Primer Libro de los REYES
1
1 Cuando el rey David
era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero
no se calentaba. 2 Le
dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor
el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y
lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi
señor el rey. 3 Y
buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel,
y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.
4 Y la joven era
hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el
rey nunca la conoció.
5 Entonces Adonías hijo
de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de
carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres
que corriesen delante de él. 6 Y
su padre nunca le había entristecido en todos sus días
con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy
hermoso parecer; y había nacido después de Absalón.
7 Y se había puesto de
acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote
Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía
hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y todos los
grandes de David, no seguían a Adonías.
9 Y
matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a
la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de
Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y
a todos los varones de Judá, siervos del rey;
10 pero no convidó al
profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a
Salomón su hermano.
11 Entonces
habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No
has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo
David nuestro señor? 12 Ven
pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu
vida, y la de tu hijo Salomón. 13 Ve
y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste
a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después
de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues,
reina Adonías? 14 Y
estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y
reafirmaré tus razones.
15 Entonces
Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy
viejo, y Abisag sunamita le servía.
16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia
al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
17 Y ella le respondió: Señor mío, tú
juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo:
Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará
en mi trono. 18 Y he
aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta
ahora no lo sabes. 19 Ha
matado bueyes, y animales gordos, y muchas ovejas, y ha
convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote
Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu
siervo no ha convidado. 20 Entre
tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están
puestos en ti, para que les declares quién se ha de
sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
21 De otra manera
sucederá que cuando mi señor el rey duerma con sus
padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por
culpables.
22 Mientras
aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el profeta
Natán. 23 Y dieron
aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán; el
cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey
inclinando su rostro a tierra. 24 Y
dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías
reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
25 Porque hoy ha
descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y
muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey,
y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote
Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de
él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías!
26 Pero ni a mí tu siervo, ni al
sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a
Salomón tu siervo, ha convidado. 27 ¿Es
este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber
declarado a tus siervos quién se había de sentar en el
trono de mi señor el rey después de él?
28 Entonces el rey David
respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la
presencia del rey, y se puso delante del rey.
29 Y el rey juró
diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda
angustia, 30 que como
yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu
hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en
mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
31 Entonces Betsabé se
inclinó ante el rey, con su rostro a tierra, y haciendo
reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para
siempre.
32 Y
el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al
profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos
entraron a la presencia del rey. 33 Y
el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de
vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y
llevadlo a Gihón; 34 y
allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán
como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo:
¡Viva el rey Salomón! 35 Después
iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi
trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para
que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
36 Entonces Benaía hijo
de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga
Jehová, Dios de mi señor el rey. 37 De
la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así
esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de
mi señor el rey David.
38 Y
descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán,
Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y
montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo
llevaron a Gihón. 39 Y
tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del
tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo
todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
40 Después subió todo el pueblo en pos
de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes
alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el
clamor de ellos.
41 Y
lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él
estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo
Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se
alborota la ciudad con estruendo? 42 Mientras
él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote
Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres
hombre valiente, y traerás buenas nuevas.
43 Jonatán respondió y dijo a Adonías:
Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a
Salomón; 44 y el rey ha
enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y
a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a
los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
45 y el sacerdote Sadoc
y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de
allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de
estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
46 También Salomón se
ha sentado en el trono del reino, 47 y
aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro
señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre
de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que
el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea
Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente
en mi trono, viéndolo mis ojos.
49 Ellos
entonces se estremecieron, y se levantaron todos los
convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno
por su camino. 50 Mas
Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó
y se fue, y se asió de los cuernos del altar.
51 Y se lo hicieron
saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene
miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos
del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no
matará a espada a su siervo. 52 Y
Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus
cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él,
morirá. 53 Y envió el
rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se
inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a
tu casa.
2
1 Llegaron los días en
que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo,
diciendo: 2 Yo sigo el
camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre.
3 Guarda los preceptos
de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando
sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus
testimonios, de la manera que está escrito en la ley de
Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en
todo aquello que emprendas; 4 para
que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo:
Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí
con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás,
dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.
5 Ya
sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que
hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner
hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él
mató, derramando en tiempo de paz la sangre de guerra, y
poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía
sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies.
6 Tú, pues, harás
conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas
al Seol en paz. 7 Mas a
los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que
sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron
de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu
hermano. 8 También
tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín,
de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte
el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a
recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová diciendo:
Yo no te mataré a espada. 9 Pero
ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y sabes
cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con
sangre al Seol.
10 Y durmió David con
sus padres, y fue sepultado en su ciudad.
11 Los días que reinó David sobre
Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón,
y treinta y tres años reinó en Jerusalén.
12 Y se sentó Salomón en el trono de
David su padre, y su reino fue firme en gran manera.
13 Entonces Adonías hijo
de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le
dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz.
14 En seguida dijo: Una
palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
15 El dijo: Tú sabes
que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en
mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue
traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por
Jehová era suyo. 16 Ahora
yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le
dijo: Habla. 17 El
entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón
(porque él no te lo negará), para que me dé Abisag
sunamita por mujer. 18 Y
Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19 Vino
Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el
rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y
volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla
para su madre, la cual se sentó a su diestra.
20 Y ella dijo: Una
pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el
rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.
21 Y ella dijo: Dese
Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías.
22 El rey Salomón
respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag
sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino;
porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al
sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia.
23 Y el rey Salomón
juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me
añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas
palabras. 24 Ahora,
pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto
sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho
casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy.
25 Entonces el rey
Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual
arremetió contra él, y murió.
26 Y
el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus
heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré
hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor
delante de David mi padre, y además has sido afligido en
todas las cosas en que fue afligido mi padre.
27 Así echó Salomón a
Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese
la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de
Elí en Silo.
28 Y
vino la noticia a Joab; porque también Joab se había
adherido a Adonías, si bien no se había adherido a
Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió
de los cuernos del altar. 29 Y
se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al
tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar.
Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada,
diciendo: Ve, y arremete contra él.
30 Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová,
y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No,
sino que aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta
al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió.
31 Y el rey le dijo:
Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí
y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado
injustamente. 32 Y
Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él
ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que
él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David
supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército
de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército
de Judá. 33 La sangre,
pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre
la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre
David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre
su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová.
34 Entonces Benaía hijo
de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue
sepultado en su casa en el desierto.
35 Y el rey puso en su lugar a Benaía
hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey
por sacerdote en lugar de Abiatar.
36 Después
envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate
una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a
una parte ni a otra; 37 porque
sabe de cierto que el día que salieres y pasares el
torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será
sobre tu cabeza. 38 Y
Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi
señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en
Jerusalén muchos días.
39 Pero
pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei
huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron
aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están
en Gat. 40 Entonces
Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat,
para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus
siervos de Gat. 41 Luego
fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén
hasta Gat, y que había vuelto. 42 Entonces
el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te
hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día
que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que
morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la
obedezco. 43 ¿Por qué,
pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el
mandamiento que yo te impuse? 44 Dijo
además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu
corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David;
Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza.
45 Y el rey Salomón
será bendito, y el trono de David será firme
perpetuamente delante de Jehová. 46 Entonces
el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo
hirió, y murió.
Y el reino fue confirmado en la mano
de Salomón.
3
1 Salomón hizo
parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija
de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto
que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y
los muros de Jerusalén alrededor. 2 Hasta
entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos;
porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta
aquellos tiempos.
3 Mas Salomón amó a
Jehová, andando en los estatutos de su padre David;
solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares
altos. 4 E iba el rey a
Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y
sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón
sobre aquel altar. 5 Y
se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en
sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te
dé. 6 Y Salomón dijo:
Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre,
porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y
con rectitud de corazón para contigo; y tú le has
reservado esta tu gran misericordia, en que le diste
hijo que se sentase en su trono, como sucede en este
día. 7 Ahora pues,
Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey
en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo
entrar ni salir. 8 Y tu
siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste;
un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por
su multitud. 9 Da,
pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu
pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo;
porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
10 Y
agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.
11 Y le dijo Dios:
Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos
días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de
tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia
para oir juicio, 12 he
aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te
he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha
habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se
levantará otro como tú. 13 Y
aun también te he dado las cosas que no pediste,
riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes
ninguno haya como tú en todos tus días.
14 Y si anduvieres en mis caminos,
guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo
David tu padre, yo alargaré tus días.
15 Cuando
Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén,
y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y
sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e
hizo también banquete a todos sus siervos.
16 En aquel tiempo
vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron
delante de él. 17 Y
dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer
morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con
ella en la casa. 18 Aconteció
al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a
luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de
fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
19 Y una noche el hijo
de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.
20 Y se levantó a
medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu
sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado
mío su hijo muerto. 21 Y
cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi
hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la
mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a
luz. 22 Entonces la
otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo
es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es
el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban
delante del rey.
23 El
rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y
tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es
el muerto, y mi hijo es el que vive.
24 Y dijo el rey: Traedme una espada.
Y trajeron al rey una espada. 25 En
seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y
dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
26 Entonces la mujer de
quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus
entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah,
señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas
la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.
27 Entonces el rey respondió y dijo:
Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su
madre. 28 Y todo Israel
oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al
rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios
para juzgar.
4
1 Reinó, pues, el rey
Salomón sobre todo Israel. 2 Y
estos fueron los jefes que tuvo: Azarías hijo del
sacerdote Sadoc; 3 Elihoref
y Ahías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat hijo de
Ahilud, canciller; 4 Benaía
hijo de Joiada sobre el ejército; Sadoc y Abiatar, los
sacerdotes; 5 Azarías
hijo de Natán, sobre los gobernadores; Zabud hijo de
Natán, ministro principal y amigo del rey;
6 Ahisar, mayordomo; y
Adoniram hijo de Abda, sobre el tributo.
7 Tenía
Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales
mantenían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba
obligado a abastecerlo por un mes en el año.
8 Y estos son los
nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Efraín;
9 el hijo de Decar en
Macaz, en Saalbim, en Bet-semes, en Elón y en Bet-hanán;
10 el hijo de Hesed en
Arubot; éste tenía también a Soco y toda la tierra de
Hefer; 11 el hijo de
Abinadab en todos los territorios de Dor; éste tenía por
mujer a Tafat hija de Salomón; 12 Baana
hijo de Ahilud en Taanac y Meguido, en toda Bet-seán,
que está cerca de Saretán, más abajo de Jezreel, desde
Bet-seán hasta Abel-mehola, y hasta el otro lado de
Jocmeam; 13 el hijo de
Geber en Ramot de Galaad; éste tenía también las
ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales estaban en
Galaad; tenía también la provincia de Argob que estaba
en Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras
de bronce; 14 Ahinadab
hijo de Iddo en Mahanaim; 15 Ahimaas
en Neftalí; éste tomó también por mujer a Basemat hija
de Salomón. 16 Baana
hijo de Husai, en Aser y en Alot; 17 Josafat
hijo de Parúa, en Isacar; 18 Simei
hijo de Ela, en Benjamín; 19 Geber
hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehón
rey de los amorreos y de Og rey de Basán; éste era el
único gobernador en aquella tierra.
20 Judá
e Israel eran muchos, como la arena que está junto al
mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose.
21 Y Salomón señoreaba
sobre todos los reinos desde el Eufrates hasta la tierra
de los filisteos y el límite con Egipto; y traían
presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que
vivió.
22 Y
la provisión de Salomón para cada día era de treinta
coros de flor de harina, sesenta coros de harina,
23 diez bueyes gordos,
veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin los ciervos,
gacelas, corzos y aves gordas. 24 Porque
él señoreaba en toda la región al oeste del Eufrates,
desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes al oeste
del Eufrates; y tuvo paz por todos lados alrededor.
25 Y Judá e Israel
vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de
su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de
Salomón. 26 Además de
esto, Salomón tenía cuarenta mil caballos en sus
caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.
27 Y estos gobernadores
mantenían al rey Salomón, y a todos los que a la mesa
del rey Salomón venían, cada uno un mes, y hacían que
nada faltase. 28 Hacían
también traer cebada y paja para los caballos y para las
bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno
conforme al turno que tenía.
29 Y
Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y
anchura de corazón como la arena que está a la orilla
del mar. 30 Era mayor
la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales,
y que toda la sabiduría de los egipcios.
31 Aun fue más sabio que todos los
hombres, más que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y
Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre todas las
naciones de alrededor. 32 Y
compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil
cinco. 33 También
disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano
hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó
sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y
sobre los peces. 34 Y
para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los
pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había
llegado la fama de su sabiduría.
5
1 Hiram rey de Tiro
envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que
lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque
Hiram siempre había amado a David. 2 Entonces
Salomón envió a decir a Hiram: 3 Tú
sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre
de Jehová su Dios, por las guerras que le rodearon,
hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas de
sus pies. 4 Ahora
Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes; pues ni
hay adversarios, ni mal que temer. 5 Yo,
por tanto, he determinado ahora edificar casa al nombre
de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi
padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar
tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.
6 Manda, pues, ahora,
que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán
con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario
que tú dijeres; porque tú sabes bien que ninguno hay
entre nosotros que sepa labrar madera como los sidonios.
7 Cuando
Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró en gran
manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo
sabio a David sobre este pueblo tan grande.
8 Y envió Hiram a decir
a Salomón: He oído lo que me mandaste a decir; yo haré
todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la
madera de ciprés. 9 Mis
siervos la llevarán desde el Líbano al mar, y la enviaré
en balsas por mar hasta el lugar que tú me señales, y
allí se desatará, y tú la tomarás; y tú cumplirás mi
deseo al dar de comer a mi familia.
10 Dio, pues, Hiram a Salomón madera de
cedro y madera de ciprés, toda la que quiso.
11 Y Salomón daba a
Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su
familia, y veinte coros de aceite puro; esto daba
Salomón a Hiram cada año. 12 Jehová,
pues, dio a Salomón sabiduría como le había dicho; y
hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron pacto entre
ambos.
13 Y
el rey Salomón decretó leva en todo Israel, y la leva
fue de treinta mil hombres, 14 los
cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada
mes por turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano,
y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de
aquella leva. 15 Tenía
también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y
ochenta mil cortadores en el monte;
16 sin los principales oficiales de Salomón
que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los
cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la obra.
17 Y mandó el rey que
trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los
cimientos de la casa, y piedras labradas.
18 Y los albañiles de Salomón y los de
Hiram, y los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la
madera y la cantería para labrar la casa.
6
1 En el año
cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel
salieron de Egipto, el cuarto año del principio del
reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es
el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová.
2 La casa que el rey
Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y
veinte de ancho, y treinta codos de alto.
3 Y el pórtico delante del templo de
la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la
casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos.
4 E hizo a la casa
ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera.
5 Edificó también junto
al muro de la casa aposentos alrededor, contra las
paredes de la casa alrededor del templo y del lugar
santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor.
6 El aposento de abajo
era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis
codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho;
porque por fuera había hecho disminuciones a la casa
alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de
la casa.
7 Y
cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que
traían ya acabadas, de tal manera que cuando la
edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa,
ni ningún otro instrumento de hierro.
8 La
puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho
de la casa; y se subía por una escalera de caracol al de
en medio, y del aposento de en medio al tercero.
9 Labró, pues, la casa,
y la terminó; y la cubrió con artesonados de cedro.
10 Edificó asimismo el
aposento alrededor de toda la casa, de altura de cinco
codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de
cedro.
11 Y
vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo:
12 Con relación a esta
casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e
hicieres mis decretos, y guardares todos mis
mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi
palabra que hablé a David tu padre;
13 y habitaré en ella en medio de los hijos
de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.
14 Así,
pues, Salomón labró la casa y la terminó.
15 Y cubrió las paredes de la casa con
tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro,
desde el suelo de la casa hasta las vigas de la
techumbre; cubrió también el pavimento con madera de
ciprés. 16 Asimismo
hizo al final de la casa un edificio de veinte codos, de
tablas de cedro desde el suelo hasta lo más alto; así
hizo en la casa un aposento que es el lugar santísimo.
17 La casa, esto es, el
templo de adelante, tenía cuarenta codos.
18 Y la casa estaba cubierta de cedro
por dentro, y tenía entalladuras de calabazas silvestres
y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra
se veía. 19 Y adornó el
lugar santísimo por dentro en medio de la casa, para
poner allí el arca del pacto de Jehová.
20 El lugar santísimo estaba en la
parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo,
veinte de ancho, y veinte de altura; y lo cubrió de oro
purísimo; asimismo cubrió de oro el altar de cedro.
21 De manera que
Salomón cubrió de oro puro la casa por dentro, y cerró
la entrada del santuario con cadenas de oro, y lo cubrió
de oro. 22 Cubrió,
pues, de oro toda la casa de arriba abajo, y asimismo
cubrió de oro todo el altar que estaba frente al lugar
santísimo.
23 Hizo
también en el lugar santísimo dos querubines de madera
de olivo, cada uno de diez codos de altura.
24 Una ala del querubín
tenía cinco codos, y la otra ala del querubín otros
cinco codos; así que había diez codos desde la punta de
una ala hasta la punta de la otra.
25 Asimismo el otro querubín tenía diez
codos; porque ambos querubines eran de un mismo tamaño y
de una misma hechura. 26 La
altura del uno era de diez codos, y asimismo la del
otro. 27 Puso estos
querubines dentro de la casa en el lugar santísimo, los
cuales extendían sus alas, de modo que el ala de uno
tocaba una pared, y el ala del otro tocaba la otra
pared, y las otras dos alas se tocaban la una a la otra
en medio de la casa. 28 Y
cubrió de oro los querubines.
29 Y
esculpió todas las paredes de la casa alrededor de
diversas figuras, de querubines, de palmeras y de
botones de flores, por dentro y por fuera.
30 Y cubrió de oro el
piso de la casa, por dentro y por fuera.
31 A
la entrada del santuario hizo puertas de madera de
olivo; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas.
32 Las dos puertas eran
de madera de olivo; y talló en ellas figuras de
querubines, de palmeras y de botones de flores, y las
cubrió de oro; cubrió también de oro los querubines y
las palmeras.
33 Igualmente
hizo a la puerta del templo postes cuadrados de madera
de olivo. 34 Pero las
dos puertas eran de madera de ciprés; y las dos hojas de
una puerta giraban, y las otras dos hojas de la otra
puerta también giraban. 35 Y
talló en ellas querubines y palmeras y botones de
flores, y las cubrió de oro ajustado a las talladuras.
36 Y edificó el atrio
interior de tres hileras de piedras labradas, y de una
hilera de vigas de cedro.
37 En
el cuarto año, en el mes de Zif, se echaron los
cimientos de la casa de Jehová. 38 Y
en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes
octavo, fue acabada la casa con todas sus dependencias,
y con todo lo necesario. La edificó, pues, en siete
años.
7
1 Después edificó
Salomón su propia casa en trece años, y la terminó toda.
2 Asimismo
edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía
cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y
treinta codos de altura, sobre cuatro hileras de
columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las
columnas. 3 Y estaba
cubierta de tablas de cedro arriba sobre las vigas, que
se apoyaban en cuarenta y cinco columnas; cada hilera
tenía quince columnas. 4 Y
había tres hileras de ventanas, una ventana contra la
otra en tres hileras. 5 Todas
las puertas y los postes eran cuadrados; y unas ventanas
estaban frente a las otras en tres hileras.
6 También
hizo un pórtico de columnas, que tenía cincuenta codos
de largo y treinta codos de ancho; y este pórtico estaba
delante de las primeras, con sus columnas y maderos
correspondientes.
7 Hizo
asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, el
pórtico del juicio, y lo cubrió de cedro del suelo al
techo.
8 Y
la casa en que él moraba, en otro atrio dentro del
pórtico, era de obra semejante a ésta. Edificó también
Salomón para la hija de Faraón, que había tomado por
mujer, una casa de hechura semejante a la del pórtico.
9 Todas
aquellas obras fueron de piedras costosas, cortadas y
ajustadas con sierras según las medidas, así por dentro
como por fuera, desde el cimiento hasta los remates, y
asimismo por fuera hasta el gran atrio.
10 El cimiento era de piedras
costosas, piedras grandes, piedras de diez codos y
piedras de ocho codos. 11 De
allí hacia arriba eran también piedras costosas,
labradas conforme a sus medidas, y madera de cedro.
12 Y en el gran atrio
alrededor había tres hileras de piedras labradas, y una
hilera de vigas de cedro; y así también el atrio
interior de la casa de Jehová, y el atrio de la casa.
13 Y envió el rey
Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram,
14 hijo de una viuda de la tribu de
Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro;
e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia
en toda obra de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón,
e hizo toda su obra.
15 Y
vació dos columnas de bronce; la altura de cada una era
de dieciocho codos, y rodeaba a una y otra un hilo de
doce codos. 16 Hizo
también dos capiteles de fundición de bronce, para que
fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas; la
altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro
capitel también de cinco codos. 17 Había
trenzas a manera de red, y unos cordones a manera de
cadenas, para los capiteles que se habían de poner sobre
las cabezas de las columnas; siete para cada capitel.
18 Hizo también dos
hileras de granadas alrededor de la red, para cubrir los
capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con
las granadas; y de la misma forma hizo en el otro
capitel. 19 Los
capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico,
tenían forma de lirios, y eran de cuatro codos.
20 Tenían también los
capiteles de las dos columnas, doscientas granadas en
dos hileras alrededor en cada capitel, encima de su
globo, el cual estaba rodeado por la red.
21 Estas columnas erigió en el pórtico
del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado
derecho, le puso por nombre Jaquín, y alzando la columna
del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz.
22 Y puso en las cabezas de las
columnas tallado en forma de lirios, y así se acabó la
obra de las columnas.
23 Hizo fundir asimismo
un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente
redondo; su altura era de cinco codos, y lo ceñía
alrededor un cordón de treinta codos.
24 Y rodeaban aquel mar por debajo de
su borde alrededor unas bolas como calabazas, diez en
cada codo, que ceñían el mar alrededor en dos filas, las
cuales habían sido fundidas cuando el mar fue fundido.
25 Y descansaba sobre
doce bueyes; tres miraban al norte, tres miraban al
occidente, tres miraban al sur, y tres miraban al
oriente; sobre estos se apoyaba el mar, y las ancas de
ellos estaban hacia la parte de adentro.
26 El grueso del mar era de un palmo
menor, y el borde era labrado como el borde de un cáliz
o de flor de lis; y cabían en él dos mil batos.
27 Hizo
también diez basas de bronce, siendo la longitud de cada
basa de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y de
tres codos la altura. 28 La
obra de las basas era esta: tenían unos tableros, los
cuales estaban entre molduras; 29 y
sobre aquellos tableros que estaban entre las molduras,
había figuras de leones, de bueyes y de querubines; y
sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de
los leones y de los bueyes, había unas añadiduras de
bajo relieve. 30 Cada
basa tenía cuatro ruedas de bronce, con ejes de bronce,
y en sus cuatro esquinas había repisas de fundición que
sobresalían de los festones, para venir a quedar debajo
de la fuente. 31 Y la
boca de la fuente entraba un codo en el remate que salía
para arriba de la basa; y la boca era redonda, de la
misma hechura del remate, y éste de codo y medio. Había
también sobre la boca entalladuras con sus tableros, los
cuales eran cuadrados, no redondos.
32 Las cuatro ruedas estaban debajo de los
tableros, y los ejes de las ruedas nacían en la misma
basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio.
33 Y la forma de las
ruedas era como la de las ruedas de un carro; sus ejes,
sus rayos, sus cubos y sus cinchos, todo era de
fundición. 34 Asimismo
las cuatro repisas de las cuatro esquinas de cada basa;
y las repisas eran parte de la misma basa.
35 Y en lo alto de la
basa había una pieza redonda de medio codo de altura, y
encima de la basa sus molduras y tableros, los cuales
salían de ella misma. 36 E
hizo en las tablas de las molduras, y en los tableros,
entalladuras de querubines, de leones y de palmeras, con
proporción en el espacio de cada una, y alrededor otros
adornos. 37 De esta
forma hizo diez basas, fundidas de una misma manera, de
una misma medida y de una misma entalladura.
38 Hizo
también diez fuentes de bronce; cada fuente contenía
cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos; y colocó
una fuente sobre cada una de las diez basas.
39 Y puso cinco basas a
la mano derecha de la casa, y las otras cinco a la mano
izquierda; y colocó el mar al lado derecho de la casa,
al oriente, hacia el sur.
40 Asimismo
hizo Hiram fuentes, y tenazas, y cuencos. Así terminó
toda la obra que hizo a Salomón para la casa de Jehová:
41 dos columnas, y los
capiteles redondos que estaban en lo alto de las dos
columnas; y dos redes que cubrían los dos capiteles
redondos que estaban sobre la cabeza de las columnas;
42 cuatrocientas
granadas para las dos redes, dos hileras de granadas en
cada red, para cubrir los dos capiteles redondos que
estaban sobre las cabezas de las columnas;
43 las diez basas, y
las diez fuentes sobre las basas; 44 un
mar, con doce bueyes debajo del mar;
45 y calderos, paletas, cuencos, y
todos los utensilios que Hiram hizo al rey Salomón, para
la casa de Jehová, de bronce bruñido.
46 Todo lo hizo fundir el rey en la
llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y
Saretán. 47 Y no
inquirió Salomón el peso del bronce de todos los
utensilios, por la gran cantidad de ellos.
48 Entonces
hizo Salomón todos los enseres que pertenecían a la casa
de Jehová: un altar de oro, y una mesa también de oro,
sobre la cual estaban los panes de la proposición;
49 cinco candeleros de
oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la
izquierda, frente al lugar santísimo; con las flores,
las lámparas y tenazas de oro. 50 Asimismo
los cántaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e
incensarios, de oro purísimo; también de oro los
quiciales de las puertas de la casa de adentro, del
lugar santísimo, y los de las puertas del templo.
51 Así
se terminó toda la obra que dispuso hacer el rey Salomón
para la casa de Jehová. Y metió Salomón lo que David su
padre había dedicado, plata, oro y utensilios; y
depositó todo en las tesorerías de la casa de Jehová.
8
1 Entonces Salomón
reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a
todos los jefes de las tribus, y a los principales de
las familias de los hijos de Israel, para traer el arca
del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es
Sion. 2 Y se reunieron
con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes
de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de la fiesta
solemne. 3 Y vinieron
todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron
el arca. 4 Y llevaron
el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos
los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo,
los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
5 Y el rey Salomón, y
toda la congregación de Israel que se había reunido con
él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas
y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni
numerar. 6 Y los
sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su
lugar, en el santuario de la casa, en el lugar
santísimo, debajo de las alas de los querubines.
7 Porque los querubines
tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y
así cubrían los querubines el arca y sus varas por
encima. 8 Y sacaron las
varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde
el lugar santo, que está delante del lugar santísimo,
pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron
hasta hoy. 9 En el arca
ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que
allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo
pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la
tierra de Egipto. 10 Y
cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube
llenó la casa de Jehová. 11 Y
los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por
causa de la nube; porque la gloria de Jehová había
llenado la casa de Jehová.
12 Entonces dijo
Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la
oscuridad. 13 Yo he
edificado casa por morada para ti, sitio en que tú
habites para siempre. 14 Y
volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la
congregación de Israel; y toda la congregación de Israel
estaba de pie. 15 Y
dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a
David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:
16 Desde el día que
saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido
ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa
en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David
para que presidiese en mi pueblo Israel.
17 Y David mi padre tuvo en su corazón
edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
18 Pero Jehová dijo a
David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón
edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal
deseo. 19 Pero tú no
edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus
lomos, él edificará casa a mi nombre.
20 Y Jehová ha cumplido su palabra que
había dicho; porque yo me he levantado en lugar de David
mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como
Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de
Jehová Dios de Israel. 21 Y
he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el
pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando
los sacó de la tierra de Egipto.
22 Luego
se puso Salomón delante del altar de Jehová, en
presencia de toda la congregación de Israel, y
extendiendo sus manos al cielo, 23 dijo:
Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en
los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y
la misericordia a tus siervos, los que andan delante de
ti con todo su corazón; 24 que
has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le
prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has
cumplido, como sucede en este día.
25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel,
cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste,
diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se
siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos
guarden mi camino y anden delante de mí como tú has
andado delante de mí. 26 Ahora,
pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que
dijiste a tu siervo David mi padre.
27 Pero
¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que
los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden
contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?
28 Con todo, tú
atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh
Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu
siervo hace hoy delante de ti; 29 que
estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta
casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre
estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga
en este lugar. 30 Oye,
pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel;
cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el
lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona.
31 Si
alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento
haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu
altar en esta casa; 32 tú
oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus
siervos, condenando al impío y haciendo recaer su
proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para
darle conforme a su justicia.
33 Si
tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos
por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y
confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren
en esta casa, 34 tú
oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo
Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus
padres.
35 Si
el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos
pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y
confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando
los afligieres, 36 tú
oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus
siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen
camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la
cual diste a tu pueblo por heredad.
37 Si
en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo,
añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren
en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o
enfermedad que sea; 38 toda
oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o
todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la
plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa,
39 tú oirás en los
cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y
actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos,
cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el
corazón de todos los hijos de los hombres);
40 para que te teman
todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que
tú diste a nuestros padres.
41 Asimismo
el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que
viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre
42 (pues oirán de tu
gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido),
y viniere a orar a esta casa, 43 tú
oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás
conforme a todo aquello por lo cual el extranjero
hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la
tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo
Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta
casa que yo edifiqué.
44 Si
tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el
camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el
rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa
que yo edifiqué a tu nombre, 45 tú
oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás
justicia.
46 Si
pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y
estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante
del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra
enemiga, sea lejos o cerca, 47 y
ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren
cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra
de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos
hecho lo malo, hemos cometido impiedad;
48 y si se convirtieren a ti de todo
su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus
enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a
ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus
padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que
yo he edificado a tu nombre, 49 tú
oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su
oración y su súplica, y les harás justicia.
50 Y perdonarás a tu
pueblo que había pecado contra ti, y todas sus
infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y
harás que tengan de ellos misericordia los que los
hubieren llevado cautivos; 51 porque
ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de
Egipto, de en medio del horno de hierro.
52 Estén, pues, atentos tus ojos a la
oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo
Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te
invocaren; 53 porque tú
los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos
los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de
Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de
Egipto, oh Señor Jehová.
54 Cuando
acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y
súplica, se levantó de estar de rodillas delante del
altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo;
55 y puesto en pie,
bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en
voz alta: 56 Bendito
sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme
a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas
sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha
faltado. 57 Esté con
nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros
padres, y no nos desampare ni nos deje.
58 Incline nuestro corazón hacia él,
para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus
mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales
mandó a nuestros padres. 59 Y
estas mis palabras con que he orado delante de Jehová,
estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche,
para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo
Israel, cada cosa en su tiempo; 60 a
fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que
Jehová es Dios, y que no hay otro.
61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para
con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y
guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.
62 Entonces
el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas
delante de Jehová. 63 Y
ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció a
Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas.
Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa
de Jehová. 64 Aquel
mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual
estaba delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí
los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los
sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que
estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él
los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los
sacrificios de paz.
65 En
aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel,
una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta
el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por
siete días y aun por otros siete días, esto es, por
catorce días. 66 Y al
octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al
rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de
corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho
a David su siervo y a su pueblo Israel.
9
1 Cuando Salomón hubo
acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y
todo lo que Salomón quiso hacer, 2 Jehová
apareció a Salomón la segunda vez, como le había
aparecido en Gabaón. 3 Y
le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has
hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que
tú has edificado, para poner mi nombre en ella para
siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos
los días. 4 Y si tú
anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en
integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las
cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y
mis decretos, 5 yo
afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre,
como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón
de tu descendencia en el trono de Israel.
6 Mas si obstinadamente os apartareis
de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis
mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de
vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos,
y los adorareis; 7 yo
cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he
entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre,
yo la echaré de delante de mí, e Israel será por
proverbio y refrán a todos los pueblos;
8 y esta casa, que estaba en estima,
cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará,
y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a
esta casa? 9 Y dirán:
Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a
sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses
ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha
traído Jehová sobre ellos todo este mal.
10 Aconteció al cabo de
veinte años, cuando Salomón ya había edificado las dos
casas, la casa de Jehová y la casa real,
11 para las cuales Hiram rey de Tiro
había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y
cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte
ciudades en tierra de Galilea. 12 Y
salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le
había dado, y no le gustaron. 13 Y
dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano?
Y les puso por nombre, la tierra de Cabul, nombre que
tiene hasta hoy. 14 E
Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de
oro.
15 Esta
es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para
edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y
el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer:
16 Faraón el rey de
Egipto había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio
muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dio
en dote a su hija la mujer de Salomón.
17 Restauró, pues, Salomón a Gezer y a
la baja Bet-horón, 18 a
Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto;
19 asimismo todas las
ciudades donde Salomón tenía provisiones, y las ciudades
de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo,
y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el
Líbano, y en toda la tierra de su señorío.
20 A todos los pueblos
que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y
jebuseos, que no eran de los hijos de Israel;
21 a sus hijos que
quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de
Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen
con tributo hasta hoy. 22 Mas
a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón
servicio, sino que eran hombres de guerra, o sus
criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de
sus carros, o su gente de a caballo.
23 Y
los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre las
obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban
sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.
24 Y
subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su casa
que Salomón le había edificado; entonces edificó él a
Milo.
25 Y
ofrecía Salomón tres veces cada año holocaustos y
sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a
Jehová, y quemaba incienso sobre el que estaba delante
de Jehová, después que la casa fue terminada.
26 Hizo
también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que está
junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de
Edom. 27 Y envió Hiram
en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar,
con los siervos de Salomón, 28 los
cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro,
cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey
Salomón.
10
1 Oyendo la reina de
Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre
de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles.
2 Y vino a Jerusalén
con un séquito muy grande, con camellos cargados de
especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas;
y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su
corazón tenía. 3 Y
Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que
el rey no le contestase. 4 Y
cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de
Salomón, y la casa que había edificado,
5 asimismo la comida de su mesa, las
habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos
de los que le servían, sus maestresalas, y sus
holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová, se quedó
asombrada.
6 Y
dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus
cosas y de tu sabiduría; 7 pero
yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han
visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu
sabiduría y bien, que la fama que yo había oído.
8 Bienaventurados tus
hombres, dichosos estos tus siervos, que están
continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.
9 Jehová tu Dios sea
bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de
Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha
puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.
10 Y dio ella al rey
ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y
piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de
especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.
11 La
flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía
también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras
preciosas. 12 Y de la
madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de
Jehová y para las casas reales, arpas también y
salterios para los cantores; nunca vino semejante madera
de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.
13 Y
el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella
quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le
dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus
criados.
14 El peso del oro que
Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos sesenta
y seis talentos de oro; 15 sin
lo de los mercaderes, y lo de la contratación de
especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los
principales de la tierra. 16 Hizo
también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro
batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo.
17 Asimismo hizo
trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los
cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la
casa del bosque del Líbano. 18 Hizo
también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió
de oro purísimo. 19 Seis
gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por
el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del
asiento, junto a los cuales estaban colocados dos
leones. 20 Estaban
también doce leones puestos allí sobre las seis gradas,
de un lado y de otro; en ningún otro reino se había
hecho trono semejante. 21 Y
todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y
asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del
Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo
de Salomón no era apreciada. 22 Porque
el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con
la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota
de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos
reales.
23 Así
excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en
riquezas y en sabiduría. 24 Toda
la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la
sabiduría que Dios había puesto en su corazón.
25 Y todos le llevaban
cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata,
vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.
26 Y juntó Salomón
carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos
carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las
ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalén.
27 E hizo el rey que en
Jerusalén la plata llegara a ser como piedras, y los
cedros como cabrahigos de la Sefela en abundancia.
28 Y traían de Egipto
caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los
mercaderes del rey compraba caballos y lienzos.
29 Y venía y salía de
Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el
caballo por ciento cincuenta; y así los adquirían por
mano de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.
11
1 Pero el rey Salomón
amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres
extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de
Edom, a las de Sidón, y a las heteas;
2 gentes de las cuales Jehová había
dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni
ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán
inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas,
pues, se juntó Salomón con amor. 3 Y
tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas
concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.
4 Y cuando Salomón era
ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses
ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios,
como el corazón de su padre David. 5 Porque
Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a
Milcom, ídolo abominable de los amonitas.
6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos
de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David
su padre. 7 Entonces
edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable
de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a
Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.
8 Así hizo para todas
sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y
ofrecían sacrificios a sus dioses.
9 Y
se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se
había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había
aparecido dos veces, 10 y
le había mandado acerca de esto, que no siguiese a
dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová.
11 Y dijo Jehová a
Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has
guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé,
romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.
12 Sin embargo, no lo
haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé
de la mano de tu hijo. 13 Pero
no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu
hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a
Jerusalén, la cual yo he elegido.
14 Y
Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita,
de sangre real, el cual estaba en Edom.
15 Porque cuando David estaba en Edom,
y subió Joab el general del ejército a enterrar los
muertos, y mató a todos los varones de Edom
16 (porque seis meses
habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado
con todo el sexo masculino en Edom),
17 Hadad huyó, y con él algunos
varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a
Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño.
18 Y se levantaron de
Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de
Parán, vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el
cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les dio
tierra. 19 Y halló
Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por
mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina
Tahpenes. 20 Y la
hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al
cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba
Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.
21 Y oyendo Hadad en
Egipto que David había dormido con sus padres, y que era
muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón:
Déjame ir a mi tierra. 22 Faraón
le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que
procuras irte a tu tierra? El respondió: Nada; con todo,
te ruego que me dejes ir.
23 Dios
también levantó por adversario contra Salomón a Rezón
hijo de Eliada, el cual había huido de su amo
Hadad-ezer, rey de Soba. 24 Y
había juntado gente contra él, y se había hecho capitán
de una compañía, cuando David deshizo a los de Soba.
Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron
rey en Damasco. 25 Y
fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y
fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel,
y reinó sobre Siria.
26 También
Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de
Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda,
alzó su mano contra el rey. 27 La
causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue
esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de
la ciudad de David su padre. 28 Y
este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo
Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó
todo el cargo de la casa de José. 29 Aconteció,
pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de
Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías
silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y
estaban ellos dos solos en el campo.
30 Y tomando Ahías la capa nueva que
tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,
31 y dijo a Jeroboam:
Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová
Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano
de Salomón, y a ti te daré diez tribus;
32 y él tendrá una tribu por amor a
David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo
he elegido de todas las tribus de Israel;
33 por cuanto me han dejado, y han
adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios
de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han
andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis
ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su
padre. 34 Pero no
quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo
retendré por rey todos los días de su vida, por amor a
David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis
mandamientos y mis estatutos. 35 Pero
quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti,
las diez tribus. 36 Y a
su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga
lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén,
ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.
37 Yo, pues, te tomaré
a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu
alma, y serás rey sobre Israel. 38 Y
si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y
anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante
de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos,
como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te
edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te
entregaré a Israel. 39 Y
yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto,
mas no para siempre. 40 Por
esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se
levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo
en Egipto hasta la muerte de Salomón.
41 Los demás hechos de
Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está
escrito en el libro de los hechos de Salomón?
42 Los días que Salomón
reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta
años. 43 Y durmió
Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de
su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.
12
1 Roboam fue a Siquem,
porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle
rey. 2 Y aconteció que
cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en
Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y
habitaba en Egipto, 3 enviaron
a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación
de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
4 Tu padre agravó nuestro yugo, mas
ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu
padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te
serviremos. 5 Y él les
dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el
pueblo se fue.
6 Entonces
el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían
estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo:
¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
7 Y ellos le hablaron
diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo
sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les
hablares, ellos te servirán para siempre.
8 Pero él dejó el consejo que los
ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes
que se habían criado con él, y estaban delante de él.
9 Y les dijo: ¿Cómo
aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que
me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu
padre puso sobre nosotros? 10 Entonces
los jóvenes que se habían criado con él le respondieron
diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho
estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú
disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de
los míos es más grueso que los lomos de mi padre.
11 Ahora, pues, mi
padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro
yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os
castigaré con escorpiones.
12 Al
tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam,
según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al
tercer día. 13 Y el rey
respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que
los ancianos le habían dado; 14 y
les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo:
Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro
yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os
castigaré con escorpiones. 15 Y
no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová
para confirmar la palabra que Jehová había hablado por
medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
16 Cuando
todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le
respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos
nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de
Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa,
David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.
17 Pero reinó Roboam
sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de
Judá. 18 Y el rey
Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos;
pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey
Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a
Jerusalén. 19 Así se
apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
20 Y aconteció que
oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a
llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo
Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de
David, sino sólo la tribu de Judá.
21 Y
cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de
Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil
hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra
a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam
hijo de Salomón. 22 Pero
vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios,
diciendo: 23 Habla a
Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de
Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:
24 Así ha dicho Jehová:
No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos
de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he
hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron
y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.
25 Entonces reedificó
Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en
ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.
26 Y dijo Jeroboam en
su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de
David, 27 si este
pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de
Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se
volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a
mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.
28 Y habiendo tenido consejo, hizo el
rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante
habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh
Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de
Egipto. 29 Y puso uno
en Bet-el, y el otro en Dan. 30 Y
esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar
delante de uno hasta Dan. 31 Hizo
también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes
de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
32 Entonces instituyó
Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince
días del mes, conforme a la fiesta solemne que se
celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo
en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que
había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para
los lugares altos que él había fabricado.
33 Sacrificó, pues, sobre el altar que
él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes
octavo, el mes que él había inventado de su propio
corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al
altar para quemar incienso.
13
1 He aquí que un varón
de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y
estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso,
2 aquél clamó contra el
altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha
dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un
hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los
sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti
incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.
3 Y aquel mismo día dio
una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha
hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza
que sobre él está se derramará. 4 Cuando
el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que
había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su
mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que
había extendido contra él, se le secó, y no la pudo
enderezar. 5 Y el altar
se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a
la señal que el varón de Dios había dado por palabra de
Jehová. 6 Entonces
respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que
ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por
mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de
Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y
quedó como era antes. 7 Y
el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y
comerás, y yo te daré un presente. 8 Pero
el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad
de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería
agua en este lugar. 9 Porque
así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No
comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que
fueres. 10 Regresó,
pues, por otro camino, y no volvió por el camino por
donde había venido a Bet-el.
11 Moraba
entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su
hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho
aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las
palabras que había hablado al rey.
12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se
fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había
regresado el varón de Dios que había venido de Judá.
13 Y él dijo a sus
hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el
asno, y él lo montó. 14 Y
yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de
una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que
vino de Judá? El dijo: Yo soy. 15 Entonces
le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan.
16 Mas él respondió: No podré volver
contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé
agua contigo en este lugar. 17 Porque
por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni
bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde
fueres. 18 Y el otro le
dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un
ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo:
Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua.
19 Entonces volvió con
él, y comió pan en su casa, y bebió agua.
20 Y
aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de
Jehová al profeta que le había hecho volver.
21 Y clamó al varón de
Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo
Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de
Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios
te había prescrito, 22 sino
que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar
donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni
bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de
tus padres. 23 Cuando
había comido pan y bebido, el que le había hecho volver
le ensilló el asno. 24 Y
yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su
cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él,
y el león también junto al cuerpo.
25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el
cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que
estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la
ciudad donde el viejo profeta habitaba.
26 Oyéndolo
el profeta que le había hecho volver del camino, dijo:
El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de
Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que
le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de
Jehová que él le dijo. 27 Y
habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y
ellos se lo ensillaron. 28 Y
él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el
asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no
había comido el cuerpo, ni dañado al asno.
29 Entonces tomó el
profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el
asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad,
para endecharle y enterrarle. 30 Y
puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon,
diciendo: ¡Ay, hermano mío! 31 Y
después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos,
diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en
que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos
junto a los suyos. 32 Porque
sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de
Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra
todas las cosas de los lugares altos que están en las
ciudades de Samaria.
33 Con
todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino
que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de
entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que
fuese de los sacerdotes de los lugares altos.
34 Y esto fue causa de
pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y
raída de sobre la faz de la tierra.
14
1 En aquel tiempo Abías
hijo de Jeroboam cayó enfermo. 2 Y
dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate,
para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y
ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me
dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo.
3 Y toma en tu mano
diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él,
para que te declare lo que ha de ser de este niño.
4 Y
la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a
Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías,
porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su
vejez. 5 Mas Jehová
había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam
vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así
y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá
disfrazada.
6 Cuando
Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la
puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te
finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación
dura. 7 Ve y di a
Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo
te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe
sobre mi pueblo Israel, 8 y
rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a
ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó
mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su
corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis
ojos, 9 sino que
hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de
ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de
fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus
espaldas; 10 por tanto,
he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y
destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el
libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de
Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea
acabada. 11 El que
muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los
perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves
del cielo; porque Jehová lo ha dicho.
12 Y tú levántate y vete a tu casa; y
al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño.
13 Y todo Israel lo
endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam,
sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él
alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en
la casa de Jeroboam. 14 Y
Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual
destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará
ahora mismo. 15 Jehová
sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las
aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que
había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del
Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera,
enojando a Jehová. 16 Y
él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el
cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.
17 Entonces
la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a
Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño
murió. 18 Y lo
enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la
palabra de Jehová, la cual él había hablado por su
siervo el profeta Ahías. 19 Los
demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo
reinó, todo está escrito en el libro de las historias de
los reyes de Israel. 20 El
tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y
habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab
su hijo.
21 Roboam hijo de
Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam
cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en
Jerusalén, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus
de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su
madre fue Naama, amonita. 22 Y
Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron
más que todo lo que sus padres habían hecho en sus
pecados que cometieron. 23 Porque
ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e
imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo
árbol frondoso. 24 Hubo
también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a
todas las abominaciones de las naciones que Jehová había
echado delante de los hijos de Israel.
25 Al
quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto
contra Jerusalén, 26 y
tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de
la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos
los escudos de oro que Salomón había hecho.
27 Y en lugar de ellos
hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los dio a los
capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la
puerta de la casa real. 28 Cuando
el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia
los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la
guardia.
29 Los
demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en las crónicas de los reyes de Judá?
30 Y hubo guerra entre
Roboam y Jeroboam todos los días. 31 Y
durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus
padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue
Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.
15
1 En el año dieciocho
del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar
sobre Judá, 2 y reinó
tres años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Maaca,
hija de Abisalom. 3 Y
anduvo en todos los pecados que su padre había cometido
antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová su
Dios, como el corazón de David su padre.
4 Mas por amor a David, Jehová su Dios
le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo
después de él, y sosteniendo a Jerusalén;
5 por cuanto David había hecho lo
recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le
mandase se había apartado en todos los días de su vida,
salvo en lo tocante a Urías heteo. 6 Y
hubo guerra entre Roboam, y Jeroboam todos los días de
su vida. 7 Los demás
hechos de Abiam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en
el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo
guerra entre Abiam y Jeroboam. 8 Y
durmió Abiam con sus padres, y lo sepultaron en la
ciudad de David; y reinó Asa su hijo en su lugar.
9 En el año veinte de
Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá.
10 Y reinó cuarenta y
un años en Jerusalén; el nombre de su madre fue Maaca,
hija de Abisalom. 11 Asa
hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su
padre. 12 Porque quitó
del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que
sus padres habían hecho. 13 También
privó a su madre Maaca de ser reina madre, porque había
hecho un ídolo de Asera. Además deshizo Asa el ídolo de
su madre, y lo quemó junto al torrente de Cedrón.
14 Sin embargo, los
lugares altos no se quitaron. Con todo, el corazón de
Asa fue perfecto para con Jehová toda su vida.
15 También metió en la
casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que
él dedicó: oro, plata y alhajas.
16 Hubo guerra entre Asa
y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.
17 Y subió Baasa rey de
Israel contra Judá, y edificó a Ramá, para no dejar a
ninguno salir ni entrar a Asa rey de Judá.
18 Entonces tomando Asa
toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros
de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, los
entregó a sus siervos, y los envió el rey Asa a Ben-adad
hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cual
residía en Damasco, diciendo: 19 Haya
alianza entre nosotros, como entre mi padre y el tuyo.
He aquí yo te envío un presente de plata y de oro; ve, y
rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que se
aparte de mí. 20 Y
Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los príncipes
de los ejércitos que tenía contra las ciudades de
Israel, y conquistó Ijón, Dan, Abel-bet-maaca, y toda
Cineret, con toda la tierra de Neftalí.
21 Oyendo esto Baasa, dejó de edificar
a Ramá, y se quedó en Tirsa. 22 Entonces
el rey Asa convocó a todo Judá, sin exceptuar a ninguno;
y quitaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa
edificaba, y edificó el rey Asa con ello a Geba de
Benjamín, y a Mizpa.
23 Los demás hechos de
Asa, y todo su poderío, y todo lo que hizo, y las
ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro
de las crónicas de los reyes de Judá? Mas en los días de
su vejez enfermó de los pies. 24 Y
durmió Asa con sus padres, y fue sepultado con ellos en
la ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Josafat
su hijo.
25 Nadab hijo de
Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año
de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años.
26 E hizo lo malo ante
los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y
en los pecados con que hizo pecar a Israel.
27 Y
Baasa hijo de Ahías, el cual era de la casa de Isacar,
conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era
de los filisteos; porque Nadab y todo Israel tenían
sitiado a Gibetón. 28 Lo
mató, pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y
reinó en lugar suyo. 29 Y
cuando él vino al reino, mató a toda la casa de
Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam,
hasta raerla, conforme a la palabra que Jehová habló por
su siervo Ahías silonita; 30 por
los pecados que Jeroboam había cometido, y con los
cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que
provocó a enojo a Jehová Dios de Israel.
31 Los
demás hechos de Nadab, y todo lo que hizo, ¿no está todo
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel? 32 Y hubo
guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo
de ambos.
33 En el tercer año de
Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ahías
sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinticuatro años.
34 E hizo lo malo ante
los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y
en su pecado con que hizo pecar a Israel.
16
1 Y vino palabra de
Jehová a Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo:
2 Por cuanto yo te
levanté del polvo y te puse por príncipe sobre mi pueblo
Israel, y has andado en el camino de Jeroboam, y has
hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con
tus pecados; 3 he aquí
yo barreré la posteridad de Baasa, y la posteridad de su
casa; y pondré su casa como la casa de Jeroboam hijo de
Nabat. 4 El que de
Baasa fuere muerto en la ciudad, lo comerán los perros;
y el que de él fuere muerto en el campo, lo comerán las
aves del cielo.
5 Los
demás hechos de Baasa, y las cosas que hizo, y su
poderío, ¿no está todo escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Israel? 6 Y
durmió Baasa con sus padres, y fue sepultado en Tirsa, y
reinó en su lugar Ela su hijo. 7 Pero
la palabra de Jehová por el profeta Jehú hijo de Hanani
había sido contra Baasa y también contra su casa, con
motivo de todo lo malo que hizo ante los ojos de Jehová,
provocándole a ira con las obras de sus manos, para que
fuese hecha como la casa de Jeroboam; y porque la había
destruido.
8 En el año veintiséis
de Asa rey de Judá comenzó a reinar Ela hijo de Baasa
sobre Israel en Tirsa; y reinó dos años.
9 Y conspiró contra él su siervo
Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando
él en Tirsa, bebiendo y embriagado en casa de Arsa su
mayordomo en Tirsa, 10 vino
Zimri y lo hirió y lo mató, en el año veintisiete de Asa
rey de Judá; y reinó en lugar suyo.
11 Y
luego que llegó a reinar y estuvo sentado en su trono,
mató a toda la casa de Baasa, sin dejar en ella varón,
ni parientes ni amigos. 12 Así
exterminó Zimri a toda la casa de Baasa, conforme a la
palabra que Jehová había proferido contra Baasa por
medio del profeta Jehú, 13 por
todos los pecados de Baasa y los pecados de Ela su hijo,
con los cuales ellos pecaron e hicieron pecar a Israel,
provocando a enojo con sus vanidades a Jehová Dios de
Israel. 14 Los demás
hechos de Ela, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito
en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
15 En
el año veintisiete de Asa rey de Judá, comenzó a reinar
Zimri, y reinó siete días en Tirsa; y el pueblo había
acampado contra Gibetón, ciudad de los filisteos.
16 Y el pueblo que
estaba en el campamento oyó decir: Zimri ha conspirado,
y ha dado muerte al rey. Entonces todo Israel puso aquel
mismo día por rey sobre Israel a Omri, general del
ejército, en el campo de batalla. 17 Y
subió Omri de Gibetón, y con él todo Israel, y sitiaron
a Tirsa. 18 Mas viendo
Zimri tomada la ciudad, se metió en el palacio de la
casa real, y prendió fuego a la casa consigo; y así
murió, 19 por los
pecados que había cometido, haciendo lo malo ante los
ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y
en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel.
20 El resto de los
hechos de Zimri, y la conspiración que hizo, ¿no está
todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel?
21 Entonces el pueblo de
Israel fue dividido en dos partes: la mitad del pueblo
seguía a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, y la otra
mitad seguía a Omri. 22 Mas
el pueblo que seguía a Omri pudo más que el que seguía a
Tibni hijo de Ginat; y Tibni murió, y Omri fue rey.
23 En el año treinta y
uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre
Israel, y reinó doce años; en Tirsa reinó seis años.
24 Y Omri compró a
Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, y
edificó en el monte; y llamó el nombre de la ciudad que
edificó, Samaria, del nombre de Semer, que fue dueño de
aquel monte.
25 Y
Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor
que todos los que habían reinado antes de él;
26 pues anduvo en todos
los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado
con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a
Jehová Dios de Israel con sus ídolos.
27 Los demás hechos de Omri, y todo lo
que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está todo
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel? 28 Y Omri
durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y
reinó en lugar suyo Acab su hijo.
29 Comenzó a reinar Acab
hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa
rey de Judá. 30 Y reinó
Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós
años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de
Jehová, más que todos los que reinaron antes de él.
31 Porque le fue ligera
cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y
tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los
sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró.
32 E hizo altar a Baal,
en el templo de Baal que él edificó en Samaria.
33 Hizo también Acab
una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los
reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar
la ira de Jehová Dios de Israel. 34 En
su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de
la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a
precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus
puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado
por Josué hijo de Nun.
17
1 Entonces Elías
tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a
Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia
estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino
por mi palabra. 2 Y
vino a él palabra de Jehová, diciendo:
3 Apártate de aquí, y vuélvete al
oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está
frente al Jordán. 4 Beberás
del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den
allí de comer. 5 Y él
fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue
y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al
Jordán. 6 Y los cuervos
le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por
la tarde; y bebía del arroyo. 7 Pasados
algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido
sobre la tierra.
8 Vino
luego a él palabra de Jehová, diciendo:
9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón,
y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer
viuda que te sustente. 10 Entonces
él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la
puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba
allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego
que me traigas un poco de agua en un vaso, para que
beba. 11 Y yendo ella
para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te
ruego que me traigas también un bocado de pan en tu
mano. 12 Y ella
respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido;
solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un
poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños,
para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para
que lo comamos, y nos dejemos morir.
13 Elías le dijo: No tengas temor; ve,
haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una
pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y
después harás para ti y para tu hijo.
14 Porque Jehová Dios de Israel ha
dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el
aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que
Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.
15 Entonces ella fue e
hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa,
muchos días. 16 Y la
harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la
vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había
dicho por Elías.
17 Después
de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del
ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no
quedó en él aliento. 18 Y
ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios?
¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y
para hacer morir a mi hijo? 19 El
le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su
regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo
puso sobre su cama. 20 Y
clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la
viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido,
haciéndole morir su hijo? 21 Y
se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y
dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma
de este niño a él. 22 Y
Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a
él, y revivió. 23 Tomando
luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y
lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive.
24 Entonces la mujer
dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y
que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.
18
1 Pasados muchos días,
vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año,
diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre
la faz de la tierra. 2 Fue,
pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en
Samaria. 3 Y Acab llamó
a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera
temeroso de Jehová. 4 Porque
cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías
tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en
cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.
5 Dijo, pues, Acab a
Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a
todos los arroyos, a ver si acaso hallaremos hierba con
que conservemos la vida a los caballos y a las mulas,
para que no nos quedemos sin bestias.
6 Y dividieron entre sí el país para
recorrerlo; Acab fue por un camino, y Abdías fue
separadamente por otro.
7 Y
yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y
cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo:
¿No eres tú mi señor Elías? 8 Y
él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está Elías.
9 Pero él dijo: ¿En qué
he pecado, para que entregues a tu siervo en mano de
Acab para que me mate? 10 Vive
Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde
mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han
respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha
hecho jurar que no te han hallado.
11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí
está Elías? 12 Acontecerá
que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te
llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las
nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo
teme a Jehová desde su juventud. 13 ¿No
ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel
mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien
varones de los profetas de Jehová de cincuenta en
cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua?
14 ¿Y ahora dices tú:
Ve, di a tu amo: Aquí está Elías; para que él me mate?
15 Y le dijo Elías:
Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy,
que hoy me mostraré a él. 16 Entonces
Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y
Acab vino a encontrarse con Elías.
17 Cuando
Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a
Israel? 18 Y él
respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa
de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y
siguiendo a los baales. 19 Envía,
pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte
Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal,
y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la
mesa de Jezabel.
20 Entonces Acab convocó
a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en
el monte Carmelo. 21 Y
acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo
claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová
es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el
pueblo no respondió palabra. 22 Y
Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado
profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay
cuatrocientos cincuenta hombres. 23 Dénsenos,
pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en
pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego
debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre
leña, y ningún fuego pondré debajo.
24 Invocad luego vosotros el nombre de
vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el
Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y
todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.
25 Entonces Elías dijo
a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo
vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el
nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.
26 Y ellos tomaron el
buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el
nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía,
diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni
quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando
cerca del altar que habían hecho. 27 Y
aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos,
diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está
meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal
vez duerme, y hay que despertarle.
28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se
sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su
costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.
29 Pasó el mediodía, y
ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de
ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni
quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces
dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el
pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que
estaba arruinado. 31 Y
tomando Elías doce piedras, conforme al número de las
tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada
palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre,
32 edificó con las
piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo
una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos
medidas de grano. 33 Preparó
luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso
sobre la leña. 34 Y
dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre
el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez;
y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera
vez; y lo hicieron la tercera vez,
35 de manera que el agua corría alrededor
del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
36 Cuando
llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el
profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y
de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en
Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo
he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme,
Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú,
oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el
corazón de ellos. 38 Entonces
cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña,
las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba
en la zanja. 39 Viéndolo
todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el
Dios, Jehová es el Dios! 40 Entonces
Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que
no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó
Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
41 Entonces Elías dijo a
Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se
oye. 42 Acab subió a
comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo,
y postrándose en tierra, puso su rostro entre las
rodillas. 43 Y dijo a
su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió,
y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir:
Vuelve siete veces. 44 A
la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la
palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él
dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para
que la lluvia no te ataje. 45 Y
aconteció, estando en esto, que los cielos se
oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia.
Y subiendo Acab, vino a Jezreel. 46 Y
la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus
lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
19
1 Acab dio a Jezabel la
nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había
matado a espada a todos los profetas.
2 Entonces envió Jezabel a Elías un
mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me
añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu
persona como la de uno de ellos. 3 Viendo,
pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su
vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a
su criado.
4 Y
él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se
sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo:
Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo
mejor que mis padres. 5 Y
echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí
luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.
6 Entonces él miró, y
he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas,
y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a
dormirse. 7 Y volviendo
el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo:
Levántate y come, porque largo camino te resta.
8 Se levantó, pues, y
comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó
cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de
Dios.
9 Y
allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino
a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces
aquí, Elías? 10 El
respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de
los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu
pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada
a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para
quitarme la vida. 11 El
le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de
Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y
poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las
peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el
viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no
estaba en el terremoto. 12 Y
tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el
fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
13 Y cuando lo oyó
Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso
a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz,
diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14 El
respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de
los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu
pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada
a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para
quitarme la vida. 15 Y
le dio Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el
desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por
rey de Siria. 16 A Jehú
hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo
hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea
profeta en tu lugar. 17 Y
el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará;
y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo
matará. 18 Y yo haré
que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se
doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.
19 Partiendo él de allí,
halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas
delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por
delante de él, echó sobre él su manto.
20 Entonces dejando él los bueyes,
vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me
dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré.
Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?
21 Y se volvió, y tomó
un par de bueyes y los mató, y con el arado de los
bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que
comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le
servía.
20
1 Entonces Ben-adad rey
de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y
dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a
Samaria, y la combatió. 2 Y
envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel,
diciendo: 3 Así ha
dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus
mujeres y tus hijos hermosos son míos.
4 Y el rey de Israel respondió y dijo:
Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que
tengo. 5 Volviendo los
mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te
envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus
hijos me darás. 6 Además,
mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los
cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos;
y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.
7 Entonces
el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y
les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino
mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y
por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado.
8 Y todos los ancianos
y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni
hagas lo que te pide. 9 Entonces
él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey
mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al
principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores
fueron, y le dieron la respuesta. 10 Y
Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los
dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no
bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue.
11 Y el rey de Israel
respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que
se ciñe las armas, como el que las desciñe.
12 Y
cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los
reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y
ellos se dispusieron contra la ciudad.
13 Y he aquí un profeta vino a Acab
rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has
visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy
en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová.
14 Y respondió Acab:
¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por
mano de los siervos de los príncipes de las provincias.
Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él
respondió: Tú. 15 Entonces
él pasó revista a los siervos de los príncipes de las
provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos.
Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos
de Israel, que fueron siete mil.
16 Y
salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y
embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los
treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.
17 Y los siervos de los
príncipes de las provincias salieron los primeros. Y
Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo: Han
salido hombres de Samaria. 18 El
entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y
si han salido para pelear, tomadlos vivos.
19 Salieron,
pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las
provincias, y en pos de ellos el ejército.
20 Y mató cada uno al
que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles
los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en
un caballo con alguna gente de caballería.
21 Y salió el rey de
Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y
deshizo a los sirios causándoles gran estrago.
22 Vino
luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve,
fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque
pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.
23 Y
los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son
dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si
peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los
vencemos. 24 Haz, pues,
así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon
capitanes en lugar de ellos. 25 Y
tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste,
caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos
con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y
él les dio oído, y lo hizo así.
26 Pasado
un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios,
y vino a Afec para pelear contra Israel.
27 Los hijos de Israel fueron también
inspeccionados, y tomando provisiones fueron al
encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel
delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los
sirios llenaban la tierra. 28 Vino
entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló
diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han
dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los
valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano,
para que conozcáis que yo soy Jehová.
29 Siete días estuvieron acampados los
unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la
batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en
un solo día cien mil hombres de a pie.
30 Los demás huyeron a Afec, a la
ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que
habían quedado. También Ben- adad vino huyendo a la
ciudad, y se escondía de aposento en aposento.
31 Entonces
sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes
de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos,
pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en
nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si
por ventura te salva la vida. 32 Ciñeron,
pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y
vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo
Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él
respondió: Si él vive aún, mi hermano es.
33 Esto tomaron aquellos hombres por
buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su
boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id
y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le
hizo subir en un carro. 34 Y
le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al
tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para
ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab,
te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con
él, y le dejó ir.
35 Entonces
un varón de los hijos de los profetas dijo a su
compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el
otro no quiso herirle. 36 El
le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de
Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá
un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león,
y le mató. 37 Luego se
encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el
hombre le dio un golpe, y le hizo una herida.
38 Y el profeta se fue,
y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó,
poniéndose una venda sobre los ojos.
39 Y cuando el rey pasaba, él dio
voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la
batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me
trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si
llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un
talento de plata. 40 Y
mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa,
el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le
dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado.
41 Pero él se quitó de
pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel
conoció que era de los profetas. 42 Y
él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de
la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la
suya, y tu pueblo por el suyo. 43 Y
el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y
llegó a Samaria.
21
1 Pasadas estas cosas,
aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto
al palacio de Acab rey de Samaria. 2 Y
Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un
huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo
te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te
pareciere, te pagaré su valor en dinero.
3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme
Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.
4 Y vino Acab a su casa
triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le
había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis
padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no
comió.
5 Vino
a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan
decaído tu espíritu, y no comes? 6 El
respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije
que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le
daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré
mi viña. 7 Y su mujer
Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel?
Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de
Nabot de Jezreel.
8 Entonces
ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con
su anillo, y las envió a los ancianos y a los
principales que moraban en la ciudad con Nabot.
9 Y las cartas que
escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot
delante del pueblo; 10 y
poned a dos hombres perversos delante de él, que
atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y
al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera.
11 Y los de su ciudad,
los ancianos y los principales que moraban en su ciudad,
hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito
en las cartas que ella les había enviado.
12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a
Nabot delante del pueblo. 13 Vinieron
entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de
él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra
Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado
a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo
apedrearon, y murió. 14 Después
enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha
muerto.
15 Cuando
Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto,
dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de
Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot
no vive, sino que ha muerto. 16 Y
oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para
descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar
posesión de ella.
17 Entonces
vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:
18 Levántate, desciende
a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en
Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual
ha descendido para tomar posesión de ella.
19 Y le hablarás
diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también
has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha
dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los
perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu
sangre, tu misma sangre.
20 Y
Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El
respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a
hacer lo malo delante de Jehová. 21 He
aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y
destruiré hasta el último varón de la casa de Acab,
tanto el siervo como el libre en Israel.
22 Y pondré tu casa como la casa de
Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de
Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y
con que has hecho pecar a Israel. 23 De
Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros
comerán a Jezabel en el muro de Jezreel.
24 El que de Acab fuere muerto en la
ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en
el campo, lo comerán las aves del cielo.
25 (A
la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para
hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su
mujer lo incitaba. 26 El
fue en gran manera abominable, caminando en pos de los
ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a
los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de
Israel.)
27 Y
sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus
vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió
en cilicio, y anduvo humillado. 28 Entonces
vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:
29 ¿No has visto cómo
Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se
ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus
días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su
casa.
22
1 Tres años pasaron sin
guerra entre los sirios e Israel. 2 Y
aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá
descendió al rey de Israel. 3 Y
el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que
Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho
nada para tomarla de mano del rey de Siria?
4 Y dijo a Josafat:
¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad?
Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y
mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus
caballos.
5 Dijo
luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que
consultes hoy la palabra de Jehová.
6 Entonces el rey de Israel reunió a los
profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo:
¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y
ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano
del rey. 7 Y dijo
Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el
cual consultemos? 8 El
rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por
el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de
Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza
bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el
rey así. 9 Entonces el
rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto
a Micaías hijo de Imla. 10 Y
el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados
cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en
la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y
todos los profetas profetizaban delante de ellos.
11 Y Sedequías hijo de
Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo:
Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios
hasta acabarlos. 12 Y
todos los profetas profetizaban de la misma manera,
diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado;
porque Jehová la entregará en mano del rey.
13 Y
el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló
diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una
voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra
conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia
también buen éxito. 14 Y
Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me
hablare, eso diré. 15 Vino,
pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a
pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le
respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la
entregará en mano del rey. 16 Y
el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que
no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?
17 Entonces él dijo: Yo
vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas
que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen
señor; vuélvase cada uno a su casa en paz.
18 Y el rey de Israel
dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa
buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el
mal. 19 Entonces él
dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová
sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos
estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.
20 Y Jehová dijo:
¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot
de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de
otra. 21 Y salió un
espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le
induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?
22 El dijo: Yo saldré,
y seré espíritu de mentira en boca de todos sus
profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás;
vé, pues, y hazlo así. 23 Y
ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en
la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el
mal acerca de ti.
24 Entonces
se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías
en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el
Espíritu de Jehová para hablarte a ti?
25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo
verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento
en aposento para esconderte. 26 Entonces
el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón
gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey;
27 y dirás: Así ha
dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle
con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que
yo vuelva en paz. 28 Y
dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha
hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.
29 Subió,
pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot
de Galaad. 30 Y el rey
de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en
la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel
se disfrazó, y entró en la batalla.
31 Mas el rey de Siria había mandado a sus
treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No
peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el
rey de Israel. 32 Cuando
los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron:
Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra
él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó.
33 Viendo entonces los
capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se
apartaron de él. 34 Y
un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de
Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que
dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo,
pues estoy herido. 35 Pero
la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en
su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la
sangre de la herida corría por el fondo del carro.
36 Y a la puesta del
sol salió un pregón por el campamento, diciendo: ¡Cada
uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!
37 Murió,
pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al
rey en Samaria. 38 Y
lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros
lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban
allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado.
39 El resto de los
hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil
que construyó, y todas las ciudades que edificó, ¿no
está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel? 40 Y durmió
Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su
hijo.
41 Josafat hijo de Asa
comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey
de Israel. 42 Era
Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar,
y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su
madre fue Azuba hija de Silhi. 43 Y
anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse
de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con
todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque
el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos.
44 Y Josafat hizo paz
con el rey de Israel.
45 Los
demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras
que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas
de los reyes de Judá? 46 Barrió
también de la tierra el resto de los sodomitas que había
quedado en el tiempo de su padre Asa.
47 No
había entonces rey en Edom; había gobernador en lugar de
rey. 48 Josafat había
hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir
por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber.
49 Entonces Ocozías
hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los
tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso.
50 Y durmió Josafat con sus padres, y
fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre;
y en su lugar reinó Joram su hijo.
51 Ocozías hijo de Acab
comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año
diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años
sobre Israel. 52 E hizo
lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino
de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino
de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel;
53 porque sirvió a
Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios de
Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su
padre.
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