en verdad ni en justicia; 2 porque
de la santa ciudad se nombran, y en el Dios de Israel
confían; su nombre es Jehová de los ejércitos.
3 Lo
que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo
publiqué, lo hice pronto, y fue realidad.
4 Por cuanto conozco que eres duro, y
barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce,
5 te lo dije ya hace
tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no
dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes de escultura y
de fundición mandaron estas cosas.
6 Lo
oíste, y lo viste todo; ¿y no lo anunciaréis vosotros?
Ahora, pues, te he hecho oír cosas nuevas y ocultas que
tú no sabías. 7 Ahora
han sido creadas, no en días pasados, ni antes de este
día las habías oído, para que no digas: He aquí que yo
lo sabía. 8 Sí, nunca
lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente
no se abrió antes tu oído; porque sabía que siendo
desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé
rebelde desde el vientre.
9 Por
amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía
la reprimiré para no destruirte. 10 He
aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido
en horno de aflicción. 11 Por
mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea
amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.
12 Oyeme,
Jacob, y tú, Israel, a quien llamé: Yo mismo, yo el
primero, yo también el postrero. 13 Mi
mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió
los cielos con el palmo; al llamarlos yo, comparecieron
juntamente.
14 Juntaos
todos vosotros, y oíd. ¿Quién hay entre ellos que
anuncie estas cosas? Aquel a quien Jehová amó ejecutará
su voluntad en Babilonia, y su brazo estará sobre los
caldeos. 15 Yo, yo
hablé, y le llamé y le traje; por tanto, será prosperado
su camino. 16 Acercaos
a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto;
desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió
Jehová el Señor, y su Espíritu.
17 Así
ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo
soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que
te encamina por el camino que debes seguir.
18 ¡Oh, si hubieras
atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como
un río, y tu justicia como las ondas del mar.
19 Fuera como la arena
tu descendencia, y los renuevos de tus entrañas como los
granos de arena; nunca su nombre sería cortado, ni raído
de mi presencia. 20 Salid
de Babilonia, huid de entre los caldeos; dad nuevas de
esto con voz de alegría, publicadlo, llevadlo hasta lo
postrero de la tierra; decid: Redimió Jehová a Jacob su
siervo. 21 No tuvieron
sed cuando los llevó por los desiertos; les hizo brotar
agua de la piedra; abrió la peña, y corrieron las aguas.
22 No hay paz para los
malos, dijo Jehová.
49
1 Oídme, costas, y
escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el
vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre
en memoria. 2 Y puso mi
boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su
mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su
aljaba; 3 y me dijo: Mi
siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré.
4 Pero yo dije: Por
demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido
mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi
recompensa con mi Dios.
5 Ahora
pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para
ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para
congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos
de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza);
6 dice: Poco es para mí que tú seas mi
siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que
restaures el remanente de Israel; también te di por luz
de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo
postrero de la tierra.
7 Así
ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al
menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al
siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán
príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el
Santo de Israel, el cual te escogió.
8 Así dijo Jehová: En
tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te
ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo,
para que restaures la tierra, para que heredes asoladas
heredades; 9 para que
digas a los presos: Salid; y a los que están en
tinieblas: Mostraos. En los caminos serán apacentados, y
en todas las alturas tendrán sus pastos.
10 No tendrán hambre ni sed, ni el
calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de
ellos misericordia los guiará, y los conducirá a
manantiales de aguas. 11 Y
convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas
serán levantadas. 12 He
aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí éstos del norte y
del occidente, y éstos de la tierra de Sinim.
13 Cantad
alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpid
en alabanzas, oh montes; porque Jehová ha consolado a su
pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia.
14 Pero Sion dijo: Me
dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí.
15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio
a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su
vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
16 He aquí que en las
palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí
están siempre tus muros. 17 Tus
edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus
asoladores saldrán de ti. 18 Alza
tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido,
han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos,
como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos
serás ceñida como novia.
19 Porque
tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será
estrecha por la multitud de los moradores, y tus
destruidores serán apartados lejos.
20 Aun los hijos de tu orfandad dirán a tus
oídos: Estrecho es para mí este lugar; apártate, para
que yo more. 21 Y dirás
en tu corazón: ¿Quién me engendró éstos? Porque yo había
sido privada de hijos y estaba sola, peregrina y
desterrada; ¿quién, pues, crió éstos? He aquí yo había
sido dejada sola; ¿dónde estaban éstos?
22 Así
dijo Jehová el Señor: He aquí, yo tenderé mi mano a las
naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y
traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas
en hombros. 23 Reyes
serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el rostro
inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de
tus pies; y conocerás que yo soy Jehová, que no se
avergonzarán los que esperan en mí.
24 ¿Será
quitado el botín al valiente? ¿Será rescatado el cautivo
de un tirano? 25 Pero
así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado
del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu
pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos.
26 Y a los que te
despojaron haré comer sus propias carnes, y con su
sangre serán embriagados como con vino; y conocerá todo
hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo,
el Fuerte de Jacob.
50
1 Así dijo Jehová: ¿Qué
es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual
yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a quienes
yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois
vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada
vuestra madre. 2 ¿Por
qué cuando vine, no hallé a nadie, y cuando llamé, nadie
respondió? ¿Acaso se ha acortado mi mano para no
redimir? ¿No hay en mí poder para librar? He aquí que
con mi reprensión hago secar el mar; convierto los ríos
en desierto; sus peces se pudren por falta de agua, y
mueren de sed. 3 Visto
de oscuridad los cielos, y hago como cilicio su
cubierta.
4 Jehová
el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar
palabras al cansado; despertará mañana tras mañana,
despertará mi oído para que oiga como los sabios.
5 Jehová el Señor me
abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.
6 Di mi cuerpo a los
heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba;
no escondí mi rostro de injurias y de esputos.
7 Porque
Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé;
por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no
seré avergonzado. 8 Cercano
está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo?
Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa?
Acérquese a mí. 9 He
aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me
condene? He aquí que todos ellos se envejecerán como
ropa de vestir, serán comidos por la polilla.
10 ¿Quién
hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su
siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe
en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.
11 He aquí que todos
vosotros encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a
la luz de vuestro fuego, y de las teas que encendisteis.
De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.
51
1 Oídme, los que seguís
la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra
de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de
donde fuisteis arrancados. 2 Mirad
a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz;
porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo
bendije y lo multipliqué. 3 Ciertamente
consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades,
y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en
huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo,
alabanza y voces de canto.
4 Estad
atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de
mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos.
5 Cercana está mi
justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán
a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi
brazo ponen su esperanza. 6 Alzad
a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra;
porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra
se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera
perecerán sus moradores; pero mi salvación será para
siempre, mi justicia no perecerá.
7 Oídme,
los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está
mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por
sus ultrajes. 8 Porque
como a vestidura los comerá polilla, como a lana los
comerá gusano; pero mi justicia permanecerá
perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos.
9 Despiértate,
despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová;
despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos
pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que
hirió al dragón? 10 ¿No
eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo;
el que transformó en camino las profundidades del mar
para que pasaran los redimidos? 11 Ciertamente
volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion
cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas;
tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.
12 Yo,
yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que
tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de
hombre, que es como heno? 13 Y
ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió
los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste
continuamente del furor del que aflige, cuando se
disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del
que aflige? 14 El preso
agobiado será libertado pronto; no morirá en la
mazmorra, ni le faltará su pan. 15 Porque
yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy
tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.
16 Y en tu boca he
puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te
cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de
la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.
17 Despierta,
despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la
mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de
aturdimiento bebiste hasta los sedimentos.
18 De todos los hijos
que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de
la mano, de todos los hijos que crió.
19 Estas dos cosas te han acontecido:
asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién
se dolerá de ti? ¿Quién te consolará?
20 Tus hijos desmayaron, estuvieron
tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como
antílope en la red, llenos de la indignación de Jehová,
de la ira del Dios tuyo. 21 Oye,
pues, ahora esto, afligida, ebria, y no de vino:
22 Así dijo Jehová tu
Señor, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí
he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, los
sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo beberás.
23 Y lo pondré en mano
de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Inclínate,
y pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu cuerpo
como tierra, y como camino, para que pasaran.
52
1 Despierta, despierta,
vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh
Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti
incircunciso ni inmundo. 2 Sacúdete
del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las
ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.
3 Porque
así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto,
sin dinero seréis rescatados. 4 Porque
así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto
en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio lo
cautivó sin razón. 5 Y
ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es
llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo
hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado
mi nombre todo el día. 6 Por
tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel
día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.
7 ¡Cuán
hermosos son sobre los montes los pies del que trae
alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae
nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice
a Sion: ¡Tu Dios reina! 8 ¡Voz
de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces
de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a
traer a Sion. 9 Cantad
alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén;
porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha
redimido. 10 Jehová
desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las
naciones, y todos los confines de la tierra verán la
salvación del Dios nuestro.
11 Apartaos,
apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid
de en medio de ella; purificaos los que lleváislos
utensilios de Jehová. 12 Porque
no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová
irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de
Israel.
13 He aquí que mi siervo
será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será
puesto muy en alto. 14 Como
se asombraron de ti muchos, de tal manera fue
desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura
más que la de los hijos de los hombres,
15 así asombrará él a muchas naciones;
los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que
nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían
oído.
53
1 ¿Quién ha creído a
nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el
brazo de Jehová? 2 Subirá
cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca;
no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin
atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado
y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebranto; y como que escondimos de él
el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente
llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido
de Dios y abatido. 5 Mas
él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre
él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
6 Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su
camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos
nosotros.
7 Angustiado
él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue
llevado al matadero; y como oveja delante de sus
trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
8 Por cárcel y por
juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará?
Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por
la rebelión de mi pueblo fue herido.
9 Y se dispuso con los impíos su
sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque
nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
10 Con
todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a
padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación
por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la
voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
11 Verá el fruto de la
aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su
conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y
llevará las iniquidades de ellos. 12 Por
tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los
fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida
hasta la muerte, y fue contado con los pecadores,
habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los
transgresores.
54
1 Regocíjate, oh
estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da
voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque
más son los hijos de la desamparada que los de la
casada, ha dicho Jehová. 2 Ensancha
el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus
habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus
cuerdas, y refuerza tus estacas. 3 Porque
te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y
tu descendencia heredará naciones, y habitará las
ciudades asoladas.
4 No
temas, pues no serás confundida; y no te avergüences,
porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la
vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez
no tendrás más memoria. 5 Porque
tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su
nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda
la tierra será llamado. 6 Porque
como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó
Jehová, y como a la esposa de la juventud que es
repudiada, dijo el Dios tuyo. 7 Por
un breve momento te abandoné, pero te recogeré con
grandes misericordias. 8 Con
un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento;
pero con misericordia eterna tendré compasión de ti,
dijo Jehová tu Redentor.
9 Porque
esto me será como en los días de Noé, cuando juré que
nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así
he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré.
10 Porque los montes se
moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará
de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se
quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de
ti.
11 Pobrecita,
fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo
cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros
te fundaré. 12 Tus
ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de
piedras de carbunclo, y toda tu muralla de piedras
preciosas. 13 Y todos
tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará
la paz de tus hijos. 14 Con
justicia serás adornada; estarás lejos de opresión,
porque no temerás, y de temor, porque no se acercará a
ti. 15 Si alguno
conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti
conspirare, delante de ti caerá. 16 He
aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el
fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he
creado al destruidor para destruir.
17 Ninguna arma forjada contra ti
prosperará, y condenarás toda lengua que se levante
contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos
de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.
55
1 A todos los sedientos:
Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid,
comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio,
vino y leche. 2 ¿Por
qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro
trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed
del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.
3 Inclinad vuestro
oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré
con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a
David. 4 He aquí que yo
lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro
a las naciones. 5 He
aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no
te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu
Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.
6 Buscad a Jehová
mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está
cercano. 7 Deje el
impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y
vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y
al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
8 Porque mis
pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros
caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como
son más altos los cielos que la tierra, así son mis
caminos más altos que vuestros caminos, y mis
pensamientos más que vuestros pensamientos.
10 Porque
como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no
vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace
germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan
al que come, 11 así
será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí
vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada
en aquello para que la envié.
12 Porque
con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los
montes y los collados levantarán canción delante de
vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas
de aplauso. 13 En lugar
de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga
crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal
eterna que nunca será raída.
56
1 Así dijo Jehová:
Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está
mi salvación para venir, y mi justicia para
manifestarse. 2 Bienaventurado
el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo
abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo,
y que guarda su mano de hacer todo mal.
3 Y
el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me
apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el
eunuco: He aquí yo soy árbol seco. 4 Porque
así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de
reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto,
5 yo les daré lugar en
mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de
hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca
perecerá. 6 Y a los
hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para
servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus
siervos; a todos los que guarden el día de reposo para
no profanarlo, y abracen mi pacto, 7 yo
los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa
de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán
aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa
de oración para todos los pueblos. 8 Dice
Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel:
Aún juntaré sobre él a sus congregados.
9 Todas
las bestias del campo, todas las fieras del bosque,
venid a devorar. 10 Sus
atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos
perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados,
aman el dormir. 11 Y
esos perros comilones son insaciables; y los pastores
mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios
caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por
su lado. 12 Venid,
dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y será el
día de mañana como este, o mucho más excelente.
57
1 Perece el justo, y no
hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no
hay quien entienda que de delante de la aflicción es
quitado el justo. 2 Entrará
en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan
delante de Dios. 3 Mas
vosotros llegaos acá, hijos de la hechicera, generación
del adúltero y de la fornicaria. 4 ¿De
quién os habéis burlado? ¿Contra quién ensanchasteis la
boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos
rebeldes, generación mentirosa, 5 que
os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol
frondoso, que sacrificáis los hijos en los valles,
debajo de los peñascos? 6 En
las piedras lisas del valle está tu parte; ellas, ellas
son tu suerte; y a ellas derramaste libación, y
ofreciste presente. ¿No habré de castigar estas cosas?
7 Sobre el monte alto y
empinado pusiste tu cama; allí también subiste a hacer
sacrificio. 8 Y tras la
puerta y el umbral pusiste tu recuerdo; porque a otro, y
no a mí, te descubriste, y subiste, y ensanchaste tu
cama, e hiciste con ellos pacto; amaste su cama
dondequiera que la veías. 9 Y
fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus
perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te
abatiste hasta la profundidad del Seol.
10 En la multitud de tus caminos te
cansaste, pero no dijiste: No hay remedio; hallaste
nuevo vigor en tu mano, por tanto, no te desalentaste.
11 ¿Y
de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la
fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al
pensamiento? ¿No he guardado silencio desde tiempos
antiguos, y nunca me has temido? 12 Yo
publicaré tu justicia y tus obras, que no te
aprovecharán.
13 Cuando
clames, que te libren tus ídolos; pero a todos ellos
llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que
en mí confía tendrá la tierra por heredad, y poseerá mi
santo monte. 14 Y dirá:
Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos
del camino de mi pueblo. 15 Porque
así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad,
y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la
santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu,
para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para
vivificar el corazón de los quebrantados.
16 Porque no contenderé para siempre,
ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el
espíritu, y las almas que yo he creado.
17 Por la iniquidad de su codicia me
enojé, y le herí, escondí mi rostro y me indigné; y él
siguió rebelde por el camino de su corazón.
18 He visto sus
caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré
consuelo a él y a sus enlutados; 19 produciré
fruto de labios: Paz, paz al que está lejos y al
cercano, dijo Jehová; y lo sanaré.
20 Pero los impíos son como el mar en
tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas
arrojan cieno y lodo. 21 No
hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
58
1 Clama a voz en cuello,
no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a
mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.
2 Que me buscan cada
día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese
hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su
Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a
Dios. 3 ¿Por qué,
dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras
almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el
día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y
oprimís a todos vuestros trabajadores.
4 He aquí que para contiendas y
debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no
ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo
alto. 5 ¿Es tal el
ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su
alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de
cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día
agradable a Jehová?
6 ¿No
es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las
ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y
dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo
yugo? 7 ¿No es que
partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes
albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo
cubras, y no te escondas de tu hermano?
8 Entonces nacerá tu luz como el alba,
y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia
delante de ti, y la gloria de Jehová será tu
retaguardia.
9 Entonces
invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme
aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo
amenazador, y el hablar vanidad; 10 y
si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma
afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad
será como el mediodía. 11 Jehová
te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma,
y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego,
y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
12 Y los tuyos
edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de
generación y generación levantarás, y serás llamado
reparador de portillos, restaurador de calzadas para
habitar.
13 Si retrajeres del día
de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo,
y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo
venerares, no andando en tus propios caminos, ni
buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
14 entonces te
deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las
alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de
Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.
59
1 He aquí que no se ha
acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha
agravado su oído para oír; 2 pero
vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y
vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de
vosotros su rostro para no oír. 3 Porque
vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros
dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira,
habla maldad vuestra lengua. 4 No
hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la
verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben
maldades, y dan a luz iniquidad. 5 Incuban
huevos de áspides, y tejen telas de arañas; el que
comiere de sus huevos, morirá; y si los apretaren,
saldrán víboras. 6 Sus
telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán
cubiertos; sus obras son obras de iniquidad, y obra de
rapiña está en sus manos. 7 Sus
pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre
inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad;
destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos.
8 No conocieron camino
de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son
torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá
paz.
9 Por
esto se alejó de nosotros la justicia, y no nos alcanzó
la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas;
resplandores, y andamos en oscuridad.
10 Palpamos la pared como ciegos, y
andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía
como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos.
11 Gruñimos como osos
todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas;
esperamos justicia, y no la hay; salvación, y se alejó
de nosotros. 12 Porque
nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y
nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque
con nosotros están nuestras iniquidades, y conocemos
nuestros pecados: 13 el
prevaricar y mentir contra Jehová, y el apartarse de en
pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión,
concebir y proferir de corazón palabras de mentira.
14 Y el derecho se
retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad
tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir.
15 Y la verdad fue
detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en
prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque
pereció el derecho. 16 Y
vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera
quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó
su misma justicia. 17 Pues
de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de
salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por
vestidura, y se cubrió de celo como de manto,
18 como para
vindicación, como para retribuir con ira a sus enemigos,
y dar el pago a sus adversarios; el pago dará a los de
la costa. 19 Y temerán
desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el
nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo
como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera
contra él. 20 Y vendrá
el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la
iniquidad en Jacob, dice Jehová.
21 Y
este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu
mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu
boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus
hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo
Jehová, desde ahora y para siempre.
60
1 Levántate,
resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de
Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque
he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad
las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti
será vista su gloria. 3 Y
andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor
de tu nacimiento.
4 Alza
tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado,
vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas
serán llevadas en brazos. 5 Entonces
verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu
corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar,
y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.
6 Multitud de camellos
te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán
todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán
alabanzas de Jehová. 7 Todo
el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de
Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado
sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria.
8 ¿Quiénes
son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus
ventanas? 9 Ciertamente
a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis
desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su
plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y
al Santo de Israel, que te ha glorificado.
10 Y
extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te
servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena
voluntad tendré de ti misericordia.
11 Tus puertas estarán de continuo
abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a
ti sean traídas las riquezas de las naciones, y
conducidos a ti sus reyes. 12 Porque
la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del
todo será asolado. 13 La
gloria del Líbano vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes
juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo
honraré el lugar de mis pies. 14 Y
vendrán a ti humillados los hijos de los que te
afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán
todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de
Jehová, Sion del Santo de Israel.
15 En
vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie
pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo
de todos los siglos. 16 Y
mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes
mamarás; y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo
y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.
17 En
vez de bronce traeré oro, y por hierro plata, y por
madera bronce, y en lugar de piedras hierro; y pondré
paz por tu tributo, y justicia por tus opresores.
18 Nunca más se oirá en
tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en
tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación,
y a tus puertas Alabanza.
19 El
sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el
resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te
será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria.
20 No se pondrá jamás
tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por
luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados.
21 Y tu pueblo, todos
ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra;
renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para
glorificarme. 22 El
pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo
Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.
61
1 El Espíritu de Jehová
el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha
enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a
vendar a los quebrantados de corazón, a publicar
libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la
cárcel; 2 a proclamar
el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de
venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los
enlutados; 3 a ordenar
que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de
ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría
en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados
árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria
suya. 4 Reedificarán
las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos
primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los
escombros de muchas generaciones.
5 Y
extranjeros apacentarán vuestras ovejas, y los extraños
serán vuestros labradores y vuestros viñadores.
6 Y vosotros seréis
llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios
seréis llamados; comeréis las riquezas de las naciones,
y con su gloria seréis sublimes. 7 En
lugar de vuestra doble confusión y de vuestra deshonra,
os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras
poseerán doble honra, y tendrán perpetuo gozo.
8 Porque
yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del
latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en
verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo.
9 Y la descendencia de
ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos
en medio de los pueblos; todos los que los vieren,
reconocerán que son linaje bendito de Jehová.
10 En
gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en
mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación,
me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y
como a novia adornada con sus joyas.
11 Porque como la tierra produce su
renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así
Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante
de todas las naciones.
62
1 Por amor de Sion no
callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta
que salga como resplandor su justicia, y su salvación se
encienda como una antorcha. 2 Entonces
verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu
gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de
Jehová nombrará. 3 Y
serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema
de reino en la mano del Dios tuyo. 4 Nunca
más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más
Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra,
Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu
tierra será desposada. 5 Pues
como el joven se desposa con la virgen, se desposarán
contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la
esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.
6 Sobre tus muros, oh
Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la
noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová,
no reposéis, 7 ni le
deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la
ponga por alabanza en la tierra. 8 Juró
Jehová por su mano derecha, y por su poderoso brazo: Que
jamás daré tu trigo por comida a tus enemigos, ni
beberán los extraños el vino que es fruto de tu trabajo;
9 sino que los que lo
cosechan lo comerán, y alabarán a Jehová; y los que lo
vendimian, lo beberán en los atrios de mi santuario.
10 Pasad, pasad por las
puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la
calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos.
11 He aquí que Jehová
hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija
de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su
recompensa con él, y delante de él su obra.
12 Y les llamarán
Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán
Ciudad Deseada, no desamparada.
63
1 ¿Quién es éste que
viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste
hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su
poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.
2 ¿Por qué es rojo tu
vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar?
3 He pisado yo solo el
lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé
con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre
salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas.
4 Porque el día de la
venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos
ha llegado. 5 Miré, y
no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera
quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi
ira. 6 Y con mi ira
hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y
derramé en tierra su sangre.
7 De las misericordias
de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová,
conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la
grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que
les ha hecho según sus misericordias, y según la
multitud de sus piedades. 8 Porque
dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y
fue su Salvador. 9 En
toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de
su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los
redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la
antigüedad. 10 Mas
ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo
espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo
peleó contra ellos. 11 Pero
se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su
pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del
mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso en
medio de él su santo espíritu, 12 el
que los guió por la diestra de Moisés con el brazo de su
gloria; el que dividió las aguas delante de ellos,
haciéndose así nombre perpetuo, 13 el
que los condujo por los abismos, como un caballo por el
desierto, sin que tropezaran? 14 El
Espíritu de Jehová los pastoreó, como a una bestia que
desciende al valle; así pastoreaste a tu pueblo, para
hacerte nombre glorioso.
15 Mira desde el cielo,
y contempla desde tu santa y gloriosa morada. ¿Dónde
está tu celo, y tu poder, la conmoción de tus entrañas y
tus piedades para conmigo? ¿Se han estrechado?
16 Pero tú eres nuestro
padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos
conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro
Redentor perpetuo es tu nombre. 17 ¿Por
qué, oh Jehová, nos has hecho errar de tus caminos, y
endureciste nuestro corazón a tu temor? Vuélvete por
amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad.
18 Por poco tiempo lo
poseyó tu santo pueblo; nuestros enemigos han hollado tu
santuario. 19 Hemos
venido a ser como aquellos de quienes nunca te
enseñoreaste, sobre los cuales nunca fue llamado tu
nombre.
64
1 ¡Oh, si rompieses los
cielos, y descendieras, y a tu presencia se escurriesen
los montes, 2 como
fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir
las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus
enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia!
3 Cuando, haciendo
cosas terribles cuales nunca esperábamos, descendiste,
fluyeron los montes delante de ti. 4 Ni
nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a
Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera.
5 Saliste al encuentro
del que con alegría hacía justicia, de los que se
acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste
porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por
largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos?
6 Si bien todos nosotros somos como
suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de
inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y
nuestras maldades nos llevaron como viento.
7 Nadie hay que invoque
tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo
cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste
marchitar en poder de nuestras maldades.
8 Ahora
pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y
tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos
todos nosotros. 9 No te
enojes sobremanera, Jehová, ni tengas perpetua memoria
de la iniquidad; he aquí, mira ahora, pueblo tuyo somos
todos nosotros. 10 Tus
santas ciudades están desiertas, Sion es un desierto,
Jerusalén una soledad. 11 La
casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la
cual te alabaron nuestros padres, fue consumida al
fuego; y todas nuestras cosas preciosas han sido
destruidas. 12 ¿Te
estarás quieto, oh Jehová, sobre estas cosas? ¿Callarás,
y nos afligirás sobremanera?
65
1 Fui buscado por los
que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me
buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme
aquí, heme aquí. 2 Extendí
mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por
camino no bueno, en pos de sus pensamientos;
3 pueblo que en mi
rostro me provoca de continuo a ira, sacrificando en
huertos, y quemando incienso sobre ladrillos;
4 que se quedan en los
sepulcros, y en lugares escondidos pasan la noche; que
comen carne de cerdo, y en sus ollas hay caldo de cosas
inmundas; 5 que dicen:
Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más
santo que tú; éstos son humo en mi furor, fuego que arde
todo el día. 6 He aquí
que escrito está delante de mí; no callaré, sino que
recompensaré, y daré el pago en su seno
7 por vuestras iniquidades, dice
Jehová, y por las iniquidades de vuestros padres
juntamente, los cuales quemaron incienso sobre los
montes, y sobre los collados me afrentaron; por tanto,
yo les mediré su obra antigua en su seno.
8 Así
ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un
racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición
hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo
destruiré todo. 9 Sacaré
descendencia de Jacob, y de Judá heredero de mis montes;
y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis
siervos habitarán allí. 10 Y
será Sarón para habitación de ovejas, y el valle de Acor
para majada de vacas, para mi pueblo que me buscó.
11 Pero vosotros los
que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que
ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones
para el Destino; 12 yo
también os destinaré a la espada, y todos vosotros os
arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no
respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis
lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me
desagrada.
13 Por
tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis siervos
comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis
siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que
mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis
avergonzados; 14 he
aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y
vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el
quebrantamiento de espíritu aullaréis.
15 Y dejaréis vuestro nombre por
maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te matará,
y a sus siervos llamará por otro nombre.
16 El que se bendijere en la tierra,
en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la
tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las
angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de
mis ojos.
17 Porque he aquí que yo
crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no
habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.
18 Mas os gozaréis y os
alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado;
porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su
pueblo gozo. 19 Y me
alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y
nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de
clamor. 20 No habrá más
allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días
no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el
pecador de cien años será maldito.
21 Edificarán casas, y morarán en ellas;
plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.
22 No edificarán para
que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque
según los días de los árboles serán los días de mi
pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus
manos. 23 No trabajarán
en vano, ni darán a luz para maldición; porque son
linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes
con ellos. 24 Y antes
que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré
oído. 25 El lobo y el
cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja
como el buey; y el polvo será el alimento de la
serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo
monte, dijo Jehová.
66
1 Jehová dijo así: El
cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies;
¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde
el lugar de mi reposo? 2 Mi
mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas
fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y
humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.
3 El
que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que
sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace
ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema
incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque
escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus
abominaciones, 4 también
yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos
lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé,
y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis
ojos, y escogieron lo que me desagrada.
5 Oíd
palabra de Jehová, vosotros los que tembláis a su
palabra: Vuestros hermanos que os aborrecen, y os echan
fuera por causa de mi nombre, dijeron: Jehová sea
glorificado. Pero él se mostrará para alegría vuestra, y
ellos serán confundidos.
6 Voz
de alboroto de la ciudad, voz del templo, voz de Jehová
que da el pago a sus enemigos.
7 Antes
que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen
dolores, dio a luz hijo. 8 ¿Quién
oyó cosa semejante? ¿quién vio tal cosa? ¿Concebirá la
tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en
cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos.
9 Yo que hago dar a
luz, ¿no haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar,
¿impediré el nacimiento? dice tu Dios.
10 Alegraos
con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la
amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os
enlutáis por ella; 11 para
que maméis y os saciéis de los pechos de sus
consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el
resplandor de su gloria.
12 Porque
así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz
como un río, y la gloria de las naciones como torrente
que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis
traídos, y sobre las rodillas seréis mimados.
13 Como aquel a quien
consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en
Jerusalén tomaréis consuelo. 14 Y
veréis, y se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos
reverdecerán como la hierba; y la mano de Jehová para
con sus siervos será conocida, y se enojará contra sus
enemigos. 15 Porque he
aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como
torbellino, para descargar su ira con furor, y su
reprensión con llama de fuego. 16 Porque
Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre;
y los muertos de Jehová serán multiplicados.
17 Los
que se santifican y los que se purifican en los huertos,
unos tras otros, los que comen carne de cerdo y
abominación y ratón, juntamente serán talados, dice
Jehová.
18 Porque
yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendrá
para juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y
verán mi gloria. 19 Y
pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de
ellos a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan
arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no
oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi
gloria entre las naciones. 20 Y
traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las
naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros,
en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de
Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel
traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de
Jehová. 21 Y tomaré
también de ellos para sacerdotes y levitas, dice Jehová.
22 Porque
como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago
permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá
vuestra descendencia y vuestro nombre.
23 Y de mes en mes, y de día de reposo
en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí,
dijo Jehová.
24 Y
saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se
rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni
su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre.
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