Segundo Libro de los REYES
1
1 Después de la muerte
de Acab, se rebeló Moab contra Israel.
2 Y
Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que
tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y
les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si
he de sanar de esta mi enfermedad. 3 Entonces
el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo:
Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del
rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que
vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?
4 Por tanto, así ha
dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás,
sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.
5 Cuando
los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por
qué os habéis vuelto? 6 Ellos
le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo: Id,
y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho
Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a
consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del
lecho en que estás no te levantarás; de cierto morirás.
7 Entonces él les dijo:
¿Cómo era aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales
palabras? 8 Y ellos le
respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y
ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él
dijo: Es Elías tisbita.
9 Luego
envió a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el
cual subió a donde él estaba; y he aquí que él estaba
sentado en la cumbre del monte. Y el capitán le dijo:
Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas.
10 Y Elías respondió y
dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios,
descienda fuego del cielo, y consúmate con tus
cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió
a él y a sus cincuenta.
11 Volvió
el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus
cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha
dicho así: Desciende pronto. 12 Y
le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios,
descienda fuego del cielo, y consúmate con tus
cincuenta. Y descendió fuego del cielo, y lo consumió a
él y a sus cincuenta.
13 Volvió
a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus
cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta,
se puso de rodillas delante de Elías y le rogó,
diciendo: Varón de Dios, te ruego que sea de valor
delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus
cincuenta siervos. 14 He
aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los
dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta;
sea estimada ahora mi vida delante de tus ojos.
15 Entonces el ángel de
Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no tengas miedo
de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey.
16 Y le dijo: Así ha
dicho Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar
a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para
consultar en su palabra? No te levantarás, por tanto,
del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.
17 Y
murió conforme a la palabra de Jehová, que había hablado
Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año de
Joram hijo de Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no
tenía hijo. 18 Los
demás hechos de Ocozías, ¿no están escritos en el libro
de las crónicas de los reyes de Israel?
2
1 Aconteció que cuando
quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo,
Elías venía con Eliseo de Gilgal. 2 Y
dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová
me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y
vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a
Bet-el. 3 Y saliendo a
Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el,
le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor
de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.
4 Y
Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora,
porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive
Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron,
pues, a Jericó. 5 Y se
acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban
en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará
hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé;
callad.
6 Y
Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque
Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová,
y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.
7 Y vinieron cincuenta
varones de los hijos de los profetas, y se pararon
delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al
Jordán. 8 Tomando
entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas,
las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron
ambos por lo seco.
9 Cuando
habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras
que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo
Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu
sea sobre mí. 10 El le
dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere
quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
11 Y
aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro
de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías
subió al cielo en un torbellino. 12 Viéndolo
Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel
y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando
sus vestidos, los rompió en dos partes.
13 Alzó luego el manto de Elías que se
le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del
Jordán. 14 Y tomando el
manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas,
y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que
hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a
uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
15 Viéndole
los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro
lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo.
Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.
16 Y dijeron: He aquí
hay con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan
ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el
Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte o en
algún valle. Y él les dijo: No enviéis.
17 Mas ellos le importunaron, hasta
que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron
cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas
no lo hallaron. 18 Y
cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en
Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?
19 Y
los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el
lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como
mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es
estéril. 20 Entonces él
dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y
se la trajeron. 21 Y
saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro
la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas
aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.
22 Y fueron sanas las
aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
23 Después
subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino,
salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de
él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube!
24 Y mirando él atrás, los vio, y los
maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del
monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos
muchachos. 25 De allí
fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria.
3
1 Joram hijo de Acab
comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año
dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.
2 E hizo lo malo ante
los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre;
porque quitó las estatuas de Baal que su padre había
hecho. 3 Pero se
entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que
hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
4 Entonces Mesa rey de
Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de
Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus
vellones. 5 Pero muerto
Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
6 Salió entonces de
Samaria el rey Joram, y pasó revista a todo Israel.
7 Y fue y envió a decir
a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado
contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y
él respondió: Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo como
tu pueblo, y mis caballos como los tuyos.
8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él
respondió: Por el camino del desierto de Edom.
9 Salieron,
pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey de
Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete
días de camino, les faltó agua para el ejército, y para
las bestias que los seguían. 10 Entonces
el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová a
estos tres reyes para entregarlos en manos de los
moabitas. 11 Mas
Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que
consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los
siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está
Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías.
12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra
de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y
Josafat, y el rey de Edom.
13 Entonces
Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve
a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu
madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque
Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en
manos de los moabitas. 14 Y
Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya
presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de
Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera.
15 Mas ahora traedme un
tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová
vino sobre Eliseo, 16 quien
dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos
estanques. 17 Porque
Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia;
pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros,
y vuestras bestias y vuestros ganados.
18 Y esto es cosa ligera en los ojos
de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras
manos. 19 Y destruiréis
toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, y talaréis
todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de aguas, y
destruiréis con piedras toda tierra fértil.
20 Aconteció, pues, que
por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí
vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se
llenó de aguas.
21 Cuanto
todos los de Moab oyeron que los reyes subían a pelear
contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían
ceñir armadura en adelante, y se pusieron en la
frontera. 22 Cuando se
levantaron por la mañana, y brilló el sol sobre las
aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas
como sangre; 23 y
dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han
vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su
compañero. Ahora, pues, ¡Moab, al botín!
24 Pero cuando llegaron al campamento
de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los
de Moab, los cuales huyeron de delante de ellos; pero
los persiguieron matando a los de Moab.
25 Y asolaron las ciudades, y en todas
las tierras fértiles echó cada uno su piedra, y las
llenaron; cegaron también todas las fuentes de las
aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que
en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los
honderos la rodearon y la destruyeron.
26 Y cuando el rey de Moab vio que era
vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres
que manejaban espada, para atacar al rey de Edom; mas no
pudieron. 27 Entonces
arrebató a su primogénito que había de reinar en su
lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y
hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y
se volvieron a su tierra.
4
1 Una mujer, de las
mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo,
diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que
tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el
acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.
2 Y Eliseo le dijo:
¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella
dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una
vasija de aceite. 3 El
le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos
tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.
4 Entra luego, y enciérrate tú y tus
hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté
llena, ponla aparte. 5 Y
se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y
sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba
del aceite. 6 Cuando
las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo:
Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas.
Entonces cesó el aceite. 7 Vino
ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo:
Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y
tus hijos vivid de lo que quede.
8 Aconteció también que
un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer
importante, que le invitaba insistentemente a que
comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de
ella a comer. 9 Y ella
dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste
que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de
Dios. 10 Yo te ruego
que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos
allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él
viniere a nosotros, se quede en él.
11 Y
aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en
aquel aposento, y allí durmió. 12 Entonces
dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando
la llamó, vino ella delante de él.
13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí
tú has estado solícita por nosotros con todo este
esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que
hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella
respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.
14 Y él dijo: ¿Qué,
pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que
ella no tiene hijo, y su marido es viejo.
15 Dijo entonces: Llámala. Y él la
llamó, y ella se paró a la puerta.
16 Y él le dijo: El año que viene, por este
tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío,
varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.
17 Mas la mujer
concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el
tiempo que Eliseo le había dicho.
18 Y
el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su
padre, que estaba con los segadores;
19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza,
mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su
madre. 20 Y habiéndole
él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus
rodillas hasta el mediodía, y murió.
21 Ella entonces subió, y lo puso
sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta,
se salió. 22 Llamando
luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo
a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo
vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.
23 El dijo: ¿Para qué
vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y
ella respondió: Paz. 24 Después
hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda;
y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo
dijere. 25 Partió,
pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo.
Y cuando el varón de Dios la vio de
lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita.
26 Te ruego que vayas
ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a
ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo:
Bien. 27 Luego que
llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se
asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero
el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en
amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me
lo ha revelado. 28 Y
ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no
te burlases de mí? 29 Entonces
dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu
mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si
alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo
sobre el rostro del niño. 30 Y
dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que
no te dejaré. 31 El
entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido
delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el
rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se
había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró,
diciendo: El niño no despierta.
32 Y
venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba
muerto tendido sobre su cama. 33 Entrando
él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová.
34 Después subió y se
tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de
él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las
manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del
niño entró en calor. 35 Volviéndose
luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y
después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el
niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.
36 Entonces llamó él a
Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó.
Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.
37 Y así que ella
entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y
después tomó a su hijo, y salió.
38 Eliseo volvió a
Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra. Y
los hijos de los profetas estaban con él, por lo que
dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para
los hijos de los profetas. 39 Y
salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como
parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas
silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje,
pues no sabía lo que era. 40 Después
sirvió para que comieran los hombres; pero sucedió que
comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo:
¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron
comer. 41 El entonces
dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da
de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.
42 Vino
entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al
varón de Dios panes de primicias, veinte panes de
cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la
gente para que coma. 43 Y
respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de
cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para
que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y
sobrará. 44 Entonces lo
puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme
a la palabra de Jehová.
5
1 Naamán, general del
ejército del rey de Siria, era varón grande delante de
su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de
él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre
valeroso en extremo, pero leproso. 2 Y
de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado
cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual
servía a la mujer de Naamán. 3 Esta
dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está
en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
4 Entrando Naamán a su señor, le
relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es
de la tierra de Israel. 5 Y
le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas
al rey de Israel.
Salió, pues, él, llevando consigo
diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez
mudas de vestidos. 6 Tomó
también cartas para el rey de Israel, que decían así:
Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo
envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su
lepra. 7 Luego que el
rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y
dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste
envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad
ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
8 Cuando
Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había
rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has
rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay
profeta en Israel. 9 Y
vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a
las puertas de la casa de Eliseo. 10 Entonces
Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate
siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y
serás limpio. 11 Y
Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para
mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre
de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y
sanará la lepra. 12 Abana
y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las
aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también
limpio? Y se volvió, y se fue enojado.
13 Mas sus criados se le acercaron y
le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te
mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más,
diciéndote: Lávate, y serás limpio?
14 El entonces descendió, y se zambulló
siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del
varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un
niño, y quedó limpio.
15 Y
volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se
puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no
hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que
recibas algún presente de tu siervo.
16 Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya
presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que
aceptara alguna cosa, pero él no quiso.
17 Entonces Naamán dijo: Te ruego,
pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de
un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no
sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros
dioses, sino a Jehová. 18 En
esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el
rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y
se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en
el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en
esto a tu siervo. 19 Y
él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media
legua de tierra.
20 Entonces
Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí:
He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando
de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que
correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa.
21 Y siguió Giezi a
Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo tras él,
se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien?
22 Y él dijo: Bien. Mi
señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta
hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los
profetas; te ruego que les des un talento de plata, y
dos vestidos nuevos. 23 Dijo
Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió,
y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos
vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus
criados para que lo llevasen delante de él.
24 Y así que llegó a un
lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó
en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen.
25 Y él entró, y se
puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde
vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna
parte. 26 El entonces
le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el
hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de
tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas,
ovejas, bueyes, siervos y siervas?
27 Por tanto, la lepra de Naamán se te
pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de
delante de él leproso, blanco como la nieve.
6
1 Los hijos de los
profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que
moramos contigo nos es estrecho. 2 Vamos
ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y
hagamos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.
3 Y dijo uno: Te
rogamos que vengas con tus siervos. Y él respondió: Yo
iré. 4 Se fue, pues,
con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron la
madera. 5 Y aconteció
que mientras uno derribaba un árbol, se le cayó el hacha
en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah, señor mío, era
prestada! 6 El varón de
Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar.
Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar
el hierro. 7 Y dijo:
Tómalo. Y él extendió la mano, y lo tomó.
8 Tenía el rey de Siria
guerra contra Israel, y consultando con sus siervos,
dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.
9 Y el varón de Dios
envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por
tal lugar, porque los sirios van allí.
10 Entonces el rey de Israel envió a
aquel lugar que el varón de Dios había dicho; y así lo
hizo una y otra vez con el fin de cuidarse.
11 Y
el corazón del rey de Siria se turbó por esto; y
llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis
vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel?
12 Entonces uno de los
siervos dijo: No, rey señor mío, sino que el profeta
Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel
las palabras que tú hablas en tu cámara más secreta.
13 Y él dijo: Id, y
mirad dónde está, para que yo envíe a prenderlo. Y le
fue dicho: He aquí que él está en Dotán.
14 Entonces envió el rey allá gente de
a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales
vinieron de noche, y sitiaron la ciudad.
15 Y
se levantó de mañana y salió el que servía al varón de
Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad,
con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le
dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?
16 El le dijo: No tengas miedo, porque más
son los que están con nosotros que los que están con
ellos. 17 Y oró Eliseo,
y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que
vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró;
y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a
caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
18 Y luego que los
sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo:
Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los
hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo.
19 Después les dijo
Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad;
seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y los
guió a Samaria.
20 Y
cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los
ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y
miraron, y se hallaban en medio de Samaria.
21 Cuando el rey de
Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los mataré, padre
mío? 22 El le
respondió: No los mates. ¿Matarías tú a los que tomaste
cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de
ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a
sus señores. 23 Entonces
se les preparó una gran comida; y cuando habían comido y
bebido, los envió, y ellos se volvieron a su seÑor. Y
nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra
de Israel.
24 Después de esto
aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su
ejército, y subió y sitió a Samaria.
25 Y hubo gran hambre en Samaria, a
consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un
asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta
parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas
de plata. 26 Y pasando
el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y
dijo: Salva, rey señor mío. 27 Y
él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo
salvar yo? ¿Del granero, o del lagar?
28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella
respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y
comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.
29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo
comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y
comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo.
30 Cuando el rey oyó
las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y
pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que
traía interiormente sobre su cuerpo.
31 Y él dijo: Así me haga Dios, y aun
me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda
sobre él hoy.
32 Y
Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban
sentados los ancianos; y el rey envió a él un hombre.
Mas antes que el mensajero viniese a él, dijo él a los
ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo de homicida
envía a cortarme la cabeza? Mirad, pues, y cuando
viniere el mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la
entrada. ¿No se oye tras él el ruido de los pasos de su
amo? 33 Aún estaba él
hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía
a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene.
¿Para qué he de esperar más a Jehová?
7
1 Dijo entonces Eliseo:
Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas
horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos
seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.
2 Y un príncipe sobre
cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de
Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el
cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás
con tus ojos, mas no comerás de ello.
3 Había
a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los
cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos
aquí hasta que muramos? 4 Si
tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay
en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí,
también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al
campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida,
viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
5 Se levantaron, pues,
al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y
llegando a la entrada del campamento de los sirios, no
había allí nadie. 6 Porque
Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se
oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y
estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros:
He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra
nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los
egipcios, para que vengan contra nosotros.
7 Y así se levantaron y
huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus
caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y
habían huido para salvar sus vidas.
8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada
del campamento, entraron en una tienda y comieron y
bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y
fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra
tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo
escondieron.
9 Luego
se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy
es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si
esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra
maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en
casa del rey. 10 Vinieron,
pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la
ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al
campamento de los sirios, y he aquí que no había allí
nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos
también atados, y el campamento intacto.
11 Los porteros gritaron, y lo
anunciaron dentro, en el palacio del rey.
12 Y se levantó el rey de noche, y
dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho
los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, y han salido
de las tiendas y se han escondido en el campo, diciendo:
Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y
entraremos en la ciudad. 13 Entonces
respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco
de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los
que quedan acá también perecerán como toda la multitud
de Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué
hay. 14 Tomaron, pues,
dos caballos de un carro, y envió el rey al campamento
de los sirios, diciendo: Id y ved.
15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el
Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de
vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la
premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber
al rey.
16 Entonces
el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y
fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y
dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra
de Jehová. 17 Y el rey
puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se
apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió,
conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando
el rey descendió a él. 18 Aconteció,
pues, de la manera que el varón de Dios había hablado al
rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el
seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana
a estas horas, a la puerta de Samaria.
19 A lo cual aquel príncipe había
respondido al varón de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese
ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto? Y él dijo:
He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de
ello. 20 Y le sucedió
así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y
murió.
8
1 Habló Eliseo a aquella
mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo:
Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas;
porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre
la tierra por siete años. 2 Entonces
la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le
dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de
los filisteos siete años. 3 Y
cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de
la tierra de los filisteos; después salió para implorar
al rey por su casa y por sus tierras.
4 Y había el rey hablado con Giezi,
criado del varón de Dios, diciéndole: Te ruego que me
cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo.
5 Y mientras él estaba
contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he
aquí que la mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir,
vino para implorar al rey por su casa y por sus tierras.
Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y
este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.
6 Y preguntando el rey
a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a
un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas
que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde
el día que dejó el país hasta ahora.
7 Eliseo se fue luego a
Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual
dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí.
8 Y el rey dijo a
Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al
varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo:
¿Sanaré de esta enfermedad? 9 Tomó,
pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes
de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su
encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu
hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo:
¿Sanaré de esta enfermedad? 10 Y
Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin
embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá
ciertamente. 11 Y el
varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta
hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios.
12 Entonces le dijo
Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque
sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus
fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a
espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre
a sus mujeres que estén encintas. 13 Y
Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para
que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová
me ha mostrado que tú serás rey de Siria.
14 Y Hazael se fue, y vino a su señor,
el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él
respondió: Me dijo que seguramente sanarás.
15 El día siguiente,
tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el
rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar.
16 En el quinto año de
Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey
de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de
Judá. 17 De treinta y
dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó
en Jerusalén. 18 Y
anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la
casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e
hizo lo malo ante los ojos de Jehová.
19 Con todo eso, Jehová no quiso
destruir a Judá, por amor a David su siervo, porque
había prometido darle lámpara a él y a sus hijos
perpetuamente.
20 En
el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de
Judá, y pusieron rey sobre ellos. 21 Joram,
por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él; y
levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le
habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el
pueblo huyó a sus tiendas. 22 No
obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta
hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo.
23 Los demás hechos de
Joram, y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el
libro de las crónicas de los reyes de Judá?
24 Y durmió Joram con
sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de
David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.
25 En el año doce de
Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar
Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.
26 De veintidós años era Ocozías cuando
comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre
de su madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel.
27 Anduvo en el camino
de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de
Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la
casa de Acab.
28 Y
fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de
Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los sirios
hirieron a Joram. 29 Y
el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las
heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot,
cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió
Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram
hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo.
9
1 Entonces el profeta
Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le
dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu
mano, y ve a Ramot de Galaad. 2 Cuando
llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de
Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus
hermanos, y llévalo a la cámara. 3 Toma
luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y
di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre
Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.
4 Fue,
pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad.
5 Cuando él entró, he
aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y
él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú
dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti,
príncipe. 6 Y él se
levantó, y entró en casa; y el otro derramó el aceite
sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de
Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de
Jehová. 7 Herirás la
casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de
mis siervos los profetas, y la sangre de todos los
siervos de Jehová, de la mano de Jezabel.
8 Y perecerá toda la casa de Acab, y
destruiré de Acab todo varón, así al siervo como al
libre en Israel. 9 Y yo
pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de
Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.
10 Y a Jezabel la
comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá
quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a
huir.
11 Después
salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay
paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo:
Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.
12 Ellos dijeron:
Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me
habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido
por rey sobre Israel. 13 Entonces
cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso debajo
de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron:
Jehú es rey.
14 Así conspiró Jehú
hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba
entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo
Israel, por causa de Hazael rey de Siria;
15 pero se había vuelto el rey Joram a
Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le
habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y
Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la
ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.
16 Entonces Jehú
cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí
enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había
descendido a visitar a Joram.
17 Y
el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la
tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram
dijo: Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos, y les
diga: ¿Hay paz? 18 Fue,
pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así:
¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la
paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso,
diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.
19 Entonces envió otro
jinete, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así:
¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con
la paz? Vuélvete conmigo. 20 El
atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no
vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de
Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
21 Entonces
Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su
carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de
Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a
Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de
Jezreel. 22 Cuando vio
Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué
paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus
muchas hechicerías? 23 Entonces
Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías:
¡Traición, Ocozías! 24 Pero
Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas;
y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro.
25 Dijo luego Jehú a
Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la
heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y
yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, Jehová
pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:
26 Que yo he visto ayer
la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo
Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová.
Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot,
conforme a la palabra de Jehová.
27 Viendo esto Ocozías
rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y
lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el
carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam.
Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí.
28 Y sus siervos le
llevaron en un carro a Jerusalén, y allá le sepultaron
con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.
29 En
el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar
Ocozías sobre Judá.
30 Vino después Jehú a
Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con
antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana.
31 Y cuando entraba
Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri,
que mató a su señor? 32 Alzando
él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién
está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o
tres eunucos. 33 Y él
les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de
su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él
la atropelló. 34 Entró
luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver
a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey.
35 Pero cuando fueron
para sepultarla, no hallaron de ella más que la
calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
36 Y volvieron, y se lo
dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual
él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo:
En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes
de Jezabel, 37 y el
cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la
tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie
pueda decir: Esta es Jezabel.
10
1 Tenía Acab en Samaria
setenta hijos; y Jehú escribió cartas y las envió a
Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a
los ayos de Acab, diciendo: 2 Inmediatamente
que lleguen estas cartas a vosotros los que tenéis a los
hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y gente
de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,
3 escoged al mejor y al
más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el
trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro
señor. 4 Pero ellos
tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no
pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros?
5 Y el mayordomo, el
gobernador de la ciudad, los ancianos y los ayos
enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos
todo lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno,
haz lo que bien te parezca. 6 El
entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois
míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los
hijos varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a
esta hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta
varones, estaban con los principales de la ciudad, que
los criaban. 7 Cuando
las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del
rey, y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus
cabezas en canastas, y se las enviaron a Jezreel.
8 Y vino un mensajero
que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas
de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos
montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
9 Venida la mañana,
salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo:
Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra mi
señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a
todos éstos? 10 Sabed
ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la casa
de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo
que dijo por su siervo Elías. 11 Mató
entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa
de Acab en Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus
familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no quedó
ninguno.
12 Luego
se levantó de allí para ir a Samaria; y en el camino
llegó a una casa de esquileo de pastores.
13 Y halló allí a los hermanos de
Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros?
Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos
venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de
la reina. 14 Entonces
él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron
vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de
esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de
ellos.
15 Yéndose
luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de Recab; y
después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu
corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab
dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio
la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro,
16 y le dijo: Ven
conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues,
en su carro. 17 Y luego
que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los que
habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos,
conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por
Elías.
18 Después reunió Jehú a
todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió poco a Baal, mas
Jehú lo servirá mucho. 19 Llamadme,
pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos sus
siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno,
porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera
que faltare no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para
exterminar a los que honraban a Baal.
20 Y dijo Jehú: Santificad un día
solemne a Baal. Y ellos convocaron.
21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron
todos los siervos de Baal, de tal manera que no hubo
ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal,
y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo.
22 Entonces dijo al que
tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para
todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras.
23 Y entró Jehú con
Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los
siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí entre
vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los
siervos de Baal.
24 Y
cuando ellos entraron para hacer sacrificios y
holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les
dijo: Cualquiera que dejare vivo a alguno de aquellos
hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será
por la del otro. 25 Y
después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú
dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y
matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a espada,
y los dejaron tendidos los de la guardia y los
capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del templo de
Baal, 26 y sacaron las
estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
27 Y quebraron la
estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo
convirtieron en letrinas hasta hoy.
28 Así
exterminó Jehú a Baal de Israel. 29 Con
todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam
hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie
los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.
30 Y Jehová dijo a
Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto
delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab
conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos
se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta
generación. 31 Mas Jehú
no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con
todo su corazón, ni se apartó de los pecados de
Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.
32 En
aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio de
Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras,
33 desde el Jordán al
nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de
Rubén y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo
de Arnón, hasta Galaad y Basán. 34 Los
demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su
valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas
de los reyes de Israel? 35 Y
durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria;
y reinó en su lugar Joacaz su hijo.
36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en
Samaria fue de veintiocho años.
11
1 Cuando Atalía madre de
Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y
destruyó toda la descendencia real.
2 Pero Josaba hija del rey Joram, hermana
de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó
furtivamente de entre los hijos del rey a quienes
estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama,
en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron.
3 Y estuvo con ella
escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue
reina sobre el país.
4 Mas
al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas,
capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en
la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza,
juramentándolos en la casa de Jehová; y les mostró el
hijo del rey. 5 Y les
mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la
tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa
del rey el día de reposo. 6 Otra
tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra
tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así
guardaréis la casa, para que no sea allanada.
7 Mas las dos partes de
vosotros que salen el día de reposo tendréis la guardia
de la casa de Jehová junto al rey. 8 Y
estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo
cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que
entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey
cuando salga, y cuando entre.
9 Los
jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote
Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto
es, los que entraban el día de reposo y los que salían
el día de reposo, vinieron al sacerdote Joiada.
10 Y el sacerdote dio a
los jefes de centenas las lanzas y los escudos que
habían sido del rey David, que estaban en la casa de
Jehová. 11 Y los de la
guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas
en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el
lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor
del rey. 12 Sacando
luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el
testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las
manos dijeron: ¡Viva el rey!
13 Oyendo
Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al
pueblo en el templo de Jehová. 14 Y
cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la
columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los
trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se
regocijaba, y tocaban las trompetas. Entonces Atalía,
rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: ¡Traición,
traición! 15 Mas el
sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas que
gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del
recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a
espada. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en
el templo de Jehová.) 16 Le
abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran
los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
17 Entonces
Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que
serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el
pueblo. 18 Y todo el
pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo
derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus
altares y sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de
Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso
guarnición sobre la casa de Jehová.
19 Después tomó a los jefes de centenas,
los capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra,
y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron
por el camino de la puerta de la guardia a la casa del
rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes.
20 Y todo el pueblo de
la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo,
habiendo sido Atalía muerta a espada junto a la casa del
rey.
21 Era
Joás de siete años cuando comenzó a reinar.
12
1 En el séptimo año de
Jehú comenzó a reinar Joás, y reinó cuarenta años en
Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
2 Y Joás hizo lo recto
ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el
sacerdote Joiada. 3 Con
todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el
pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares
altos.
4 Y
Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado
que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del
rescate de cada persona según está estipulado, y todo el
dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa
de Jehová, 5 recíbanlo
los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares, y
reparen los portillos del templo dondequiera que se
hallen grietas. 6 Pero
en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado
los sacerdotes las grietas del templo.
7 Llamó entonces el rey Joás al sumo
sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por
qué no reparáis las grietas del templo? Ahora, pues, no
toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo
para reparar las grietas del templo.
8 Y los sacerdotes consintieron en no
tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de
reparar las grietas del templo.
9 Mas
el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa
un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha
así que se entra en el templo de Jehová; y los
sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el
dinero que se traía a la casa de Jehová.
10 Y cuando veían que había mucho
dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo
sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el
templo de Jehová, y lo guardaban. 11 Y
daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a
los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo
gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que
reparaban la casa de Jehová, 12 y
a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y
piedra de cantería para reparar las grietas de la casa
de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para
repararla. 13 Mas de
aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se
hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas,
ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de
plata se hacía para el templo de Jehová;
14 porque lo daban a los que hacían la
obra, y con él reparaban la casa de Jehová.
15 Y no se tomaba
cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era
entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la
obra; porque lo hacían ellos fielmente.
16 El dinero por el pecado, y el
dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová;
porque era de los sacerdotes.
17 Entonces
subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y la
tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén;
18 por lo cual tomó
Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado
Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y
las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en
los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y
lo envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de
Jerusalén.
19 Los
demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá? 20 Y se
levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y
mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a
Sila; 21 pues Josacar
hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le
hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la
ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
13
1 En el año veintitrés
de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar
Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó
diecisiete años. 2 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y siguió en los
pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a
Israel; y no se apartó de ellos. 3 Y
se encendió el furor de Jehová contra Israel, y los
entregó en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de
Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo.
4 Mas Joacaz oró en
presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la
aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía.
5 (Y dio Jehová
salvador a Israel, y salieron del poder de los sirios; y
habitaron los hijos de Israel en sus tiendas, como
antes. 6 Con todo eso,
no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam,
el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y
también la imagen de Asera permaneció en Samaria.)
7 Porque no le había
quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a
caballo, diez carros, y diez mil hombres de a pie; pues
el rey de Siria los había destruido, y los había puesto
como el polvo para hollar. 8 El
resto de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus
valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas
de los reyes de Israel? 9 Y
durmió Joacaz con sus padres, y lo sepultaron en
Samaria, y reinó en su lugar Joás su hijo.
10 El año treinta y
siete de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de
Joacaz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años.
11 E hizo lo malo ante
los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de
Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en
ellos anduvo. 12 Los
demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el esfuerzo
con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel? 13 Y durmió
Joás con sus padres, y se sentó Jeroboam sobre su trono;
y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.
14 Estaba Eliseo enfermo
de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey
de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío,
padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!
15 Y le dijo Eliseo:
Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y
unas saetas. 16 Luego
dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco.
Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo
sus manos sobre las manos del rey,
17 y dijo: Abre la ventana que da al
oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y
tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y
saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los
sirios en Afec hasta consumirlos. 18 Y
le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey
de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y
él la golpeó tres veces, y se detuvo.
19 Entonces el varón de Dios, enojado
contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras
derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora
sólo tres veces derrotarás a Siria.
20 Y
murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron
bandas armadas de moabitas a la tierra.
21 Y aconteció que al sepultar unos a
un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y
arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando
llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y
se levantó sobre sus pies.
22 Hazael,
pues, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de
Joacaz. 23 Mas Jehová
tuvo misericordia de ellos, y se compadeció de ellos y
los miró, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y
Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de
su presencia hasta hoy.
24 Y
murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad
su hijo. 25 Y volvió
Joás hijo de Joacaz y tomó de mano de Ben-adad hijo de
Hazael las ciudades que éste había tomado en guerra de
mano de Joacaz su padre. Tres veces lo derrotó Joás, y
restituyó las ciudades a Israel.
14
1 En el año segundo de
Joás hijo de Joacaz rey de Israel, comenzó a reinar
Amasías hijo de Joás rey de Judá. 2 Cuando
comenzó a reinar era de veinticinco años, y veintinueve
años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue
Joadán, de Jerusalén. 3 Y
él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como
David su padre; hizo conforme a todas las cosas que
había hecho Joás su padre. 4 Con
todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque
el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos
lugares altos. 5 Y
cuando hubo afirmado en sus manos el reino, mató a los
siervos que habían dado muerte al rey su padre.
6 Pero no mató a los
hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que
está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde
Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los
hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno
morirá por su propio pecado.
7 Este
mató asimismo a diez mil edomitas en el Valle de la Sal,
y tomó a Sela en batalla, y la llamó Jocteel, hasta hoy.
8 Entonces
Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz, hijo de
Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, para que nos veamos
las caras. 9 Y Joás rey
de Israel envió a Amasías rey de Judá esta respuesta: El
cardo que está en el Líbano envió a decir al cedro que
está en el Líbano: Da tu hija por mujer a mi hijo. Y
pasaron las fieras que están en el Líbano, y hollaron el
cardo. 10 Ciertamente
has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido;
gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te
metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?
11 Pero
Amasías no escuchó; por lo cual subió Joás rey de
Israel, y se vieron las caras él y Amasías rey de Judá,
en Bet-semes, que es de Judá. 12 Y
Judá cayó delante de Israel, y huyeron, cada uno a su
tienda. 13 Además Joás
rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joás
hijo de Ocozías, en Bet-semes; y vino a Jerusalén, y
rompió el muro de Jerusalén desde la puerta de Efraín
hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos.
14 Y tomó todo el oro,
y la plata, y todos los utensilios que fueron hallados
en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del
rey, y a los hijos tomó en rehenes, y volvió a Samaria.
15 Los
demás hechos que ejecutó Joás, y sus hazañas, y cómo
peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el
libro de las crónicas de los reyes de Israel?
16 Y durmió Joás con
sus padres, y fue sepultado en Samaria con los reyes de
Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su hijo.
17 Y
Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió después de la
muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, quince
años. 18 Los demás
hechos de Amasías, ¿no están escritos en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá? 19 Conspiraron
contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero le
persiguieron hasta Laquis, y allá lo mataron.
20 Lo trajeron luego
sobre caballos, y lo sepultaron en Jerusalén con sus
padres, en la ciudad de David. 21 Entonces
todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de
dieciséis años, y lo hicieron rey en lugar de Amasías su
padre. 22 Reedificó él
a Elat, y la restituyó a Judá, después que el rey durmió
con sus padres.
23 El año quince de
Amasías hijo de Joás rey de Judá, comenzó a reinar
Jeroboam hijo de Joás sobre Israel en Samaria; y reinó
cuarenta y un años. 24 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y no se apartó de
todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo
pecar a Israel. 25 El
restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat
hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová
Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo
Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer.
26 Porque Jehová miró
la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo
ni libre, ni quien diese ayuda a Israel;
27 y Jehová no había determinado raer
el nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los
salvó por mano de Jeroboam hijo de Joás.
28 Los
demás hechos de Jeroboam, y todo lo que hizo, y su
valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restituyó
al dominio de Israel a Damasco y Hamat, que habían
pertenecido a Judá, ¿no está escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Israel? 29 Y
durmió Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel, y
reinó en su lugar Zacarías su hijo.
15
1 En el año veintisiete
de Jeroboam rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo
de Amasías, rey de Judá. 2 Cuando
comenzó a reinar era de dieciséis años, y cincuenta y
dos años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue
Jecolías, de Jerusalén. 3 E
hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas
las cosas que su padre Amasías había hecho.
4 Con todo eso, los
lugares altos no se quitaron, porque el pueblo
sacrificaba aún y quemaba incienso en los lugares altos.
5 Mas Jehová hirió al
rey con lepra, y estuvo leproso hasta el día de su
muerte, y habitó en casa separada, y Jotam hijo del rey
tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo.
6 Los demás hechos de
Azarías, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el
libro de las crónicas de los reyes de Judá?
7 Y durmió Azarías con
sus padres, y lo sepultaron con ellos en la ciudad de
David, y reinó en su lugar Jotam su hijo.
8 En el año treinta y
ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zacarías hijo de
Jeroboam sobre Israel seis meses. 9 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como habían hecho
sus padres; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo
de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
10 Contra él conspiró Salum hijo de
Jabes, y lo hirió en presencia de su pueblo, y lo mató,
y reinó en su lugar. 11 Los
demás hechos de Zacarías, he aquí que están escritos en
el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
12 Y esta fue la
palabra de Jehová que había hablado a Jehú, diciendo:
Tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán en el
trono de Israel. Y fue así.
13 Salum hijo de Jabes
comenzó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías rey
de Judá, y reinó un mes en Samaria;
14 porque Manahem hijo de Gadi subió de
Tirsa y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en
Samaria y lo mató, y reinó en su lugar.
15 Los demás hechos de Salum, y la
conspiración que tramó, he aquí que están escritos en el
libro de las crónicas de los reyes de Israel.
16 Entonces Manahem
saqueó a Tifsa, y a todos los que estaban en ella, y
también sus alrededores desde Tirsa; la saqueó porque no
le habían abierto las puertas, y abrió el vientre a
todas sus mujeres que estaban encintas.
17 En el año treinta y
nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manahem hijo de Gadi
sobre Israel diez años, en Samaria.
18 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová;
en todo su tiempo no se apartó de los pecados de
Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
19 Y vino Pul rey de
Asiria a atacar la tierra; y Manahem dio a Pul mil
talentos de plata para que le ayudara a confirmarse en
el reino. 20 E impuso
Manahem este dinero sobre Israel, sobre todos los
poderosos y opulentos; de cada uno cincuenta siclos de
plata, para dar al rey de Asiria; y el rey de Asiria se
volvió, y no se detuvo allí en el país.
21 Los demás hechos de Manahem, y todo
lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Israel? 22 Y
durmió Manahem con sus padres, y reinó en su lugar
Pekaía su hijo.
23 En el año cincuenta
de Azarías rey de Judá, reinó Pekaía hijo de Manahem
sobre Israel en Samaria, dos años.
24 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová;
no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat,
el que hizo pecar a Israel. 25 Y
conspiró contra él Peka hijo de Remalías, capitán suyo,
y lo hirió en Samaria, en el palacio de la casa real, en
compañía de Argob y de Arie, y de cincuenta hombres de
los hijos de los galaaditas; y lo mató, y reinó en su
lugar. 26 Los demás
hechos de Pekaía, y todo lo que hizo, he aquí que está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel.
27 En el año cincuenta y
dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías
sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años.
28 E hizo lo malo ante
los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de
Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
29 En
los días de Peka rey de Israel, vino Tiglat-pileser rey
de los asirios, y tomó a Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa,
Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de
Neftalí; y los llevó cautivos a Asiria.
30 Y Oseas hijo de Ela conspiró contra
Peka hijo de Remalías, y lo hirió y lo mató, y reinó en
su lugar, a los veinte años de Jotam hijo de Uzías.
31 Los demás hechos de
Peka, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el
libro de las crónicas de los reyes de Israel.
32 En el segundo año de
Peka hijo de Remalías rey de Israel, comenzó a reinar
Jotam hijo de Uzías rey de Judá. 33 Cuando
comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó
dieciséis años en Jerusalén. El nombre de su madre fue
Jerusa hija de Sadoc. 34 Y
él hizo lo recto ante los ojos de Jehová; hizo conforme
a todas las cosas que había hecho su padre Uzías.
35 Con todo eso, los
lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo
sacrificaba aún, y quemaba incienso en los lugares
altos. Edificó él la puerta más alta de la casa de
Jehová. 36 Los demás
hechos de Jotam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en
el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
37 En aquel tiempo
comenzó Jehová a enviar contra Judá a Rezín rey de
Siria, y a Peka hijo de Remalías. 38 Y
durmió Jotam con sus padres, y fue sepultado con ellos
en la ciudad de David su padre, y reinó en su lugar Acaz
su hijo.
16
1 En el año diecisiete
de Peka hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de
Jotam rey de Judá. 2 Cuando
comenzó a reinar Acaz era de veinte años, y reinó en
Jerusalén dieciséis años; y no hizo lo recto ante los
ojos de Jehová su Dios, como David su padre.
3 Antes anduvo en el
camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por
fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las
naciones que Jehová echó de delante de los hijos de
Israel. 4 Asimismo
sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre
los collados, y debajo de todo árbol frondoso.
5 Entonces
Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías, rey de
Israel, subieron a Jerusalén para hacer guerra y sitiar
a Acaz; mas no pudieron tomarla. 6 En
aquel tiempo el rey de Edom recobró Elat para Edom, y
echó de Elat a los hombres de Judá; y los de Edom
vinieron a Elat y habitaron allí hasta hoy.
7 Entonces Acaz envió
embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo
soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del
rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han
levantado contra mí. 8 Y
tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa
de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al
rey de Asiria un presente. 9 Y
le atendió el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria
contra Damasco, y la tomó, y llevó cautivos a los
moradores a Kir, y mató a Rezín.
10 Después
fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser rey de
Asiria en Damasco; y cuando vio el rey Acaz el altar que
estaba en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y
la descripción del altar, conforme a toda su hechura.
11 Y el sacerdote Urías
edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz
había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote
Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco.
12 Y luego que el rey
vino de Damasco, y vio el altar, se acercó el rey a él,
y ofreció sacrificios en él; 13 y
encendió su holocausto y su ofrenda, y derramó sus
libaciones, y esparció la sangre de sus sacrificios de
paz junto al altar. 14 E
hizo acercar el altar de bronce que estaba delante de
Jehová, en la parte delantera de la casa, entre el altar
y el templo de Jehová, y lo puso al lado del altar hacia
el norte. 15 Y mandó el
rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar
encenderás el holocausto de la mañana y la ofrenda de la
tarde, y el holocausto del rey y su ofrenda, y asimismo
el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su
ofrenda y sus libaciones; y esparcirás sobre él toda la
sangre del holocausto, y toda la sangre del sacrificio.
El altar de bronce será mío para consultar en él.
16 E hizo el sacerdote
Urías conforme a todas las cosas que el rey Acaz le
mandó.
17 Y
cortó el rey Acaz los tableros de las basas, y les quitó
las fuentes; y quitó también el mar de sobre los bueyes
de bronce que estaban debajo de él, y lo puso sobre el
suelo de piedra. 18 Asimismo
el pórtico para los días de reposo, que habían edificado
en la casa, y el pasadizo de afuera, el del rey, los
quitó del templo de Jehová, por causa del rey de Asiria.
19 Los demás hechos que
puso por obra Acaz, ¿no están todos escritos en el libro
de las crónicas de los reyes de Judá?
20 Y durmió el rey Acaz con sus
padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David,
y reinó en su lugar su hijo Ezequías.
17
1 En el año duodécimo de
Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en
Samaria sobre Israel; y reinó nueve años.
2 E hizo lo malo ante los ojos de
Jehová, aunque no como los reyes de Israel que habían
sido antes de él. 3 Contra
éste subió Salmanasar rey de los asirios; y Oseas fue
hecho su siervo, y le pagaba tributo.
4 Mas el rey de Asiria descubrió que
Oseas conspiraba; porque había enviado embajadores a So,
rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria,
como lo hacía cada año; por lo que el rey de Asiria le
detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel.
5 Y el rey de Asiria
invadió todo el país, y sitió a Samaria, y estuvo sobre
ella tres años. 6 En el
año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y
llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en
Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los
medos.
7 Porque
los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que
los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón
rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos,
8 y anduvieron en los
estatutos de las naciones que Jehová había lanzado de
delante de los hijos de Israel, y en los estatutos que
hicieron los reyes de Israel. 9 Y
los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no
rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos
en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas
hasta las ciudades fortificadas, 10 y
levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado
alto, y debajo de todo árbol frondoso,
11 y quemaron allí incienso en todos
los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová
había traspuesto de delante de ellos, e hicieron cosas
muy malas para provocar a ira a Jehová.
12 Y servían a los ídolos, de los
cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de
hacer esto. 13 Jehová
amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos
los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos
de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y
mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo
prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por
medio de mis siervos los profetas.
14 Mas ellos no obedecieron, antes
endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres,
los cuales no creyeron en Jehová su Dios.
15 Y desecharon sus estatutos, y el
pacto que él había hecho con sus padres, y los
testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron
la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las
naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales
Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de
ellas. 16 Dejaron todos
los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron
imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de
Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y
sirvieron a Baal; 17 e
hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se
dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a
hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a
ira. 18 Jehová, por
tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó
de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu
de Judá.
19 Mas
ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios,
sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los
cuales habían ellos hecho. 20 Y
desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, y los
afligió, y los entregó en manos de saqueadores, hasta
echarlos de su presencia.
21 Porque
separó a Israel de la casa de David, y ellos hicieron
rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel
de en pos de Jehová, y les hizo cometer gran pecado.
22 Y los hijos de
Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que
él hizo, sin apartarse de ellos, 23 hasta
que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como
él lo había dicho por medio de todos los profetas sus
siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a
Asiria, hasta hoy.
24 Y trajo el rey de
Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y
de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en
lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y
habitaron en sus ciudades. 25 Y
aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar
allí, que no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová
contra ellos leones que los mataban.
26 Dijeron, pues, al rey de Asiria:
Las gentes que tú trasladaste y pusiste en las ciudades
de Samaria, no conocen la ley del Dios de aquella
tierra, y él ha echado leones en medio de ellos, y he
aquí que los leones los matan, porque no conocen la ley
del Dios de la tierra. 27 Y
el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno
de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vaya y
habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país.
28 Y vino uno de los
sacerdotes que habían llevado cautivo de Samaria, y
habitó en Bet-el, y les enseñó cómo habían de temer a
Jehová.
29 Pero
cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los
templos de los lugares altos que habían hecho los de
Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba.
30 Los de Babilonia
hicieron a Sucot-benot, los de Cuta hicieron a Nergal, y
los de Hamat hicieron a Asima. 31 Los
aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim
quemaban sus hijos en el fuego para adorar a Adramelec y
a Anamelec, dioses de Sefarvaim. 32 Temían
a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los
lugares altos, que sacrificaban para ellos en los
templos de los lugares altos. 33 Temían
a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de
las naciones de donde habían sido trasladados.
34 Hasta hoy hacen como
antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni
sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos
que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso
el nombre de Israel; 35 con
los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó
diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis,
ni les serviréis, ni les haréis sacrificios.
36 Mas a Jehová, que os
sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo
extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste
haréis sacrificio. 37 Los
estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por
escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no
temeréis a dioses ajenos. 38 No
olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a
dioses ajenos; 39 mas
temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de
todos vuestros enemigos. 40 Pero
ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre
antigua. 41 Así
temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo
sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus
nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta
hoy.
18
1 En el tercer año de
Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar
Ezequías hijo de Acaz rey de Judá. 2 Cuando
comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en
Jerusalén veintinueve años. El nombre de su madre fue
Abi hija de Zacarías. 3 Hizo
lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las
cosas que había hecho David su padre.
4 El quitó los lugares altos, y quebró
las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo
pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés,
porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de
Israel; y la llamó Nehustán. 5 En
Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni
antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de
Judá. 6 Porque siguió a
Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los
mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.
7 Y Jehová estaba con
él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló
contra el rey de Asiria, y no le sirvió.
8 Hirió también a los filisteos hasta
Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas
hasta la ciudad fortificada.
9 En el cuarto año del
rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de
Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los asirios
contra Samaria, y la sitió, 10 y
la tomaron al cabo de tres años. En el año sexto de
Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas rey de
Israel, fue tomada Samaria. 11 Y
el rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los
puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las
ciudades de los medos; 12 por
cuanto no habían atendido a la voz de Jehová su Dios,
sino que habían quebrantado su pacto; y todas las cosas
que Moisés siervo de Jehová había mandado, no las habían
escuchado, ni puesto por obra.
13 A los catorce años
del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra
todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó.
14 Entonces Ezequías
rey de Judá envió a decir al rey de Asiria que estaba en
Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y haré todo lo que
me impongas. Y el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de
Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos
de oro. 15 Dio, por
tanto, Ezequías toda la plata que fue hallada en la casa
de Jehová, y en los tesoros de la casa real.
16 Entonces Ezequías
quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de
los quiciales que el mismo rey Ezequías había cubierto
de oro, y lo dio al rey de Asiria.
17 Después el rey de Asiria envió contra el
rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con
un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y
subieron y vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido,
vinieron y acamparon junto al acueducto del estanque de
arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
18 Llamaron luego al
rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías,
mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf,
canciller.
19 Y
les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice
el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te
apoyas? 20 Dices (pero
son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la
guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra
mí? 21 He aquí que
confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el
cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y
la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos
los que en él confían. 22 Y
si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios,
¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha
quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén:
Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?
23 Ahora, pues, yo te
ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo
te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para
ellos. 24 ¿Cómo, pues,
podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de
mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros
y su gente de a caballo? 25 ¿Acaso
he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para
destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y
destrúyela.
26 Entonces
dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al
Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo,
porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros
en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el
muro. 27 Y el Rabsaces
les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para decir estas
palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están
sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y
beber su propia orina con vosotros?
28 Entonces
el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua
de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey,
el rey de Asiria. 29 Así
ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os
podrá librar de mi mano. 30 Y
no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo:
Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será
entregada en mano del rey de Asiria.
31 No escuchéis a Ezequías, porque así
dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí,
y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada
uno las aguas de su pozo, 32 hasta
que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra,
tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas,
tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no
moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando
dice: Jehová nos librará. 33 ¿Acaso
alguno de los dioses de las naciones ha librado su
tierra de la mano del rey de Asiria?
34 ¿Dónde está el dios de Hamat y de
Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de
Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano?
35 ¿Qué dios de todos
los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi
mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?
36 Pero
el pueblo calló, y no le respondió palabra; porque había
mandamiento del rey, el cual había dicho: No le
respondáis. 37 Entonces
Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y
Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías,
rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del
Rabsaces.
19
1 Cuando el rey Ezequías
lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y
entró en la casa de Jehová. 2 Y
envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los
ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al
profeta Isaías hijo de Amoz, 3 para
que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día
de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los
hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene
fuerzas. 4 Quizá oirá
Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien
el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar
al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las
cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración
por el remanente que aún queda. 5 Vinieron,
pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías.
6 E Isaías les
respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho
Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las
cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7 He aquí pondré yo en
él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y
haré que en su tierra caiga a espada.
8 Y
regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria
combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de
Laquis. 9 Y oyó decir
que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle
guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a
Ezequías, diciendo: 10 Así
diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en
quien tú confías, para decir: Jerusalén no será
entregada en mano del rey de Asiria.
11 He aquí tú has oído lo que han
hecho los reyes de Asiria a todas las tierras,
destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 12 ¿Acaso
libraron sus dioses a las naciones que mis padres
destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos
de Edén que estaban en Telasar? 13 ¿Dónde
está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la
ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
14 Y
tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y
después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y
las extendió Ezequías delante de Jehová.
15 Y oró Ezequías delante de Jehová,
diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los
querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la
tierra; tú hiciste el cielo y la tierra.
16 Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye;
abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de
Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.
17 Es verdad, oh
Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las
naciones y sus tierras; 18 y
que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no
eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o
piedra, y por eso los destruyeron.
19 Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro,
sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los
reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.
20 Entonces Isaías hijo
de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová,
Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib
rey de Asiria, he oído. 21 Esta
es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él: La
virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás
de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
22 ¿A quién has
vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la
voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de
Israel. 23 Por mano de
tus mensajeros has vituperado a Jehová, y has dicho: Con
la multitud de mis carros he subido a las alturas de los
montes, a lo más inaccesible del Líbano; cortaré sus
altos cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en
sus más remotos lugares, en el bosque de sus feraces
campos. 24 Yo he cavado
y bebido las aguas extrañas, he secado con las plantas
de mis pies todos los ríos de Egipto.
25 ¿Nunca has oído que desde tiempos
antiguos yo lo hice, y que desde los días de la
antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y
tú serás para hacer desolaciones, para reducir las
ciudades fortificadas a montones de escombros.
26 Sus moradores fueron
de corto poder; fueron acobardados y confundidos;
vinieron a ser como la hierba del campo, y como
hortaliza verde, como heno de los terrados, marchitado
antes de su madurez. 27 He
conocido tu situación, tu salida y tu entrada, y tu
furor contra mí. 28 Por
cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu arrogancia
ha subido a mis oídos, yo pondré mi garfio en tu nariz,
y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino
por donde viniste.
29 Y
esto te daré por señal, oh Ezequías: Este año comeréis
lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de
suyo; y el tercer año sembraréis, y segaréis, y
plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas.
30 Y lo que hubiere
escapado, lo que hubiere quedado de la casa de Judá,
volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba.
31 Porque saldrá de
Jerusalén remanente, y del monte de Sion los que se
salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
32 Por
tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No
entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni
vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra
ella baluarte. 33 Por
el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta
ciudad, dice Jehová. 34 Porque
yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí
mismo, y por amor a David mi siervo.
35 Y
aconteció que aquella misma noche salió el ángel de
Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento
ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la
mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
36 Entonces Senaquerib
rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó.
37 Y aconteció que
mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios,
Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y
huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar
Esarhadón su hijo.
20
1 En aquellos días
Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta
Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena
tu casa, porque morirás, y no vivirás.
2 Entonces él volvió su rostro a la
pared, y oró a Jehová y dijo: 3 Te
ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he
andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y
que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías
con gran lloro. 4 Y
antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino
palabra de Jehová a Isaías, diciendo:
5 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de
mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre:
Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí
que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de
Jehová. 6 Y añadiré a
tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad
de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por
amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.
7 Y dijo Isaías: Tomad
masa de higos. Y tomándola, la pusieron sobre la llaga,
y sanó.
8 Y
Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que
Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al
tercer día? 9 Respondió
Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová
esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o
retrocederá diez grados? 10 Y
Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline
diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez
grados. 11 Entonces el
profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra
por los grados que había descendido en el reloj de Acaz,
diez grados atrás.
12 En
aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de
Babilonia, envió mensajeros con cartas y presentes a
Ezequías, porque había oído que Ezequías había caído
enfermo. 13 Y Ezequías
los oyó, y les mostró toda la casa de sus tesoros,
plata, oro, y especias, y ungüentos preciosos, y la casa
de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros;
ninguna cosa quedó que Ezequías no les mostrase, así en
su casa como en todos sus dominios.
14 Entonces el profeta Isaías vino al rey
Ezequías, y le dijo: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de
dónde vinieron a ti? Y Ezequías le respondió: De lejanas
tierras han venido, de Babilonia. 15 Y
él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezequías
respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada
quedó en mis tesoros que no les mostrase.
16 Entonces
Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová:
17 He aquí vienen días
en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus
padres han atesorado hasta hoy, será llevado a
Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová.
18 Y de tus hijos que saldrán de ti,
que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el
palacio del rey de Babilonia. 19 Entonces
Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has
hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y
seguridad en mis días.
20 Los demás hechos de
Ezequías, y todo su poderío, y cómo hizo el estanque y
el conducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá? 21 Y durmió
Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su
hijo.
21
1 De doce años era
Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén
cincuenta y cinco años; el nombre de su madre fue
Hepsiba. 2 E hizo lo
malo ante los ojos de Jehová, según las abominaciones de
las naciones que Jehová había echado de delante de los
hijos de Israel. 3 Porque
volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su
padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo
una imagen de Asera, como había hecho Acab rey de
Israel; y adoró a todo el ejército de los cielos, y
rindió culto a aquellas cosas. 4 Asimismo
edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová
había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén.
5 Y edificó altares
para todo el ejército de los cielos en los dos atrios de
la casa de Jehová. 6 Y
pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los
tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y
adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los
ojos de Jehová, para provocarlo a ira.
7 Y puso una imagen de Asera que él
había hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a
David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para
siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual escogí
de todas las tribus de Israel; 8 y
no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la
tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan
conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y
conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó.
9 Mas ellos no
escucharon; y Manasés los indujo a que hiciesen más mal
que las naciones que Jehová destruyó delante de los
hijos de Israel.
10 Habló,
pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas,
diciendo: 11 Por cuanto
Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha
hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que
fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con
sus ídolos; 12 por
tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo
traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que
lo oyere le retiñirán ambos oídos.
13 Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de
Samaria y la plomada de la casa de Acab; y limpiaré a
Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se
vuelve boca abajo. 14 Y
desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en
manos de sus enemigos; y serán para presa y despojo de
todos sus adversarios; 15 por
cuanto han hecho lo malo ante mis ojos, y me han
provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de
Egipto hasta hoy.
16 Fuera
de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran
manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo;
además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que
hiciese lo malo ante los ojos de Jehová.
17 Los
demás hechos de Manasés, y todo lo que hizo, y el pecado
que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá? 18 Y
durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el
huerto de su casa, en el huerto de Uza, y reinó en su
lugar Amón su hijo.
19 De veintidós años era
Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en
Jerusalén. El nombre de su madre fue Mesulemet hija de
Haruz, de Jotba. 20 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho
Manasés su padre. 21 Y
anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y
sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre,
y los adoró; 22 y dejó
a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino
de Jehová. 23 Y los
siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al rey
en su casa. 24 Entonces
el pueblo de la tierra mató a todos los que habían
conspirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la
tierra por rey en su lugar a Josías su hijo.
25 Los demás hechos de
Amón, ¿no están todos escritos en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá? 26 Y
fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uza, y
reinó en su lugar Josías su hijo.
22
1 Cuando Josías comenzó
a reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalén treinta
y un años. El nombre de su madre fue Jedida hija de
Adaía, de Boscat. 2 E
hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo
el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni
a izquierda.
3 A los dieciocho años
del rey Josías, envió el rey a Safán hijo de Azalía,
hijo de Mesulam, escriba, a la casa de Jehová, diciendo:
4 Ve al sumo sacerdote
Hilcías, y dile que recoja el dinero que han traído a la
casa de Jehová, que han recogido del pueblo los
guardianes de la puerta, 5 y
que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que
tienen a su cargo el arreglo de la casa de Jehová, y que
lo entreguen a los que hacen la obra de la casa de
Jehová, para reparar las grietas de la casa;
6 a los carpinteros,
maestros y albañiles, para comprar madera y piedra de
cantería para reparar la casa; 7 y
que no se les tome cuenta del dinero cuyo manejo se les
confiare, porque ellos proceden con honradez.
8 Entonces
dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He
hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E
Hilcías dio el libro a Safán, y lo leyó.
9 Viniendo luego el escriba Safán al
rey, dio cuenta al rey y dijo: Tus siervos han recogido
el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado
en poder de los que hacen la obra, que tienen a su cargo
el arreglo de la casa de Jehová. 10 Asimismo
el escriba Safán declaró al rey, diciendo: El sacerdote
Hilcías me ha dado un libro. Y lo leyó Safán delante del
rey.
11 Y
cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la
ley, rasgó sus vestidos. 12 Luego
el rey dio orden al sacerdote Hilcías, a Ahicam hijo de
Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a
Asaías siervo del rey, diciendo: 13 Id
y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo
Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha
hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha
encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no
escucharon las palabras de este libro, para hacer
conforme a todo lo que nos fue escrito.
14 Entonces
fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor, Safán y
Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de
Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual
moraba en Jerusalén en la segunda parte de la ciudad, y
hablaron con ella. 15 Y
ella les dijo: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel:
Decid al varón que os envió a mí: 16 Así
dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y sobre
los que en él moran, todo el mal de que habla este libro
que ha leído el rey de Judá; 17 por
cuanto me dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses
ajenos, provocándome a ira con toda la obra de sus
manos; mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se
apagará. 18 Mas al rey
de Judá que os ha enviado para que preguntaseis a
Jehová, diréis así: Así ha dicho Jehová el Dios de
Israel: Por cuanto oíste las palabras del libro,
19 y tu corazón se
enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando
oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y
contra sus moradores, que vendrán a ser asolados y
malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi
presencia, también yo te he oído, dice Jehová.
20 Por tanto, he aquí
yo te recogeré con tus padres, y serás llevado a tu
sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo
traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la
respuesta.
23
1 Entonces el rey mandó
reunir con él a todos los ancianos de Judá y de
Jerusalén. 2 Y subió el
rey a la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y
con todos los moradores de Jerusalén, con los sacerdotes
y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico
hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las
palabras del libro del pacto que había sido hallado en
la casa de Jehová. 3 Y
poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto
delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y
guardarían sus mandamientos, sus testimonios y sus
estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que
cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas
en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto.
4 Entonces mandó el rey
al sumo sacerdote Hilcías, a los sacerdotes de segundo
orden, y a los guardianes de la puerta, que sacasen del
templo de Jehová todos los utensilios que habían sido
hechos para Baal, para Asera y para todo el ejército de
los cielos; y los quemó fuera de Jerusalén en el campo
del Cedrón, e hizo llevar las cenizas de ellos a Bet-el.
5 Y quitó a los
sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá
para que quemasen incienso en los lugares altos en las
ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalén; y
asimismo a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a
la luna, y a los signos del zodíaco, y a todo el
ejército de los cielos. 6 Hizo
también sacar la imagen de Asera fuera de la casa de
Jehová, fuera de Jerusalén, al valle del Cedrón, y la
quemó en el valle del Cedrón, y la convirtió en polvo, y
echó el polvo sobre los sepulcros de los hijos del
pueblo. 7 Además
derribó los lugares de prostitución idolátrica que
estaban en la casa de Jehová, en los cuales tejían las
mujeres tiendas para Asera. 8 E
hizo venir todos los sacerdotes de las ciudades de Judá,
y profanó los lugares altos donde los sacerdotes
quemaban incienso, desde Geba hasta Beerseba; y derribó
los altares de las puertas que estaban a la entrada de
la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, que estaban
a la mano izquierda, a la puerta de la ciudad.
9 Pero los sacerdotes
de los lugares altos no subían al altar de Jehová en
Jerusalén, sino que comían panes sin levadura entre sus
hermanos. 10 Asimismo
profanó a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom,
para que ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a
Moloc. 11 Quitó también
los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al
sol a la entrada del templo de Jehová, junto a la cámara
de Natán-melec eunuco, el cual tenía a su cargo los
ejidos; y quemó al fuego los carros del sol.
12 Derribó además el
rey los altares que estaban sobre la azotea de la sala
de Acaz, que los reyes de Judá habían hecho, y los
altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la
casa de Jehová; y de allí corrió y arrojó el polvo al
arroyo del Cedrón. 13 Asimismo
profanó el rey los lugares altos que estaban delante de
Jerusalén, a la mano derecha del monte de la
destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había
edificado a Astoret ídolo abominable de los sidonios, a
Quemos ídolo abominable de Moab, y a Milcom ídolo
abominable de los hijos de Amón. 14 Y
quebró las estatuas, y derribó las imágenes de Asera, y
llenó el lugar de ellos de huesos de hombres.
15 Igualmente
el altar que estaba en Bet-el, y el lugar alto que había
hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a
Israel; aquel altar y el lugar alto destruyó, y lo
quemó, y lo hizo polvo, y puso fuego a la imagen de
Asera. 16 Y se volvió
Josías, y viendo los sepulcros que estaban allí en el
monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y los
quemó sobre el altar para contaminarlo, conforme a la
palabra de Jehová que había profetizado el varón de
Dios, el cual había anunciado esto.
17 Después dijo: ¿Qué monumento es este que
veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el
sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó
estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Bet-el.
18 Y él dijo: Dejadlo;
ninguno mueva sus huesos; y así fueron preservados sus
huesos, y los huesos del profeta que había venido de
Samaria. 19 Y todas las
casas de los lugares altos que estaban en las ciudades
de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel
para provocar a ira, las quitó también Josías, e hizo de
ellas como había hecho en Bet-el. 20 Mató
además sobre los altares a todos los sacerdotes de los
lugares altos que allí estaban, y quemó sobre ellos
huesos de hombres, y volvió a Jerusalén.
21 Entonces mandó el rey
a todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua a Jehová
vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro
de este pacto. 22 No
había sido hecha tal pascua desde los tiempos en que los
jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de
los reyes de Israel y de los reyes de Judá.
23 A los dieciocho años
del rey Josías fue hecha aquella pascua a Jehová en
Jerusalén.
24 Asimismo barrió
Josías a los encantadores, adivinos y terafines, y todas
las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en
Jerusalén, para cumplir las palabras de la ley que
estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías
había hallado en la casa de Jehová.
25 No hubo otro rey antes de él, que se
convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma
y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de
Moisés; ni después de él nació otro igual.
26 Con todo eso, Jehová
no desistió del ardor con que su gran ira se había
encendido contra Judá, por todas las provocaciones con
que Manasés le había irritado. 27 Y
dijo Jehová: También quitaré de mi presencia a Judá,
como quité a Israel, y desecharé a esta ciudad que había
escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual había yo
dicho: Mi nombre estará allí.
28 Los demás hechos de
Josías, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el
libro de las crónicas de los reyes de Judá?
29 En aquellos días
Faraón Necao rey de Egipto subió contra el rey de Asiria
al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero
aquél, así que le vio, lo mató en Meguido.
30 Y sus siervos lo
pusieron en un carro, y lo trajeron muerto de Meguido a
Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el
pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y lo
ungieron y lo pusieron por rey en lugar de su padre.
31 De veintitrés años
era Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses
en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamutal hija de
Jeremías, de Libna. 32 Y
él hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que sus padres habían hecho.
33 Y lo puso preso
Faraón Necao en Ribla en la provincia de Hamat, para que
no reinase en Jerusalén; e impuso sobre la tierra una
multa de cien talentos de plata, y uno de oro.
34 Entonces Faraón
Necao puso por rey a Eliaquim hijo de Josías, en lugar
de Josías su padre, y le cambió el nombre por el de
Joacim; y tomó a Joacaz y lo llevó a Egipto, y murió
allí. 35 Y Joacim pagó
a Faraón la plata y el oro; mas hizo avaluar la tierra
para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón,
sacando la plata y el oro del pueblo de la tierra, de
cada uno según la estimación de su hacienda, para darlo
a Faraón Necao.
36 De veinticinco años
era Joacim cuando comenzó a reinar, y once años reinó en
Jerusalén. El nombre de su madre fue Zebuda hija de
Pedaías, de Ruma. 37 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas
las cosas que sus padres habían hecho.
24
1 En su tiempo subió en
campaña Nabucodonosor rey de Babilonia. Joacim vino a
ser su siervo por tres años, pero luego volvió y se
rebeló contra él. 2 Pero
Jehová envió contra Joacim tropas de caldeos, tropas de
sirios, tropas de moabitas y tropas de amonitas, los
cuales envió contra Judá para que la destruyesen,
conforme a la palabra de Jehová que había hablado por
sus siervos los profetas. 3 Ciertamente
vino esto contra Judá por mandato de Jehová, para
quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, y
por todo lo que él hizo; 4 asimismo
por la sangre inocente que derramó, pues llenó a
Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no
quiso perdonar. 5 Los
demás hechos de Joacim, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá? 6 Y durmió Joacim
con sus padres, y reinó en su lugar Joaquín su hijo.
7 Y nunca más el rey de
Egipto salió de su tierra; porque el rey de Babilonia le
tomó todo lo que era suyo desde el río de Egipto hasta
el río Eufrates.
8 De dieciocho años era
Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén
tres meses. El nombre de su madre fue Nehusta hija de
Elnatán, de Jerusalén. 9 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas
las cosas que había hecho su padre.
10 En
aquel tiempo subieron contra Jerusalén los siervos de
Nabucodonosor rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada.
11 Vino también
Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando
sus siervos la tenían sitiada. 12 Entonces
salió Joaquín rey de Judá al rey de Babilonia, él y su
madre, sus siervos, sus príncipes y sus oficiales; y lo
prendió el rey de Babilonia en el octavo año de su
reinado. 13 Y sacó de
allí todos los tesoros de la casa de Jehová, y los
tesoros de la casa real, y rompió en pedazos todos los
utensilios de oro que había hecho Salomón rey de Israel
en la casa de Jehová, como Jehová había dicho.
14 Y llevó en
cautiverio a toda Jerusalén, a todos los príncipes, y a
todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y
a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie,
excepto los pobres del pueblo de la tierra.
15 Asimismo llevó
cautivos a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey, a
las mujeres del rey, a sus oficiales y a los poderosos
de la tierra; cautivos los llevó de Jerusalén a
Babilonia. 16 A todos
los hombres de guerra, que fueron siete mil, y a los
artesanos y herreros, que fueron mil, y a todos los
valientes para hacer la guerra, llevó cautivos el rey de
Babilonia. 17 Y el rey
de Babilonia puso por rey en lugar de Joaquín a Matanías
su tío, y le cambió el nombre por el de Sedequías.
18 De veintiún años era
Sedequías cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén
once años. El nombre de su madre fue Hamutal hija de
Jeremías, de Libna. 19 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todo lo
que había hecho Joacim. 20 Vino,
pues, la ira de Jehová contra Jerusalén y Judá, hasta
que los echó de su presencia. Y Sedequías se rebeló
contra el rey de Babilonia.
25
1 Aconteció a los nueve
años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días
del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con
todo su ejército contra Jerusalén, y la sitió, y levantó
torres contra ella alrededor. 2 Y
estuvo la ciudad sitiada hasta el año undécimo del rey
Sedequías. 3 A los
nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la
ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la
tierra. 4 Abierta ya
una brecha en el muro de la ciudad, huyeron de noche
todos los hombres de guerra por el camino de la puerta
que estaba entre los dos muros, junto a los huertos del
rey, estando los caldeos alrededor de la ciudad; y el
rey se fue por el camino del Arabá.
5 Y el ejército de los caldeos siguió al
rey, y lo apresó en las llanuras de Jericó, habiendo
sido dispersado todo su ejército. 6 Preso,
pues, el rey, le trajeron al rey de Babilonia en Ribla,
y pronunciaron contra él sentencia.
7 Degollaron a los hijos de Sedequías en
presencia suya, y a Sedequías le sacaron los ojos, y
atado con cadenas lo llevaron a Babilonia.
8 En el mes quinto, a
los siete días del mes, siendo el año diecinueve de
Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén
Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey de
Babilonia. 9 Y quemó la
casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de
Jerusalén; y todas las casas de los príncipes quemó a
fuego. 10 Y todo el
ejército de los caldeos que estaba con el capitán de la
guardia, derribó los muros alrededor de Jerusalén.
11 Y a los del pueblo
que habían quedado en la ciudad, a los que se habían
pasado al rey de Babilonia, y a los que habían quedado
de la gente común, los llevó cautivos Nabuzaradán,
capitán de la guardia. 12 Mas
de los pobres de la tierra dejó Nabuzaradán, capitán de
la guardia, para que labrasen las viñas y la tierra.
13 Y
quebraron los caldeos las columnas de bronce que estaban
en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce
que estaba en la casa de Jehová, y llevaron el bronce a
Babilonia. 14 Llevaron
también los calderos, las paletas, las despabiladeras,
los cucharones, y todos los utensilios de bronce con que
ministraban; 15 incensarios,
cuencos, los que de oro, en oro, y los que de plata, en
plata; todo lo llevó el capitán de la guardia.
16 Las dos columnas, un
mar, y las basas que Salomón había hecho para la casa de
Jehová; no fue posible pesar todo esto.
17 La altura de una columna era de
dieciocho codos, y tenía encima un capitel de bronce; la
altura del capitel era de tres codos, y sobre el capitel
había una red y granadas alrededor, todo de bronce; e
igual labor había en la otra columna con su red.
18 Tomó
entonces el capitán de la guardia al primer sacerdote
Seraías, al segundo sacerdote Sofonías, y tres guardas
de la vajilla; 19 y de
la ciudad tomó un oficial que tenía a su cargo los
hombres de guerra, y cinco varones de los consejeros del
rey, que estaban en la ciudad, el principal escriba del
ejército, que llevaba el registro de la gente del país,
y sesenta varones del pueblo de la tierra, que estaban
en la ciudad. 20 Estos
tomó Nabuzaradán, capitán de la guardia, y los llevó a
Ribla al rey de Babilonia. 21 Y
el rey de Babilonia los hirió y mató en Ribla, en tierra
de Hamat. Así fue llevado cautivo Judá de sobre su
tierra.
22 Y al pueblo que
Nabucodonosor rey de Babilonia dejó en tierra de Judá,
puso por gobernador a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de
Safán. 23 Y oyendo
todos los príncipes del ejército, ellos y su gente, que
el rey de Babilonia había puesto por gobernador a
Gedalías, vinieron a él en Mizpa; Ismael hijo de
Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de
Tanhumet netofatita, y Jaazanías hijo de un maacateo,
ellos con los suyos. 24 Entonces
Gedalías les hizo juramento a ellos y a los suyos, y les
dijo: No temáis de ser siervos de los caldeos; habitad
en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá
bien. 25 Mas en el mes
séptimo vino Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama,
de la estirpe real, y con él diez varones, e hirieron a
Gedalías, y murió; y también a los de Judá y a los
caldeos que estaban con él en Mizpa.
26 Y levantándose todo el pueblo,
desde el menor hasta el mayor, con los capitanes del
ejército, se fueron a Egipto, por temor de los caldeos.
27 Aconteció a los
treinta y siete años del cautiverio de Joaquín rey de
Judá, en el mes duodécimo, a los veintisiete días del
mes, que Evil-merodac rey de Babilonia, en el primer año
de su reinado, libertó a Joaquín rey de Judá, sacándolo
de la cárcel; 28 y le
habló con benevolencia, y puso su trono más alto que los
tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia.
29 Y le cambió los
vestidos de prisionero, y comió siempre delante de él
todos los días de su vida. 30 Y
diariamente le fue dada su comida de parte del rey, de
continuo, todos los días de su vida.
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